viernes, 11 de abril de 2003

CHICO AFORTUNADO
pensé: no quiero nada más que apoyarme en el balcón con la cerveza mientras ella se envuelve en una manta para ir al baño, recibirla con una sonrisa y un beso cuando vuelve con la manta convertida en un vestido sin hombros, con un corte perfecto, con sus brazos pecosos al aire, con la mirada baja y brillante, pensé, no quiero más que este momento, quiero Madrid, quiero a ella, todo es perfecto, mi vida está donde tenía que estar, he elegido todos los caminos correctos, todos los que me traían hasta aquí
pensé: nadie se mueve así, nadie, nadie se entrega con esa timidez, nadie me hubiera relajado con esa dulzura para que no vuelva a pasarme eso que te juro que nunca me pasa, nadie lo hubiera conseguido
pensé: llevo todo el día con Elisa en la cabeza, no, llevo toda la semana ¿y si me estoy enredando?
pensé: la quiero, pero no sé hasta dónde, no quiero saberlo no quiero medirlo, no quiero complicar las cosas sencillas
pensé: me encanta que me lo cuente todo, quiero saberlo, quiero que ella lo sepa, quiero que no nos mintamos, que la amistad sea lo que salvemos primero de cualquier incendio e incluso de una buena inundación, quiero que tenga su vida, quiero tener la mía, quiero que sólo nos juntemos para los buenos momentos ¿por qué no? quiero ser su amante, pero hoy no me ha gustado imaginármela con otro.

Coincidí con Elisa una mañana tonta valladolorana en casa de fer. La típica sesión cinéfila, al menos no eran las tres partes del Padrino ni Jesucristo Superstar esta vez. Elisa me gusta, nos gusta a todos, cada vez que la veo aparecer es como si se alzase un telón, siempre me sorprende, nunca la recordaba tan guapa. No lo sabe, ni lo sabrá nunca, que uno ya es perro viejo como para andar hablando de sus puntos débiles, pero me tiemblan un poco las rodillas cuando surge y no puedo dejar de mirarla y tengo la sensación de que estoy quedando como un tonto, y me pregunto qué habré hecho de bueno para merecer sus besos.
Las cosas empezaron con algunos roces que se convirtieron en caricias que se convirtieron en besos. Los más viejos del lugar recordarán mi miedo a los latidos de mi propio corazón. Aquélla noche pensé que se me escapaba, podía oirlo más que sentirlo, no se si estaba más excitado, nervioso, incrédulo o desconfiado. No me fiaba de mi mismo. Dos gatillazos con Silvia en mis dos últimas escenas de cama, escenas de serie B por mi parte, me habían dejado más tocado de lo que suponía. Quería acostarme con ella, quería dormir con ella, pero no sé, quizás sólo quería cariño, quizás me aterraba fallar justo esa noche, justo con Elisa. Fue ella la que me propuso dormir en su casa.
El camino hasta su cama no acabó con mis miedos. Ella se apartaba un poco, quería y no quería, demasiados amigos comunes, demasiada confianza como para que se olvidara de repente, como para que mis dedos recorriendo su eje desde atrás se convirtieran en unos dedos sin cara, como para que ante un "sabes muy bien" no recordara que hace unas horas yo era un amigo que le decía otras cosas con otro tono, con otra sonrisa. Todo tenía que salir regular, por fuerza. Pero nos teníamos el uno al otro, desnudos en una cama, justo dónde queríamos estar. Y ella me quitaba la manta y me abrazaba con fuerza y su voz me sonaba como una sinfonía, como un soneto en alejandrinos y no podía despegarme de su lado y sus besos eran cascadas, riachuelos, olas y mareas propicias, porque me estaba meando. La había conseguido sonsacar su punto débil, el hueco posterior en el cuello, y mis manos la recorrieron de espaldas mientras se lo besaba, y ella pensaba "me gustaría que me hiciera el amor, así, ahora", y a mí me hubiera gustado tanto oírselo pronunciar, porque no sabía, no estaba seguro, a ratos la sentía lejos, Aún no la conocía. Pensé: eres un chico afortunado, deja de pensar, acaricia su cuerpo desnudo.
NB: algunos de los datos de situación de este post son MENTIRA, porque me pidieron que los falsease para proteger la identidad de la prota. Y sus deseos son órdenes a punta de pistola y a mí me gusta hacer como que soy un caballero.

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