viernes, 20 de abril de 2012

El artista

El Artista estaba estancado. Claro, porque de sus manos sólo podrían salir los versos más hermosos de una lengua secreta que sólo conocían unos poquitos, todos ellos guapos, todos ellos partidarios del artista, en fin, todos ellos exitosos y follarines. Así que no era tan fácil encontrar esas Palabras, no eran las palabras vulgares habituales. Seguían una combinación excepcional que, como la de una caja fuerte, lo abría todo de golpe y sin esfuerzo. Uno las ponía en el orden correcto, clac clac clac clac y allí estaba el tesoro. El Artista las tenía en el fondo de su cabeza, no, más cerca, al alcance de la mano, claro que las tenía, pero no era cosa fácil sacarlas. Siempre había algo que se lo impedía, el mundo estaba un poco confabulado contra él. Tenía que coincidir una sinfonía de circunstancias que alguien se proponía desafinar siempre.

Se tenían que no dar las siguientes casualidades:
- Que hubiera llovido aquella noche, porque le daba alergia y le dolía la cabeza y moqueaba y se ahogaba un poco y las Palabras se quedaban ahí, enredadas entre los mocos
- Que hubiera tenido que trabajar aquel día, porque como trabajaba con las otras palabras, con las chungas, las Buenas se le contaminaban y se le constipaban y así no había manera. No, ese día no.
- Que hubiera bebido el día antes. Beber el día antes da sed al día siguiente. Las palabras se quedan un poco en el sofá del fondo de la cabeza los días de resaca, esperando que les des pistachos y cocacola y gominolas y que nos les des guerra.
- Que tuviera hambre. Si tenía hambre, el Artista tenía que usar palabras como sofrito y sartén y escabechina, llevaba las palabras a la cocina y se tiraba sus buenas dos horitas cocinando con ellas y al final ponía perdidas de grasa a las Palabras Secretas y se tenía que tumbar en el sofá a hacer la digestión mientras ellas se daban un baño.
- Que viera a una tía buena, aunque fuera de refilón. El semen empezaba a hacer ejercicios de precalentamiento justo justo en la pista de despegue de las Palabras Secretas y se les retrasaban todos los vuelos.
- Que nadie le hubiera mirado mal. Las Palabras Secretas, dada su extrema belleza, son muy susceptibles con estas cosas, y mira, para salir a un mundo en el que les miran mal a su Artista, pues no salen.
- Que no echaran nada bueno en la tele. Ay, la tele, qué risa. En la tele unos días ponen unas series buenísimas sobre la prehistoria de los animales prehistóricos y otros días sacan unos tebeos graciosísimos de zombies que comen cerebros. Además, que siempre hay alguien pegándose. Y la Santa Misa.
- Que a la tía Romualda no se le hubiera roto una uña. Las roturas de uña de la tía Romualda eran, evidentemente, una emergencia a considerar. El Artista se empezaba a preguntar qué tipo de animal mitológico sería la tía Romualda con tantas manos y tantos dedos y tantas uñas, que salía a una por noche.

Cada vez que el Artista se sentaba, dispuesto a que le diera un poco el aire a su valiosa colección de Palabras Secretas con las que lo iba a petar una y otra y otra vez, cogía aire, miraba a su alrededor y buscaba. Veía las plantas en la terraza, sin regar, los trastos sin recoger, los platos sin fregar, los libros sin leer, los malos recuerdos sin toquetear y suspiraba y daba gracias por todas esas cosas por hacer. Ensuciaban mucho menos que meterse en la carbonera para ocuparse de ese coñazo de Palabras Secretas que eran suyas y estaban al alcance de la mano y ya entraría otro día a por ellas.

7 comentarios:

Joanna dijo...

Como te comenté en su momento, este texto está repleto de Palabras Secretas y tan siquiera te das cuenta. Las Palabras Secretas están mucho más al alcance de tu mano de lo que tú mismo crees y puedes acceder a ellas en cualquier situación. Sólo tienes que permitírtelo :*

Anónimo dijo...

Coño, diez años después y curioseando antiguos marcadores he entrado en este, el primer blog que leí en mi vida, y lo encuentro vivo. Salud chavalote (supongo que algo menos ahora).

gus

tu asesor dijo...

si no llegas a poner la palabra petar, sería brillante. ahora es brillante, pero con ese brillo de los neones gastados, que intermitean, que amenazan con apagarse para siempre, esos que te quedas mirando idiotizado quizá porque te han dicho que es tan malo mirar a un neón en horas bajas como mirar al sol a los ojos.

virgen dijo...

Hola Anónimo, ya he visto quién eras, he curioseado (y recordado) tu blog y hasta he cambiado mi bio de tuiter después de leerte una cosa.

virgen dijo...

Y asesor, me ha gustado mucho lo de quedarme a un escaloncillo de la brillantez. Pero no sé si sigo tu símil (aliteración a tope). No sé si el neón es el que está en horas bajas o tú o yo. Tu comentario sería brillante si no llegas a poner la palabra neón. Y bueno, si se entendiera.

tu exasesor dijo...

que tú eres de alta alcurnia lingüística castellana. que no digas "petar", hombre. al menos sin saber que no significa lo que la gente cree que significa:

petar1.
(Del cat. petar, peer).
1. intr. coloq. agradar (‖ complacer).


petar2.
(Cf. petar1).
1. intr. Gal. y León. Golpear en el suelo, llamar a la puerta.

virgen dijo...

Y entonces los Peta Zetas QUÉ.
Me temo que estamos ante un catalanismo/vulgarismo imparable. Yo no estoy en contra, académico asesor.