sábado, 6 de septiembre de 2003

MANERAS DE PEDIRLO JUNTO AL MAR (oh, la constancia)
(reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo)


-Me pierdo en tus ojos...
-¡Gracias! ¿me haces una mamada?

-Vamos a hacer como que somos dos viajeros que tienen que compartir habitación.
-Vaaaale...
-¡Oiga salga de mi habitación!
-Pero, pero...
-blablabla
-blablabla
-blablablita
-Pues yo me llamo Magdalena y soy lesbiana.
-¡Uy, qué bonito!
-Jua jua
-Perdona es que tengo que coger una cosa de la mesilla.
-Oye juajua esas manos ¡jua!
-Uy perdone
-Tú eras de un pueblo ¿no?
-Sí, de una aldea perdida en la montaña en Zaragoza, grabaron dos episodios de Heidi allí.
-Jua jua, me encanta como te metes en el papel.
-¿A que sí? ¿me haces una mamada?

Las doce en la cama.
-A ver, he traído donuts, zumo, coca cola, jamón, queso, galletas de chocolate, pan, un pastel, empanada, tomates...
-¡!
-Gracias. ¿Cuando termines de desayunar me haces una mamada?

Noche en la terraza. Pierde al strip poker.
-Ahora tengo que mandarte algo... mmm... no sé, no sé qué pedirte que me hagas...

-Es que a mí los viajes siempre me ponen muy nerviosa
-Oye, pues si ves que te relaja me puedes hacer...

-Jo, de verdad que me da mucha pena que te vayas, que ha sido muy bonito y me estoy poniendo triste.
-¿Quieres que te haga una mamada?

lunes, 1 de septiembre de 2003

En la esquina del día

EN LA ESQUINA DEL DÍA

En la esquina del día y de la playa
la silenciosa Merte se despliega.
Ignora a lo que sabe, a lo que huele,
no conoce las gracias que derrama
ni el sendero de pétalos que pisa.
Hoy tiene pensamientos de una frase:
"El agua está muy fría.
También quiero volar.
Estoy contigo".

miércoles, 27 de agosto de 2003

Un amor de verano

UN AMOR DE VERANO

El sábado por la tarde nos conocimos. Nos emborrachamos por toda la feria de Málaga. Fuimos a mi habitación a que me metiera unas rayas. Charlamos. Salimos. “¿Has visto lo bien que me he portado?”. “Demasiado bien”. Así que la besé en el ascensor. Salió del hotel flotando. Yo ya flotaba desde hacía un rato.

El domingo dormimos juntos. ¿Qué tal fue?, me preguntó fire. Pues hubo mucho cariño. Qué iba a haber con el pedo impresentable que llevaba. También mucho sexo oral. Hablar, hablar, hablar hasta que el blanco sol malagueño terminaba con la noche. No, no terminaba nada, sólo empezaba. Empezaba el día y a ella se le quedaba en la garganta un te quiero tímido que quiso salir muchas veces en aquellas horas de camas con ruedas que amagaban con rompernos la cocorota en cada cambio de postura, lo nunca visto. Me invitó a su casita de la playa, en la costa de Cádiz. Allí ella me cuidaría, me observaría mientras escribo, inventaría una fantasía para cada noche. A cambio me pidió que la afinara. Me pareció un buen trato. Nos regalamos algunos adelantos.

Lo que pasó la noche del lunes ya lo he contado, aunque sigo sin entenderlo, sus motivos, su comportamiento, mi reacción. Esto lo que menos. Cuando aquél tipo, el menos colocado y sin embargo el más cortito de los tres, lo convirtió en una competencia, tuve que competir, y ella se fue conmigo, como pensaba hacer desde el principio -“a él le beso, pero contigo me voy a acostar”, me había dicho la primera vez-. Y con mis condiciones. Pero eso sólo hace que entienda aún menos el resto.

El martes, fuera de mis cabales y después de vagar y beber y masticar bajo el sol la duda dolorosa de lo que podría pasar si me quedaba, decidí que valía la pena arriesgarse. Durante todo el trayecto hasta su pueblo traté de adivinar con cuál de las dos protagonistas de Las amistades peligrosas se había quedado al final –ya me había hablado de elegir entre ellas en un mensaje muy anterior a todo esto-: Madame de Mertieul o Felicite. Pensé en volver a explicarle que en ambos casos yo tenía que ser el vizconde de Valmont. Nada más que eso. Pero tampoco menos. Llegó la hora de las explicaciones, hizo un breve amago de fingir que no se acordaba de nada y luego aceptamos pulpo, me prometió para luego una carta con explicaciones más sensatas, y yo no quise revolcarme más en ese sentimiento tan ajeno a mí, los celos, que se habían colado en un resquicio de mi (cada vez más) rara cordura tal vez viajando en un grumo de cocaína mal cortada. Quería dar carpetazo, pero no podía. Los gestos sospechosos se sucedían en torno al móvil, ese chivato. Los celos se convirtieron en obsesivos, no dejaron sitio en mi mente para nada más. Era una sensación fea y nueva. Se me quitó el hambre, me encerraba en largos silencios, maquinaba. Mentiras, puede que piadosas, abrazos, intentos de recuperar la confianza... Agotados, nos dormimos.

El miércoles le robé el móvil, lo llevaba yo, le espié todo, me porté como nunca hubiera imaginado (y recordemos que nos conocimos el sábado). Por la noche, por fin me cambié de tema. Sentados en una terraza, marie brizard y batido de almendras y dátiles, sentí una sensación casi física en mi cabeza, como si se deshiciera un nudo. Mi estómago se relajó, sonreí. Aquella noche volvimos a estar tan cerca como el domingo, sólo que, ejem, como el día anterior, en una casa llena de gente que pasaba continuamente por el salón en el que pasábamos la noche como pasan las noches los cuerpos imantados.

El jueves todo volvía a estar en su sitio. Hicimos la compra. Me dio una palmada en el culo y me dijo “anda, compra unas natillas de caramelo”. Sabe hacer una cosa con las natillas de caramelo. Me puso una dieta, me restringió las cocacolas, ante el cachondeo del resto de los compañeros de casa. Me dijo que me quedara en la piscina mientras me traía el periódico. “¿Te acompaño?”, “no, quiero tratarte como a un rey”. Por la noche nos dimos un paseo larguísimo junto al mar, nos sentamos en unas hamacas, descubrí que está llena de vida, descubrí gestos historias, suspiros, breves gemidos cuando la rozo. Decidí que quería seguir descubriéndola. No he encontrado nada que no me guste.

El viernes me dijo que me sentara en la terraza mientras me traía el desayuno y luego me fui a Madrid. Por la noche me preguntó enfadada que por qué le había borrado el teléfono de aquél tipo. Le conté que lo hice el miércoles cuando decidimos que todo estaba bien y que la había avisado. Le pareció bien, pero yo me empecé a preguntar por qué había buscado su número cinco minutos después de que yo saliera de allí. Dice que fue por casualidad, buscando otro número. Me pregunto que habría sido de Sherlock Holmes si hubiese creído en el azar y no en la causalidad, si no hubiese profesado el deductismo y la elección de la opción más probable. Habría acabado en Scotland Yard, supongo. Pero no importa, ya no tengo la cabeza taladrada, ya me divierte también que exista la posibilidad de que ella sea la Madame de Merteuil más perversa con la que me he topado.

El sábado vuelvo a Málaga, ella me espera allí, dice que se ha encontrado con fire. Hablo con fire y me dice que ella le ha contado que yo quería que la cuidase durante mi ausencia. Vuelvo a hablar con ella tres horas después y me dice que muuy bien con fire y que nada de irnos al pueblo, que nos quedamos en la feria. Joer con las nuevas generaciones. Con este carrerón, con está relación de años comprimida en una semana, yo había pensado, qué ingenuo, que a lo mejor ya podíamos hacer algo normal, no sé, ir al cine. Valmont tendrá que ponerse las pilas.

martes, 19 de agosto de 2003

En la encrucijada

EN LA ENCRUCIJADA
Podría contar cómo nos conocimos, lo sorprendente de que supiera más de mí que yo mismo, el primer beso en el ascensor, cómo se nos han ido enredando unos gramos de más de dulzura en lo que iba a ser un historia veraniega de besos y literatura. Cómo me ofreció su casa junto al mar, hacer de musa y amante. Pero este no es ese post, por desgracia. Este empieza anoche en un estúpido after de Torremolinos en el que yo me desabroché la camisa para bailar y me acerqué a ella y al otro tipo. Incómoda, dijo que fuéramos a la pista los tres, pero se quedaron a mitad de camino. Y me fue presentado, entonces por primera vez, el monstruo de los ojos verdes, del que sabía por Otelo que se inventa historias, conversaciones, gestos, roces. Pero yo no soy de esa cofradía, sólo soy un paranoico. En una conversación de hace mucho con bob me dijo algo tan lúcido como que nuestra paranoia no era tal, porque siempre acertábamos, así que sólo puede ser una intuición inteligente que anticipa situaciones, intenciones, palabras. Un sexto sentido basado en lo que sabemos.
-Si lo haces me picaría, pero no me jodería- le dije en teoría sin venir.
Cuando volví del baño, allí estaban, besándose, atentos a la puerta por la que no salí.
-Si me besas a mí también, no pasa nada. Podríamos hacer un trío...
Todavía no sé lo que pasó, pero me quedé fuera. Dijo que me lo iba a explicar hoy. Descubrí que me importaba más de lo que creía. Y no, no era orgullo. Esa no era la mejor manera de descubrir sentimientos, pero bueno, los hallazgos son lo que hacen que se mueva el mundo, aunque se te caiga una manzana en la cabeza y te haga un chichón.
Cada vez que me daba la vuelta lo mismo, y no cuadraba, no cuadraba lo que hacía con lo que me dijo después, con lo que yo ya suponía. Y mis opciones no valían: o conmigo o si quieres hacer esto, cuando no esté yo o me voy. Pero no.
Todavía no sé porque tuve que quedarme y verlo tantas veces. Pero lo que me dolía era que a mí me dedicaba caras serias, "ahora no puedo pensar en eso", gestos tensos. Y a él sonrisas. Sólo eso me dolía. Y la obligué elegir, y no quería obligarla, porque esperaba que lo hiciera ella sola. Y que me eligiera a mí, claro.
Cuando volví al hotel di vueltas alrededor de las camas hasta que hice un surco, hasta que todas las situaciones se desgastaron en mi cabeza volada, hasta que agotado caí en la cama.
En algo menos de una hora me despertaron para que abandonara la habitación. Y aquí estoy, vagando por Málaga, llamando a fire, a betty, a ella, y todo son contestadores y calles atestadas de bailarines y vasos abandonados, y calles desiertas bajo el sol. Consigo perderme, llevo encima una resaca depresiva de tres días de coca, con lo que eso supone, es como respirar boqueando, como dar saltitos con los pies forrados de plomo para asomar la cabeza por un pozo que te ahoga de una manera muy oscura y muy desgarradora y muy sucia. Quien lo haya probado lo sabe.
Y no sé si ir o no ir, no sé si ya nada será como pensamos. Y llevo horas dándole vueltas como un imbécil, resolviendo encrucijadas al azar. Y no sé si llamarla o volverme a Madrid. Y no sé en que quedó con aquél tipo.
Y cuando ya por fin no tengo ni idea de donde estoy ni quién soy ni qué hacer, saco un poco la cabecita para buscar una cabina, un cordón teléfonico umbilical que me traiga a betty (su tono de cuando la comprensión y el cariño, por favor, lo necesito), a mi padre, a miguel, a bob, a fire, a una voz amiga para contarle que todo va bien o que todo va mal, ya veremos. Y encuentro el teléfono y busco la tarjeta que no está porque me la he dejado en la otra cabina, en el otro extremo de la ciudad, a saber dónde. Y cuando estoy maldiciendo mi mala suerte empiezo a sangrar por la nariz y no puedo arreglarlo, no puedo arreglar ya nada (no habrá pañuelos de seda/ para limpiarme la cara).
Y mientras camino pálido bajo los cuarenta y cinco grados malagueños que vacían las calles por donde paso tratando de detener la hemorragia, me sobreviene por fin esa confortable sensación familiar. He tocado fondo. Y suspiro aliviado y se me deshace el nudo del estómago y sonrío por primera vez pensando que, ahora ya, haga lo que haga, nada de todo esto es importante.

jueves, 14 de agosto de 2003

Paradoja

PARADOJA
–¿Ves como hablas mucho por teléfono?
Es la tercera vez que la chica del Burger King me dice eso. Es que con la factura de la recarga del móvil te regalan un burri menú. Siempre me dice algo, como por ejemplo "¿estás atendido?", cuando sabe que sí que estoy atendido.
–No, si hace como diez días que no vengo.
–Es que como siempre vienes en mi turno...
–¿Lo puedo hacer gigante?
–Sí (...) pero no te puedo dar el regalo, porque las promociones no son acumulables.
–Bueno, no importa.
(...)
–Toma, el regalo. Pero no se lo pidas a mis compañeros ¿eh? pídemelo siempre a mí.
Me alejo con el regalo pensando que lo mío con la chica del Burriquín es imposible, porque, por una parte, por pura ley de probabilidades, cuanto más mensajes mande por el móvil más posibilidades hay de que me cace una chica extra hamburguesera, y por otra, si sigo viniendo a comer rata me voy a poner como un churrasco y dejaré de gustarle.

sábado, 9 de agosto de 2003

Busco mecenas

BUSCO MECENAS
Estaba yo una mañana de junio tranquilamente tranquilo en mi trabajo, sin meterme con nadie. "¿Hiciste al final la declaración de la renta?". "¡Coño!". "Pues es el último día".
Después de horas y horas sentado en una cafetería, leyéndome las instrucciones y haciendo las cuentas a mano (incluídos porcentajes que se salían de la hoja) opté por llamar a mi redactor jefe para pedirle que me hiciera las divisiones (" el 18,72% de 5.678,78678633", de verdad te lo digo que es el único santo de mi santoral). A las 2 menos 2 minutos conseguí un resultado: me toca pagar 300 euros. ¿QUÉ? ¿Para eso me paso toda la mañana matando neuronas, que se me ha quedado la cocorata como un solar? En fin, que lo siguiente fue una carrerita y encontrarme Hacienda cerrado. Y como Hacienda somos todos pero yo no tengo llaves, después de suplicarle al de la puerta, me contó que para los rezagados y los tipejos abrían un par de ventanillas por la tarde. Me fui a mi trabajo pensando que tenía que haber un error. O muchos. Volví a hacer las cuentas y efectivamente, que alivio, había metido unos cuantos datos mal. Ya con el programa Padre, que me ayudó con las cuentas y también a experimentar un complejazo de Edipo, descubro que efectivamente no son 300 euros, SON 500.
En fin, después de aquéllo todo ha ido cuesta abajo economicamente, me impuse un control de gastos y nada, las facturas del viaje a México no las pasé y ahora tengo que esperar a que acabe el verano, las brujas no me devuelven la fianza las muy brujas. Y etcétera. Y piense lo que piense todo el mundo no me he gastado casi ná en drogas.
En fin, que visto lo visto decidí consagrar mi verano a la literatura. ¡Por fin iba a escribir mi libro! Pensaba irme a la casa del pueblo, bici, piscinita, cesped, cerca de Madrid, cerca de mi extraña tierra natal... En cuanto lo dije en casa, mi hermana y mi hermano pequeño se apuntaron a ir después de años sin pisar el pueblo. COmo dice mi hermano César, el cuarto: "en esta casa te haces un bocadillo de mierda y quieren todos" Peeero... mi padre decidió alquilársela a unos portugueses diez minutos antes de mis vacaciones.
Así que, a lo que iba, que necesito un mecenas. Alguien que me deje una casita del 20 de agosto al 19 de septiembre, no sé, cerca de la playa, donde puedan visitarme las musas, donde los vecinos no oigan mis ronquidos de cuando estoy inspirándome, donde haya una mesa y una silla y una cama. A cambio ofrezco derechos de autor. Mmmm, un 5%, que calculando por lo bajo estará entre los 5 y los 50 millones. Sí yo también creo que más cerca de los 5 (euros), pero si tú crees en mí como autor es el momento de demostrarlo. Pon un gorrón en tu casa.
(y el 15 voy a la feria de málaga y el 23 al sonorama)

viernes, 8 de agosto de 2003

NO ME VUELVO A ENAMORAR

NO ME VUELVO A ENAMORAR
Me desperezo en la cocina y frente al espejo del baño frente a mi ventana frente a mí se estira la larguísima vecina semidesnuda; desde la ventana del salón se ven, a cualquier hora del día y de la noche y en alto picado, decenas de ombligos callejeros a través del escote; crispi se va a ir por segunda vez con su nuevo novio a los mismos sitios gaditanos en los que estuvo hace un año menos un mes comiendo atún de almadraba conmigo ("será perra", le digo a Ana cuando me lo cuenta); Silvia me escribe para decirme que ahora que es rica se aloja en un spa mientras escribe el libro y que tiene una habitación doble y que vaya; MJ, mi ex, me llama porque se va a Tunez y quiere que le dé algún consejo ("llévate un abanico"); la chica del curriculum me anuncia que también va, igual que yo, a la feria de Málaga ("¿hay que hacer algo? ¿desnudarse?", "¡pues claro que hay que desnudarse!"); lo único que quería de la niña era quedarme con la sensación de que se admitían devoluciones (esa patada al diccionario tan confortadora de las dependientas de mi ciudad "...y si no te queda bien lo puedes descambiar", aunque sepas que nunca encontrarás el ticket, ni el ratito para volver a la tienda, ni la tienda misma si me apuras), pero sólo he conseguido ver que todo es tan irreversible como la propiedad de estos ojos color miel tan parlanchines que tengo; mis comentarios siguen llenos de chicas encantadoras; tres becarias de la revista de arriba (las eligen por la foto, cada vez estoy más seguro) vienen a pedir un ejemplar, les doy una lección tonta sobre el azar y las posibilidades profesionales y prometen que bajarán a invitarme a un café. Y yo con estas barbas de luto nórdico.
Ahora que soy soltero, prometo aplicar el método cartesiano a todas mis relaciones. Ahora que soy soltero, lo único que le pido a la vida es un amigo que se llame Tento, para estar siempre con Tento.

jueves, 7 de agosto de 2003

El último refugio

EL ÚLTIMO REFUGIO
El último refugio de las personas libres no es la esperanza, es el sentido del humor. Yo sin él, sin poder reirme de mí en los peores momentos, no soy nada.

martes, 5 de agosto de 2003

V Y F INVENTARIUM (a la manera de Atxaga, claro)

V Y F INVENTARIUM (a la manera de Atxaga, claro)

42 revistas,
21 periódicos de los últimos tres meses,
18 tebeos,
5 libros,
7 botes de productos cosméticos, algunos vacíos,
3 toallas usadas simultáneamente
8 cajas de cartón,
1 abrigo de cuero cuarteado por el sol,
1 botella de ron,
1 botella de coñac,
6 despertadores, 5 de ellos estropeados,

una nota arrugada bajo el radiador.
"No sé cómo no me di cuenta, si no es la primera vez, si no sé si será la última, que todo aquello, lo de primero uno, luego otro, no era el qué, sólo el síntoma. Como lo de Ana la Cocainómana con el camarero, como lo de la innombrable con el buitre. Todo empezó, qué estupidez, a mediados de junio después de una comilona de carne en un centro comercial. Celebrábamos algo, lo de siempre, ella a mí, yo a ella, pero qué estupidez, si a ninguno de los dos nos sientan bien las parrilladas con gula ni los centros comerciales. Ella se impacientaba mientras yo elegía doce libros de poesía. Yo no quería ver bolsos. Yo quería ir al cine y ella sí y luego no. Pensé que no iba a depender de los caprichos de nadie. Pensé, por primera vez, en presentarle mi egoismo a ese amor perfecto de ojos brillantes y gritos al teléfono ("¡bombón!") y madrugones inéditos a cambio de un ratito de pieles pegadas y almas voladoras. Junto a la taquilla dijo que hiciera lo que quisiera, se fue, la llamé, no se volvió. Y, agazapadas, pero nunca muy lejos, vieron su oportunidad las sombras de nuestro peor pasado para caer sobre nosotros, envolvernos y aplastarnos y asfixiarnos y atarnos, convertirse en una estúpida losa de plomo que nos pegaba los pies. Acortamos, en un instante, la vida de la sensación más dulce que nunca habíamos tenido hasta entonces, porque ángeles y demonios nos tenían envidia y nos inocularon durante un minuto, suficiente, la mezquindad. O quizás porque ambos somos autodestructivos y no nos conformamos con que todo vaya bien. "Esto me suena, ya lo he hecho, no pienso ir detrás de ella". "No quiero hacer todo lo que él diga porque él lo diga, ya sé lo que es eso". Qué estupidez no darse cuenta de que no nos conocimos en blanco. Su espalda desapareciendo por las escaleras mecánicas no era sólo su espalda, la mirada que sentía clavada en ella mientras se alejaba era también la mirada de otro."

(((bajo la nota encontramos una caja con objetos alineados alfabeticamente:

Unas gafas rayban con un pequeño rayón
Unos pendientes de oro de 18 kilates con forma de sombrero charro
Una botella de aceite de oliva de cuello alto
Un beso en una servilleta
Un cuadrado de oro con la letra "B"
Una colcha que fue un vestido
5 poesías manuscritas y manchadas de hierba
Una luna y una estrella fosforescentes
2 pulseras desgastadas que antes fueron colgantes
Varios mensajes aparentemente copiado de un móvil. Como "Te quiero querer", "xq no contestas bicho malo", "de ti no me he olvidado ni un momento en todo el día, no estás allí, estás aquí", "estoy cruzando los dedos para que tengas billete, que se me han olvidado tus besitos y tus mimos. Y tus ojos. Y tu mirada. Millones de besos y mordisquitos" y otros que no podemos reproducir en este inventario
Un vestido blanco de bordado mexicano doblado cuidadosamente
3 discos sentimentalmente poco significativos
Uno que sí
Un tornillo de cama
Un antivirus
Un paquete de Winston con una leyenda en letras de tinta azul, picudas e inclinadas hacia la derecha: "acuérdate de mí que te quiero mucho mucho. Eres un cielo por aguantarme."))))

"Una encrucijada para darnos cuenta de lo frágil que era todo aquello o para aprender, poco a poco, a mirarnos con desconfianza. Su amor no resistió y el mío no puede saltar sobre lo que ya es imposible porque aquélla vez no podía ser sólo yo y ella debía ser ella y otra más. Teníamos que hacernos perdonar los pecados de otros y ninguno de los dos sabíamos cómo. Entré y me senté solo en la butaca sintiéndome idiota, pensando en cómo pedirle perdón. Regresó porque no quería que su maldita cabezonería le costase tan cara y me buscó a oscuras por la sala. Tarde, tarde ya. Y aunque mi orgullo no era contra ella ("menos mal que has vuelto, no sé dónde estoy ni cómo llegar a casa"), y aunque su rencor no se dirigía a mi pecadillo ("siempre hay que hacer lo que tú quieras"), algo se había roto, crack, en nuestro corazón.

jueves, 31 de julio de 2003

Inventario

INVENTARIO
Hicimos castillos en el aire tan hermosos que nos permitimos vivir en sus ruinas.

martes, 29 de julio de 2003

Mugre y (mi) sexo en Jerez de la Frontera

///MUGRE Y (MI) SEXO EN JEREZ DE LA FRONTERA///

JUEVES POR AHÍ
"Tengo los billetes, pero no he conseguido asientos separados". Con este emotivo mensaje al móvil comenzaba el fin de semana de hostilidades entre mi amigo Lucifer y yo en el Espárrago Rock, un festival cuyo nombre supone un ratito de chascarrillos si le pides un día para ir a tu jefe. Suena mucho mejor Internacional de Benicassim, pero me aburro, no conozco a ningún grupo, hay muchos modernillos. Bueno, el año pasado estuvo bien, fui con crispi, no recuerdo nada de sexo en la tienda de campaña, creo que no existe el sexo en la tienda de campaña, pero sí conservo escenas imborrables. Después de una noche de bronca monumental ("¡me das asco!, eres un guarro, estás echando los hielos en la botella y están sucios de tierra y de meados", "pero crispi, si los estoy cogiendo de mi vaso...") vino una mañana de reconciliación (sentados en un bordillo del pueblo se disculpó. "Anoche me pasé". "Sí". Silencio. Silencio en el que ella aprovecha para meterse el dedo en la nariz. "¡Mira un moco!", y yo, escandalizadísimo y con razón "¡¡¡y yo soy el que doy asco, y tú me llamas guarro a mí!!!"). Si es lo que yo digo, que otra cosa no, pero esta chica sabía zanjar los asuntos.
Ocho horas de tortura, intentando convencer a Lucifer de que los cuatro euros de la almohada inflable eran una buena inversión ("luego que no tienes pasta"), hasta que en la siguiente parada las vimos a dos euros (JUAJUA). Tablas.

JUEVES EN LOS CONCIERTOS
Aterrizamos, dejamos las cosas en consigna, Luci se compra 10 pastillas por 10 euros cada una. Y luego que yo gasto. Los grupos son locales, con algo de flamenco, Telephunken puede ser que estuviera bien, pero quién se acuerda de nada con la prisa que teníamos. Bueno, sí, descubrimos dos locales imprescindibles dentro del recinto: hamburguesería Conchi y Superpatata. Luci me abronca por decir porros, le parece muy folclórico. A él le avergüenza un poco salir conmigo, porque no soy nada moderno y hago frases completas con sujeto verbo y predicado y así no te comes una rosca. Lucifer tiene un master en comunicación callejera que lleva años perfeccionando, aunque pa mí, que se ha quedado un poco en los 90, con Bowie, T-Rex y Courtney Love. Le sigue funcionando de vez en vez. Menos cuando sale conmigo, claro. Yo es que quiero que me quieran como soy, hay que entenderlo, si no pa qué. Quién sabe, podría pasar. También es verdad que las últimas veces que se me ha acercado una rubia se la he desviado, hablándola de él y de lo malo que es. Pero no me lo va a reconocer. Hola Lucifer, no me lo vas a reconocer.
El caso es que, no sé cómo, se acabó la noche, y allí estábamos, maldiciendo la idea (mía) de dejar la tienda en consigna. Acampamos haciendo corro con unos de una ciudad de por allí en un sembrao junto al bar que con toda probabilidad se iba a convertir en un infierno de sol en picado y tecno ratonero por las mañanas. Recuerdo haber puesto un par de clavos que Lu me quitaba para colocarlos en otro sitio.

VIERNES POR AHÍ
En cuanto salió el sol el viernes, aquello era, efectivamente, un infierno de calor justiciero y malditos bongos y salí hacia las duchas comunales empapado en sudor. Cuando llegué me di cuenta de que era el único vestido de pies a cabeza de la cola. Bajo la atenta mirada de los 50 amiguitos que venían detrás de mí me metí en el agua con mis pantalones presuntamente blancos. Una vez empapados, me quité los pantalones y la camiseta y todos seguían mirándome. Se me cayó el tapón del gel y cuando me agaché me di cuenta de que tenía el pito fuera y saludando. No sería la única vez en la que tendría que avergonzarme profundamente.
Después de horas de peregrinaje en varios vehículos para llegar a la ciudad y dar una vuelta ("pero hombre, habrá que hacer algo de turismo", "pero vamos a ver ¿tú ves a alguien que esté a las tres de la tarde, con este sol, visitando Jerez?"). Después de un satisfactorio paseo en el que no vimos nada ("vamos hasta allí, que eso parece un edificio histórico") nos volvimos a la tienda.
-Lucifer, me acabo de encontrar un dilema moral.
-A ver...
Una bolsita de polvo blanco apelmazado semienterrada que se le tenía que haber perdido a uno de los vecinos.
-Trae pa cá.
A mí me gusta eso de tener cerca a un amigo que te resuelva los problemas morales, porque yo soy un poco amoral y no distingo bien. De verdad que no sé para qué me mandaron a un colegio del Opus y a uno de jesuitas si luego resulta que no me he enterado de nada. Si luego no tengo valores, bueno, tengo uno, lealtad, que no sé muy bien dónde lo he aprendido, en el cole no creo, pero sólo ese. Y además, ni siquiera servían para vigilarte, que recuerdo que en COU entré 6 veces en todo el año a primera hora y pocas más a segunda. A ver ¿para qué estaban los gordos muros de dos metros y medio, el Eusebio y los delegados pelotas que pasaban lista? También entonces dormía bastante bien. Luego en casa lograba que me firmaran una carta indeterminada: "ha tenido que ir al dentista". "¿Has tenido que ir al dentista todos los días?", "es que tenía una avería..." En fin, que espero, para que a nadie más le pase lo que a mí, que en la clase de Hecho religioso se enseñen listas de lo que está bien y lo que está mal. Por ejemplo, quedarse con la coca de los vecinos está bien, y ya está, y no tienes que andar preguntando siempre.
Lucifer, para tranquilizar mi confusión moral, me recordó que gracias a ellos habíamos tardado tres horas (dos de ellas bajo el sol mortal) y tres caros vehículos en llegar a Jerez por la mañana. Iban con el coche vacío, les pedimos que nos llevaran y desaparecieron para no tener que hacer un favor, aunque fuera gratis. Lucifer no está cómodo con los andaluces, dice que ellos son muy desconfiados y que nunca van a hacer nada que suene a generosidad, supongo que eso les parece quedar como tontos. Algo de eso vimos por ahí. A mí me gustan mucho en cambio, quiero vivir en Andalucía algún día pronto. Puedes hablar con cualquiera, porque nunca parecen pensar, las pobres, que tengas ningún propósito más allá del buen rollo y el intercambio verbal.

VIERNES EN LOS CONCIERTOS
Entramos y vimos a los Delincuentes ("yo no me junto con lo malos, los que manejan, ni los guapeaaaos") y a mí se me caía la baba, pero necesitábamos dopaje, así que fuimos a Superpatata a comernos un kebab. Los festivales son así, puro vicio. Luego hablamos con una gente... luego con una gente... y vimos a unos grupos... No sé, juraría que la noche comenzó a hacerse muy vaga. Ah, sí, vimos a Los Planetas. "Quiero que sepas que ha sido un infierno estando contigo, el infierno no es tanto castigo, te pareces bastante a Satán". Se la he dedicado ya varias veces a Lucifer y no me canso. Por lo demás son malos en directo y parece que salgan al escenario a pasarlo mal. Era como si les cayésemos fatal. Aunque vete a saber, tal como iba yo, igual era otro concierto.
Al final de la noche, por fin, una chica le ofreció algo de beber a Lucifer, y como yo estaba en mi mundo, pero por allí cerca, le dio el vaso a su amiga la rubia y le dijo que se ocupara de mí y me lo ofreciera, señalándome con el dedo índice tan discretamente que casi me lo mete en el ojo. Ella se acercó para encontrarse con un tipo en bañador, mocasines, calcetines de rayas multicolores y una camisa blanca abierta (o sea, todo sin nigún sentido) (a ver ¿por qué llevé sólo ropa blanca a un festival que debería patrocinar una lejía milagrosa). Como además tenía los ojos inyectados en sangre y abiertos como platos y la sonrisa del Joker, dijo ¿quieres? y me dio el calimocho como si fuera el palo de la carrera de relevos. Si no quedó la primera quedó la segunda, porque no la volví a ver.
Cuando llegamos a la tienda, la peor montada de todo el camping por aclamación popular, la parte de arriba se había volado, los amarres se habían soltado y en fin, el interior presentaba un aspecto imposible para una estancia de sólo una noche. Me acordé de betty que el miércoles, en nuestra tarde en la hierba, decía admirada "no sé cómo lo has hecho pero has conseguido desordenar el Retiro". Miré a nuestro alrededor y había llaves, revistas, tabaco, restos, bolsas, calcetines, zapatos... Todo mío y todo dando una sensación no de desperdigamiento, si no de desorden. Es un don.

SÁBADO POR AHÍ
A la mañana siguiente, la del sábado, me despertó Lucifer que no sé de dónde venía y me pilló en canicas. Cuando llegué a las duchas me di cuenta de que era el único en calzoncillos, pero ya a estas alturas... Después de un rato peleándome con las piedras del suelo y con el interior de mi ropa interior, decidí bajármelo hasta las rodillas ante el respetable, porque así no había quién se enjabonara. Empezaba a tener complejo de Shin Chan.
Por seguir con el tema mugre y para no ahorraros ningún detalle repugnante os podría contar como estaban los baños del Espárrago (tres días sin limpiarse)... Mira, os lo voy a ahorrar, así me lo ahorro yo de paso. Intentaré olvidarlo el resto de mi vida.
Ese día fuimos más listos y en vez de comer en la gran ciudad lo hicimos en un restaurante campestre de por allí. Recuerdo como mis argumentos en la conversación que el capitalismo encaja perfectamente en la naturaleza humana y la justifica, mientras que el comunismo requiere un esfuerzo artificial de todos a la vez y por eso no funciona. Como además el segundo tema que saqué fue Amaral, "estuvo genial el año pasado, cantando en sujetador y a cuatro patas como una perra", pues la chica que comía con nosotros se agarró a la silla, atemorizada. Tiene razón Lucifer, que así no vamos a ninguna parte, pero quien quiere ir a algún sitio, lo que importa es el camino, que decían Homero, los Argonautas, los peregrinos jacobeos y la Pantoja haciendo El Rocío.

SÁBADO EN LOS CONCIERTOS
Entramos y tocaba Barricada, que a éste le gustaba y a mí pichí pichá. Hasta que sobre el calvo antes melenudo que cantaba pasó una estrella fugaz. Mientras sonaba "sólo quiero ser más rápido que ellos, echar todo a perder un día tras otro y un buen rato después saber llegar a casa antes de que el sol me diga que es de día" pedí que La Niña se curase, que quisiera curarse. Y me puso de buen humor, porque me encanta que ese sea mi deseo, porque eso es que mi vida está bien y porque se va a cumplir porque se tiene que cumplir.
Teníamos la pasta justa y decidimos bebérnosla. Al primer litro de cerveza yo ya estaba inarticulativo, se nos había olvidado cenar. Nos sentamos en un suelo a hablar sobre mujeres, un tema siempre renovado y del que somos grandes teóricos, y fijamos cuatro sitios absurdos en los que quedar si nos perdíamos: donde estaba el muerto la primera noche (un borracho que luego nos encontramos en la estación de autobuses, no estaba muerto, estaba de parranda), en el cartel de cocacola, junto a los baños y cerca de ese contenedor de basuras tan móvil. Gracias a nuestro plan perfecto, y sin batería en los móviles, nos asegurábamos de que si nos perdíamos, nos perdíamos para siempre.
Vimos a los Funkillos, que son unos pesaos, vimos a los Orishas, que zalamean al público como sólo los cubanos pueden hacerlo, no como Amaral, que es tan sosa la pobre. La muy perra. Gracias a los Orishas me enzarcé en una conversación sobre hip hop en español con un entendido (pero a ver ¿es que yo he oído alguna vez un disco de hip-hop? el caso es dar guerra). Con Amaral bailé como un pijo con unas pijas y luego vino lo mejor: Fangoria.
Yo es que como soy un ignorante musical y nunca voy a un concierto (de ahí y de más cosas el título de la página, ¿veis?), no había visto a nadie. Y me emocioné tanto que hasta me puse en plan fan ("en el espacio hay un astronauta solo, flotando aqui en la Tierra la señal que manda se va apagando"), y no hacía más que decirle a la chica de detrás "¡qué buenos son!", y ella le gritaba a Alaska en un ciclo periódico eufórico "¡ere la mejó!". Llamé a bob en un frustrado intento de compartir el momentazo que él ha definido así: "qué lindo llamándome pese a tu incapacidad para el mundo del móvil (una mañana de estas, la china enana que habita tu celular va a salir de él, harta de tocar el xilofón para que te despiertes, y te va a dar de hostias :-))". El guitarrista me tiró una púa y yo me giré para regalársela a una chica cualquiera que en un primer momento se pensó que la iba a pegar, por la energía. Le escribí una nota a Nacho Canut y luego se me olvidó tirársela. Mejor, porque no entiendo nada de lo que pone.
Y luego Carlos Jean, mister Jean, pero qué requetebueno. Me pasé el rato antes del concierto convenciendo a todas las desconocidas con las que me cruzaba para que fueran a verlo. "Como sigas animando, lo vamos a ver solos", sentenció Lucifer.

Luego la cosa se descontroló, ya me entendeis.

DOMINGO POR AHÍ
Para mi última ducha, con la cabeza como un bombo, me llevé el bañador, dejé mis zapatos a una distancia prudencial y decidí no enseñar la colita por un día, ya que nadie lo hacía. Encendí la ducha y al principio todo iba bien, pero de repente dejó de salir agua. Me enjaboné pacientemente pensando que se había cortado y que ya volvería y vi a unos tíos detrás de mí descojonándose. Me di cuenta de que lo que pasaba es que el cable de la ducha se había soltado y el chorro apuntaba hacia la lejanía. Me puse en la trayectoria muy dignamente y seguí duchándome. Los quillos seguían riéndose. "¿Zon tuyo ezo zapato?". Mis preciosos Camper de piel, los únicos zapatos buenos que tenía, justo situados donde caía el agua, snif. Jarto ya, decidí quitarme el bañador y ponerme los zapatos, hala, que esto parece una excursión de teresianas. Como todas las buenas obras pankis tienen su recompensa en esta vida, al lado del único tipo desnudo, se situó la única chavalita que se duchaba en tanga de todo el festival. Una sonrisita me quitó la resaca, que es que yo soy así.

-No mira, Lucifer, nuestro autobús es el 3, debe de ser uno especial que han puesto para los que no hemos follado.
-Pues vamos a ir muy anchos.
...
-Que no, hombre, ¿ves?, ya trae unos cuantos feos de San Fernando.

miércoles, 23 de julio de 2003

La comida y yo, un blog sobre bulimia.

Por aquí están empezarlo a hacerlo muy bien. Para una enfermedad del coco como ésta yo diría que viene estupendamente saber que no estás sola (o solo ¿hay bulímicos? tiene que ser que sí), que antes que a ti le ha pasado a alguien lo de la vergüenza, la culpa, el asco, pero que tarde o temprano necesitas que lo sepa gente de confianza, alguien que te ayude. Que como decía bandaluna en un comentario, es una enfermedad y cuando uno está enfermo va al médico, sin más. Vale, algunas enfermedades dan más vergüenza que otras, y uno puede estar años sufriendo en silencio las hemorroides hasta que se pregunta para qué o decide practicar sexo anal. Pero son enfermedades, con sus complicaciones si no se tratan, sus procesos y sus curaciones.
Pero lo mejor de este blog yo no creo que sean las grandes respuestas generales, esas están por aquí y por allá, por toda la red; lo mejor podría ser el relato de las batallas cotidianas, las perdidas y las ganadas, los avances pequeñitos y los grandes retrocesos, las decisiones, los amigos, los primeros pasos con asociaciones y médicos. Las historias de quienes están en plena guerra y también (e importa mucho) las de quienes las ganan o las van ganando. Betty dice que es imposible dejarlo, que quien lo cuenta miente. Supongo que no es la única en pensar así. A lo mejor un email o varios de quienes demuestran con su buena salud que sí que es posible podrían hacerle cambiar de opinión y darle esperanza.
¿Qué necesita este blog? Necesita co autores que cuenten su día a día. Los que lo tuvieron, los que pelean, los que están cerca de ellos. Necesita (urgentemente) una maqueta atractiva, alguien que pueda indexarlo adecuadamente en los buscadores, alguien que ponga unos comentarios. Necesita que la enlacemos y que la apoyemos y que la leamos. Ella desnuda allí lo que menos le gusta de sí misma y pone sus horas y su buena voluntad. Dice que si puede ayudar a una sola persona valdrá la pena.
Está claro que yo nunca había pensado un solo minuto en este problema, ni se me había ocurrido hacer nada por quienes lo están pasando fatal e incluso se están jodiendo la vida con él. Hasta que me lo encontré muy de frente. Es entonces cuando tienes que elegir entre volver la cabeza o aportar ese poco que tú puedes. Y te estoy pasando la pelota.
La comida y yo, un blog sobre bulimia.
El jefe me manda un email: "He recibido otra vez la noticia por otro boletín. Guardala por si la necesitas. Cuidado con las erratas en el corredor turístico que va de Mahahua al Pulticub".

miércoles, 16 de julio de 2003

Dan igual los horóscopos adversos, el viento mordiéndonos el hueso de la risa, la intemperie del teléfono contigo pero sin ti. No importan la lluvia de interrogaciones haciendo sopa de nuestros parlamentos, las palabras de amor escondiéndose bajo los charcos, el termómetro de nuestra imaginación recogiendo símiles invernales a cuarenta grados en la calle. A paseo las ganas de correr a resguardo del granizo de lo que no sabemos, los trompos sobre la carretera de nuestros cuerpos ya no tan resbaladizos, las soluciones prácticas y evidentes de los ratos de claridad nívea. Yo lo que te prometí fue no dejarte ni un minuto sola. Y si me desdigo, será para ampliarlo: ni un segundo. Seré de roca (ciego, absurdo, solo y desnudo, parece que va a llover, parece que viene el diluvio universal). Estaré aquí, no me pienso mover.