jueves, 7 de agosto de 2003

El último refugio

EL ÚLTIMO REFUGIO
El último refugio de las personas libres no es la esperanza, es el sentido del humor. Yo sin él, sin poder reirme de mí en los peores momentos, no soy nada.

martes, 5 de agosto de 2003

V Y F INVENTARIUM (a la manera de Atxaga, claro)

V Y F INVENTARIUM (a la manera de Atxaga, claro)

42 revistas,
21 periódicos de los últimos tres meses,
18 tebeos,
5 libros,
7 botes de productos cosméticos, algunos vacíos,
3 toallas usadas simultáneamente
8 cajas de cartón,
1 abrigo de cuero cuarteado por el sol,
1 botella de ron,
1 botella de coñac,
6 despertadores, 5 de ellos estropeados,

una nota arrugada bajo el radiador.
"No sé cómo no me di cuenta, si no es la primera vez, si no sé si será la última, que todo aquello, lo de primero uno, luego otro, no era el qué, sólo el síntoma. Como lo de Ana la Cocainómana con el camarero, como lo de la innombrable con el buitre. Todo empezó, qué estupidez, a mediados de junio después de una comilona de carne en un centro comercial. Celebrábamos algo, lo de siempre, ella a mí, yo a ella, pero qué estupidez, si a ninguno de los dos nos sientan bien las parrilladas con gula ni los centros comerciales. Ella se impacientaba mientras yo elegía doce libros de poesía. Yo no quería ver bolsos. Yo quería ir al cine y ella sí y luego no. Pensé que no iba a depender de los caprichos de nadie. Pensé, por primera vez, en presentarle mi egoismo a ese amor perfecto de ojos brillantes y gritos al teléfono ("¡bombón!") y madrugones inéditos a cambio de un ratito de pieles pegadas y almas voladoras. Junto a la taquilla dijo que hiciera lo que quisiera, se fue, la llamé, no se volvió. Y, agazapadas, pero nunca muy lejos, vieron su oportunidad las sombras de nuestro peor pasado para caer sobre nosotros, envolvernos y aplastarnos y asfixiarnos y atarnos, convertirse en una estúpida losa de plomo que nos pegaba los pies. Acortamos, en un instante, la vida de la sensación más dulce que nunca habíamos tenido hasta entonces, porque ángeles y demonios nos tenían envidia y nos inocularon durante un minuto, suficiente, la mezquindad. O quizás porque ambos somos autodestructivos y no nos conformamos con que todo vaya bien. "Esto me suena, ya lo he hecho, no pienso ir detrás de ella". "No quiero hacer todo lo que él diga porque él lo diga, ya sé lo que es eso". Qué estupidez no darse cuenta de que no nos conocimos en blanco. Su espalda desapareciendo por las escaleras mecánicas no era sólo su espalda, la mirada que sentía clavada en ella mientras se alejaba era también la mirada de otro."

(((bajo la nota encontramos una caja con objetos alineados alfabeticamente:

Unas gafas rayban con un pequeño rayón
Unos pendientes de oro de 18 kilates con forma de sombrero charro
Una botella de aceite de oliva de cuello alto
Un beso en una servilleta
Un cuadrado de oro con la letra "B"
Una colcha que fue un vestido
5 poesías manuscritas y manchadas de hierba
Una luna y una estrella fosforescentes
2 pulseras desgastadas que antes fueron colgantes
Varios mensajes aparentemente copiado de un móvil. Como "Te quiero querer", "xq no contestas bicho malo", "de ti no me he olvidado ni un momento en todo el día, no estás allí, estás aquí", "estoy cruzando los dedos para que tengas billete, que se me han olvidado tus besitos y tus mimos. Y tus ojos. Y tu mirada. Millones de besos y mordisquitos" y otros que no podemos reproducir en este inventario
Un vestido blanco de bordado mexicano doblado cuidadosamente
3 discos sentimentalmente poco significativos
Uno que sí
Un tornillo de cama
Un antivirus
Un paquete de Winston con una leyenda en letras de tinta azul, picudas e inclinadas hacia la derecha: "acuérdate de mí que te quiero mucho mucho. Eres un cielo por aguantarme."))))

"Una encrucijada para darnos cuenta de lo frágil que era todo aquello o para aprender, poco a poco, a mirarnos con desconfianza. Su amor no resistió y el mío no puede saltar sobre lo que ya es imposible porque aquélla vez no podía ser sólo yo y ella debía ser ella y otra más. Teníamos que hacernos perdonar los pecados de otros y ninguno de los dos sabíamos cómo. Entré y me senté solo en la butaca sintiéndome idiota, pensando en cómo pedirle perdón. Regresó porque no quería que su maldita cabezonería le costase tan cara y me buscó a oscuras por la sala. Tarde, tarde ya. Y aunque mi orgullo no era contra ella ("menos mal que has vuelto, no sé dónde estoy ni cómo llegar a casa"), y aunque su rencor no se dirigía a mi pecadillo ("siempre hay que hacer lo que tú quieras"), algo se había roto, crack, en nuestro corazón.

jueves, 31 de julio de 2003

Inventario

INVENTARIO
Hicimos castillos en el aire tan hermosos que nos permitimos vivir en sus ruinas.

martes, 29 de julio de 2003

Mugre y (mi) sexo en Jerez de la Frontera

///MUGRE Y (MI) SEXO EN JEREZ DE LA FRONTERA///

JUEVES POR AHÍ
"Tengo los billetes, pero no he conseguido asientos separados". Con este emotivo mensaje al móvil comenzaba el fin de semana de hostilidades entre mi amigo Lucifer y yo en el Espárrago Rock, un festival cuyo nombre supone un ratito de chascarrillos si le pides un día para ir a tu jefe. Suena mucho mejor Internacional de Benicassim, pero me aburro, no conozco a ningún grupo, hay muchos modernillos. Bueno, el año pasado estuvo bien, fui con crispi, no recuerdo nada de sexo en la tienda de campaña, creo que no existe el sexo en la tienda de campaña, pero sí conservo escenas imborrables. Después de una noche de bronca monumental ("¡me das asco!, eres un guarro, estás echando los hielos en la botella y están sucios de tierra y de meados", "pero crispi, si los estoy cogiendo de mi vaso...") vino una mañana de reconciliación (sentados en un bordillo del pueblo se disculpó. "Anoche me pasé". "Sí". Silencio. Silencio en el que ella aprovecha para meterse el dedo en la nariz. "¡Mira un moco!", y yo, escandalizadísimo y con razón "¡¡¡y yo soy el que doy asco, y tú me llamas guarro a mí!!!"). Si es lo que yo digo, que otra cosa no, pero esta chica sabía zanjar los asuntos.
Ocho horas de tortura, intentando convencer a Lucifer de que los cuatro euros de la almohada inflable eran una buena inversión ("luego que no tienes pasta"), hasta que en la siguiente parada las vimos a dos euros (JUAJUA). Tablas.

JUEVES EN LOS CONCIERTOS
Aterrizamos, dejamos las cosas en consigna, Luci se compra 10 pastillas por 10 euros cada una. Y luego que yo gasto. Los grupos son locales, con algo de flamenco, Telephunken puede ser que estuviera bien, pero quién se acuerda de nada con la prisa que teníamos. Bueno, sí, descubrimos dos locales imprescindibles dentro del recinto: hamburguesería Conchi y Superpatata. Luci me abronca por decir porros, le parece muy folclórico. A él le avergüenza un poco salir conmigo, porque no soy nada moderno y hago frases completas con sujeto verbo y predicado y así no te comes una rosca. Lucifer tiene un master en comunicación callejera que lleva años perfeccionando, aunque pa mí, que se ha quedado un poco en los 90, con Bowie, T-Rex y Courtney Love. Le sigue funcionando de vez en vez. Menos cuando sale conmigo, claro. Yo es que quiero que me quieran como soy, hay que entenderlo, si no pa qué. Quién sabe, podría pasar. También es verdad que las últimas veces que se me ha acercado una rubia se la he desviado, hablándola de él y de lo malo que es. Pero no me lo va a reconocer. Hola Lucifer, no me lo vas a reconocer.
El caso es que, no sé cómo, se acabó la noche, y allí estábamos, maldiciendo la idea (mía) de dejar la tienda en consigna. Acampamos haciendo corro con unos de una ciudad de por allí en un sembrao junto al bar que con toda probabilidad se iba a convertir en un infierno de sol en picado y tecno ratonero por las mañanas. Recuerdo haber puesto un par de clavos que Lu me quitaba para colocarlos en otro sitio.

VIERNES POR AHÍ
En cuanto salió el sol el viernes, aquello era, efectivamente, un infierno de calor justiciero y malditos bongos y salí hacia las duchas comunales empapado en sudor. Cuando llegué me di cuenta de que era el único vestido de pies a cabeza de la cola. Bajo la atenta mirada de los 50 amiguitos que venían detrás de mí me metí en el agua con mis pantalones presuntamente blancos. Una vez empapados, me quité los pantalones y la camiseta y todos seguían mirándome. Se me cayó el tapón del gel y cuando me agaché me di cuenta de que tenía el pito fuera y saludando. No sería la única vez en la que tendría que avergonzarme profundamente.
Después de horas de peregrinaje en varios vehículos para llegar a la ciudad y dar una vuelta ("pero hombre, habrá que hacer algo de turismo", "pero vamos a ver ¿tú ves a alguien que esté a las tres de la tarde, con este sol, visitando Jerez?"). Después de un satisfactorio paseo en el que no vimos nada ("vamos hasta allí, que eso parece un edificio histórico") nos volvimos a la tienda.
-Lucifer, me acabo de encontrar un dilema moral.
-A ver...
Una bolsita de polvo blanco apelmazado semienterrada que se le tenía que haber perdido a uno de los vecinos.
-Trae pa cá.
A mí me gusta eso de tener cerca a un amigo que te resuelva los problemas morales, porque yo soy un poco amoral y no distingo bien. De verdad que no sé para qué me mandaron a un colegio del Opus y a uno de jesuitas si luego resulta que no me he enterado de nada. Si luego no tengo valores, bueno, tengo uno, lealtad, que no sé muy bien dónde lo he aprendido, en el cole no creo, pero sólo ese. Y además, ni siquiera servían para vigilarte, que recuerdo que en COU entré 6 veces en todo el año a primera hora y pocas más a segunda. A ver ¿para qué estaban los gordos muros de dos metros y medio, el Eusebio y los delegados pelotas que pasaban lista? También entonces dormía bastante bien. Luego en casa lograba que me firmaran una carta indeterminada: "ha tenido que ir al dentista". "¿Has tenido que ir al dentista todos los días?", "es que tenía una avería..." En fin, que espero, para que a nadie más le pase lo que a mí, que en la clase de Hecho religioso se enseñen listas de lo que está bien y lo que está mal. Por ejemplo, quedarse con la coca de los vecinos está bien, y ya está, y no tienes que andar preguntando siempre.
Lucifer, para tranquilizar mi confusión moral, me recordó que gracias a ellos habíamos tardado tres horas (dos de ellas bajo el sol mortal) y tres caros vehículos en llegar a Jerez por la mañana. Iban con el coche vacío, les pedimos que nos llevaran y desaparecieron para no tener que hacer un favor, aunque fuera gratis. Lucifer no está cómodo con los andaluces, dice que ellos son muy desconfiados y que nunca van a hacer nada que suene a generosidad, supongo que eso les parece quedar como tontos. Algo de eso vimos por ahí. A mí me gustan mucho en cambio, quiero vivir en Andalucía algún día pronto. Puedes hablar con cualquiera, porque nunca parecen pensar, las pobres, que tengas ningún propósito más allá del buen rollo y el intercambio verbal.

VIERNES EN LOS CONCIERTOS
Entramos y vimos a los Delincuentes ("yo no me junto con lo malos, los que manejan, ni los guapeaaaos") y a mí se me caía la baba, pero necesitábamos dopaje, así que fuimos a Superpatata a comernos un kebab. Los festivales son así, puro vicio. Luego hablamos con una gente... luego con una gente... y vimos a unos grupos... No sé, juraría que la noche comenzó a hacerse muy vaga. Ah, sí, vimos a Los Planetas. "Quiero que sepas que ha sido un infierno estando contigo, el infierno no es tanto castigo, te pareces bastante a Satán". Se la he dedicado ya varias veces a Lucifer y no me canso. Por lo demás son malos en directo y parece que salgan al escenario a pasarlo mal. Era como si les cayésemos fatal. Aunque vete a saber, tal como iba yo, igual era otro concierto.
Al final de la noche, por fin, una chica le ofreció algo de beber a Lucifer, y como yo estaba en mi mundo, pero por allí cerca, le dio el vaso a su amiga la rubia y le dijo que se ocupara de mí y me lo ofreciera, señalándome con el dedo índice tan discretamente que casi me lo mete en el ojo. Ella se acercó para encontrarse con un tipo en bañador, mocasines, calcetines de rayas multicolores y una camisa blanca abierta (o sea, todo sin nigún sentido) (a ver ¿por qué llevé sólo ropa blanca a un festival que debería patrocinar una lejía milagrosa). Como además tenía los ojos inyectados en sangre y abiertos como platos y la sonrisa del Joker, dijo ¿quieres? y me dio el calimocho como si fuera el palo de la carrera de relevos. Si no quedó la primera quedó la segunda, porque no la volví a ver.
Cuando llegamos a la tienda, la peor montada de todo el camping por aclamación popular, la parte de arriba se había volado, los amarres se habían soltado y en fin, el interior presentaba un aspecto imposible para una estancia de sólo una noche. Me acordé de betty que el miércoles, en nuestra tarde en la hierba, decía admirada "no sé cómo lo has hecho pero has conseguido desordenar el Retiro". Miré a nuestro alrededor y había llaves, revistas, tabaco, restos, bolsas, calcetines, zapatos... Todo mío y todo dando una sensación no de desperdigamiento, si no de desorden. Es un don.

SÁBADO POR AHÍ
A la mañana siguiente, la del sábado, me despertó Lucifer que no sé de dónde venía y me pilló en canicas. Cuando llegué a las duchas me di cuenta de que era el único en calzoncillos, pero ya a estas alturas... Después de un rato peleándome con las piedras del suelo y con el interior de mi ropa interior, decidí bajármelo hasta las rodillas ante el respetable, porque así no había quién se enjabonara. Empezaba a tener complejo de Shin Chan.
Por seguir con el tema mugre y para no ahorraros ningún detalle repugnante os podría contar como estaban los baños del Espárrago (tres días sin limpiarse)... Mira, os lo voy a ahorrar, así me lo ahorro yo de paso. Intentaré olvidarlo el resto de mi vida.
Ese día fuimos más listos y en vez de comer en la gran ciudad lo hicimos en un restaurante campestre de por allí. Recuerdo como mis argumentos en la conversación que el capitalismo encaja perfectamente en la naturaleza humana y la justifica, mientras que el comunismo requiere un esfuerzo artificial de todos a la vez y por eso no funciona. Como además el segundo tema que saqué fue Amaral, "estuvo genial el año pasado, cantando en sujetador y a cuatro patas como una perra", pues la chica que comía con nosotros se agarró a la silla, atemorizada. Tiene razón Lucifer, que así no vamos a ninguna parte, pero quien quiere ir a algún sitio, lo que importa es el camino, que decían Homero, los Argonautas, los peregrinos jacobeos y la Pantoja haciendo El Rocío.

SÁBADO EN LOS CONCIERTOS
Entramos y tocaba Barricada, que a éste le gustaba y a mí pichí pichá. Hasta que sobre el calvo antes melenudo que cantaba pasó una estrella fugaz. Mientras sonaba "sólo quiero ser más rápido que ellos, echar todo a perder un día tras otro y un buen rato después saber llegar a casa antes de que el sol me diga que es de día" pedí que La Niña se curase, que quisiera curarse. Y me puso de buen humor, porque me encanta que ese sea mi deseo, porque eso es que mi vida está bien y porque se va a cumplir porque se tiene que cumplir.
Teníamos la pasta justa y decidimos bebérnosla. Al primer litro de cerveza yo ya estaba inarticulativo, se nos había olvidado cenar. Nos sentamos en un suelo a hablar sobre mujeres, un tema siempre renovado y del que somos grandes teóricos, y fijamos cuatro sitios absurdos en los que quedar si nos perdíamos: donde estaba el muerto la primera noche (un borracho que luego nos encontramos en la estación de autobuses, no estaba muerto, estaba de parranda), en el cartel de cocacola, junto a los baños y cerca de ese contenedor de basuras tan móvil. Gracias a nuestro plan perfecto, y sin batería en los móviles, nos asegurábamos de que si nos perdíamos, nos perdíamos para siempre.
Vimos a los Funkillos, que son unos pesaos, vimos a los Orishas, que zalamean al público como sólo los cubanos pueden hacerlo, no como Amaral, que es tan sosa la pobre. La muy perra. Gracias a los Orishas me enzarcé en una conversación sobre hip hop en español con un entendido (pero a ver ¿es que yo he oído alguna vez un disco de hip-hop? el caso es dar guerra). Con Amaral bailé como un pijo con unas pijas y luego vino lo mejor: Fangoria.
Yo es que como soy un ignorante musical y nunca voy a un concierto (de ahí y de más cosas el título de la página, ¿veis?), no había visto a nadie. Y me emocioné tanto que hasta me puse en plan fan ("en el espacio hay un astronauta solo, flotando aqui en la Tierra la señal que manda se va apagando"), y no hacía más que decirle a la chica de detrás "¡qué buenos son!", y ella le gritaba a Alaska en un ciclo periódico eufórico "¡ere la mejó!". Llamé a bob en un frustrado intento de compartir el momentazo que él ha definido así: "qué lindo llamándome pese a tu incapacidad para el mundo del móvil (una mañana de estas, la china enana que habita tu celular va a salir de él, harta de tocar el xilofón para que te despiertes, y te va a dar de hostias :-))". El guitarrista me tiró una púa y yo me giré para regalársela a una chica cualquiera que en un primer momento se pensó que la iba a pegar, por la energía. Le escribí una nota a Nacho Canut y luego se me olvidó tirársela. Mejor, porque no entiendo nada de lo que pone.
Y luego Carlos Jean, mister Jean, pero qué requetebueno. Me pasé el rato antes del concierto convenciendo a todas las desconocidas con las que me cruzaba para que fueran a verlo. "Como sigas animando, lo vamos a ver solos", sentenció Lucifer.

Luego la cosa se descontroló, ya me entendeis.

DOMINGO POR AHÍ
Para mi última ducha, con la cabeza como un bombo, me llevé el bañador, dejé mis zapatos a una distancia prudencial y decidí no enseñar la colita por un día, ya que nadie lo hacía. Encendí la ducha y al principio todo iba bien, pero de repente dejó de salir agua. Me enjaboné pacientemente pensando que se había cortado y que ya volvería y vi a unos tíos detrás de mí descojonándose. Me di cuenta de que lo que pasaba es que el cable de la ducha se había soltado y el chorro apuntaba hacia la lejanía. Me puse en la trayectoria muy dignamente y seguí duchándome. Los quillos seguían riéndose. "¿Zon tuyo ezo zapato?". Mis preciosos Camper de piel, los únicos zapatos buenos que tenía, justo situados donde caía el agua, snif. Jarto ya, decidí quitarme el bañador y ponerme los zapatos, hala, que esto parece una excursión de teresianas. Como todas las buenas obras pankis tienen su recompensa en esta vida, al lado del único tipo desnudo, se situó la única chavalita que se duchaba en tanga de todo el festival. Una sonrisita me quitó la resaca, que es que yo soy así.

-No mira, Lucifer, nuestro autobús es el 3, debe de ser uno especial que han puesto para los que no hemos follado.
-Pues vamos a ir muy anchos.
...
-Que no, hombre, ¿ves?, ya trae unos cuantos feos de San Fernando.