EN LA ENCRUCIJADA
Podría contar cómo nos conocimos, lo sorprendente de que supiera más de mí que yo mismo, el primer beso en el ascensor, cómo se nos han ido enredando unos gramos de más de dulzura en lo que iba a ser un historia veraniega de besos y literatura. Cómo me ofreció su casa junto al mar, hacer de musa y amante. Pero este no es ese post, por desgracia. Este empieza anoche en un estúpido after de Torremolinos en el que yo me desabroché la camisa para bailar y me acerqué a ella y al otro tipo. Incómoda, dijo que fuéramos a la pista los tres, pero se quedaron a mitad de camino. Y me fue presentado, entonces por primera vez, el monstruo de los ojos verdes, del que sabía por Otelo que se inventa historias, conversaciones, gestos, roces. Pero yo no soy de esa cofradía, sólo soy un paranoico. En una conversación de hace mucho con bob me dijo algo tan lúcido como que nuestra paranoia no era tal, porque siempre acertábamos, así que sólo puede ser una intuición inteligente que anticipa situaciones, intenciones, palabras. Un sexto sentido basado en lo que sabemos.
-Si lo haces me picaría, pero no me jodería- le dije en teoría sin venir.
Cuando volví del baño, allí estaban, besándose, atentos a la puerta por la que no salí.
-Si me besas a mí también, no pasa nada. Podríamos hacer un trío...
Todavía no sé lo que pasó, pero me quedé fuera. Dijo que me lo iba a explicar hoy. Descubrí que me importaba más de lo que creía. Y no, no era orgullo. Esa no era la mejor manera de descubrir sentimientos, pero bueno, los hallazgos son lo que hacen que se mueva el mundo, aunque se te caiga una manzana en la cabeza y te haga un chichón.
Cada vez que me daba la vuelta lo mismo, y no cuadraba, no cuadraba lo que hacía con lo que me dijo después, con lo que yo ya suponía. Y mis opciones no valían: o conmigo o si quieres hacer esto, cuando no esté yo o me voy. Pero no.
Todavía no sé porque tuve que quedarme y verlo tantas veces. Pero lo que me dolía era que a mí me dedicaba caras serias, "ahora no puedo pensar en eso", gestos tensos. Y a él sonrisas. Sólo eso me dolía. Y la obligué elegir, y no quería obligarla, porque esperaba que lo hiciera ella sola. Y que me eligiera a mí, claro.
Cuando volví al hotel di vueltas alrededor de las camas hasta que hice un surco, hasta que todas las situaciones se desgastaron en mi cabeza volada, hasta que agotado caí en la cama.
En algo menos de una hora me despertaron para que abandonara la habitación. Y aquí estoy, vagando por Málaga, llamando a fire, a betty, a ella, y todo son contestadores y calles atestadas de bailarines y vasos abandonados, y calles desiertas bajo el sol. Consigo perderme, llevo encima una resaca depresiva de tres días de coca, con lo que eso supone, es como respirar boqueando, como dar saltitos con los pies forrados de plomo para asomar la cabeza por un pozo que te ahoga de una manera muy oscura y muy desgarradora y muy sucia. Quien lo haya probado lo sabe.
Y no sé si ir o no ir, no sé si ya nada será como pensamos. Y llevo horas dándole vueltas como un imbécil, resolviendo encrucijadas al azar. Y no sé si llamarla o volverme a Madrid. Y no sé en que quedó con aquél tipo.
Y cuando ya por fin no tengo ni idea de donde estoy ni quién soy ni qué hacer, saco un poco la cabecita para buscar una cabina, un cordón teléfonico umbilical que me traiga a betty (su tono de cuando la comprensión y el cariño, por favor, lo necesito), a mi padre, a miguel, a bob, a fire, a una voz amiga para contarle que todo va bien o que todo va mal, ya veremos. Y encuentro el teléfono y busco la tarjeta que no está porque me la he dejado en la otra cabina, en el otro extremo de la ciudad, a saber dónde. Y cuando estoy maldiciendo mi mala suerte empiezo a sangrar por la nariz y no puedo arreglarlo, no puedo arreglar ya nada (no habrá pañuelos de seda/ para limpiarme la cara).
Y mientras camino pálido bajo los cuarenta y cinco grados malagueños que vacían las calles por donde paso tratando de detener la hemorragia, me sobreviene por fin esa confortable sensación familiar. He tocado fondo. Y suspiro aliviado y se me deshace el nudo del estómago y sonrío por primera vez pensando que, ahora ya, haga lo que haga, nada de todo esto es importante.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
martes, 19 de agosto de 2003
jueves, 14 de agosto de 2003
Paradoja
PARADOJA
–¿Ves como hablas mucho por teléfono?
Es la tercera vez que la chica del Burger King me dice eso. Es que con la factura de la recarga del móvil te regalan un burri menú. Siempre me dice algo, como por ejemplo "¿estás atendido?", cuando sabe que sí que estoy atendido.
–No, si hace como diez días que no vengo.
–Es que como siempre vienes en mi turno...
–¿Lo puedo hacer gigante?
–Sí (...) pero no te puedo dar el regalo, porque las promociones no son acumulables.
–Bueno, no importa.
(...)
–Toma, el regalo. Pero no se lo pidas a mis compañeros ¿eh? pídemelo siempre a mí.
Me alejo con el regalo pensando que lo mío con la chica del Burriquín es imposible, porque, por una parte, por pura ley de probabilidades, cuanto más mensajes mande por el móvil más posibilidades hay de que me cace una chica extra hamburguesera, y por otra, si sigo viniendo a comer rata me voy a poner como un churrasco y dejaré de gustarle.
–¿Ves como hablas mucho por teléfono?
Es la tercera vez que la chica del Burger King me dice eso. Es que con la factura de la recarga del móvil te regalan un burri menú. Siempre me dice algo, como por ejemplo "¿estás atendido?", cuando sabe que sí que estoy atendido.
–No, si hace como diez días que no vengo.
–Es que como siempre vienes en mi turno...
–¿Lo puedo hacer gigante?
–Sí (...) pero no te puedo dar el regalo, porque las promociones no son acumulables.
–Bueno, no importa.
(...)
–Toma, el regalo. Pero no se lo pidas a mis compañeros ¿eh? pídemelo siempre a mí.
Me alejo con el regalo pensando que lo mío con la chica del Burriquín es imposible, porque, por una parte, por pura ley de probabilidades, cuanto más mensajes mande por el móvil más posibilidades hay de que me cace una chica extra hamburguesera, y por otra, si sigo viniendo a comer rata me voy a poner como un churrasco y dejaré de gustarle.
sábado, 9 de agosto de 2003
Busco mecenas
BUSCO MECENAS
Estaba yo una mañana de junio tranquilamente tranquilo en mi trabajo, sin meterme con nadie. "¿Hiciste al final la declaración de la renta?". "¡Coño!". "Pues es el último día".
Después de horas y horas sentado en una cafetería, leyéndome las instrucciones y haciendo las cuentas a mano (incluídos porcentajes que se salían de la hoja) opté por llamar a mi redactor jefe para pedirle que me hiciera las divisiones (" el 18,72% de 5.678,78678633", de verdad te lo digo que es el único santo de mi santoral). A las 2 menos 2 minutos conseguí un resultado: me toca pagar 300 euros. ¿QUÉ? ¿Para eso me paso toda la mañana matando neuronas, que se me ha quedado la cocorata como un solar? En fin, que lo siguiente fue una carrerita y encontrarme Hacienda cerrado. Y como Hacienda somos todos pero yo no tengo llaves, después de suplicarle al de la puerta, me contó que para los rezagados y los tipejos abrían un par de ventanillas por la tarde. Me fui a mi trabajo pensando que tenía que haber un error. O muchos. Volví a hacer las cuentas y efectivamente, que alivio, había metido unos cuantos datos mal. Ya con el programa Padre, que me ayudó con las cuentas y también a experimentar un complejazo de Edipo, descubro que efectivamente no son 300 euros, SON 500.
En fin, después de aquéllo todo ha ido cuesta abajo economicamente, me impuse un control de gastos y nada, las facturas del viaje a México no las pasé y ahora tengo que esperar a que acabe el verano, las brujas no me devuelven la fianza las muy brujas. Y etcétera. Y piense lo que piense todo el mundo no me he gastado casi ná en drogas.
En fin, que visto lo visto decidí consagrar mi verano a la literatura. ¡Por fin iba a escribir mi libro! Pensaba irme a la casa del pueblo, bici, piscinita, cesped, cerca de Madrid, cerca de mi extraña tierra natal... En cuanto lo dije en casa, mi hermana y mi hermano pequeño se apuntaron a ir después de años sin pisar el pueblo. COmo dice mi hermano César, el cuarto: "en esta casa te haces un bocadillo de mierda y quieren todos" Peeero... mi padre decidió alquilársela a unos portugueses diez minutos antes de mis vacaciones.
Así que, a lo que iba, que necesito un mecenas. Alguien que me deje una casita del 20 de agosto al 19 de septiembre, no sé, cerca de la playa, donde puedan visitarme las musas, donde los vecinos no oigan mis ronquidos de cuando estoy inspirándome, donde haya una mesa y una silla y una cama. A cambio ofrezco derechos de autor. Mmmm, un 5%, que calculando por lo bajo estará entre los 5 y los 50 millones. Sí yo también creo que más cerca de los 5 (euros), pero si tú crees en mí como autor es el momento de demostrarlo. Pon un gorrón en tu casa.
(y el 15 voy a la feria de málaga y el 23 al sonorama)
Estaba yo una mañana de junio tranquilamente tranquilo en mi trabajo, sin meterme con nadie. "¿Hiciste al final la declaración de la renta?". "¡Coño!". "Pues es el último día".
Después de horas y horas sentado en una cafetería, leyéndome las instrucciones y haciendo las cuentas a mano (incluídos porcentajes que se salían de la hoja) opté por llamar a mi redactor jefe para pedirle que me hiciera las divisiones (" el 18,72% de 5.678,78678633", de verdad te lo digo que es el único santo de mi santoral). A las 2 menos 2 minutos conseguí un resultado: me toca pagar 300 euros. ¿QUÉ? ¿Para eso me paso toda la mañana matando neuronas, que se me ha quedado la cocorata como un solar? En fin, que lo siguiente fue una carrerita y encontrarme Hacienda cerrado. Y como Hacienda somos todos pero yo no tengo llaves, después de suplicarle al de la puerta, me contó que para los rezagados y los tipejos abrían un par de ventanillas por la tarde. Me fui a mi trabajo pensando que tenía que haber un error. O muchos. Volví a hacer las cuentas y efectivamente, que alivio, había metido unos cuantos datos mal. Ya con el programa Padre, que me ayudó con las cuentas y también a experimentar un complejazo de Edipo, descubro que efectivamente no son 300 euros, SON 500.
En fin, después de aquéllo todo ha ido cuesta abajo economicamente, me impuse un control de gastos y nada, las facturas del viaje a México no las pasé y ahora tengo que esperar a que acabe el verano, las brujas no me devuelven la fianza las muy brujas. Y etcétera. Y piense lo que piense todo el mundo no me he gastado casi ná en drogas.
En fin, que visto lo visto decidí consagrar mi verano a la literatura. ¡Por fin iba a escribir mi libro! Pensaba irme a la casa del pueblo, bici, piscinita, cesped, cerca de Madrid, cerca de mi extraña tierra natal... En cuanto lo dije en casa, mi hermana y mi hermano pequeño se apuntaron a ir después de años sin pisar el pueblo. COmo dice mi hermano César, el cuarto: "en esta casa te haces un bocadillo de mierda y quieren todos" Peeero... mi padre decidió alquilársela a unos portugueses diez minutos antes de mis vacaciones.
Así que, a lo que iba, que necesito un mecenas. Alguien que me deje una casita del 20 de agosto al 19 de septiembre, no sé, cerca de la playa, donde puedan visitarme las musas, donde los vecinos no oigan mis ronquidos de cuando estoy inspirándome, donde haya una mesa y una silla y una cama. A cambio ofrezco derechos de autor. Mmmm, un 5%, que calculando por lo bajo estará entre los 5 y los 50 millones. Sí yo también creo que más cerca de los 5 (euros), pero si tú crees en mí como autor es el momento de demostrarlo. Pon un gorrón en tu casa.
(y el 15 voy a la feria de málaga y el 23 al sonorama)
viernes, 8 de agosto de 2003
NO ME VUELVO A ENAMORAR
NO ME VUELVO A ENAMORAR
Me desperezo en la cocina y frente al espejo del baño frente a mi ventana frente a mí se estira la larguísima vecina semidesnuda; desde la ventana del salón se ven, a cualquier hora del día y de la noche y en alto picado, decenas de ombligos callejeros a través del escote; crispi se va a ir por segunda vez con su nuevo novio a los mismos sitios gaditanos en los que estuvo hace un año menos un mes comiendo atún de almadraba conmigo ("será perra", le digo a Ana cuando me lo cuenta); Silvia me escribe para decirme que ahora que es rica se aloja en un spa mientras escribe el libro y que tiene una habitación doble y que vaya; MJ, mi ex, me llama porque se va a Tunez y quiere que le dé algún consejo ("llévate un abanico"); la chica del curriculum me anuncia que también va, igual que yo, a la feria de Málaga ("¿hay que hacer algo? ¿desnudarse?", "¡pues claro que hay que desnudarse!"); lo único que quería de la niña era quedarme con la sensación de que se admitían devoluciones (esa patada al diccionario tan confortadora de las dependientas de mi ciudad "...y si no te queda bien lo puedes descambiar", aunque sepas que nunca encontrarás el ticket, ni el ratito para volver a la tienda, ni la tienda misma si me apuras), pero sólo he conseguido ver que todo es tan irreversible como la propiedad de estos ojos color miel tan parlanchines que tengo; mis comentarios siguen llenos de chicas encantadoras; tres becarias de la revista de arriba (las eligen por la foto, cada vez estoy más seguro) vienen a pedir un ejemplar, les doy una lección tonta sobre el azar y las posibilidades profesionales y prometen que bajarán a invitarme a un café. Y yo con estas barbas de luto nórdico.
Ahora que soy soltero, prometo aplicar el método cartesiano a todas mis relaciones. Ahora que soy soltero, lo único que le pido a la vida es un amigo que se llame Tento, para estar siempre con Tento.
Me desperezo en la cocina y frente al espejo del baño frente a mi ventana frente a mí se estira la larguísima vecina semidesnuda; desde la ventana del salón se ven, a cualquier hora del día y de la noche y en alto picado, decenas de ombligos callejeros a través del escote; crispi se va a ir por segunda vez con su nuevo novio a los mismos sitios gaditanos en los que estuvo hace un año menos un mes comiendo atún de almadraba conmigo ("será perra", le digo a Ana cuando me lo cuenta); Silvia me escribe para decirme que ahora que es rica se aloja en un spa mientras escribe el libro y que tiene una habitación doble y que vaya; MJ, mi ex, me llama porque se va a Tunez y quiere que le dé algún consejo ("llévate un abanico"); la chica del curriculum me anuncia que también va, igual que yo, a la feria de Málaga ("¿hay que hacer algo? ¿desnudarse?", "¡pues claro que hay que desnudarse!"); lo único que quería de la niña era quedarme con la sensación de que se admitían devoluciones (esa patada al diccionario tan confortadora de las dependientas de mi ciudad "...y si no te queda bien lo puedes descambiar", aunque sepas que nunca encontrarás el ticket, ni el ratito para volver a la tienda, ni la tienda misma si me apuras), pero sólo he conseguido ver que todo es tan irreversible como la propiedad de estos ojos color miel tan parlanchines que tengo; mis comentarios siguen llenos de chicas encantadoras; tres becarias de la revista de arriba (las eligen por la foto, cada vez estoy más seguro) vienen a pedir un ejemplar, les doy una lección tonta sobre el azar y las posibilidades profesionales y prometen que bajarán a invitarme a un café. Y yo con estas barbas de luto nórdico.
Ahora que soy soltero, prometo aplicar el método cartesiano a todas mis relaciones. Ahora que soy soltero, lo único que le pido a la vida es un amigo que se llame Tento, para estar siempre con Tento.
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