¿Por qué se mutila uno?
-Porque se quiere poquito.
-Para llamar la atención.
-Porque tiene alguna tara mental.
*Genética
*Adquirida (por ejemplo por la administración continuada y desmedida de tóxicos –o sea, venenos- al cerebro)
*Ambas
-Porque siente asco o vergüenza de una parte de ti mismo.
-Por una pasión suficientemente desgarradora. Por ejemplo, el amor no correspondido.
-Porque está tonto.
-Por todas.
El sábado cuando me levanté quería no existir, desaparecer. Asesiné al blog, apagué el móvil, me fui de Madrid. Una página web llena de palabrería sobre ti mismo no es la cosa que más aprecias cuando lo que quieres es no ser.
La automutilación es una escenificación del suicidio, un suicidio pequeñito. No sirve de nada. Y cuando se practica contra el diario que te explica y que contiene y anima tu nueva vida, es un acto simbólico tan clarito que no deja lugar a dudas sobre el hecho de que estás para que te aten.
Alguien me dijo que lo que me pasa es que me organizo muy mal, que hace falta que haga cosas que me hagan sentir bien, como vivir en una casa en la que me apetezca estar. Y alejarme de las que me hagan sentir mal, como la cocaína.
Lo cierto es que en el peor momento de la depresión yo mismo dudé de que fuera capaz de no volver a escribir aquí, así que añadí a la despedida un hasta pronto. Y sin embargo, inesperadamente, estos días me han traído montañas de argumentos para dejar el blog cerrado. En las cosas que han pasado y en las que no han pasado.
El domingo me tomé unas cañas con mi sicólogo, mientras le contaba que había dejado de beber, je. Luego le expliqué en tropel todo lo que había en mi cabeza, todo lo que estaba sintiendo, todo lo que estaba fatal. El diagnóstico: confuso. Estoy confuso. Dos ejemplos relacionados con el blog: justo antes, el doctor miguelito me estaba contando que no lo leía porque se había vuelto monótono. Voy a una fiesta y me acerco a una chica y hago un par de tonterías y ya está. Y luego a otra y lo mismo. Y etcétera. Así que le pregunté. ¿o sea que estás diciendo que mi vida es repetitiva? O sea, ¿estaba hablando de mi blog o de mí? ¿Es lo mismo? ¿Estoy viviendo para el blog como me anunció él que haría cuando lo empecé (quizá influenciado por historias de escritores de diarios que sí que lo terminan haciendo, como Trapiello). Y segundo ejemplo: en los comentarios del último post un anónimo deja el mensaje qtdn (que te den) y yo me vuelvo loco pensando en si es ésta o aquél, que ya se han cansado de mis últimas tonterías, y reviso y reviso las IPs hasta que doy con la autora, que al final resulta que no es nadie que conozca y que quizá incluso dejó el mensaje con buenas intenciones (puestos a elucubrar, mejor hacerlo en positivo). En las temporadas en que no tengo muy claro quién soy, no me ayuda nada el estar haciendo el hostias todos los días con gente que lee esto. Soy un paranoico y resulta que no sé qué piensan de mí, no sé si esperan algo, no sé cómo van a juzgar mis estupideces. Demasiado dependiente de que me acepten los demás, tengo que tener eso muy claro. Y no digo que me admiren, ni que me afirmen, sólo que tengo que estar seguro de que me aceptan. Ah, sí, sí, ese eres tú, ya, ya lo sabía, no es ninguna sorpresa que seas capaz de esto y de esto, de algunas cosas maravillosas y otras de lo más arrastrao.
El doctor Miguelito dice que en las relaciones con los lectores del blog parto con desventaja y cuento con poco margen de maniobra. Y eso que en ocasiones es lo de menos, en otras es fundamental.
Y, además, de repente encuentro que adentrarme en el trozo de mi vida en que no existe este blog me apacigua. La niebla de mi ciudad, la carta de Z desde Los Angeles, con explicaciones sobre su desaparición que me valen, la divertida noche en el jacuzzi con Silvia...
Hagamos un trato. Me tomo unos días de vacaciones y luego ya veremos. Es una mierda trato, pero es el que tengo. Pero bueno, supongo que volveré a escribir, porque me sienta bien, al fin y al cabo, esto es un post. Bueno que tontería, daremos por hecho que volveré, ahora más que nunca necesito hacer cosas terapéuticas. Quizás mañana mismo. Y si no me termina de apetecer, me obligaré. Al menos al principio.
Leyéndoos me he sentido Tom Sawyer llorando en su propio funeral, no ha estado mal aunque lo siento por los que os habéis preocupado o cabreado. Creo que todos hemos podido aprender algo, vosotros, espero, que no hay que tomarme demasiado en serio. Supongo que habrá quien esté pensando que a quién le importa todo esto, que me he desquiciado. Pues vale, espero escribir otra vez sin que me interese mucho si interesa o no, o las reacciones de ciertas personas al leerlo. Si queréis pasar 377 en un día por aquí, pues vale, pero volveré a escribir como si estuviera solo, espero. Al principio seguí la regla de quedarme con las cosas bonitas o divertidas del día, y hacer una excepción de tarde en tarde. Es un buen precepto al que regresar. Es eso lo que quiero transmitir y lo que quiero recordar.
Y como resumen conceptual añadiré que ya iban para tres meses sin echar un polvo, justo mi nivel de tolerancia, qué le voy a hacer. Así que menos mensajes de ánimo, menos cartas de fans y más proposiciones guarras.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
martes, 11 de febrero de 2003
sábado, 8 de febrero de 2003
viernes, 7 de febrero de 2003
El jueves nada, antes de irme a la fiesta cubana decidí hacer un doblete y pasarme por el Palace. Le tocó una estancia en América a Noe y luego me tocó a mí otra en el mismo país, la entregaba Miss Universo, pero yo no me hice la foto ni me dio los besos porque había salido fuera alegando una necesidad y estaba haciendo una llamada necesaria, oyendo cosas bonitas y pelín místico, porque temblaba (de frío, de emoción, de frío) y levitaba un poco. En tan amoroso trance, volé tan alto, tan alto, que a la caza le di alcance. Y mientras me llamaban y me llamaban desde dentro. Mi redactor jefe se había rajado cuando le quisimos presentar a la Miss, a pesar de ladear la cabeza al unísono conmigo cada vez que ella se agachaba a ocultar su mano inocente dentro del saco de las papeletas mientras que su escote culpable se desocultaba con el movimiento. En fin, otro mito que cae. Pero al final tuvo que salir y dar los besos y sonreir en la foto. Cuando volví me cantaron una que me sonó: “eres un cabrón hijoputa, lalalala lalalala lalalala”, pero me dieron el premio. Y la idea (no mía, lo juro) es compartirlo con Noe, siete noches en su hotel y cinco en el mío. Qué bien, 12 noches durmiendo de nuevo en la misma habitación, esta vez bajo el calor tropical. ¿Me respetarás, no, Noe? Luego bailamos, orquesta en vivo, Miss Universo, una ministra de aquél país, muchas copas. Decidí meterme un trocito. Y le guiñé el ojo a una señora asombrosa porque era de la quinta de mi abuela y bailaba y eso. Así que se vino contra mí como un búfalo y tuve que hacer unos pases, mientras me contaba que trabajaba en Ameri can Air lines la compañía aerea con más volumen de facturación del mundo, haciendo la revista, la mejor de las que se hacen y que era “americana”. Se quedó con las ganas de añadir que era la sede del imperio, el país más principal. Ay, cómo son estos yankis de tiernos, que candor, yo es que me espiporro. Debería haberme ofrecido unos dólares por un scort, pero visto el plan en el que iba, parecía más bien que se iba a inclinar con agasajarme con unas cuentas y unos espejitos o con un par de cervezas. Buds, claro.
(seguiré) (digo yo)
(seguiré) (digo yo)
jueves, 6 de febrero de 2003
Me ha despertado una voz dulce, frágil y amorosa (no, las brujas no). Y así, sin pisar ni un centímetro de asfalto, he llegado hasta la redacción no demasiado tarde y notablemente feliz. He terminado enseguida el plastazo que tenía que entregar. Sólo he tenido llamadas agradables de gente bonita durante toda la mañana. S, la chica del vestido rojo, llamó para agradecerme que cuidase de su amiga la noche que me la dejó. Dice que ha dicho que soy un caballero. Me han encargado un reportajillo de a cincuenta mil que me ha puesto muy contento, porque el último lo terminé en dos horas y cuarto, a veinticinco mil la hora, y a mí me gusta cobrar estos sueldos de profesional de lujo. Y además porque veo que otra vez cuentan conmigo por aquí y me siento más integrado, snif. Me he ido con el maquetador a donde los kebaps y el camarero se quería venir con nosotros al parque a comer y a tocar la guitarra. La turca pelirroja nos ha saludado muy sonriente, “¡cuanto tiempo!”. Luego la he inventado una vida “tuvo un novio, pero era malo malo, va directa del trabajo a casa y está deseando que la invitemos a salir”. Hemos recogido a María, nos hemos sentado en la hierba, Kike ha tocado la guitarra, flamenco sobre todo. Los gorriones se han puesto a nuestro alrededor y yo les pasaba trocitos de pan y comían de mi mano. Un pastor de los Pirineos blanquigris muy bonito ha venido como loco a jugar conmigo, precisamente el único que tiene miedo a los perros. Nos hemos fumado unos porros, hemos cantado la chica de Ipanema bajo el sol. Luego me voy al estreno de Mortadelo con amigos, compis y niños.
Coño, qué día. Parece un anuncio de compresas.
Coño, qué día. Parece un anuncio de compresas.
miércoles, 5 de febrero de 2003
¡oh!
Estoy tan impresionado. Hoy un amable lector ha llegado hasta mi página buscando un verso de Quevedo, concretamente "arrojar la cara importa". Me siento lleno de gratitud.
También quiero saludar al que trataba de localizar "poesías de boda", justo debajo. ¿Todavía no las has encontrado? ¿Buscamos un padrino más competente? ¿Me encargas una?
Y un recuerdo muy muy especial para bob y Olga, que justo ahora están en la puerta del gimnasio esperándome (perdón, perdón, no me mateis, te llamo, amor, y cojo un taxi. Id pidiendo. La comida japonesa no se enfría, ¿no?)
Estoy tan impresionado. Hoy un amable lector ha llegado hasta mi página buscando un verso de Quevedo, concretamente "arrojar la cara importa". Me siento lleno de gratitud.
También quiero saludar al que trataba de localizar "poesías de boda", justo debajo. ¿Todavía no las has encontrado? ¿Buscamos un padrino más competente? ¿Me encargas una?
Y un recuerdo muy muy especial para bob y Olga, que justo ahora están en la puerta del gimnasio esperándome (perdón, perdón, no me mateis, te llamo, amor, y cojo un taxi. Id pidiendo. La comida japonesa no se enfría, ¿no?)
Msgs q tngo n mi mvil
No pasa nada, ya ves que sólo ha sido una charla rapidita para ver como estabas. Me alegra saber que estás mejor. Como amante no puedo opinar... todavía. Besos.
Batería? O dije algo malo? Jajaja. Buenas noches.
Que sí, que este mes estás fuera. Tranqui.
Acabo de leer tu post y bueno... quería saber como estabas... Un beso y un abrazo (muy muy fuerte)
El reportaje genial. He descubierto esa parte de mi ciudad que no conocía. Besos y abrazos pa ti, los jotas y L. Musus.
Vale, veo que nos entendemos... Mwhahahaha... (...)
Pues no lo cuentes.
(...)todo en clave, todo en clave...
Bueno, m cnformo cn q no pongas q m tocast ls tetas, jodr qué mal..La vrdad s q no sé p qué t djé..n fin,q no lo pngas, sino (...)
Por mi perfecto, yo no t he querido molestar ste finde. Pq m dijiste q stabas liadillo. Pero cuando quieras!
Vyfito, amor! Cmo stas? Ls ultimas noticias muy liado... Te mando recuerdos y besos de colores.
Jajaja... puedes contar lo que quieras, pq en realidad no pasó nada,eso sí, no te tires pegotes... Q tal? Yo he pasado 1 día resacoso a pesar de bbr solo 2 copas, q mal
Juas! Anda trasto.
Haría muchas cosas por ti.
Jo!
Te beso más dulce.
No he podido, te la debo para mañana. Te beso sin prisas. Tu me entiendes ¿Tú me entiendes? Gracias x el msg, me dio cosquillas.
Uf. Me has hecho llorar Vyf. Gracias Vyf. T quiero.
Gracias por el msg, si me siento mal, pero es de Gelocatil J me gusta mucho poder ponerte voz, manos, piel y sobre todo ojos. Gracias. besito.
(...) Acabo de leerlo! Jo escribes muy bien muy bien. Me gusta leerte.
Joo, mierda!no h estado nada cntigo, mil disculpas d verdad q lo siento. Suerte? Ya la h tenido, eres un cielo.
Esta tarde he tenido un ‘momento Vyf’ cuando al sacar la cartera se me ha caído un condón delante de la gente de clase! cuidate
NOTAS:
-si alguien se siente aludido o paranoico que me lo diga y le quito su mensaje y le pago un siquiatra. Pero no lo digas en los comentarios, burro, que se va a enterar todo el mundo.
-donde pone Vyf suele ir mi nombre offline (¿se dice así, hormiga?), que también tenía uno.
No pasa nada, ya ves que sólo ha sido una charla rapidita para ver como estabas. Me alegra saber que estás mejor. Como amante no puedo opinar... todavía. Besos.
Batería? O dije algo malo? Jajaja. Buenas noches.
Que sí, que este mes estás fuera. Tranqui.
Acabo de leer tu post y bueno... quería saber como estabas... Un beso y un abrazo (muy muy fuerte)
El reportaje genial. He descubierto esa parte de mi ciudad que no conocía. Besos y abrazos pa ti, los jotas y L. Musus.
Vale, veo que nos entendemos... Mwhahahaha... (...)
Pues no lo cuentes.
(...)todo en clave, todo en clave...
Bueno, m cnformo cn q no pongas q m tocast ls tetas, jodr qué mal..La vrdad s q no sé p qué t djé..n fin,q no lo pngas, sino (...)
Por mi perfecto, yo no t he querido molestar ste finde. Pq m dijiste q stabas liadillo. Pero cuando quieras!
Vyfito, amor! Cmo stas? Ls ultimas noticias muy liado... Te mando recuerdos y besos de colores.
Jajaja... puedes contar lo que quieras, pq en realidad no pasó nada,eso sí, no te tires pegotes... Q tal? Yo he pasado 1 día resacoso a pesar de bbr solo 2 copas, q mal
Juas! Anda trasto.
Haría muchas cosas por ti.
Jo!
Te beso más dulce.
No he podido, te la debo para mañana. Te beso sin prisas. Tu me entiendes ¿Tú me entiendes? Gracias x el msg, me dio cosquillas.
Uf. Me has hecho llorar Vyf. Gracias Vyf. T quiero.
Gracias por el msg, si me siento mal, pero es de Gelocatil J me gusta mucho poder ponerte voz, manos, piel y sobre todo ojos. Gracias. besito.
(...) Acabo de leerlo! Jo escribes muy bien muy bien. Me gusta leerte.
Joo, mierda!no h estado nada cntigo, mil disculpas d verdad q lo siento. Suerte? Ya la h tenido, eres un cielo.
Esta tarde he tenido un ‘momento Vyf’ cuando al sacar la cartera se me ha caído un condón delante de la gente de clase! cuidate
NOTAS:
-si alguien se siente aludido o paranoico que me lo diga y le quito su mensaje y le pago un siquiatra. Pero no lo digas en los comentarios, burro, que se va a enterar todo el mundo.
-donde pone Vyf suele ir mi nombre offline (¿se dice así, hormiga?), que también tenía uno.
lunes, 3 de febrero de 2003
si esta bien, si esta bien, si es tan fácil,
¿por qué duele así, porque duele así, porque duele así por dentro?
(LOS PLANETAS)
Todo el día dándole vueltas y vueltas. Estoy desquiciado, absolutamente fuera de control. Y no lo entiendo. No entiendo nada. Yo no era así. ¿O sí?
Así que un poquito antes de que se me desenrosque la cabeza y a tan sólo unos minutos de que empiece a vomitar todos esos pistachos voy a parar, templar y mandar, a intentar sacar una generalización de todo esto. A alejarme de Ella y acercarme a mí para comprender. Porque este ataque de pánico no puede deberse sólo al miedo de perder la maravilla de sus ojos de estatua. O sí. Pero yo me voy a inventar una teoría que me explique y me deje más tranquilo.
Veamos. Anoche hablaba con bob y me decía que la gente no te abandona así de repente, que eso no pasa y no me va a pasar. Pues a mí me ha pasado todas las veces. Hum. Recuento (con algo de sexo, para los que se quejaban de que esto parecía la hoja parroquial)
Sara creía que nunca iba a tener otro novio. El anterior la ataba y más cosas con hortalizas. Con 19 años no sabíamos lo que eran esos juegos. Yo pensaba que él estaba loco. Y de repente descubrió que conmigo le apetecía todo lo que pensó que nunca más volvería a hacer. La tarde que la conocí dejó caer uno de mis zapatos en el váter de un bar y tiró de la cadena. Eramos monísimos. La besé en su portal a la semana siguiente. Me metía mano por debajo del pantalón en las terrazas de la Plaza Mayor. Luego subió conmigo a casa de mi primo. Se quitó la falda, la blusa de flores, las bragas, se dejó el sujetador, se apoyó sobre la puerta. La besé. Se tumbó en la cama. Me arrodillé sobre ella. Me acarició desde abajo. Llamó mi primo. Que subía. El cabrón no fue capaz ni de darse una vuelta de quince minutos. Luego llegó el verano y me llamaba al pueblo y me vino a visitar y para septiembre decidió que ya no me quería ver nunca más. Reconozco que no debería haberme dolido, probablemente no lo hizo. Por aquél entonces yo tenía la novia de la capi, Sara, el rollo del pueblo y la novia de Bilbao. Pero soy codicioso, y luego volveremos sobre ese tema.
La innombrable estuvo siete años y medio soportándome (y parándose sutil y constantemente en los escaparates de Pronovias cada vez que nos cruzábamos con uno) hablándome del talento que tenía, de lo diferente y lo aventurero que era y de cómo me brillaban los ojos cuando leía poesía. Y luego decide que soy un vago, que nunca llegaré a nada y que no quiere hablar conmigo ni para felicitarme la navidad. No insistiré más en el tema, que ya está bien.
Meri se lió un ratito conmigo cuando la innombrable y su amiga se fueron de la fiesta para buscar a sus ex novios. Vale, yo en ese momento no sabía dónde habían ido, pero al final fue justicia poética. Estaba encantada y medio desnuda cuando llamaron a la puerta. ¿Qué haceis? -preguntó otra amiga cotilla- ¡Nada, le estoy leyendo un cuento!. Al tercer día fue "mejor que no" y nunca volví a quedar con ella.
I me metió la mano dentro del pantalón en la primera noche. Bueno, en los primeros cinco minutos. Y en el coche de su hermano, mi amigo. Y con él conduciendo. Y nos fuimos a casa. Y me dijo que nunca había sido tan tierno. Y para la siguiente vez (como le contaba a almu el otro día) "¡¡¡tuvimos un rollito sado maso!!!". Justo después de que ella me bajase los pantalones y se arrodillase en el ascensor. La eché de la peluquería de mi ex unos veinte minutos antes de que llegase, perdona, cómo pasa el tiempo, pero juraría que se fue contenta. Así que no podía entender por qué no quería quedarse a solas conmigo en la siguiente fiesta en que nos encontramos. Sólo la he visto otras dos o tres veces.
Ana (hola Ana) me escribió dos cartas de amor que llevo en mi corazón (porque no sé dónde las he puesto) después de que nos enrolláramos el día de la noche que me fui a Londres a vivir. Después de tantos años recordándonos más o menos en la distancia, aquéllo prometía. Y sin embargo cuando volví me dijo que se le había pasado. Y estuvimos unos dos años más sin hablarnos. (por cierto, la semana pasada me dijo Merche, mi ex, que a cualquier novia a la que le hablase de ti se iba a poner celosa -empíricamente cierto- y que estaba destinado a acabar contigo -inexacto, pero bonito-)
(vamos a saltarnos rollos veraniegos, como la de Vigo que depositó el sujetador 120 sobre la cama de mis padres, que me dio un beso nada más verme la siguiente vez, y luego decía no conocerme, o a algunas otras chicas que alegaron al día siguiente que estaban borrachas, como Pascale, de la misma talla, porque si no esto se va a hacer muy largo)
MJ me llevó a casa en coche tres veces hasta que me decidí a besarla. Dos meses y desapareció con su ex novio, también conocido por ella y por mí como "el sicópata". A partir de entonces, sólo encuentros casuales. Eso sí, se esfumó elegantemente. Pero porque ella lo es. Y no sólo por su talla pectoral. Siempre he sostenido que unas tetas bonitas confieren un plus de elegancia en cualquier situación y ambiente. Pero ella tiene algo más, algo así como una distinguida dignidad soterrada, que le aparece mientras te explica con su sonrisa melancólica su último coscorrón contra los mismos muros. Claro que es ella la que los busca, de cabeza.
Merche, la de la tele, no cuenta. Le hice una entrevista, la emborraché (mucho) y me enrollé con ella y seguimos tres meses sin seguir y terminamos antes de terminar. Se supone que era mi novia, pero le molestaba que la viniera a ver a Madrid. Le fastidiaban mis cartas de cinco folios. Nuestra única relación sexual consistió en que la empecé a acariciar, terminó, se dio media vuelta y me explicó que mi cama estaba en la habitación de al lado. Lo cierto es que también desapareció una temporada tras ponerme a parir y decirme lo que siempre me dice: no puedes seguir así toda la vida, tienes que hacerte con una casa, un coche, un perro, una novia, un trabajo decente y etcétera.
De ahí vamos a pasar a Ana la cocainómana. Estuvo tres noches drogándome antes de que me decidiera, el miércoles me dijo que me quería. Era la segunda vez que dormí con ella y sentí que me había enamorado por primera vez, a mis 28. El martes me había instalado en su casa. El domingo me sacó las cosas a la puerta. No se volvió a poner al teléfono.
Ana la multiorgásmica me dijo que me quería antes de conocerme. Me besó antes de preguntarme el nombre, nos acostamos antes de terminar de enseñarle la casa. Conmigo había roto el bloqueo desde que lo dejó con su novio. Había sido muy dulce todo y también muy maratoniano. La tercera vez que nos vimos pensó que igual no, que no estaba preparada ni para un amante, que mejor no nos llamábamos.
Cris lloró cuando la llamé después del fin de semana. Lloraba por haberme encontrado, todo lo que veía a su alrededor le parecía bonito, ya lo conté. La semana pasada le mandé un mensaje: "estoy cenando atún de almadraba, y no sé por qué me estoy acordando de ti :P". Un guiño amistoso al que por supuesto no va a contestar, como tampoco me ha llamado ni una sola vez desde que decidió que fuéramos amigos.
Z me eligió para ser el segundo chico de su vida. La noche que la conocí hicimos cosas que ahora probablemente la avergüencen. Hicimos también planes, como el de irnos al Caribe. Quién sabe por dónde andará. Bueno, sí, anda por mi mismo edificio, pero la última vez que quedamos en vernos no cogió el teléfono ni contestó a los mensajes.
Y dicho todo esto sobre inesperados abandonos repentinos, aquí vienen las conclusiones sin concierto. ¿Es normal todo esto? Pues a lo mejor sí, a lo mejor es lo que suele pasar y la gente se lo toma más o menos bien. ¿Por qué yo no? ¿Por qué necesito que me quieran antes, durante y después? ¿Me falta cariño? No. Tengo. Pero soy avaricioso, quiero más y más y acumularlo, quiero el tuyo y el tuyo y el tuyo, y a lo mejor eso no puede ser. A lo mejor hubiera estado bien buscar sólo el tuyo, trabajarlo cada día. Puede que sí, aunque no suelo creerlo, me inclino más bien por que la pareja es un cuento. Pero quizás sea yo el equivocado. "Quitar codicia, no añadir dinero/ hace ricos los hombres, Casimiro", escribió Quevedo versioneando a un poeta latino. Pues eso, Casimiro, que con la codicia de cariño a lo mejor tampoco.
Y vámonos un poco más allá. ¿Por qué ese pánico a las pérdidas, a que la gente a la que quiero desaparezca del mapa sin despedirse? Es más, ¿por qué tengo esa sensación fatalista de que impepinablemente me va a pasar? ¿Qué otra pérdida he tenido? (¿voy bien, miguelito?) (es mi sicólogo). Mi madre. Mi madre se fue sin despedirse cuando más nos queríamos. Cuando todo era perfecto y yo era indestructible y capaz de todas las cosas. Y tenía 19 años y acababa de tomar todas las decisiones importantes:
nada de cosas materiales,
escribir, no importa quién me lea,
conocer,
disfrutar,
amar,
afeitarme de abajo a arriba,
no llevar ropa interior cuando me ponga vaqueros
y, en caso de duda, contra corriente siempre.
La noche antes le pregunté si quería que la trajera algo. ¿Un regaliz? No, con la cabeza ¿Una revista? No ¿Qué te escriba un poema? Sí, con una sonrisa. Luego me quedé en casa, no sé por qué, aunque había quedado con Sara. Era raro, no sé por qué lo hice. Y de pronto el oxígeno al máximo no fue suficiente y se ahogaba y tenía los ojos cerrados y salí a la calle corriendo de portal en portal, buscando un médico, en un barrio de médicos que ya no estaban en la consulta. Llamé a todos los timbres, dentistas, especialistas, vecinos, mientras mi madre se moría arriba.
Y no pude hacer nada. Ni tampoco fui capaz de darle un beso en el hospital, ni pude llorar durante meses.
Y luego cuando me dejó mi ex me pasé un año y medio en una nube. Una estúpida nube negra. Da igual que supiera que era mucho mejor para mí terminar, la mejor cosa que podía hacer con ella. Pero no quería que me dejara de querer. Lloraba en los bares, pasaba las noches en blanco, empecé a fumar, escribía cuentos sobre mi propio suicidio, salía a gritar a la terraza.
Luego puede que siempre me haya engañado, me haya agarrado con desesperación a relaciones que no, puede que sea eso por lo que nunca he podido dejar a nadie, por lo que siento pánico si veo venir un abandono lógico. ¿Voy bien por ahí, miguelito? ¿Era eso? ¿He encontrado una respuesta o sólo me lo estoy imaginando? Y ahora que lo tengo, ¿qué? ¿Qué hago?
¿por qué duele así, porque duele así, porque duele así por dentro?
(LOS PLANETAS)
Todo el día dándole vueltas y vueltas. Estoy desquiciado, absolutamente fuera de control. Y no lo entiendo. No entiendo nada. Yo no era así. ¿O sí?
Así que un poquito antes de que se me desenrosque la cabeza y a tan sólo unos minutos de que empiece a vomitar todos esos pistachos voy a parar, templar y mandar, a intentar sacar una generalización de todo esto. A alejarme de Ella y acercarme a mí para comprender. Porque este ataque de pánico no puede deberse sólo al miedo de perder la maravilla de sus ojos de estatua. O sí. Pero yo me voy a inventar una teoría que me explique y me deje más tranquilo.
Veamos. Anoche hablaba con bob y me decía que la gente no te abandona así de repente, que eso no pasa y no me va a pasar. Pues a mí me ha pasado todas las veces. Hum. Recuento (con algo de sexo, para los que se quejaban de que esto parecía la hoja parroquial)
Sara creía que nunca iba a tener otro novio. El anterior la ataba y más cosas con hortalizas. Con 19 años no sabíamos lo que eran esos juegos. Yo pensaba que él estaba loco. Y de repente descubrió que conmigo le apetecía todo lo que pensó que nunca más volvería a hacer. La tarde que la conocí dejó caer uno de mis zapatos en el váter de un bar y tiró de la cadena. Eramos monísimos. La besé en su portal a la semana siguiente. Me metía mano por debajo del pantalón en las terrazas de la Plaza Mayor. Luego subió conmigo a casa de mi primo. Se quitó la falda, la blusa de flores, las bragas, se dejó el sujetador, se apoyó sobre la puerta. La besé. Se tumbó en la cama. Me arrodillé sobre ella. Me acarició desde abajo. Llamó mi primo. Que subía. El cabrón no fue capaz ni de darse una vuelta de quince minutos. Luego llegó el verano y me llamaba al pueblo y me vino a visitar y para septiembre decidió que ya no me quería ver nunca más. Reconozco que no debería haberme dolido, probablemente no lo hizo. Por aquél entonces yo tenía la novia de la capi, Sara, el rollo del pueblo y la novia de Bilbao. Pero soy codicioso, y luego volveremos sobre ese tema.
La innombrable estuvo siete años y medio soportándome (y parándose sutil y constantemente en los escaparates de Pronovias cada vez que nos cruzábamos con uno) hablándome del talento que tenía, de lo diferente y lo aventurero que era y de cómo me brillaban los ojos cuando leía poesía. Y luego decide que soy un vago, que nunca llegaré a nada y que no quiere hablar conmigo ni para felicitarme la navidad. No insistiré más en el tema, que ya está bien.
Meri se lió un ratito conmigo cuando la innombrable y su amiga se fueron de la fiesta para buscar a sus ex novios. Vale, yo en ese momento no sabía dónde habían ido, pero al final fue justicia poética. Estaba encantada y medio desnuda cuando llamaron a la puerta. ¿Qué haceis? -preguntó otra amiga cotilla- ¡Nada, le estoy leyendo un cuento!. Al tercer día fue "mejor que no" y nunca volví a quedar con ella.
I me metió la mano dentro del pantalón en la primera noche. Bueno, en los primeros cinco minutos. Y en el coche de su hermano, mi amigo. Y con él conduciendo. Y nos fuimos a casa. Y me dijo que nunca había sido tan tierno. Y para la siguiente vez (como le contaba a almu el otro día) "¡¡¡tuvimos un rollito sado maso!!!". Justo después de que ella me bajase los pantalones y se arrodillase en el ascensor. La eché de la peluquería de mi ex unos veinte minutos antes de que llegase, perdona, cómo pasa el tiempo, pero juraría que se fue contenta. Así que no podía entender por qué no quería quedarse a solas conmigo en la siguiente fiesta en que nos encontramos. Sólo la he visto otras dos o tres veces.
Ana (hola Ana) me escribió dos cartas de amor que llevo en mi corazón (porque no sé dónde las he puesto) después de que nos enrolláramos el día de la noche que me fui a Londres a vivir. Después de tantos años recordándonos más o menos en la distancia, aquéllo prometía. Y sin embargo cuando volví me dijo que se le había pasado. Y estuvimos unos dos años más sin hablarnos. (por cierto, la semana pasada me dijo Merche, mi ex, que a cualquier novia a la que le hablase de ti se iba a poner celosa -empíricamente cierto- y que estaba destinado a acabar contigo -inexacto, pero bonito-)
(vamos a saltarnos rollos veraniegos, como la de Vigo que depositó el sujetador 120 sobre la cama de mis padres, que me dio un beso nada más verme la siguiente vez, y luego decía no conocerme, o a algunas otras chicas que alegaron al día siguiente que estaban borrachas, como Pascale, de la misma talla, porque si no esto se va a hacer muy largo)
MJ me llevó a casa en coche tres veces hasta que me decidí a besarla. Dos meses y desapareció con su ex novio, también conocido por ella y por mí como "el sicópata". A partir de entonces, sólo encuentros casuales. Eso sí, se esfumó elegantemente. Pero porque ella lo es. Y no sólo por su talla pectoral. Siempre he sostenido que unas tetas bonitas confieren un plus de elegancia en cualquier situación y ambiente. Pero ella tiene algo más, algo así como una distinguida dignidad soterrada, que le aparece mientras te explica con su sonrisa melancólica su último coscorrón contra los mismos muros. Claro que es ella la que los busca, de cabeza.
Merche, la de la tele, no cuenta. Le hice una entrevista, la emborraché (mucho) y me enrollé con ella y seguimos tres meses sin seguir y terminamos antes de terminar. Se supone que era mi novia, pero le molestaba que la viniera a ver a Madrid. Le fastidiaban mis cartas de cinco folios. Nuestra única relación sexual consistió en que la empecé a acariciar, terminó, se dio media vuelta y me explicó que mi cama estaba en la habitación de al lado. Lo cierto es que también desapareció una temporada tras ponerme a parir y decirme lo que siempre me dice: no puedes seguir así toda la vida, tienes que hacerte con una casa, un coche, un perro, una novia, un trabajo decente y etcétera.
De ahí vamos a pasar a Ana la cocainómana. Estuvo tres noches drogándome antes de que me decidiera, el miércoles me dijo que me quería. Era la segunda vez que dormí con ella y sentí que me había enamorado por primera vez, a mis 28. El martes me había instalado en su casa. El domingo me sacó las cosas a la puerta. No se volvió a poner al teléfono.
Ana la multiorgásmica me dijo que me quería antes de conocerme. Me besó antes de preguntarme el nombre, nos acostamos antes de terminar de enseñarle la casa. Conmigo había roto el bloqueo desde que lo dejó con su novio. Había sido muy dulce todo y también muy maratoniano. La tercera vez que nos vimos pensó que igual no, que no estaba preparada ni para un amante, que mejor no nos llamábamos.
Cris lloró cuando la llamé después del fin de semana. Lloraba por haberme encontrado, todo lo que veía a su alrededor le parecía bonito, ya lo conté. La semana pasada le mandé un mensaje: "estoy cenando atún de almadraba, y no sé por qué me estoy acordando de ti :P". Un guiño amistoso al que por supuesto no va a contestar, como tampoco me ha llamado ni una sola vez desde que decidió que fuéramos amigos.
Z me eligió para ser el segundo chico de su vida. La noche que la conocí hicimos cosas que ahora probablemente la avergüencen. Hicimos también planes, como el de irnos al Caribe. Quién sabe por dónde andará. Bueno, sí, anda por mi mismo edificio, pero la última vez que quedamos en vernos no cogió el teléfono ni contestó a los mensajes.
Y dicho todo esto sobre inesperados abandonos repentinos, aquí vienen las conclusiones sin concierto. ¿Es normal todo esto? Pues a lo mejor sí, a lo mejor es lo que suele pasar y la gente se lo toma más o menos bien. ¿Por qué yo no? ¿Por qué necesito que me quieran antes, durante y después? ¿Me falta cariño? No. Tengo. Pero soy avaricioso, quiero más y más y acumularlo, quiero el tuyo y el tuyo y el tuyo, y a lo mejor eso no puede ser. A lo mejor hubiera estado bien buscar sólo el tuyo, trabajarlo cada día. Puede que sí, aunque no suelo creerlo, me inclino más bien por que la pareja es un cuento. Pero quizás sea yo el equivocado. "Quitar codicia, no añadir dinero/ hace ricos los hombres, Casimiro", escribió Quevedo versioneando a un poeta latino. Pues eso, Casimiro, que con la codicia de cariño a lo mejor tampoco.
Y vámonos un poco más allá. ¿Por qué ese pánico a las pérdidas, a que la gente a la que quiero desaparezca del mapa sin despedirse? Es más, ¿por qué tengo esa sensación fatalista de que impepinablemente me va a pasar? ¿Qué otra pérdida he tenido? (¿voy bien, miguelito?) (es mi sicólogo). Mi madre. Mi madre se fue sin despedirse cuando más nos queríamos. Cuando todo era perfecto y yo era indestructible y capaz de todas las cosas. Y tenía 19 años y acababa de tomar todas las decisiones importantes:
nada de cosas materiales,
escribir, no importa quién me lea,
conocer,
disfrutar,
amar,
afeitarme de abajo a arriba,
no llevar ropa interior cuando me ponga vaqueros
y, en caso de duda, contra corriente siempre.
La noche antes le pregunté si quería que la trajera algo. ¿Un regaliz? No, con la cabeza ¿Una revista? No ¿Qué te escriba un poema? Sí, con una sonrisa. Luego me quedé en casa, no sé por qué, aunque había quedado con Sara. Era raro, no sé por qué lo hice. Y de pronto el oxígeno al máximo no fue suficiente y se ahogaba y tenía los ojos cerrados y salí a la calle corriendo de portal en portal, buscando un médico, en un barrio de médicos que ya no estaban en la consulta. Llamé a todos los timbres, dentistas, especialistas, vecinos, mientras mi madre se moría arriba.
Y no pude hacer nada. Ni tampoco fui capaz de darle un beso en el hospital, ni pude llorar durante meses.
Y luego cuando me dejó mi ex me pasé un año y medio en una nube. Una estúpida nube negra. Da igual que supiera que era mucho mejor para mí terminar, la mejor cosa que podía hacer con ella. Pero no quería que me dejara de querer. Lloraba en los bares, pasaba las noches en blanco, empecé a fumar, escribía cuentos sobre mi propio suicidio, salía a gritar a la terraza.
Luego puede que siempre me haya engañado, me haya agarrado con desesperación a relaciones que no, puede que sea eso por lo que nunca he podido dejar a nadie, por lo que siento pánico si veo venir un abandono lógico. ¿Voy bien por ahí, miguelito? ¿Era eso? ¿He encontrado una respuesta o sólo me lo estoy imaginando? Y ahora que lo tengo, ¿qué? ¿Qué hago?
jueves, 30 de enero de 2003
Mi vida como una gamba
Todo el día de cóctel en cóctel. Y mañana más. Mucho más. He llegado a la hora que he llegado y luego los trucos tontos de siempre que ya nadie se cree. He metido el abrigo en una bolsa de plástico para que pareciera que llevaba horas allí. Pero mi cara de culpabilidad me delata. Mi redactor jefe ha vuelto a pronunciar otra frase definitiva. Silvia me defendía. “Ay, pobrecito, que le cargais de trabajo”. “¿Este? Este
lo único que carga es el peso de la culpa. Y nada más”.
Por la tarde he tenido una llamada, justo la que quería, y me he empeñado en que me nominaran lo que yo tampoco quiero pronunciar. ¿Para qué colgué el poema, si luego soy yo mismo el que me olvido del principio número uno? Para empezar no darle nombre propio. Pero es que lo que me pide el cuerpo es oirlo. Oirlo una vez y otra vez*. Justo en el mejor momento de la conversación ha llegado Silvia y hemos caminado hacia la salida concentrados los tres en el teléfono. Me he tenido que callar, justo cuando debería haber dicho más. Pero cómo sin dar explicaciones. Luego no había saldo, no había oportunidad, no había una pequeña tregua en mi caos doméstico, un ratito en el que la ley de Murphy detuviera su paseo sobre mis cosas cotidianas para permitir que todo funcionara como debía, por una vez. No importa, todo está bien y ya sé lo que tengo que hacer: disfrutar con la intemperie, sin techo, abrirme la camisa para que el huracán o las brisas que quieran venir me traspasen.
Luego he acercado a Silvia a casa en un taxi, y en la despedida me ha abrazado y la he besado en el ojo y me ha besado cerca de los labios y la he abrazado y me ha acariciado el pecho y ha suspirado y me ha dado un beso en los morritos. Puf. Eso me pasa por jugar. Mañana le cuento a Noe que soy un trolero y que no me he liado con ella y ya está.
La cena fue orrible. Hora y media de discursos. Los de los pueblos es que no tienen medida. Vienen a Madrid a presentar no se qué y quieren hablar todos. Yo estoy a favor de que se gasten el presupuesto sin ética, pero sin educación, pues no (© bob). Había dos parejas delante de mí, la pareja cutre y la pareja notas. Los notas iban (él y ella) con rayas verticales, lo que me ha hecho plantearme el abandono de mi vestuario último. Excepto los calcetines, que seguiré lavando por las noches para ponérmelos todos los días hasta que se me salgan cuatro dedos por el agujero. Aunque no sé, porque entonces me sentiré aún más ligero con ellos. Los chistes eran del pelo “no tengo nada contra los negros, lo mismo me da un blanco que un puto negro, jajaja” o “era un poco raro, o sea que era maricón. Bueno, no he dicho nada malo, es como el que es manco, que es un poco raro porque le falta un brazo, jajaja”. Y encima me miraba como buscando aprobación. Creo que hubiera sido el momento de abordar la problemática de la coprofagía, un tema que siempre me ha hecho ilusión poner sobre la mesa pero para el que nunca había tenido un foro tan adecuado como el de hoy. Yo me he sentado ahí por la informática de mi derecha, que era distinta, tenía esa inocencia de quienes no van nunca a estos saraos y no saben que hay que ser falso o serio o profesional o profesionalmente graciosete. Me miraba para ver cómo se usaba la pala de pescado, pero a buena parte ha ido. Mira que llevo cenas y comidas a mis espaldas, pero siempre encuentro un modo nuevo y creativo de sostenerla, hoy tocaba modo puñal para picotear sobre los langostinos, ligeramente mal descongelados. Me he largado con el segundo plato a medias.
Antes había llamado a M@. “¿Qué tal estás?”, me ha preguntado. “Bien, como siempre. ¿Y tú?”. “Bien, bien, bueno, ¿qué tal?”. “Pues... ahora esperando para entrar en una cena y con mucho trabajo y eso. ¿Y tú? ¿Te ibas a dormir?”. “No, estaba viendo la tele... pero bueno, cuéntame, ¿y tú?”. “A ver, M@, que te llame no quiere decir necesariamente que me pase NADA...”. Le he dado el recado de bob y me ha convencido para ir la semana que viene a hacerme la prueba del VIH. Es que soy un vurro. Siempre que una chica me pedía que me quitara el condón pensaba: “está loca”. Hasta que me di cuenta de que el loco era yo. “Pues tengo una sustitución, y te podías pasar a hacerte un análisis”. “¿Un análisis del VIH?”. “No, si, bueno, de lo que sea, de más cosas...” “Que sí, que vale, que me escapo un rato del cole y me paso”. “No, nada de escaparse, si es a las ocho de la mañana”. “Coño, pero teniendo enchufe podré ir a la hora que quiera...”. “¡NO!. Esa es la hora de las extracciones. Mira, tú verás...” “Vaaaale, la semana que viene, un día a las ocho”.
Luego me he comprado una cocacola sin cafeína y El Víbora y he llamado a bob para decirle que ya había dado su recado. Ha cogido el teléfono preguntando algo así como que dónde estaba, qué me pasaba y en qué jaleo me había metido ahora. Últimamente me vengo sintiendo pelín quinceañero, pero es que esto empieza a recordarme a la preadolescencia, cuando tenía que explicar continuamente que YA era mayor. Mis hermanos me llamaban Calimero.
*(hay una cosa que te quiero decir
que es importante al menos para mí
toda la noche estuve sin dormir
porque una frase de tu boca quiero escuchar...
aunque parezca tonto voy a pedirte
que me lo repitas una vez y otra vez)
Todo el día de cóctel en cóctel. Y mañana más. Mucho más. He llegado a la hora que he llegado y luego los trucos tontos de siempre que ya nadie se cree. He metido el abrigo en una bolsa de plástico para que pareciera que llevaba horas allí. Pero mi cara de culpabilidad me delata. Mi redactor jefe ha vuelto a pronunciar otra frase definitiva. Silvia me defendía. “Ay, pobrecito, que le cargais de trabajo”. “¿Este? Este
lo único que carga es el peso de la culpa. Y nada más”.
Por la tarde he tenido una llamada, justo la que quería, y me he empeñado en que me nominaran lo que yo tampoco quiero pronunciar. ¿Para qué colgué el poema, si luego soy yo mismo el que me olvido del principio número uno? Para empezar no darle nombre propio. Pero es que lo que me pide el cuerpo es oirlo. Oirlo una vez y otra vez*. Justo en el mejor momento de la conversación ha llegado Silvia y hemos caminado hacia la salida concentrados los tres en el teléfono. Me he tenido que callar, justo cuando debería haber dicho más. Pero cómo sin dar explicaciones. Luego no había saldo, no había oportunidad, no había una pequeña tregua en mi caos doméstico, un ratito en el que la ley de Murphy detuviera su paseo sobre mis cosas cotidianas para permitir que todo funcionara como debía, por una vez. No importa, todo está bien y ya sé lo que tengo que hacer: disfrutar con la intemperie, sin techo, abrirme la camisa para que el huracán o las brisas que quieran venir me traspasen.
Luego he acercado a Silvia a casa en un taxi, y en la despedida me ha abrazado y la he besado en el ojo y me ha besado cerca de los labios y la he abrazado y me ha acariciado el pecho y ha suspirado y me ha dado un beso en los morritos. Puf. Eso me pasa por jugar. Mañana le cuento a Noe que soy un trolero y que no me he liado con ella y ya está.
La cena fue orrible. Hora y media de discursos. Los de los pueblos es que no tienen medida. Vienen a Madrid a presentar no se qué y quieren hablar todos. Yo estoy a favor de que se gasten el presupuesto sin ética, pero sin educación, pues no (© bob). Había dos parejas delante de mí, la pareja cutre y la pareja notas. Los notas iban (él y ella) con rayas verticales, lo que me ha hecho plantearme el abandono de mi vestuario último. Excepto los calcetines, que seguiré lavando por las noches para ponérmelos todos los días hasta que se me salgan cuatro dedos por el agujero. Aunque no sé, porque entonces me sentiré aún más ligero con ellos. Los chistes eran del pelo “no tengo nada contra los negros, lo mismo me da un blanco que un puto negro, jajaja” o “era un poco raro, o sea que era maricón. Bueno, no he dicho nada malo, es como el que es manco, que es un poco raro porque le falta un brazo, jajaja”. Y encima me miraba como buscando aprobación. Creo que hubiera sido el momento de abordar la problemática de la coprofagía, un tema que siempre me ha hecho ilusión poner sobre la mesa pero para el que nunca había tenido un foro tan adecuado como el de hoy. Yo me he sentado ahí por la informática de mi derecha, que era distinta, tenía esa inocencia de quienes no van nunca a estos saraos y no saben que hay que ser falso o serio o profesional o profesionalmente graciosete. Me miraba para ver cómo se usaba la pala de pescado, pero a buena parte ha ido. Mira que llevo cenas y comidas a mis espaldas, pero siempre encuentro un modo nuevo y creativo de sostenerla, hoy tocaba modo puñal para picotear sobre los langostinos, ligeramente mal descongelados. Me he largado con el segundo plato a medias.
Antes había llamado a M@. “¿Qué tal estás?”, me ha preguntado. “Bien, como siempre. ¿Y tú?”. “Bien, bien, bueno, ¿qué tal?”. “Pues... ahora esperando para entrar en una cena y con mucho trabajo y eso. ¿Y tú? ¿Te ibas a dormir?”. “No, estaba viendo la tele... pero bueno, cuéntame, ¿y tú?”. “A ver, M@, que te llame no quiere decir necesariamente que me pase NADA...”. Le he dado el recado de bob y me ha convencido para ir la semana que viene a hacerme la prueba del VIH. Es que soy un vurro. Siempre que una chica me pedía que me quitara el condón pensaba: “está loca”. Hasta que me di cuenta de que el loco era yo. “Pues tengo una sustitución, y te podías pasar a hacerte un análisis”. “¿Un análisis del VIH?”. “No, si, bueno, de lo que sea, de más cosas...” “Que sí, que vale, que me escapo un rato del cole y me paso”. “No, nada de escaparse, si es a las ocho de la mañana”. “Coño, pero teniendo enchufe podré ir a la hora que quiera...”. “¡NO!. Esa es la hora de las extracciones. Mira, tú verás...” “Vaaaale, la semana que viene, un día a las ocho”.
Luego me he comprado una cocacola sin cafeína y El Víbora y he llamado a bob para decirle que ya había dado su recado. Ha cogido el teléfono preguntando algo así como que dónde estaba, qué me pasaba y en qué jaleo me había metido ahora. Últimamente me vengo sintiendo pelín quinceañero, pero es que esto empieza a recordarme a la preadolescencia, cuando tenía que explicar continuamente que YA era mayor. Mis hermanos me llamaban Calimero.
*(hay una cosa que te quiero decir
que es importante al menos para mí
toda la noche estuve sin dormir
porque una frase de tu boca quiero escuchar...
aunque parezca tonto voy a pedirte
que me lo repitas una vez y otra vez)
miércoles, 29 de enero de 2003
(¿Cómo hablar?
Si cada parte de mi mente es tuya,
Si no encuentro la palabra exacta
¿Cómo hablar?
¿Cómo decirte?
Que me has ganado muy poquito a poco
Tú que llegaste por casualidad.)
-Tienes muy buen color.
-Pues me ha dicho Mamen que tengo mala cara. Estoy fatal, me voy a ir a casa de lo mala que estoy.
-Pero bueno, mujer, si estás morena. ¿Dónde has estado de vacaciones?
-¿Morena? Ah, sí. Es artificial.
Vaya. La cena no tenía tan mala pinta como yo sospechaba, pero eso no quería decir que prometiera otra cosa que disgustos. Todo lleno de marujas y cacatúas. Me recoge la tarjeta una chica de la oficina, lo más parecido a Ivonne Reyes que me ha rozado nunca los dedos. Y con una sonrisa de aquí a aquí. Luego, me pongo al fondo, en la penumbra, en la fila de los malos, y la veo avanzar hacia la pantalla de video con el tanga negro evidenciándose sin pudor sobre el pantalón blanco que sólo ha podido encasquetarse cuando tenía una talla (aún) menos. Es modelo, es inocente. “Te puedo presentar al director de una revista para hombres”. “¿Pero para que me van a querer a mí en una revista de hombres?”. “No es de hombres, es para hombres”. “Pues eso”. “No. A ver, la compran hombres, pero salen chicas”. “Ah, entonces sí. Bueno, no, que yo soy decente”. No es tonta, es inocente. Practicamente inconsciente.
Nos han colocado por nombres en la mesa, a mi izquierda hay uno de chica, a mi derecha otro. Voy al baño y hablo con Dios. “Ya sabes que soy ateo, pero colócame al lado de esa chica, anda”. Y pienso que, si pasa, lo tengo que contar en el blog. Voy hacia mi sitio. A mi izquierda está una veterana, a mi derecha, su abuela. Con un escotazo. Mira, ya está, tómatelo bien, no todo puede salir. Dios no existe.
Encima no me entiendo con ellas. Habría que dar un salto generacional, y llevo yo un día como para atletismos. Se acerca Mamen. “¡Hola!, no te había visto. Que Beatriz se ha ido, así que si quieres te puedes poner a mi lado antes de que quiten el cubierto”. “Oye, ¿no te pareceré muy maleducado si me voy con esta chica”. “No, no, no te preocupes”. “Pero luego te vengo a ver, ¿eh? adios, adios”.
“Siéntate aquí”, me dice Mamen. “¿Aquí?”. Sí, aquí, entre Pivonne y ella.
Cuando llegue el día de mi juicio final, Dios me colocará sobre sus rodillas.
-Tú no creías en mí, ¿verdad, hijo?
-Pueeeees.... desde los 13 años, no mucho.
-Jeje, que gracia me hace este jodío chaval.
-Sí, ya lo había notado.
-Anda, anda... pasa, y que no se entere Judas.
Si cada parte de mi mente es tuya,
Si no encuentro la palabra exacta
¿Cómo hablar?
¿Cómo decirte?
Que me has ganado muy poquito a poco
Tú que llegaste por casualidad.)
-Tienes muy buen color.
-Pues me ha dicho Mamen que tengo mala cara. Estoy fatal, me voy a ir a casa de lo mala que estoy.
-Pero bueno, mujer, si estás morena. ¿Dónde has estado de vacaciones?
-¿Morena? Ah, sí. Es artificial.
Vaya. La cena no tenía tan mala pinta como yo sospechaba, pero eso no quería decir que prometiera otra cosa que disgustos. Todo lleno de marujas y cacatúas. Me recoge la tarjeta una chica de la oficina, lo más parecido a Ivonne Reyes que me ha rozado nunca los dedos. Y con una sonrisa de aquí a aquí. Luego, me pongo al fondo, en la penumbra, en la fila de los malos, y la veo avanzar hacia la pantalla de video con el tanga negro evidenciándose sin pudor sobre el pantalón blanco que sólo ha podido encasquetarse cuando tenía una talla (aún) menos. Es modelo, es inocente. “Te puedo presentar al director de una revista para hombres”. “¿Pero para que me van a querer a mí en una revista de hombres?”. “No es de hombres, es para hombres”. “Pues eso”. “No. A ver, la compran hombres, pero salen chicas”. “Ah, entonces sí. Bueno, no, que yo soy decente”. No es tonta, es inocente. Practicamente inconsciente.
Nos han colocado por nombres en la mesa, a mi izquierda hay uno de chica, a mi derecha otro. Voy al baño y hablo con Dios. “Ya sabes que soy ateo, pero colócame al lado de esa chica, anda”. Y pienso que, si pasa, lo tengo que contar en el blog. Voy hacia mi sitio. A mi izquierda está una veterana, a mi derecha, su abuela. Con un escotazo. Mira, ya está, tómatelo bien, no todo puede salir. Dios no existe.
Encima no me entiendo con ellas. Habría que dar un salto generacional, y llevo yo un día como para atletismos. Se acerca Mamen. “¡Hola!, no te había visto. Que Beatriz se ha ido, así que si quieres te puedes poner a mi lado antes de que quiten el cubierto”. “Oye, ¿no te pareceré muy maleducado si me voy con esta chica”. “No, no, no te preocupes”. “Pero luego te vengo a ver, ¿eh? adios, adios”.
“Siéntate aquí”, me dice Mamen. “¿Aquí?”. Sí, aquí, entre Pivonne y ella.
Cuando llegue el día de mi juicio final, Dios me colocará sobre sus rodillas.
-Tú no creías en mí, ¿verdad, hijo?
-Pueeeees.... desde los 13 años, no mucho.
-Jeje, que gracia me hace este jodío chaval.
-Sí, ya lo había notado.
-Anda, anda... pasa, y que no se entere Judas.
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