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/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
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   lunes, junio 02, 2008
direis ahora a aquel yacente
que su hijo aún se encuentra con los vivos
sí, le direis al mundo las palabras de un poeta muerto hace demasiados siglos
le direis que los hijos de la tierra siguen perdidos por su superficie
creyendo que sus corazones son cometas

llegan hasta aquí las palabras de aquel verano
como olas cansadas
mi locura es un niño enfermo y yo la amamanto con cuidado
ha llegado el tiempo de los asesinos
y la gloria de quien mueve todo el mundo escribías
acordándote del único libro que leiste

(de El camino de los ingleses)


Fue en Trinidad donde lo descubrí. Que por mucho que lo intentase no iba a regresar al verano verdadero, a ese verano de mi infancia, todos los veranos el mismo verano. Largo, inacabable. Porque ese verano no es el sitio ni la libertad ni el tiempo ni nada más que mi forma de ver el mundo convirtiéndose en mi forma de ver el mundo, cambiando a cada paso. Pero aquí estaba una parte de mi verano, el único, ya sabes. En la plaza principal había gente diferente de la que hasta entonces había visto en Cuba. No querían nada de mí, por primera vez, es la triste verdad, pero me hicieron sentir bienvenido. Cantando cosas de Manu Chao, ignorando a la autoridad porque decían: ¿qué me van a hacer por tocar? Quitarte la guitarra, contesto uno. Y se acabó la música.
La chica del short con los colores de la bandera de Estados Unidos no parecía de allí, tan rubia y pálida. Se rió, se lo habrán dicho mil veces, estúpido.
Y allí estaba mi verano porque tenía los ingredientes de mi infancia. Descubrimiento, porque cada cosa era nueva. Tiempo, porque era un mes largo y parecía que no iba a terminar y que podrías disponer de él hasta para perderlo impunemente. Libertad porque yo decidía a dónde ir cada día, hacia donde dirigía mis pasos en cada calle, sin nada ni nadie que me obligara. Aprendizaje porque todos los días descubría algo más de un punto de vista sobre el mundo que no sabía ni que existía ("no es honesto, no son honestos" me dijo el hombre de Cienfuegos más preocupado por la perdida de valores de sus vecinos que por quedarse sin almorzar por culpa de la arbitraria subida de precios del comedor). También hacía amigos y enemigos, también me daba el sol hasta pelarme, también me jugaba un poco el pellejo escalando por donde no debía y también estaba en contacto con las cosas más mínimas, con los bichitos o la dirección en que cae el sol.



   lunes, mayo 26, 2008
Se titulaba LOS TERTULIANOS. Era para un concurso que dejé para el último día. Luego, una vez mandado, me di cuenta de que no era un cuento sino un post. Claro, lo había escrito en un ratito, después de mucho tiempo escribiendo muchos posts y cero cuentos. Tuvo el éxito que se merecía como cuento. Como post también espero que tenga lo suyo: una larga vida en éste camposanto al que no le falta de ná, ni la llama eterna de arriba del todo. Y que, de momento, blogger me deja mantener.
Ah, y como post se titula:

Valladolore

Había signos por todas partes, chispazos ininteligibles para nosotros. La poesía se nos acercaba con timidez, un par de cervezas hacían que nuestras neuronas bailaran claqué, las chicas pálidas atravesaban la Plaza Santa Cruz acarreando instrumentos de cuerda, nunca íbamos a la primera hora y nadie nos pillaba. Todo parecía anunciar el comienzo de una época fabulosa. Pero nosotros no veíamos nada. O peor, sólo veíamos las tardes grises y todos esos pequeños contratiempos. Los madrugones, eso sí que lo recuerdo bien. Soy un buho y nunca pude despertarme del todo antes de las 12 o la 1. Así que vagaba entre clases. A veces me llevaba una radio, otras el periódico y casi siempre dormitaba. Las chicas estaban ahí, al alcance de nuestra mano. Alguna bofetada con sonido de piedra que rompe un charco confirmaba lo cerquita de nuestra mano que estaban, lo lejos que se ponían. No había nada que hacer, tan pocas escapatorias. Corrupción en Miami en la tele, un bocadillo de Nocilla y unos pocos libros de mis hermanos mayores. Una temporada en el infierno. Me gustaba el título y no entendía nada. Poesía con nombres de Blas de Otero. Un poema a Sancho Panza debió de ser el culpable de nuestra locura caballeresca. Exiliados de todas las ofertas primaverales, Miguel y yo escalamos rápidamente el monotema de la literatura. Tres lecturas en diagonal nos confirieron una fascinación por lo que no entendíamos en contraposición con la insoportablemente tangible vida a nuestro alrededor. La poesía, eso sí que era vida. Eso sí que era un buen rábano al que agarrarse por las hojas ardiendo, no sé si se me entiende. Baudelaire, el Romancero gitano, verde, verde, verde, las mulas tordas de Alberti, estaban bien. Pero si nos hubieran dado a elegir y en el imposible caso de que hubiesemos decidido sincerarnos, nos habríamos quedado con la postura. Sí, la postura de poeta, con el puño sujetando el mentón, como para que la boca del poeta no se desboque y ponga la acera perdida de versos fundamentales. La de César Vallejo en la foto aquélla.
Ahora sí que nos íbamos a poner morados.
Nuestras primeras tentativas eran cartas de amor anónimas. Cuando llegaban a la destinataria ella y toda su clase ya sabían que estaba de camino. Y por si acaso, los versos que contenían describían al detalle situaciones y conversaciones que delataban al autor de aquí a Tordesayas. "Quedé contigo, llovía/ me dije, bonito día..". No funcionaba. En el colegio estaba mucho mejor visto dárselas de falangista o de deportista que de poeta. Aunque quizá los deportistas fueran mejores de ver. Lo de los falangistas, en cambio, aún no lo he conseguido entender. Sólo se sabían una canción.
Era cuestión de echarle paciencia. La poesía nos haría ricos y famosos. Sólo había que leer el arrobo en los prólogos, esa admiración académica por la vida de privaciones de Valle-Inclán o la muerte temprana de Miguel Hernández. En esas instrucciones biográficas se hallaba la cifra de nuestra entrada por la puerta grande de la sociedad. Fama. Mujeres. Dinero. Porque había premios literarios en los que se repartían fajos de 25.000 y hasta de un millón. Nos veíamos recogiendo el premio, del brazo de la reina de las fiestas, haciendo un paseillo triunfal del Ayuntamiento a la plaza de toros de Lagunilla de Douro, la charanga pisándonos los talones. Lo que no veíamos era aumentar nuestra famélica obra. Tres poemas mal alimentados con menos duelos que quebrantos. Había que ser trágico y quejarse. En consonante a ser posible.
A medida que nuestros objetivos inmediatos se estiraron hasta el medio plazo, nos fue invadiendo un gusanillo de soledad que tenía aún menos sentido que todo lo que habíamos hecho desde que se nos trago la pitón de la Poesía no presencial. La sociedad no entendía nada. Nosotros intentábamos entendernos una y otra vez, pero es que ellos ni eso. Tenía que haber más como nosotros. Claro que los había. Los tertulianos. Ahí estaban, en el libro de Francisco Umbral. Se trataba de una reunión de sabios en la que todos se lanzaban versos, caían como hienas sobre los compañeros ausentes o agrandaban su obra a manera de pozo. Ese era nuestro hogar. Sólo había que buscar su plano de situación en el periódico.
Sorprendentemente en el periódico sí que estaban las tertulias. Bueno, la tertulia, la única que en Valladolore trascendía, a la espera de que trascendieran sus integrantes. Era en la Casa Cervantes y allí nos presentamos, apestando a colonia, costumbre de buen tono los domingos. La concurrencia se encontraba en esa jovial edad entre los 60 y la muerte. Y precisamente de esta última iba el tema de la tertulia. Nuestro entusiasmo ni se inmuto ante la materia escogida. Teníamos tanto que decir, tantas frases épicas y alegres sobre ese o cualquier otro tema que nos pusieran por delante... Pero para que tuviera mérito el vuelo hacia esa fuente de preocupación que existe desde que el hombre no es mono, los doctos tertulianos comenzaron la disertación desde abajo del todo, desde el tema más terreno que encontraron.
-Bueno, antes de nada quiero señalar que algunos se fueron la semana pasada sin pagar los cafés. Los tuvimos que abonar Puri y yo de nuestros bolsillos. A ver que hacemos hoy, que aquí me parece que hay mucho choricete.
Lo que siguió, oh, que fabuloso espectáculo retórico para Miguel y para mí. Las mejores mentes de su generación -que fue hace dos generaciones- despertaron por fin para arrojarse mutuamente epítetos que hacía décadas que nadie alzaba desde el diccionario. Pasmosas construcciones verbales con la contundencia de un silletazo, silletazos con la ligereza de un enrevesado insulto que nadie más que el ofensor comprende del todo. Maravillados, nos sentimos parte de algo más grande que nosotros, un calambrazo de palabras que venía desde Homero, una llama de la que genios locales o tontos en varios idiomas nos habían hecho depositarios. Queríamos estar a la altura. Cogimos una silla y empezamos a repartir estopa.
Nuestra primera tertulia no podía haber sido más didáctica. Qué precisa escenificación de la muerte había hecho aquella señora sobre la tarima. Pero no podíamos mirar atrás. Había que dejar algo de nosotros para la posteridad. Nuestra propia reunión. Ilusionados, decidimos juntar a nuestros amigos menos zoquetes con un atractivo programa que no pudieran rechazar. Les llevamos a La patata brava. La tertulia, les contamos, iba sobre la guerra. "La guerra es mala", decía éste. "La guerra mata", respondía aquél. Y entonces fue cuando aparecieron las patatas y la discusión finalizó abruptamente. Mientras uno de los contertulios lamía el plato y otro se guardaba servilleteros, palilleros y platos espejeantes en la cazadora, nos dimos cuenta de que habíamos fracasado. Alguien debía desasnar a nuestra generación antes de empezar a hablar. Mientras hacían tiro al plato con el botín robado, llegamos a la conclusión de que ni el hada de Pinocho.
Teníamos que adquirir conocimientos previos. Las conferencias. Ése era nuestro próximo campo de acción. Leímos la frase de Eugenio d'Ors, que a las ocho de la tarde o das una conferencia o te la dan. En espera de alcanzar la elevada posición de conferenciante, nos las daban. Y todas en el mismo lado. Oímos charlas sobre el travelling en Orson Welles, la caza menor en los Campos de Castilla o los distintos colores de la diarrea. Conocimos los diferentes tipos de oyente. El que aprovecha para dar una opinión personal sobre algo que no tiene relación más que con las cosas en las que venía pensando el hombre y lo camufla en una pregunta que nunca llega a enunciar. A la que todas las conferencias le recuerdan a una historia que le pasó a su sobrina. El que se indigna mucho con el gobierno. El que le contesta desde la oposición. El que, por fin, pregunta algo sobre la conferencia, pero nadie lo entiende. Oficio duro el de conferenciante. Pero más el de conferenciado. Estábamos a punto de retirarnos, y ojalá lo hubiéramos hecho antes.
Pero apareció ella.
Era un súcubo que caminaba entre nosotros. Miguel empezó a pensar con el pito. Siempre lo había hecho, pero ahora su pito apuntaba en una dirección. Mira que se lo dije.



   miércoles, mayo 21, 2008
El folio en blanco
Redacción

Cada una de las palabras que escribía era como el verso de una oración. Cuando hacía un poema, cuando escribía una redacción, paladeaba las palabras recién escritas, a la manera de los panaderos, las recitaba y las leía despacito. No era exactamente orgullo. Era asombro. Yo había parido esa frase, ese verso. Y rimaba con el de dos más arriba. Más o menos rimaba. Y lo que decía tenía sentido. Lo tenía para mí.
Quizá es por eso que me acostumbré a escribir poco. Erigía un altarcito para cada cuento, me postraba ante los poemas, aunque me parecieran malos, ya entonces. Aquél relato en el que cruzaba el Atlántico con mi novia imaginaria en un bote neumático. Ese otro en el que viajaba al Oeste y mi novia imaginaria esquivaba las mesas llenas de borrachos dejando tras de sí la cola de su vestido como el mar deja espuma. Y la tercera parte, el cuento en el que se encontraban autor y personaje (yo y yo) y se mataban de alguna manera desproporcionada.
Pero no había visto el mar más que una o dos veces por aquél entonces, no tenía novia (ni siquiera imaginaria) y no sabía nada de metaloquefueraaquello.
Supongo que un poema de vez en cuando, un cuentecito que me reafirmara en la convicción de que yo valía (guau, todo esto lo he hecho yo) eran suficientes. Podía volver a ellos tantas veces como quisiera y me ahorraba tener que hacerlo, me ahorraba tener que valer.
Y así hasta hoy, que me he decidido a escribirme estas líneas. Merteil me pregunta "¿qué haces?". "Escribo". "A quién". "A mí". Sí, ella que se enamoró de alguna afortunada combinación de mis palabras, antes de conocerme, se extraña hoy por hoy tanto como yo de verme teclear.
Teclear.
Ultimamente, cuando me preguntan a qué me dedico siempre contesto: "a teclear".



   martes, noviembre 27, 2007
Al hilo de un post que he leído donde Ymiki (Niños), se me ha salido para fuera por fin una teoría que tenía atragantada en forma de ideilla por aquí por allá. Que desde luego, no hay una gran conspiración para que todos los telediarios nos cuenten lo mismo. Que se trata más bien de un edificio construido a base de renuncias diarias, como ladrillos de Tetris. En tiempos poco heroicos como estos, las grandes opresiones no nos llegan en forma de latigazos verticales, sino que somos nosotros los que las afianzamos con cada rendición cotidiana. Y las grandes revoluciones llegarán, si es que llegan, en forma de negativas individuales. Por eso es tan bueno tener alrededor ejemplos de libertad porque sí, gente que nos demuestre que las cosas pueden ser de otras maneras, que casi nada es obligatorio. Cumplen una función social. Inevitablemente, sale alguien afeándole el post o la vidad, perros bien adiestrados (y no sonará tan fuerte si me califico a mi mismo de perro mal adiestrado, que nacimos esclavos como Espartaco, oiga).
Todos lo hacemos, claro, todos nos tenemos que rendir varias veces al día. ¿Los periodistas más? Yo no voy a inventarme una vocación de periodista combativo que nunca tuve. Pero si incluso yo que nunca he querido ganar nada y por eso nunca he tenido nada que perder me fui rindiendo solito, sin nadie que me estoqueara… qué no habrán hecho aquellos con ambiciones. La de pagar la hipoteca o la de seguir trepando.
Por fijar dónde me rendí, me pongo a recordar algunas cosas de los comienzos. Recuerdo mi primer texto creativo. Leído en directo, escrito, de hecho, en directo, en lo que se presentaba el programa. Era la crónica del entierro de una ilustre. En lugar de contar lo típico, quién había venido al pueblo, el parte meteorológico, las declaraciones de afecto, los pésames…, relaté los codazos (literales) para salir en la foto junto a la ministra, las impúdicas carreras sobre las tumbas, el limitadísimo interés de los que allí vinieron por la muerta o su obra. Cuando terminé de leerlo, levanté la cabeza por primera vez, no sabía si lo había leído bien ni si lo había redactado para que se entendiera. Era la primera vez de muchas cosas. Hubo un silencio en el estudio de aquella cadena episcopal. Todo el mundo me miraba esperando a ver lo que pasaba ahora. Recuerdo que la crónica terminaba con la palabra “mierda” y que la presentadora se repuso para decir que el programa no compartía necesariamente la opinión de sus colaboradores. Luego a micrófono cerrado aulló que a partir de ese momento leería ella todas las crónicas de los de prácticas. Creo que empezó entonces. O con el estupor horrorizado del jefe al que le llevé la crónica de una exposición, contada desde el punto de vista de las estatuas, y no tenía más opción que publicarla o dejar una página de periódico en blanco. O del que me cambió la respuesta con la que empezaba la entrevista a una azafata de la vuelta ciclista.
“-¿Te gusta el ciclismo?
-No, pero eso no lo pongas.”
O quizá todo empezó verdaderamente cuando me censuré yo por primera vez y corté una pregunta sin respuesta de un reportaje.
“-El secreto de la menestra está en rebozar las verduras una por una.
-¿Los guisantes también?
-…”
Como se ve no eran ocasiones épicas. Pero eran mis cositas, una forma marciana de hacer periodismo con la que a lo mejor sólo me reía yo. Creo que lo he ido dejando. Y eso que en ningún caso me echaron a puntapiés, ni siquiera me dieron una mísera patadita. Pero entendí que eso no se hacía, como una foca amaestrada. Qué ganas de soltar la pelotita de una puta vez. Y cuando lo haga, sin duda, algún otro galeote vendrá a hablarme del morro que tengo. Pues salte tú también de la noria, burro.

Eh… como ya tengo poca práctica en lo de los posts, creo que me he desviado del tema central. Lo que quería contar es que los males del periodismo moderno vienen de la base que se ha quedado anticuada porque todo lo demás va de a toda velocidad, de culo, cuesta abajo y sin frenos, que se decía en mi pueblo. Primero, en las facultades deberían enseñar que la autocensura está prohibida, que luego ya vendrán las empresas con la extracensura. Y que la manera de seleccionar y exponer los temas de interés está mal planteada o ya no vale. Que quizás la actualidad y la inmediatez no tengan que ser los criterios ante los que se cieguen los editores y redactores jefes. A lo mejor, la noticia no es siempre que un hombre muerda a un perro que se va a poner bien mañana sino que que hay un perro mordiendo a un hombre en China desde 1981 y, aunque parezca mentira, al que le duele la pierna es a ti..



   viernes, julio 27, 2007
COMENTARIOS Y RECOMENTARIOS. (a vueltas con el amor)

Mi post:

El amor es un tópico. No hay nada nuevo que decir sobre el amor y su sombra, el desamor. Puedes descender a los pozos de tu inteligencia y rebuscar las palabras precisas sobre él, que luego, al reducirlas cartesianamente, se quedan en un refrán o, con suerte, en un verso. Collige virgo rosas, el tiempo lo cura todo. Puedes intentar razonar con él, cogerlo del cuello, desmontarlo a la manera de los relojeros, pero el resultado de tus trabajos va a quedar inevitablemente a tiro de piedra de Corín Tellado. Es tan tópico que incluso el que sientas que nadie alcanza la altura de tu vuelo o la bajura de tu dolor, que pienses que estás solo porque no puedes explicarte ni ellos entenderte, ya nos ha pasado a todos.
Y eso no es ni bueno ni malo, sólo da una pista definitiva sobre su esencia, sobre lo que el amor es.


Comentario de un gamberro en los comentarios:

Que nos pase a todos (o que sea, como tú dices, tópico) no quiere decir que no sea importante: la muerte también nos ha de ocurrir a todos y nadie se atreve a decir que es intrascendente. Y alguien debe decirte que traer a colación a Corín Tellado es un recurso retórico bastante barato, tan inocuo como si te hubieras referido a Petrarca. Disfrutar el amor o padecer el desamor nada tiene que ver con esa especie de arrogancia del sentimiento frente a los demás que tú, más furioso que virgen, denuncias. Me limito a recordar que de poco le sirven al doliente (por desamor, por enfermedad o porque se le ha muerto el gato) las frases hechas, aunque sean en latín.
¿Qué es el amor? Supongo que un complejo de emociones, pensamientos de cierta clase e impulsos primitivos. Imposible reducirlo a una fórmula, demasiado absurdo intentarlo; sólo podemos dar rodeos en torno a él y conocerlo a través de sus efectos. Y sí: no es bueno ni malo, pero es real y en ocasiones vivísimo.
Me perdonarás estas palabras porque ya me conoces: a menudo defiendo que la lucidez no siempre es cínica.
Me alegra tu regreso por estos pagos.


Mi respuesta:

Comentario de MI texto:
habla de mi imposibilidad para comunicarme contigo aquella noche, para decirte lo que pienso sobre lo que sentías sin que sonara a frases hechas, a citas de Corín Tellado, a versos gastados en el mejor de los casos. Cito directamente o indirectamente lo que me decías “ahora me dirás que el tiempo lo cura todo [como ejemplo de frase hecha]”, “eso que me dices es de libro de autoayuda”. Y doy mi versión de por qué todo (te) suena así. Porque es que es así. Es un tópico, no hay nada nuevo que decir sobre él ni nada nuevo que sentir. Incluido tu malestar porque no te entendía. Claro que no te entendía, no estaba sintiendo tu confusión, tu dolor y tus mareos. Pero recordaba como me sentía yo entonces, cuando lo sentí. Y, sobre todo, no podía dejar de darle vueltas a lo tonto e inútil y escaso de sentido que es todo lo que yo pasé por tan poca cosa visto desde aquí, desde ahora. Así que eso es prácticamente lo único que podía decirte aquella noche. Que todo pasa. Y pasa tanto y tan drásticamente que hasta te da vergüenza recordar que lo pasaste tan mal por esa tontería.
Y la última frase queda a la interpretación de cada cual, que cada uno es cada uno. Yo tenía una clara entonces, pero ya no me acuerdo. Supongo que tenía que ver con que el amor es un comportamiento aprendido o un instinto genético y no tiene el valor único y la entidad propia que nosotros le queremos otorgar.

Comentario de TU texto:
tampoco hay nada nuevo que decir sobre la muerte, al menos hasta que alguien vuelva de allí y nos cuente algo que no sabemos. No le quito importancia, hablo de uno de sus aspectos o de una de sus consecuencias más significativas.
Veo que me das la razón, efectivamente, todo lo que se diga sobre el amor termina convirtiéndose en un recurso retórico barato, a eso suena, a Corín Tellado a un refrán o, en el mejor de los casos, a verso de Petrarca. Inocuo, retórico y barato.
Me temo que cuando padecemos el amor y el desamor no podemos evitar la arrogancia del sentimiento, ese creer que nadie puede ponerse en nuestra piel. Es uno de sus síntomas, a eso iba, yo lo sentí, tú lo sientes, es universal, me temo. Y si no me crees, como textos de consulta te remito a Corín Tellado (“nadie podía entender nunca el alcance de nuestra pasión”), la poesía (“tiznado por la pena, casi bruno/ donde yo no me hallo no se halla/ hombre más apenado que ninguno” Miguel Hernández) o el refranero ( “Juzgan los enamorados que todos tienen los ojos vendados”).
Y efectivamente, de poco le sirven al oyente las frases hechas, en versos esculpidos en un pétalo de amapola o en prosa zafia que te rechina en los oídos. De poco, de nada. ¿Y por qué no sirve de nada? A lo mejor eso es una pista.
Y sí, el amor es real, como es real un verso que está en tu cabeza. Olvídate del verso y deja de existir.
Me temo que estaba siendo menos cínico que cartesiano. O al menos lo intentaba, pero con literatura, claro, lo que pasa es que igual con literatura no se entiende nada, pero en fin...



   jueves, julio 05, 2007
La primera sandía de la temporada me la comí hace tres semanas en Roma. Salía de Stazione Termini. Tenía todo el fin de semana por delante. Tantísimo tiempo. Las termas de Diocleciano al frente, las romanas minifalderas y asustadizas esperando en el paso de peatones, la mussoliniana Piazza de la Reppublica apareciendo de pronto. Y en una esquina un puestecillo de frutas con grandes trozos de sandía a un euro. Le hinqué el diente y me supo a verano. A todo eso del verano, infancia, césped, tiempo, yo, yo nuevo. Venga va, lo voy a poner: libertad. Más a cada mordisco. Pasé por las Quatro Fontanas de Bernini mordisqueando la cáscara. Más.

La segunda sandía de la temporada me la comí hace dos semanas en Venecia. Era parte del desayuno del gran hotel, con su propio canal con yatecitos. Un poco menos roja y más domesticada. Partida en cuadrados. Sentados junto al canal, en la terraza, desayunando con pocas palabras. Merteuil me dijo: creo que deberíamos dejarlo por una temporada. Hubo un silencio largo. Luego yo dije esta sandía está un poco pasada.



   martes, julio 03, 2007
"Como el futuro empieza hoy, les anuncio una medida de gran alcance. Cada familia con residencia legal en España recibirá 2.500 euros por cada nuevo hijo que nazca en nuestro país".

Zapatero, esta mañana en su discurso del Debate del Estado de la Nación.

Me alegra mucho saber que mis impuestos (300 euracos en la Renta, la cuarta parte de mi devaluado sueldo el resto del año) sirven para que ZP consiga titulares en el Congreso para tapar un poquito las bombas que le ponen aquí y allá. Me tenían preocupado. Creí que se iban a poner a facilitar de verdad los alquileres para resolver de golpe el acceso a la vivienda y el estallido de la burbuja inmobiliaria en la cara de la peña. O que iban a invertir en llenar el vacío fiscal que producen las desgravaciones salvajes a las grandísimas empresas (grandísimos listos) que se cubre con los impuestos de los trabajadores (la mayoría de las compañías del Ibex 35 terminan el año sin pagar ni una pesetita y con espectaculares subidas en sus ingresos y ganancias). O que iban a arreglar lo de que hasta el más inmundo carguillo tenga un Audi y coma en restaurantes del cojón como si se fueran a acabar el mundo o los solomillos. O, en general, que iban a hacer algo por aquéllo del reparto de la riqueza, antes de que la clase media muera en nuestros brazos.
Pero no, ahí están, haciendo titulares con mi pasta. Menos mal, porque si no tendría que justificar, en general, mi opinión sobre la condición humana con sillón y cargo y, en particular, el por qué no les voto ni a ellos ni a ninguno, ni ahora ni nunca.



   lunes, julio 02, 2007
El amor es un tópico. No hay nada nuevo que decir sobre el amor y su sombra, el desamor. Puedes descender a los pozos de tu inteligencia y rebuscar las palabras precisas sobre él, que luego, al reducirlas cartesianamente, se quedan en un refrán o, con suerte, en un verso. Collige virgo rosas, el tiempo lo cura todo. Puedes intentar razonar con él, cogerlo del cuello, desmontarlo a la manera de los relojeros, pero el resultado de tus trabajos va a quedar inevitablemente a tiro de piedra de Corín Tellado. Es tan tópico que incluso el que sientas que nadie alcanza la altura de tu vuelo o la bajura de tu dolor, que pienses que estás solo porque no puedes explicarte ni ellos entenderte, ya nos ha pasado a todos.
Y eso no es ni bueno ni malo, sólo da una pista definitiva sobre su esencia, sobre lo que el amor es.



   jueves, junio 21, 2007
DECÍAMOS AYER

Vengo de una cata horizontal de ternera, que todo el mundo me pregunta, ¿es comer ternera tumbado como los romanos? Pues no, es comer ternera de la misma añada pero de distintas vacas. Ya, yo tampoco lo entiendo. ¿Una cata vertical es comer ternera de la misma vaca pero de distintos años? ¿una cata vertical se hace con gente que te cae mal?
Le estaba viendo venir. Era un señor con un tipín Michelín y una barbita al estilo Jaime de Mora y Aragón (¿alguien se acuerda?). Cuenta que ha abierto el local que acoge la cata para los amantes de la gastronomía. O sea, para políticos que no quieren que les llamen chorizos en un concurrido restaurante y para furbolistas que no quieren mezclarse con la plebe. Como Beckham. Gastrónomos. Cuenta que para comer en el local hay que ser socio, porque no quiere patosos que se emborrachen y gente… bueno, chusma. O sea que quería montarse un bar pero sin las cosas que odian los bareros y que adoramos los borrachines. Así que le estaba viendo venir. Y se lo pregunté. Oiga, esa insignia que lleva, ¿qué es? La Cruz de Malta. Vaya, la Cruz de Malta (todo con mayúsculas) ¿y eso qué es? Levanta una ceja, duda entre la condescendencia y la vanidad, pero se decide por la última. Es una orden, la de los Caballeros de Malta, yo soy Caballero de Malta (mayúsculas, mayúsculas). ¿Y cómo se consigue? Bueeeeeno. La versión corta. Pues es muy complicado, es por familia, hay que tener algo de sangre noble… Y cuando voy a hacer la pregunta fundamental, ¿y para que sirve? el tipo me ve venir a mí y me dice “no dejes la puerta abierta al salir ¿eh?”.
Le veía venir desde el principio, estaba dudando entre un nuevo rico o un hermano menor de alguna familia aristocrática, que son los que se dedican a la mesonería de altura, bodegas y clubes de gastrónomos y viajeros. Los pobres, presumiendo de amistades plebeyas, despilfarrando las últimas goticas de sangre azul, tratando de retener, sin mucho éxito, los aires de grandeza que se respiraban en casa, invirtiendo lo que queda de las últimas tierras vendidas en negocios ruinosos, porque les queda el pudor de los hidalgos a trabajar con las manos en algo que no luzca (y que viene de Platón, ojo), desprendiendo aromas de pueblo porque la globalización les ha igualado por abajo y no pueden desprenderse de una vulgaridad que horrorizaría al abuelo monárquico.
De eso va a ir mi libro, de los recuerdos de un hombre que enterramos en mi pueblo una mañana de sol de hace un mes. El último de un linaje que provenía de la reconquista. Que murió solo. Que encargó que sus cenizas descansaran en el cementerio del pueblo en el que sus antepasados ganaron las tierras y el título, en un funeral sin llantos, rodeado de unos hijos que no le conocían y charlaban del estado del panteón familiar y de dónde habría que dar una capa de escayola. Él, que había hecho fiestas nudistas y reuniones espiritistas nunca vistas en su palacio, que había alimentado gorrones a punta pala y había puesto leones en lugar de perros para cuidar su jardín (hasta que los regaló porque comían cinco pollos diarios cada uno) y había leído todas las noches junto a la chimenea de una biblioteca inagotable que me ponía los ojos como platos. Quinientos años nada más y se acabó. La historia conclusa de una familia. Alguno de sus hijos pedirá la Cruz de Malta.

(Y este post lo he hecho por lo que siempre los hago, por Ymiki, una genio, para que vea que hay gente más inadaptada que ella (y eso no quiere decir que les vaya mal) y para que se fugue conmigo a México. Chiapas. La boca del cielo).



   jueves, agosto 18, 2005
PEGGY SUE SE CASÓ

Me gustan las películas de viajes en el tiempo. Hasta las de Van Damme. Me chiflan especialmente las de aquellos crononautas que visitan su pasado y arreglan todo lo que hicieron mal, aunque estén llenas de paradojas y no tengan ningún sentido. Yo no es que fantasee mucho con eso, pero a veces me gustaría haberme despedido de la gente que he perdido de una u otra manera. Incluso de los que sí me despedí. Porque los adioses, si se dan, se dan siempre justo al final, un instante antes de la separación. Y esos no me valen. Porque lo que yo quisiera es haberme despedido en el momento en que tú eras tú y yo era yo y nuestro amor estaba intacto. Entonces sí que me hubieras entendido y sí que habría tenido cosas que decirte. No sé, despedirme por ejemplo en una de nuestras últimas juergas hilarantes del amigo al que no sé por qué dejé de ver, decir adios a aquella chica en uno de los últimos ratos de cama sin preguntas, cuando todo estaba bien y todo era deseo y planes. O a mi madre en uno de sus últimos paseos por el pueblo o a la tia Carmen cuando aún conservaba esa memoria prodigiosa de 90 años. No cuando todo se ensució de lágrimas, odio o indiferencia o cuando el fin se nos echaba encima, sino en nuestro mejor momento, cuando aquél instante parecía indestructible.
El lunes se me ilumino esta mente de chatarrero y vi diáfanamente lo que va a pasar. Calcule los tiempos y el proceso, cómo y cuándo me iba a quedar sin Selina. Y decidí despedirme. Sin motivo aparente, claro, porque era una tarde tranquila después de un día feliz, y estábamos tumbados en la cama y nos acariciábamos y nos mirábamos a los ojos y nos brillaban los ojos. Le conté algunos secretos, le revelé que la espío cuando anda por la casa, le expliqué cómo siento sus presencias y sus ausencias, cómo disfruto tanto del viaje juntos en autobús o en avión como del sitio al que llegamos, qué poemas y qué canciones son sólo suyas, cómo me ha ido enganchando esta relación poliédrica llena de bandazos y cambios que la volvían distinta cada pocos meses, en qué cosas me ha hecho digievolucionar y de qué estoy más orgulloso, cuáles son los hitazos de estos últimos dos años. Porque se cumplen dos años de aquellas absurdas noches malagueñas y yo lo único que quiero es que las recuerde y no haga nunca como que no existieron. Porque yo sé que las recordaré y no quiero ser el único. En lo demás estaré solo, no se lo he ocultado, y me esperan tiempos difíciles que quizá no entenderé, porque no creo que pueda volver a encontrar mi cosa-rara gemela. Para una carambola como ésta hay que entrenar mucho y yo cada vez soy más burro y aprendo menos, así que no creo.
Ella se puso a llorar, juraba que después de esa conversación no iba a pasar nada de eso. Calculé que se olvidaría de ella a los tres días. Ha tardado dos. Quiere que pasemos más ratos juntos, que luche por ella (eso le gustaría, los dos peleando por ella a base de caricias, regalos, pic-nics, salidas y citas literarias, y son estas cosas las que la hacen tan encantadora) y no sabe que, digan lo que digan, no pienso competir. Cree que la estoy intentando reconquistar, pero eso es porque no me ha escuchado bien, lo que estoy haciendo es despedirme. Sólo he prometido disfrutarla hasta el final, ser más que nunca su confidente y su amante, su compañero de juegos. Memorizar sus gestos, su postura cuando llego a la cama y ella ya no me espera, sus canciones extemporaneas y sus bailes en el salón.
El absurdo prestigio de los números redondos que tanto cabreaba a Vila-Matas (con razón, cumplía 50) me sirve de percha para enviarle regalos de segundo aniversario que en realidad están hechos para no quedarme con las ganas de haberle hecho regalos. Las vacaciones me dan la excusa para llevarla a la costa que siempre he querido compartir con ella. Todo se alía para que la despedida sea tan completa como pudiera desear y vuelvo a tener la sensación de que hay alguien velando por mí.
Anoche me hablaba conmovedoramente de las cosas que he perdido y de cómo recuperlas. Y tiene razón, y lo voy a hacer, pero no para que esto no termine. Porque todo ha pasado ya antes de suceder, como en un cuento de Borges o en un tragedia griega, y por una vez he conseguido volver para despedirme .



   jueves, julio 21, 2005
veranito

Lo bueno de pasar el verano currando en este bochornoso Madrid es que el jefe, cuando me amenaza con despedirme, no puede decirme aquello "...y cuidadito que hace mucho frío fuera". yo creo que ya no tiene ganas ni de echarme la bronca. Yo tampoco. Casi que le apetece que haga las cosas bien. A mí también. Pero las hago mal, he perdido un poco de muñeca, que le vamos a hacer. A ver si la recupero en uno o dos posts. Anteayer, volviendo a casa, un tipo me llamó desde el coche, me quité los casquitos me arrimé, sacó la cabeza por la ventanilla y me preguntó "¿no teneis aire acondicionado en esta calle?". No me dio tiempo a contestarle que eso era un poco más allá, en las calles de las marquesas. Yo vivo al lado de la casa o la ex casa de Emilio Carrere, igual por eso ando un poco jorobadito ultimamente. Allí, esta noche, como cada noche me enfrentaré a la típica inquisitoria madrileña: ¿me muero de calor con la ventana cerrada o me paso hasta el amanecer oyendo bocinazos?. Esta noche creo que me espera Selina (antes Madame de Merteuil) extendida en la cama con la típica inquisitoria vital que venimos sufriendo desde la noche de los tiempos: ¿pasamos calor o mucho calor?



   viernes, julio 08, 2005
ZANAHORIAS

he abandonado tantas cosas durante tanto tiempo que ya no sé reconocer, como solía, el momento en que estoy tocando fondo y debo de esbozar esa sonrisa, ya sabeis.
siempre he tenido claro que todo esto iba a llegar, es más, puede que lleve toda la vida preparándome para combatirlo. lo que pasa es que me faltaba experimentarlo así, seguidito.
y es que lo aterrador no es el palo.



   viernes, febrero 11, 2005
EL CHINO DE LOS GREMLINS
Ayer hice mi debú televisivo. Era un número de baile vestido de chino, con un bastón de majorette, una peluca de paje y un cocodrilo de peluche. En un carnaval, claro. Y en la tele nacional. Al principio avisé a un par de amigos. Luego a otros diez. Luego a la familia. Luego quedamos todos en una casa para verlo. Pedimos bebida y comida nos concentramos delante de la tele, me di la mano con la chica de mi izquierda. Nervios, intriga... Al final salí DOS segundos, al fondo, bailando como un borracho que se había colado en plano. Exactamente tal y como se lo había explicado a todos. Se me quedaron mirando todos con cara de terror y sintiendo mucha vergüenza ajena. ¿Y para esto has avisado a tu familia? Selina se lo dijo a sus padres y fue la primera vez que me vieron. Luego, nadie me mandó ni un mensajito. Y lo peor es que a todo el mundo le pareció que iba de cabaretera. De chino, coño, del chino de los gremlins, ¿es que no habeis visto el cocodrilo? Selina dice que tengo piernas de cabaretera.



   lunes, enero 31, 2005
Mañana es su cumpleaños y le daré a elegir entre italiano y japonés y se quedará con el japo, pero sólo para jugar con los palillos y con todo lo demás, me dirá una y otra vez So-Ho en lugar de sí, inclinará la cabeza y se ofrecerá como geisha, lo ensuciará todo, simulará sin mucho éxito que le gustan mis regalos, calculando el precio, se abrazará a mí por la calle, llorará un poco porque se siente muy vieja, hablará sin parar por teléfono, le brillarán los ojos, me dará besitos en la cara, se emborrachará conmigo y me violará, sin duda, le dará miedo pensar en algunas tonterías, pero no temerá a las cosas importantes, las que asustan de verdad, me mentirá un poco en cualquier cosa, eso es un clásico, estará, sin saberlo, más guapa que nunca, con ese pelo como comestible y esos ojos de muñeca flotando en el triángulo de las Bermudas, me lo aguantará todo también, y yo, retorcido, pensaré que tiene que haber algún motivo oculto para todo esto. Cuando me mire, quizá navegue entre el cálculo y la humedad, entre el amor y el confort, pero yo no sabré lo que piensa, estoy condenado a nunca saber lo que piensa.



   jueves, enero 20, 2005
¡ESTABAIS AHÍ! 4 de mis 5 preferidas me han dejado un comentario, jaja, ya sé quienes eran las locas que me hacían esas 4 visitas semanales...
Que sepais que todo se arregló, la revista de tendencias de al lado me prestaba unos ¿pantalones? de esos de medio millón, pero con los que te avergonzaría encontrarte con tu abuela por la calle. Al final vino un amigo y me trajo otros.
Y luego se me olvidó una mochila en el autobús y me subí a un taxi y le dije "siga a ese bus". Toda la vida queriendo decir la frase, y mira, en vez de un "siga a la elegante nudista del perrito, a la refinada morena del instrumento de viento, a la sensual rubia que camina sin pisar el suelo, a la pálida princesa malvada o a la bella taxista del deportivo metalizado" tuve que conformarme con un "siga al 21". C'est la vida en prosa.
Bueno, dadme un poco de tiempo para desentumecerme y esperad, esperad cosas nuevas de mí. Poneos en lo peor.



   miércoles, enero 19, 2005
MAÑANA, RÉGIMEN

ALGUNAS COSAS han cambiado desde entonces, una de ellas, al parecer, mi talla. Me he puesto unos pantalones blancos de pana, de pata ancha y con muchos bolsillos. De cremallera y botón de click que no me terminaba de abrochar cuando estaba delgado, así que esta mañana, ni de coña. Supongo que en los setenta me hubiesen estado bien en todos los sentidos. Pero cooomo iba a renunciar a ponerme estos pantalones del pasado un poco color crema –¿o que están viejos?– que NO me pegan nada pero me traen bonitos recuerdos.
A fuerza de soportar la presión como una valiente la cremallera ha terminado por cascar. Totalmente, desintegrada, sin remisión. O sea, una parte de un trozo de una pieza debajo de la impresora, otra al archivo y otra por ahí va. Si me levanto se me caen, incluso para sujetarlos necesito las dos manos. Quiero irme a casa.



   martes, enero 18, 2005
Podría volver
pero no vuelvo por orgullo simplemente
si ya juré nunca volver debes creerme
que cumpliré con mi promesa está por ver
Y si me dices que no puedes olvidarme
en este mundo nadie es indispensable
puedes vivir sin mi igual que yo sin ti
y si me dices que yo soy toda tu vida
y como en todo lo que hay vida existe muerte
y yo no quiero ser la muerte para ti

Y podrás pensar
que me dolió que me dejaras y es muy cierto
y como tu comprenderás todo este tiempo
sufrí bastante y pensé nunca volver
y si me dices que sin mí te pones triste
eso tuviste que pensar cuando te fuiste
seguro que por ti ya nada puedo hacer
y si me dices que me quieres y me quieres
y si me pides que regrese y que regrese
juré que nunca volveré y no volveré.

Y podrás pensar
que me dolió que me negaras y es muy cierto
y como tu comprenderás todo ese tiempo
sufrí bastante y temí nunca volver
y si me dices que sin mí te pones triste
eso debiste pensar antes de irte
seguro que por ti ya nada puedo hacer
y si me dices que me quieres y me quieres
y si me pides que regrese y que regrese
juré que nunca volveré y no volveré

los planetas versioneando a Rocío Durcal que cantaba una canción de Juan Gabriel, juas.




   miércoles, septiembre 22, 2004
LA DE ULISES

que tardó 15 años en recorrer una distancia como de mi pueblo hasta Cádiz, anda ya, lo que pasa es que no quería volver, que las aventuras enganchan, que eso de no estar muy seguro de dónde te vas a despertar mañana, de qué desventura borrará hoy las de ayer, de si estarán tus pantalones debajo de la cama por la mañana, nos pone cachondos a Ulises y a mí. Pero si nos hubiésemos quedado, la historia se habría visto desposeida de su único sentido,
contarla,
sabíamos que aquí nos íbamos a despertar en la misma cama, que buscando bajo el desorden aparecería sin duda la ropa interior e incluso la cartera, que no iba a ser tan fácil toparnos con una encantadora que nos secuestrara en su dormitorio.
pero aquí estamos
por un alto sentido del deber o porque se nos acabó la pasta.



   viernes, septiembre 17, 2004
PARECE QUE FUE AYER

Si no fuera porque es imposible, yo diría que ayer mismo estaba en La Habana, que el puñetero huracán no tiró ni una mísera torre del aeropuerto, pero llenó los vuelos de ese día y nos evacuaron a un hotel, que usé mis influencias para asegurarme una plaza en el siguiente y conseguí una habitación en la planta ejecutiva y un asiento en Business, que mientras hablaba de todo ello con el director, la morena del pantalón rojo y los ojos grandes me sonreía desde la barra, que cuando me quedé solo con mi daiquiri y pasaron junto a mí me decidí a seguirla hasta el comedor, que me invitó a sentarme con ellas, que la invité a dos daiquiris y el segundo nos lo tomamos en mi habitación, que no quiso besarme cuando se lo pedí, pero espero dos minutos para lanzarse (lanzarse) sobre mí, que asesinamos al pato de toallas que estaba sobre la cama, que le arranqué su pantalón rojo y sus bragas empapadas, que me rasgó la camisa y me hizo marcas por todas partes, que rodamos mucho, que gritamos bastante, que miramos el Malecón desde la ventana y nos duchamos juntos, que le gustaban mis ojos pero no mi barriga, que cambié mi plaza de Business por la de la chica que se sentaba a su lado, que cogió su avión a Milán, que se fue.

Que sí, que te he pegado los tarros con dedicación y toda la elegancia de la que he sido capaz, pero que no he dejado de pensar en ti ni una sola vez, que si he vuelto ha sido sólo por ti, vida mía, que este curso te voy a querer más que nunca.
Ah, y que he aprendido un par de trucos, yatusabes.



   domingo, agosto 22, 2004
MOJAMA Y POESÍA

Estoy en una playa gaditana
a un metro de las olas, a mi espalda
una señora gorda canta bingo.
Yo, muerdo la mojama.
Y leo a Roger Wolfe o a alguien parecido.

Y aquí vienen mis cosas esenciales.
No sé qué hacían aquí, en la playa de Cádiz.

Ya no soy de un lugar, no de un sólo lugar
y me asombra saber que hay playas esperándome,
que seré yo otra vez en algún pueblo
que no sea mi pueblo castellano
donde no queda nadie.

Las palomas me rozan los ricillos,
los niños me rebozan en arena,
el sol se echa a dormir sobre el castillo
y se escoña la pobre winsurfera.
La morena me mira fijamente,
y abre lento las piernas y las cierra . . .
me entero de que he puesto la toalla
demasiado pegada a los servicios,
el guiri más hermoso del albergue
se hace arrumacos con la brasileña,
y me dice Walt Whitman que se atrae la materia.

voy a darle un besazo a la binguera.



   sábado, julio 31, 2004
DIARIO DE GENOVA. DIA 1.

me las arreglo muy bien sin ti
salvoalllegaralacasaesenormeylefal ta sabor

No te echo en falta en nada ya ves
salvoensoplarteenlacarayoirtereir

me las arreglo muy bien sin ti
salvoenabrilyaquitodoslosdiasson dea bril
(la buena vida - caruso)

bueno, he estado tan liado, no se, me estoy haciendo responsable o algo y estoy en el trabajo hasta tan tarde. el caso es que no me habia dado cuenta de que no he preparado este viaje hasta que me meti a fumar en ese banio del aeropuerto de roma. ni me he traido una guia ni un libro de frases ni nada que me ayude a entenderme con nadie ni a escaparme de lo que me espera.
5 horas de aeropuerto avion hasta llegar aqui. me toca un tipo muy raro en el primer avion, a mi me parece muy bien que la gente se afeite la cabeza, yo lo hare proximamente, sera un cambio a mi melena camarondelaislatuenestebarnoentras. pero echa un vistazo a lo que haces antes. si tu cabeza esta llena de recovecos, vertice, extranios caniones y areas de descanso no lo hagas. la naturaleza es sabia y te hizo peludo, la tecnologia va a lo suyo, pero es lista e invento sombreros de todas las alas y pelucas de todos los tamanios y rizados si te estas quedando sin pelo.
bueno, pues ese tio que parecia un extraterreste no hacia mas que refunfuniar. solo me he levantado dos veces, mas una que he pegado un salto porque pense o sonie que me ahogaba. y resulta que es el unico periodista espaniol que ha venido conmigo.
por lo que he visto en los aeropuertos las italianas se dividen en chicas de ojos grandes (casi siempre reforzados por una sombra-punietazo del copon) que miran muy lejos -muy lejos de mi tambien- y chicas de expresion y voz dura entre las que se lleva sobre todo el look jipiguarro.
me he ido a dar una vuelta por el puerto, para ver si me metia en algun lio, pero el puerto de genova es un gran centro comercial. asi que he hecho lo que corresponde a mi edad y condicion: comer y beber. me he metido donde iban los musicos y currantes de por aqui. un calzone y una botella de vino blanco. tengo un pedo como un copon de mil pares de hostias, claro. ni lo releeo.
los insultos en italiano son la cosa mas tonta del mundo. parece que estan de conia.
*los copones son grandes

*un copon de mil pares de hostias es un copon bastante grande



   viernes, julio 02, 2004
(esto lo escribí el 10 de junio y no lo posteé porque me parecía patético. seré tonto)

Doce cubiertos de plata,
Me mandaste de regalo
Y yo me conformaría
Con las cucharas de palo
De cuando tú me querías.
(una copla)

La espié, la seguí, no quería, no lo hubiera hecho si no hubiese estado en la manzana de al lado, me digo, pero la espié. Es de locos y yo me volví loco durante demasiado rato. Me subió la fiebre, no sé qué ojos tenía pero la gente me miraba extrañada, el portero del hotel empezó a sospechar. Con lo que me gustaba salirme de mí, descubrirme siendo otro, ahora soy un completo desconocido que me da asco. No hay mucho que hacer, nunca mi paranoia estuvo tan justificada, acierto 6 de cada 5 veces. Pero es culpa mía, no conseguí que cambiara su manera de comunicarse conmigo, que desde el principio fue decirme lo que creía que quería oir. Sólo que ahora la ha perfeccionado, porque se sabe mejor lo que quiero oir. Y no he podido cambiar eso ni con cariño ni con largas conversaciones ni con libertad ni con ira. Ni por las buenas ni por las malas. No quiere que seamos amigos. Lo he hecho todo tan mal que ni sé lo que he hecho mal. Hay que pedir hora, esperar el momento para hablar y que me conteste sin ausencias ni monosílabos. ¿por qué con todo el mundo sí y con ella no? ¿Por qué cuando me mira ve a un novio, el rol que más detesto? ¿por qué no podemos ser amigos? No hay mucho que hacer, volverá a empezar todo hasta que me haga pupa de verdad. Esto es una mierda y me doy asco.
Y luego todos esos códigos memorizados a hostias centrifugando mi cocorota: Si esta mañana no me llama ni me escribe a pesar de lo que hay pendiente es porque hizo algo anoche de lo que se siente culpable -como con Pancho-. Si ayer no quería verme es porque había quedado con alguien -como con David-. Si me enfado con ella no me contará la verdad porque "me bloqueo, cariño" -como con Alfonso-. Si no me enfado con ella no me contará la verdad porque ve que puede librarse sin mucho esfuerzo -como con el de Bilbao-. Si me enfado lo volverá a hacer porque me lo merezco, si no me enfado lo volverá a hacer porque le sale baratito...
Nunca he estado seguro de si me toma el pelo o tiene miedo, como todos, nunca he tenido una pista de cómo es, porque nunca he podido saber si nada de lo que me dice se acerca a lo que piensa. Ayer estuvo tomando una caña con su amigo y hablando un poco de todo, cosa por cosa, supongo. Sus esperanzas, sus miedos, su relación conmigo, su presente y su futuro. Luego puede que estuvieran follando, y quizás con él no fingió y conmigo siempre. O viceversa, quién sabe. O tal vez se fuera a casa a llamar al otro pelele o esté chateando ahora. Volverá a hablar de cómo se siente, de lo que piensa hacer a partir de ahora, de qué le parecen las cosas que nos pasan últimamente, de algo que vio en la tele.

Y yo me conformaría con que se sentara conmigo sin tener que convocar una reunión, que se pidiera una caña y me contara las mismas cosas, en el mismo tono.
Que me tuviera por alguien en quien confiar para que yo pueda confiar.

Pero para qué, quién necesita darse más veces el mismo coscorrón. Mejor recuperar mi libertad, mi soledad, mis llaves y mi afición al tintorro.



   jueves, junio 03, 2004
QUÉ GANAS TENGO DE QUE ACABEN LOS OCHENTA

¿año y medio de ocho horas diarias de Kiss FM constituye mobbing?



   miércoles, junio 02, 2004
YA ESTÁN AQUÍ

no es por ser alarmista, pero las tetas han tomado la ciudad.



   sábado, mayo 29, 2004
estoy seguro tiene que haber algooo
que me ayude a soportarlooo
en las farmacias del espaciooo
o en un laboratorio mágicooo
(los planetas)

...y está, entonada con alegría, se la dedico a mi jefe desde la oficina un viernes a las tres de la mañana.



   lunes, mayo 24, 2004
el autor reponde a un correo de laura stuart en el que la corresponsal hace consideraciones sobre el turismo e inquiere sobre lo que ha pasado en la civilización en el tiempo en que estuvo ausente

Ser turista tampoco está tan mal, ser turista sobre las cosas que para los demás son cotidianas, no pensar en las necesidades básicas, porque ya aparecerán resueltas, saber que tu cama no es tu cama, pero sí; que el vehículo en el que te mueves no te pertenece; que las costumbres a tu alrededor son raras y habría que investigarlas; que hay un programa y un horario, pero estaría bien saltárselo. Ser viajero es más jodido, el viaje sí que te pertenece, es tu patrimonio y hay que cuidarlo, nunca puedes estar a gustito, porque nunca estás satisfecho del todo. Demasiada pose. Yo prefiero no tener que mirar alrededor antes de chuparme los dedos con la paella del chiringuito. Lee artículos de opinión de viajeros, siempre quejándose, qué pereza. Seguro que entonces me entenderas, le pongas o le quites la metáfora.

¿Qué ha sucedido en la civilización? Yo bajé la persiana de mi cuarto y practiqué el número del hombre estatua durante todo el fin de semana. Pensé un poco, eché 48 horas a los perros. Me sentía culpable por no hacer nada hasta que me di cuenta de que precisamente por eso tenía la obligación de no hacer nada. Afuera, en la tele, los cotillas y los pelotas se ufanaban de su consagración, ya tienen carta de nobleza sus estribillos de estribillos de la nada. Al parecer, volvieron a aparecer en debates y debates televisivos, sólo que ahora el tema tratado les elevaba. Casi les prefiero cuando hablan de Mari Cielo. Me temo que la tele y los periódicos seguirán retransmitiendo en el futuro esta escalada de violencia rosa, con más legitimidad que nunca.



   viernes, mayo 21, 2004
AL FONDO DE LA MESA

Al fondo de la mesa y en penumbras
la vermeeriana Merte me regaña.
Ya sabe sus efectos,
sus despliegues
son trampas o algoritmos.
Hoy le deslumbran cosas más tangibles,
el hotel y la cena, mi camisa.
Yo la miro, y a veces
aún no hemos salido de esa playa.



   miércoles, mayo 12, 2004
Exhibicionismo

(nada de lo que diga en este email podrá ser utilizado en mi contra. Son las doce de la noche y me quedan 4, 5, 6 horas de escribir un reportaje que no me interesa ni un poquito pero que me permitirá salir de los números rojos) (al menos durante unos días)

Soy demasiado impaciente para el ajedrez siempre juego al ajedrez express, una manera de perder rápido.

Antes de septiembre de 2001 vivía en un ático frente a la vía en una capital de provincias. Mi hermano pequeño y yo. Junto con un inquilino con el que hacía pruebas de resistencia a ver quién aguantaba más teletienda sin levantarse a cambiar el canal. Teníamos una piscina de plástico y una planta de marihuana indestructible que nadie se ocupaba de atender, pero que volvía a crecer cada primavera. Acababa de salir de un infierno tonto por un caso de orgullo herido que se prolongó 18 meses, terminaba mi primer año y cuarto curso de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y pretendía revolucionar la sección de Televisión del periódico local con estratagemas impropias. Como colarme entre el público de un especial nochevieja de José Luis Moreno, decir lo que pensaba de verdad de una grabación de un programa local o utilizar a mi novia de entonces para ver lo que pasaba en la cabina de realización durante la grabación de Caiga Quien Caiga. Había descubierto el MDMA, que me hacía inmensamente feliz cada fin de semana.
Me habían ofrecido un trabajo glamurosísimo en Madrid.

Por cierto, la otra opción al esguince de conciencia es contar la verdad. Y eso es imposible. Nunca podría decir la verdad, siempre se escucha otra cosa. Malditas interferencias, maldito MacLuhan.

La verdad sólo es
un periódico de Murcia
(Bonilla)

Y por lo demás, yo te voy a pedir apariencias. Falsas o verdaderas. Te dejo ser lo que quieras si tú me dejas a mí.

Y por lo demás y con curiosidad malsana ¿cómo fue tu ex boda?

Y por lo demás

Llegan mis cosas esenciales.
Son estribillos de estribillos.
Entre los juncos y la baja tarde,
¡qué raro que me llame Federico!

Pues sí que es raro, porque yo no me llamo así
y estoy practicando



   jueves, marzo 25, 2004
DIARIO DE DUBLÍN. DIA 3.
VUELVO. BESOS.

Volvió a salir el sol. Salió sobre los vivos y sobre los muertos. Lo primero que hice fue levantarme muchas horas más tarde de lo que había planeado. Lo segundo, dejarme mis múltiples mapas, llenos de rutas y visitas, en la habitación. También me dejé el teléfono de la rubia.
Dicen los folletos que lo mejor de Irlanda es su gente. En el autobús, unos hollingacitos abrieron la ventana de emergencia, el conductor paró y les echó a la calle en medio de una carretera, entre las risas y los comentarios zaherientes de la concurrencia. Acto seguido, un tipo grandote se puso a imitar la voz de una ancianita, mientras las treceañeras de mi lado le hacían los coros a gritos. La gente grita mucho por aquí. Y yo que sé, es todo, la chica de la hamburguesería te coge la mano para darte el cambio, la chica de la tienda se ríe estrepitosamente ("¿tienes la camiseta que dice everybody loves an irish girl?", "really? everybody? you too?"), y, asombrosamente, las camareras de los pubs del centro te sonríen. A ver, contextualicemos, Irlanda es un país con una población de poco más de tres millones y medio. Cada año lo visitan 6 millones de turistas. Supongo que casi todos tendrán que pasar por Dublín. Y no creo que haya muchos que no se tomen una pinta en Temple bar. Y aún así, las camareras te sonríen como diciendo "pobre". De verdad que les hace gracia que pronuncies así y sonrías con cara de bobo.
Lo primero que hice fue pasarme por el centro James Joyce. Hay una sala donde se reunía con su amigo León (el rey de la selva) para discutir cómo complicar las páginas de El despertar de Finnegans que escribía por la mañana. Curiosa forma de trabajar. Había una mesa y unas sillas, el sol entraba por los ventanales, y si encendías un cassete Joyce en persona te leía un capítulo, con un acento de irlandés guasón que a veces hablaba lentamente para luego subir el ritmo como en una ennumeración. Me quedé con la frase de un póster: "¿Tú qué hiciste en la gran guerra? Yo estaba escribiendo el Ulises". Me la voy a poner en una camiseta para responder a los que, cargados de razón, me llaman vago. Vale, yo no he escrito el Ulises, ni siquiera lo alcanzo en cantidad de páginas (porque en calidad ni hablamos, que las comparaciones son odiosas), pero si cuela, cuela. En fin, que ahora que tengo que hacer un reportaje alusivo voy a ver si me lo termino, porque me pasa como con las series de la tele, que nunca consigo pasar del capítulo uno. De momento ya me he leído la web Ulysses for dummies, superinteresante. Si alguien ha estado alguna vez en el Bloomsday que se ponga en contacto con moi para darme información y le invito a una pinta.
Bueno, me está pareciendo un rollo todo esto que estoy contando. Voy en el avión y se me está acabando la batería. En fin, que di vueltas por Dublín, me tomé alguna que otra media pinta, una de ellas frente al Liffey con un par de guitarristas que cantaban una canción sobre el Liffey. Vi los fuegos artificiales de San Patricio desde la noria y haciendo ooooh, a la manera de mi pueblo, con todo el cuerpo, hasta que la familia de la cabina de al lado me siguió -hay que exportar las sanas costumbres, las guturales funcionan estupendamente en todo el mundo-. En la noria sonaba Sinatra, que es algo que me dio mucho que pensar. Qué diferencia de nivel con nuestros feriantes. Claro que subir a la noria también costaba lo que una entrada a los toros. Por ese precio me ponen a Bisbal y les denuncio. (He visto la noria desde el avión, ahí plantada, en Merrion Square. Se veía toda la ciudad como si fuera una maqueta. Y los montes de alrededor como los mapas en relieve que acariciaba de chinorri -claro, hay que ser muy rarito de pequeño para llegar aquí de mayor-). Luego volví hacia el río mientras los fuegos sobresalían entre las casas bajas, se reflejaban en los edificios de cristal y hacían saltar todas las alarmas. Los irlandeses estaban borrachos, berreaban más que nunca, me saludaban guturalmente al cruzarse conmigo (¿ves? idioma universal). Manadas de menores portaban botellas de vino medio vacías o medio llenas, depende, y lucían una envidiable resistencia al frío con esas minifaldas y sin medias (yo, a su lado parecía el tío Poto o un muñeco de nieve, con el moquillo colgando). También se lleva mostrar un poco de tripita entre el pantalón y la camiseta independientemente de cuál sea tu talla (me apunto) y ponerse unas pestañas falsas encima de una base de Titanlux. En fin, todo muy bonito, muy tierno y muy tranquilo, todo para mi álbum, pero nada que merezca vuestro tiempo.
Vuelvo. Besos.



   lunes, marzo 22, 2004
DIARIO DE DUBLIN. DIA 2.
DUBLÍN ES HERMOSO CUANDO NO ESTÁS GRIPOSO

Querida Crispi:
Aquí estoy otra vez. Desde que he llegado me estoy acordando de ti, empezando por los asientos del aeropuerto y la noche tan bonita que pasamos allí. Me gustaron tanto que no me quería ir. Las imágenes que guardaba de Dublín eran las horas de fiebre en la cama del hotel y la calle en la que cogimos el bus al aeropuerto bajo la lluvia. Pero qué va, estuvimos en un montón de sitios. Hoy me acordaba de todos, me sonaban todos los pubs y todos los chiringuitos de comida basura. He pasado por el mcdonalds de O'Connell y por el pub en el que le hiciste la foto al grifo de cerveza. He pasado por el Trinity College. Te juro que lo he intentado, he hecho los deberes y me he empollado la guía, hasta me he vestido con cuidadito, un jersey luego una camisa luego un abrigo que abriga y luego una gabardina para la lluvia, he decidido que iba a visitar lo que pone que hay que visitar. Pero nada, que no tengo alma de turista, que lo único que me sigue interesando de lo que pone en el libro es lo de las tonadas típicas que cantan los borrachos en los pubs. No hay nada que me conmueva en las fachadas del Trinity College. Para el próximo viaje le diré a javierito que me dé unas clases de arquitectura, que es un entusiasta. Tampoco esta vez he conseguido encontrar la entrada a la biblioteca. Yo creo que no hay, que sólo la han visto los que estaban dentro cuando la hicieron, porque si no, no se entiende ¿Sabes que hacía sol? Pues sí, pues flipas, jajaja, hacía sol, y en agosto tú y yo luchando contra los elementos. Y cuando he salido del Trinity College adivina lo que me he encontrado. Una feria, jajaja, lo que les gustan las ferias por aquí. Tiene una noria enorme y mañana me voy a montar. Va a ser San Patricio pronto y hay un montón de cosas por aquí. ¿Te acuerdas de la Rose of Tralee? No he vuelto a ver un concurso con tan poco nivel, jamía, lo ganaba cada elementa ¿te acuerdas del escaparate con las fotos del palmarés? Pues eso. Tengo fotos de Tralee que yo creo que no has visto. Salimos borrachos bajo la lluvia, con varios gorros en la cabeza y un oso naranja en el hombro haciendo de loro. ¿Te acuerdas de que me lo regaló el tipo de la feria de la pena que le dio que fuera tan negado para sacar el premio en la carrera de camellos? ¿Cómo se llamaba ese oso? ¿Oso? He pasado por el parque que tiene la estatua de Oscar Wilde, muy cerca de donde estuvimos haciendo manitas en un banco. He pasado por un centro comercial que parece un merengue de cuatro pisos, al lado del parque ese. He entrado porque una rubia que conocí en el avión me dijo que tenía que entrar ahí a comprar algo, pero cuando he entrado ya no me acordaba de qué. Le he dicho a una chica que me hiciera una foto pensando en mandártela, porque es que estaba todo el rato acordándome de ti, a ver. Ahora me parece una tontería, porque en ese sitio no estuvimos. Ya me haré otra más significativa. Me he comprado una cámara de usar y tirar, cada vez las hacen mejores, pero yo cada vez salgo peor en las fotos, hum, la edad. Cumplo un montón el 26, estás invitada. Bueno, pues eso, que me aburría un poco haciendo el turista. Cuando me aburro es peor, porque empiezo a pensar maldades. Hay un sitio en el sur del que dice la guía que no hay que pasar por allí, porque se cometen delitos relacionados con las drogas. ¿Qué delitos serán esos? ¿Robar drogas es delito? ¿Será agredir a alguien tirándole un chinazo a la cabeza? ¿Será que las venden? No sé, habría que investigarlo. También he descartado atracar el banco de Irlanda, porque tienen cañones. Al final me he decidido por mezclarme con la población, pero tampoco he tenido mucho éxito. Por la calle sólo se me ha acercado una negra muy rara que antes de hablar conmigo estaba hablando sola. Me ha preguntado la hora. Tres veces. Se ve que la pronunciación del número seis la tengo que repasar. Estoy supertorpe. Todo es más difícil sin tenerte de sherpa. Y siempre miro al lado que no es cuando cruzo las calles, ya sabes. Eso sí, he descubierto otra cosa de Dublín que me gusta. La última vez, por supuesto, ni me fijé, pero ahora me gustan las dublinesas. Tienen cara de ser muy simpáticas. Cada diez pasos te cruzas con una que lleva un vestido rojo o unos tacones altísimos como si nunca se hubiera puesto un vestido rojo ni unos tacones. Parecen disfrazadas o debutantes o chicas de pueblo que han venido a una boda. Lo bueno es que estoy en un hotel que tiene de tó, que comparado con los nidos de ratas crujientes y los albergues de ocho literas de la otra vez, pues gana mucho. El email te lo quería mandar desde un ciber, pero no funcionaba el hotmail. Luego, desde aquí, pero aunque he venido a una presentación de un hotel hipertecnologizado no va la conexión. Y con el grado de entendimiento que tengo con los de recepción, como les llame para comentárselo me suben un sandwich de atún. Creo que te lo mandaré desde allí, en cuanto llegue. El hotel es inteligente, que a mí me parece muy bien, pero lo importante no es lo listo que sea si no de parte de quién está. Si toda esa inteligencia la va a usar contra mí, pues casi que prefiero una pensión tonta. Por ejemplo, cuando sacas algo de la nevera se activan unos sensores y se marca directamente en tu factura. Ya me debo de haber bebido el minibar entero, porque me traía unas birritas y en algún sitio se tienen que enfriar. Estoy como Indiana Jones, calculando el peso para hacer el cambio rápido y que no salten los cinco euros de cada puñetera botellita. Superestresante, un sinvivir, me tienen controladísimo. La habitación tiene muchos espejos, un teclado inalámbrico que no funciona y una decoración minimalista, sobre todo en el baño, pero no sé con qué fin. He cenado un kebab y me han subido el desayuno a la cama. Tenías que marcar en una lista las cosas que querías y me he dejado un par de espacios sin cruz, para que no haya habladurías en conserjería. Me he subido en un autobús de dos pisos. Se veía el atardecer entre las nubes, había luz y ¡sol!. Me he comprado una guía buenísima, con 500 direcciones dublinesas, y mañana voy a ir a algunos sitios, como una tienda de ropa pastillera de segunda mano. Me he comprado un bono de autobús para todo el día y me voy a ir todo lo lejos que pueda, espero no bajarme en el barrio equivocado. Si es así, te lego mi biblioteca de guías turísticas afanadas. También quiero ver la National Gallery y quizás busque otra vez la entrada de la biblioteca del Trinity. Como va a ser San Patricio ahora habrá música callejera y fuegos artificiales a las 6. La rubia del avión me habló de un par de pubs, uno superelegante y otro cutrillo y con música en vivo. También me dio su número de móvil, pero no sé si llamarla. Si me canso de pasarme el día solo, llamo. Ah, y para un reportaje me voy a hacer la ruta que se hace en el Bloomsday, o sea la que hace el protagonista de Ulises de Joyce, que empieza bañándose en el río y termina en los prostíbulos de la zona chunga. Así que, si no nos vemos te lego etc. Te voy a comprar una camiseta que te va a gustar. Una razón más para que nos veamos, al menos una vez. Insisto enérgicamente. Es verdad que no te escribo ni te llamo, igual que tú a mí, pero mira que pedazo de carta, vale por unas cuantas ¿no?. Es una tontería pensarlo ahora, pero ¿sabes? si volviera al cruce ese, junto a la iglesia de Killarney, tiraría con la bici para la derecha, justo detrás de ti. Supongo que tú no harías lo contrario, que eres muy cabezona, pero yo ahora sí. Qué tontería ¿no?
Un beso.

PD: No es que estemos en época de revivals, pero chica, es que esto parece que va por rachas y por barrios. Este fin de semana mi hermana ordenó sus papelotes y apareció el libro de Bonilla, Partes de guerra. En su primera página escribí:
Vestida, en tu bañador
azul, hundirás el agua,
y saldrás desnuda, amor ;
que el mar sabe lo que hace
para que te quiera yo.
Está datado en Cádiz, el 11 de septiembre de 2002.



   jueves, marzo 18, 2004
DIARIO DE DUBLÍN. DÍA 1.
11 DE MARZO.

De lo de esta mañana no tengo mucho que decir que no sepais, que es un asco morir porque aún duren los delirios de un pueblerino ridículo que quería ser hidalgo en el siglo pasado, ocioso y repleto de los peores prejuicios de su época, ya anacrónico entonces. Pero se sacó de la manga un logo (copiado) y un exitoso jingle bélico. Y ya se sabe que el éxito publicitario estriba en la cantidad (de veces que se repita el spot), no en la calidad. Si los Corn Flakes consiguieron crear un imperio a partir de un anuncio que decía "ante la escasez de copos de maiz se ruega a la población que no compre más", él también podía. El problema sí que es el nacionalismo.
He empezado el día con la llamada alterada de Betty, que quería saber si estaba bien. Justo después, la madre de Merteuil, con la que llevaba un buen rato de hostilidades destinadas a dilucidar si me tenía que levantar ya o si cinco minutos más, ha llamado llorando. Todos llorábamos, a mí también se me ha revuelto el estómago, aunque he encontrado ahí la excusa que todos buscábamos para evadirnos del dolor sin sentirnos culpables. Tengo que ser fuerte para que ella esté mejor. Las noticias eran desalentadoras, la cuenta macabra de cadáveres iba aumentando y dejándonos sin esperanzas, las llamadas de los que nos querían y no sabían nos ponían un nudo en la garganta detrás de otro, he perdido el avión. Iba muy tarde, pero si hubiera habido taxis y un tráfico normal estoy seguro de que no hubiera sido así. En el trabajo se contaban historias. El hermano del jefe ha cogido el tren anterior. No he podido comer en paz. Me parece como un sueño, decía Merteuil. Y yo ya no sabía qué decir para que la comida no nos supiera tan triste. Cada uno de ellos era yo, con sus temores, sus inseguridades y sus sueños, con sus pequeños actos heroicos, con el retrosueño de primera hora de la mañana, con sus deseos de cambiar el mundo y de ceder el asiento o quedárselo un poco más. Cinco minutos más, sólo cinco minutos más.

Pero ya estoy en Dublín. Alguien se ha rajado en el último momento y he conseguido una plaza en el de las 19,35, concretamente una que incluía una rubia a cada lado. La de la izquierda es de Chicago, y me señala a sus amigas. La he mirado mucho en la taquilla de facturación, estaba justo delante. La de la derecha vive en Dubñín, y hablamos de los días irlandeses para no sacar el tema. "No quería ni venir", "yo tampoco". Me da su teléfono para que salga con ella y su amiga el sábado. Tiene una voz de motete y yo intento abrir los ojos sin mucho éxito, anoche trabajé hasta las cuatro. Es una vez al mes, pero jode. La coterránea de Al Capone me cuenta que estudia nosequé en Toledo, me roza la pierna, le digo que nos encontraremos, que Dublín es un pueblo. El avión da bandazos demasiado cerca del suelo, bromeamos con la idea de que no nos haya pasado nada en Madrid pero vayamos a acabar como pegatinas en una pista aérea de Dublín. Aterrizamos. Y suena en el avión el aplauso acojonado de estas veces, no es la primera vez que lo oigo. Hay viento y frío, llevo una gabardina encima de un abrigo que va encima de una camisa. Llueve. Cuando llego al hotel descubro que a veces puedo decirlo todo en inglés, pero que siempre me pierdo en las frases más simples. Hay una extraña fiesta para periodistas y "analistas" de todas partes. Me pido una Budweiser ("¿badgüeiser?", "¿badgüiser?": "budgüaisar", tampoco era tan difícil, camarero con turbante, podías haberlo adivinado por el número de sílabas). Me dirijo a uno con corbata, con pinta de cortar el bacalao. "My plane has just came and I am very very hungry" "very very hungry?" "yyees". Se va a por la camarera guapita que me dice algo de un sandwich "yes, sandwich" luego me parece oirle algo de unos chiles con carne, pero no pué ser un sandwich de chili con carne. Digo que yes. Evidentemente, acabo comiendo una bandeja de chiles con carne. Supongo que aquí tengo la pinta de alguien que se alimenta cada día de chiles y totopos, lo que pasa es que hoy no tocan totopos. Aquí soy mexicano, pobre de mí, tan lejos de dios y tan cerca de Inglaterra. Da igual que, por una vez, no esté viajando a México, Mi estómago se pasará igualmente toda la noche bailando la Cucaracha. Dos cacatúas me abordan en el ascensor. Las entiendo el principio, cuando dicen que no tengo pinta de turista, y que ninguno lo somos en este hotel. Las inglesas es que se sueltan en cuanto pasan la mediana edad. Luego me pierdo en un monólogo de la más venerable que incluye incómodos silencios con miradas de soslayo en un ascensor inoportúamente detenido. Hasta que me apercibo de que lo que me están explicando es que ya estamos en la planta 1 y que el botón que tengo que apretar es el G de ground.
Camino lentamente entre los informáticos borrachos, me paro a menudo, la gente comenta que es mi quinta vuelta, las anglomozas, vestidas como putas o como espantapájaros (¿quién quiere términos medios?) acercan los bolsos a sus regazos a mi paso, los grupitos comentan que es mi quinta barra. Mi paranoia trabaja a tope cuando no entiendo el idioma. Estoy tratando de cazar un acento o una palabra en español en alguna de las conversaciones. Como es que no, tomo la medida a la barra para beber sin medida. Pido una cerveza belga y me traen una coronita. Me subo a mi habitación informatizada. Después de remover todo el contenido del minibar para colocar mis birras de supermercado leo el cartel en la puerta: "Mini-bar automático completamente automatizado. Cada producto que usted remueva será cargado automáticamente a su cuenta". En mi humilde opinión, la palabra automático se repite más de la cuenta en mi cuenta.
Ponen una peli de Cary Grant.
Huyo de Euronews.
Escribo.



   viernes, marzo 05, 2004
ALGO ES ALGO

en vista de que estoy vago, pesadito y tal os copio este "borrador para el comienzo de un relato" que me he encontrado por ahí. Jo, las visitas están bajando mucho. Debo de estar haciendo algo mal. bua.

Ahora que todo está perdido, cuando ya se ha borrado la última huella de nuestro amor sobre la arena, cuando tú vuelves a ser tú, y yo soy uno nuevo una vez más, ahora que miro la delicada litografía que me me regalaste la primera vez que comimos juntos, un beso, con los dos lobos solitarios morreándose, con el horizonte de mariposas y orquídeas que se abría entre ellos al separar la tarjeta, justo ahora recuerdo que me dijiste con convencimiento que no lo abriera aún, que esperara a estar dentro del taxi, y recuerdo que tomé las riendas por una vez, que hice algo que todavía me resulta ajeno, que me hace plantearme si el destino se adueña de nuestros actos, si convierte nuestras manos en sus guantes cuando estamos en una encrucijada fundamental y decide hacer algo extraño a lo que somos, tan difícil de imaginar como acto propio como cerrar la puerta de un taxi y despedirlo, abrir un regalo ante las tímidas protestas de la chica, leer su contenido, un beso, y besarte, besarte como tú lo estabas deseando, besarte con torpeza y que a ti te parezca el mejor beso que te hayan dado nunca, que te resulte tecnicamente impecable y te sepa a un caramelo nuevo, aunque sólo tenga el recuerdo del anís de la sobremesa, a veces me pregunto si de verdad eran mis brazos los que te apretaban con fuerza suficiente para que entrases dentro de mí sin traspasarme, a veces me pregunto qué hubiera pasado si me hubiese subido al taxi, si hubiera hecho lo que se esperaba de mí y te hubiera dejado de pie junto a las puertas, dándome las gracias por la comida, sonriente, alejándote sin moverte del sitio mientras yo indico "Cartagena, 12", a veces me pregunto si fueron mis manos, mis labios, mi lengua, si hay un cupido loco manejando estas situaciones para arrojarnos hacia lo imposible, para subirnos en lo inesperado, para robarnos el aliento y hacer que nos reconozcamos sin palabras, que reconozcamos lo que sentimos, que de repente no nos dé miedo ni vértigo la palabra amor, que se despoje de la carne la palabra sexo,...



   martes, febrero 24, 2004
Queríos amigos, ando pedo perdido. Me he ido a una comida y he regresado como el monstruo tambaleante de los ojos rojos. Todo el mundo aquí se ha dado cuenta, porque vocalizo confusamente (me como consonantes, cambio la a por la e y todo ese tipo de síntomas) y me tropiezo con los armarios. Como definitivamente este no es mi ambiente (y como que hay mucha polución acústica, qué gente más ruidosa, unos hablan de fúrgol, otros hacen paquetes con una cinta que da grimilla, otros le dan a la risotada... ¿aquí nadie trabaja?) y como me han mandado hacer tres páginas sobre la Semana Santa de un pueblajo (me han dado un folleto en forma de acordeón titulado "Relación de imágenes que se procesionan en nuestra Semana Santa" con fotos de los pasos coronadas por bocadillos en forma de estrella: Negación de San Pedro, Beso de Judas... Sobre él y sobre el ratón, misericordiosamente, se me acaba de caer la fanta) decido que me voy a ir con algo de lectura al baño. Como estoy con blogs, me imprimo el de trahn, 22 páginas de lectura superedificante que empieza con un post titulado Lesbian lovers from outer space (o La complicidad del sabor salado II) que todos mis compañeros leen un poco en la impresora mientras cierro ventanitas y ventanitas en mi mac (el tiempo es elástico y no atino con el ratón en el cuadradito, definitivamente, estoy pedo). Qué vergüenza me da, quiero ir a casa a dormirla, cada vez que me levanto me tropiezo con algo. Hola.



   martes, enero 20, 2004
a quién le importan, escrito está en mi alma, las efemerides, vuestro gesto.



   martes, diciembre 09, 2003
"Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo mismo no me encuentro demasiado bien"
(ésta no sé de quién es)

Supongo que al final es verdad eso de que las cosas tienen su caminito, que de tanto rezarle de cani, conseguí un ángel de la guarda y soy un tipo con suerte hasta cuando no la tengo. Ayer me ardía y me dolía el pecho, tenía un ataque de ira con profusión de taquicardia que me estaba asustando. Pero encontré un Valium. Y, justo después, miguelito, mi sicólogo, decidió hacer de séptimo de caballería en una peli de sábado por la tarde y llamarme. Y es que esta relación, me temo, sólo se podía analizar en términos médicos. La buena noticia es que puede que esto se ponga más divertido a partir de ahora.



   viernes, diciembre 05, 2003
Si os he de ser sinceros, tenía pensado echarme una siesta en el baño con esta media hora que me sobra. Vengo del Casino, de comer la tortilla del siglo XXI del pesao del Adriá sin mancharme, qué mayor, y de beber por este orden Valbuena, Marqués de Riscal, Barón de Bilches, Marqués de Riscal, Marqués de Cáceres, Marqués de Riscal, Viña Nosequé (estaba ya como para). Todos reservas y gran reserva, así que si no me he ganado la siesta yo, no se la ha ganado nadie. Pero me he puesto a leer a chatín y me le he imaginado leyendo mi post del lunes y, quizás, poniéndose triste sin motivo, bueno, con todos los motivos que él tiene. Y como todos somos perdedores y todos somos aves fénix y todos descubrimos sólo en cabeza propia que los problemas sólo lo son de verdad cuando se convierten en obsesiones (lo cuál lleva implícita la receta para deshacerse de ellos) he pensado en contar mi noche de anoche para que se eche unas risas o se distraiga o algo, y se salve un ratito de lo que le martillea. Va por ti, maestro.

Veamos. La cosa empezó cuando V la belga me invitó a la inauguración de la exposición de su amiga. Calibré el momento, la oportunidad (partido del Madrid-Madrid en todos los bares) y los contras (porcentaje de chicas asistentes a las que les gustan las chicas) y decidí que era una buena idea echar un vistazo a todas esas artistas con abrigos de fantasía hasta los pies. La cosa empezó bien, vino de Rioja, palomitas y unas obras raritas que daban para lucirse. "A ver, tú ponte delante de la instalación. Empecemos por el olfato. No huelas los cuadros, huele la idea del conjunto. Ahora el tacto, el oído, el gusto y por fin la vista. Ahora únelo todo". Se me ocurrió un día con Jose, que es un cenutrio que se pasó una exposición entera diciendo "eto que coño é", y funciona siempre. Luego fuimos a cenar a un loft escondido en una especie de garaje cerca de la casa de almu, a la que abrasé a llamadas. Mmm, ¿qué estaría haciendo?. Todo era estupendo hasta que llegó la cuenta. Hasta entonces estuvimos hablando de política, que ya sé que está prohibido, pero bueno, era lo que había. Enfrente estaba un gallego nacionalista antinacionalista que decía que no. Así, en general. Y en particular que no, que la base del nacionalismo no es el etnocentrismo sino un deseo de contar con gobernantes cercanos. Ya te digo. Precisamente de eso se habla en los mítines. De todas formas, a lo mejor sí que está eso en la cabeza de los votantes, pero no en la de los votados. Más vino, por favor.
Los cuatro que quedan siempre (¡sí! ¡estaba yo!) se fueron a un bar. Hablé con la artista, que me parecía superinteresante. Y mona. E interesada. Luego me presentó a su hijo, que me sacaba cabeza y media y puso su silla inquietantemente cerca mientras la chiquilla me explicaba, con la voz de Elvira Lindo y algo de su presencia, que todo el mundo y ella misma veía en sus cuadros y esculturas pollas en erección y coños y artilugios y yo intentaba cambiar de conversación, ejem. Luego todo lo que hablaban V y ella sobre religiones, la culpa como fuente de los males de nuestra sociedad y el materialismo acumulativo como intento fallido de alcanzar la felicidad me resultó tan cierto y tan revelador que me resulta sospechoso hoy mientras lo intento recordar.
Luego buscamos otro bar por La Latina. Encontramos uno abierto en la calle Segovia. Pero vi, un poco más abajo, un neón que me hipnotizaba, que me llamaba por el nombre con el que sólo saben llamarme los líos y vociferé "¡ese, ese, ese!". Se llamaba La Noche. Creí que nada podría superar el piano karaoke del Tony 2 al que me llevó Noe, pero sí. La Noche son los dominios de un grupo de señoras mayores, algunas de más de sesenta, chavalines de cincuenta, un conductor de Alsa y un clon de Carlos Latre teñido de rubio. No había nadie que no estuviera tambaleándose. Bueno, sí, un enigmático señor de pelo blanco envuelto en humo de pipa en un rincón, el demiurgo, supongo. Nada más entrar nos dio un ataque de risa. Me pasé todo el tiempo intentando contener las carcajadas, más que nada para evitar linchamientos. Ellas, más que bailar, mantenían el equilibrio y ellos intentaban poner la mano más arriba o más abajo. El Latre falso se caía de vez en cuando sobre los sillones de ciertopelo rojo. La música era el Fary, la Pantoja, pachanga de bailar en grupo, todo acoplándose continuamente. Había decenas de focos de colores, bolas de espejo, tiras de luces de árbol navideño, y, como quiera que el local estaba cubierto de espejos, el fulgor parecía la iluminación de Eyes Wide Shut, terminaba por hacerte entrecerrar los ojos y aumentaba la sensación de que no nos habíamos metido en un bar sino en un sueño raro. De pronto, todo se aclaró, salió el artista, Tiny Ferreiro, primero con un disco de fondo y luego con su guitarra. Él cantaba cosas como La romería de Victor Manuel, pero el público era todavía más bestia y le pedían canciones como Paquito el Chocolatero. Él, cada vez que cogía aire entre estrofa y estrofa decía: "¡puta madre!" y al final de cada canción soltaba el mismo discurso: "nos lo estamos pasando de puta madre, de puta madre, de puta madre". Y la gente aplaudía mogollón. Sus otras frases estaban dedicadas a zaherir a cualquiera que se metiera en su escenario, que no era otra cosa que un trozo del bar sobre el que él había trazado una línea imaginaría. "A ver, el cobrador del autobús, que no se ha enterado de que ha empezado ya el espectáculo". El Latre entraba de vez en cuando y se caía y le sacaban. Fui al baño y el de Alsa le guiñaba el ojo a V y se agarraba a todo lo que se movía. Allí me encontré con un tipo, supongo que en tercer grado, que me pidió perdón por tener la puerta cerrada. "No es por -y me gesticulo con todo lujo de detalles una sodomización-, es por -y me gesticuló lentamente cómo le ponían una navaja al cuello y se lo rajaban de parte a parte-". "Sí a estas horas no te puedes fiar" (y yo ya mearé en casa). No podía ser fruto de nuestra imaginación. Nadie tiene tanta imaginación.
Ahí fue, cuando me senté, cuando no pude más, tenía los labios morados de mordérmelos y se me empezaron a caer unos lagrimones. Lloré de risa, me retorcí, no podía más, me dolía todo. V tampoco. Asi que antes de que acudieran todos, como en la peli de los ultracuerpos, a por nosotros, decidimos irnos. Nada más llegar a la calle empezamos a desternillarnos y ya no pudimos ni decirnos adios antes de entrar en el taxi. Me encanta Madrid. Estoy deseando cumplir los cincuenta para hacerme habitual de La Noche.



   miércoles, diciembre 03, 2003
En Bombay dicen que hay
terrible peste bubónica.
Aq