jueves, 5 de julio de 2007

La primera sandía de la temporada me la comí hace tres semanas en Roma. Salía de Stazione Termini. Tenía todo el fin de semana por delante. Tantísimo tiempo. Las termas de Diocleciano al frente, las romanas minifalderas y asustadizas esperando en el paso de peatones, la mussoliniana Piazza de la Reppublica apareciendo de pronto. Y en una esquina un puestecillo de frutas con grandes trozos de sandía a un euro. Le hinqué el diente y me supo a verano. A todo eso del verano, infancia, césped, tiempo, yo, yo nuevo. Venga va, lo voy a poner: libertad. Más a cada mordisco. Pasé por las Quatro Fontanas de Bernini mordisqueando la cáscara. Más.

La segunda sandía de la temporada me la comí hace dos semanas en Venecia. Era parte del desayuno del gran hotel, con su propio canal con yatecitos. Un poco menos roja y más domesticada. Partida en cuadrados. Sentados junto al canal, en la terraza, desayunando con pocas palabras. Merteuil me dijo: creo que deberíamos dejarlo por una temporada. Hubo un silencio largo. Luego yo dije esta sandía está un poco pasada.

martes, 3 de julio de 2007

"Como el futuro empieza hoy, les anuncio una medida de gran alcance. Cada familia con residencia legal en España recibirá 2.500 euros por cada nuevo hijo que nazca en nuestro país".

Zapatero, esta mañana en su discurso del Debate del Estado de la Nación.

Me alegra mucho saber que mis impuestos (300 euracos en la Renta, la cuarta parte de mi devaluado sueldo el resto del año) sirven para que ZP consiga titulares en el Congreso para tapar un poquito las bombas que le ponen aquí y allá. Me tenían preocupado. Creí que se iban a poner a facilitar de verdad los alquileres para resolver de golpe el acceso a la vivienda y el estallido de la burbuja inmobiliaria en la cara de la peña. O que iban a invertir en llenar el vacío fiscal que producen las desgravaciones salvajes a las grandísimas empresas (grandísimos listos) que se cubre con los impuestos de los trabajadores (la mayoría de las compañías del Ibex 35 terminan el año sin pagar ni una pesetita y con espectaculares subidas en sus ingresos y ganancias). O que iban a arreglar lo de que hasta el más inmundo carguillo tenga un Audi y coma en restaurantes del cojón como si se fueran a acabar el mundo o los solomillos. O, en general, que iban a hacer algo por aquéllo del reparto de la riqueza, antes de que la clase media muera en nuestros brazos.
Pero no, ahí están, haciendo titulares con mi pasta. Menos mal, porque si no tendría que justificar, en general, mi opinión sobre la condición humana con sillón y cargo y, en particular, el por qué no les voto ni a ellos ni a ninguno, ni ahora ni nunca.