sábado, 18 de abril de 2026

En el cumpleaños de mi tabernero

Un día entraré en tu bar, me sentaré pacíficamente en un ladito de la barra y encargaré las bebidas con centilitros de moderación, responsabilidad y cordura. Consumiré estrictamente lo que está en la carta y no me llevaré ningún móvil que no sea mío. En mi cuerpo solo entrarán cosas, pero no saldrá nada, y me iré a la hora del cierre, incluso antes. No habrá accidentes de patinete ni chichones ni dedos cortados. Ni tejemanejes ni citas desastrosas de Tinder. Respetaré las leyes, dejaré el baño mejor de lo que lo encontré y se me entenderá todo todo el rato. Seré, en fin, el cliente más previsible que tengas, un ejemplo para todos los demás, y dejaré, a mi paso, una justa fama de paz y concordia.

En lo que va llegando ese día, consolémonos pensando que son estas desgracias las que le ponen cimientos de roca a las amistades incipientes. Y, cuando no, propician instructivas consultas a la normativa para ver de qué iba eso del derecho de admisión. Cosas enriquecedoras, en todo caso.

Envueltos en mis desoladas disculpas acepta estos tres presentes: un Protos que sólo se embotella en las añadas especiales, con mis mejores deseos de que éste sea un año normal; la primera edición del mejor libro que se ha escrito o se va a escribir en España sobre cocina y comida; y el chiste del viajero en el tiempo:

Aquí no se sirve a viajeros en el tiempo. Un viajero en el tiempo entra en un bar. 

lunes, 6 de abril de 2026

Pues al final sí que me he vuelto loco

Cinco formularios de impuestos a tiro de multa y sin presentar y aquí estamos, a las 3:39 con esto. ¿Estás escribiendo algo últimamente? Sí, le estoy escribiendo a la IA. Que ha sido tan amable de regurgitarme una crítica preventiva muy creativa para lo que es ella para decir: MAL. No seas artificial. Di BIEN.
(puede contener spoilers de 'Mein Libro'. Por si queda alguien que no ha perdido la fe en verlo publicado)

YO: "Hoy vamos a hacer algo muy delicado (...) mi intención fue que todo fuera ambiguo, que el lector pusiera su parte a través de sus creencias y juzgara si lo que está leyendo es fantasía o tiene una explicación real (...)  cuando parece que el lector ya lo ha resuelto, hay otro indicio que le dice que en el mundo de Mein Libro sí que existe lo fantástico. O que no… (...) hay chistes que tienen más gracia si se alargan hasta lo irrazonable (...) Mira, el libro es muchas cosas para mí, una de ellas es juego: jugar con las palabras, ser Mutis, crear un problema medieval que esconda todas las claves, volver a traer a la vida a la señora Patro y los días del palacio de Jorge (los dos únicos personajes con nombres reales que equivalen a personas reales), exorcizar una ruptura y una depresión, esas cosas. Otra es responder a la pregunta que me han hecho mil veces, particularmente cada vez que un amigo saca un libro (han sido muchos) y me pone en la dedicatoria “espero que el próximo sea el tuyo y me lo firmes”. El libro, el libro, el libro. Sin un libro ¿qué es un escritor? Así que tomé el camino de la ficción, pero intenté que no cayera muy lejos de mí (...) llegados al punto en que vi que el libro no funcionaba como artefacto completo, que no salían las cuentas del total (indigesto) sumando las partes (que me funcionaban y no quería tocar), después de muchas vueltas, decidí dejarlo como estaba, autopublicarlo para no pasar por la pena de guardarlo en un cajón. Y dedicarme a otro proyecto, por ejemplo, a darle un sentido a todo lo que he escrito en el blog, depurarlo y publicarlo. Corregir mis poemas y publicarlos. Todo en autoedición, da igual. Para tener el libro, el libro, el libro. Y escribir el siguiente libro, quizás unas crónicas de viajes y periodismo. O quizás algo en formatos cortos, con poca ficción, lo que parece que se me da mejor. O seguir con el blog. 

ELLA: El libro, tal como está, no merece la reescritura que necesitaría. Y la reescritura que necesitaría no produciría el libro que tú quieres (...)  O escribes el libro que te divierte a ti (el juego, el acertijo, la orfebrería) y aceptas que será para pocos, o escribes el libro que puede llegar a muchos y aceptas que tendrás que sacrificar parte del juego. Hacer el sabio intenta las dos cosas. Y el resultado es un libro que deslumbra por momentos y que desconcierta por otros. Que tiene páginas que yo envidiaría si fuera escritor y páginas que se interponen entre el lector y la emoción. Que está lleno de todo lo que sabes hacer y que, por eso mismo, no termina de elegir lo que quiere ser. El martes a las cinco me cuentas qué has decidido. O qué estás pensando. O que me vaya a la mierda, que también es una respuesta válida.

Muy pronto, en las peores librerías: Mein Libro. Si a pesar de lo que has leído quieres saber cómo conseguirlo o hacer una pre-reserva, escríbeme un comentario.