sábado, 3 de agosto de 2013

Amores de verano



Te van a romper el corazón. Te lo van a romper a lo tonto con alguien que diga que se tiene que leer dos veces el periódico porque no lo entiende. Te lo van a romper, da igual.
Los amores de verano caducan enseguida, en lo que se estropea un melón. Las promesas en la playa suenan tan veraces porque tienen un coro de olas. Olas meciendo promesas. Olas de mierda más falsas que un amor de verano. Ni siquiera tienen sentido del ritmo porque ni siquiera son seres animados. Es la luna la que les dice: “bogad”, “empujad”, “levantad montañitas de burbujas al llegar a la arena para estar más encantadoras y simular promesas que no podéis cumplir”. Es la luna. Ni siquiera son ellas. Son unas mandadas.
Y así es el rollo con los amores de verano. Los envía la luna, los envía el calor, los envía el qué voy a hacer en casa sola todo este tiempo, qué rollo.
Bueno, pues toda esta conspiración ha venido a romper en mis orillas. Luna, olas, amor, verano, sol, Cupertone, o si no, una crema de vainilla. Esa puta alianza imbatible me vino a visitar el martes. Y venció, cómo si venció. Me dio por todos los lados, me dio pal pelo. Me dejó cautivo y desarmado y en calzoncillos tres días seguidos.
Ahora las trompetas del Séptimo de Caballería tocan mientras los indios rodean la caravana y yo salto esquivando flechas hasta que no puedo saltar más y me disparan una directa y al ojo. Pienso que debería haberla visto venir, pero que no me han dejado ninguna opción, que han disparado al ojo o al corazón, no sé, no lo recuerdo, estoy cayendo en la trinchera y ya no me valen de nada la pistola, el sombrero, la pala, los galones, los sacos de tierra, mi famoso guiño ladeado, las canciones de hoguera, las noches de guardia, los días de mimar el huerto, los tiros certeros y las cabalgatas hacia el horizonte. De nada, de nada, de nada.
Pero no te atrevas a decir que no lo sabías, que nadie te avisó, porque ésta es una de esas películas que llevan el spoiler en el título: amores d-e v-e-r-a-n-o, fugaces como un cometa que trajera una extinción.

domingo, 7 de julio de 2013

Tú que ya estás allí


Tú que ya estás allí,
dime.
Dime a dónde se llega,
dime si hay esperanza,
si sirvieron de algo
las horas de cocina,
los paseos,
los gritos y los lloros,
el amor.
Dime dónde los llevas,
para qué es esta noche,
por qué agita la vida
ante mis ojos
las promesas, las risas,
las frases ingeniosas,
la brisa de la una,
las miradas furtivas,
los cielos estrellados.
Para qué los agita.

Tú que ya estás allí
donde no hay un allí
señálame qué cosa
se merece esta máquina,
este siempre adelante
de hámster en la rueda.
Indícame qué párrafo
no está lleno de nada,
cuál es la huella firme,
cuál la guerra ganada
para siempre.
Dime qué movimiento,
qué andanada,
qué beso y que retrato,
qué sonrisa y qué duda,
qué no va a convertirse
en química sin alma
y en espuma.