Hoy he cambiado mi horario habitual de chapoteo en la piscina con césped artificial del gimnasio, las 10 de a diario, la hora de los amos de casa, los prejubilados, cuando no jubiladísimos, y los sostenedores de profesiones inciertas. En el turno de la 1, los pies se abrasan más en el césped de plástico y sostienen más músculo; las pieles que se churruscan envuelven más costilla que chicha; y la concurrencia que se sienta al borde de la piscina viene de hacer pesas y no de la cama. Parece injusto que, currándoselo todos como se lo curran, las dos chicas que más llamaban la atención fueran las más operadas. Pero buscarle las injusticias a todas las cosas es un residuo de la infancia y, al fin y al cabo, en algún recoveco de la teoría de la evolución y su selección natural hay un hueco a medida en el que caben los bisturís y los implantes, como todo lo demás.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
viernes, 18 de septiembre de 2020
jueves, 17 de septiembre de 2020
Acordarse de borrar esto
¿He hablado aquí alguna vez de la muerte? Creo que de la mía, no. La gente hace esas cosas en los diarios o en los poemas, imaginan epitafios o despedidas. Pero, si no la mencionas, eso te vuelve inmortal. Yo hasta ahora me había librado. Debería borrar esto.
miércoles, 16 de septiembre de 2020
No cuentes tus sueños
Cosas que sueño y que me grabo en el móvil al despertar, con voz de tiburón ballena: “la vela que se enciende cuando soplas”; “la biblioteca que echa a andar porque todos los niños mueven los pies mientras leen ciertos libros, la Odisea o así”.
Mi padre me contó que las películas de las que la gente salía más cabreada en sus cines de pueblo eran aquellas en las que al final todo había sido un sueño. Se sentían estafados, la peli misma te decía que no había pasado nada, que todo ese tiempo que habías invertido en verla era tiempo perdido. Es un peculiar efecto cognitivo, porque qué más da ¿no? es ficción igualmente.
Con éste, dejo lo de contar los sueños.
martes, 15 de septiembre de 2020
BRAMOR
BRAMOR es el acrónimo de Bravura y Amor que escribo desde
hace años en pantallas de móvil, post-its y folios de aquí y de allá. Es un
recordatorio de la manera en que quiero levantarme por las mañanas,
relacionarme luego con la vida y escribir. Sucede que me tengo que recordar el forzar la
valentía y el amor al mirar a las cosas y a la gente, de la misma manera que a ratos
me digo que tengo que impostar la voz y subir el tono para sacudirme la vulgaridad y la zzzz sosería de lo que quiera que esté escribiendo.