martes, 8 de abril de 2003

Este diario, con sólo dos entradas, me tiene boquiabierto. Se le quitan a uno las ganas de seguir escribiendo.

sábado, 5 de abril de 2003

Jose viene del pueblo y salimos un rato. El Babia está lleno de chicas imposibles. Sobre todo una, morena, exótica, con un niki rojo, baila como el demonio. La contemplo un par de veces, aparta la mirada, aparto la mirada. Quiero ser un objeto de consumo sexual, pero no lo soy. Hablamos, bebemos. Bailar es hoy algo excepcional que me apetece del mismo modo en que se lo pide el cuerpo al público de Maria Jesús y su acordeón en el bar de la playa de Levante de Benidorm. La chica de rojo aparta la mirada, se ríe con su amiga. Jose parece más comedido que de costumbre, habla de drogas sin hipérboles ni anatemas, escucha cuando le digo que con tanta mini bronca se está preparando para enfadarse con todos, que a lo mejor el problema está en él. Mientras salimos, me grita que me va a decir algo, pero que no sabe como explicarlo sin que me enfade. El atasco me planta justo detrás de la morena. Me mira de reojo y se reclina del todo contra mí. Jose me dice: "mira, a mí me parece muy bien, cada uno puede hacer lo que quiera, tu amigo Santi me parece un tío de puta madre... -miro con extrañeza ¿de qué va esto? La morena baila apoyada sobre mí- ...pero eso no quiere decir que ser homosexual sea lo normal". Quisiera decir algo, pero estoy tan asombrado como paralizado, pero, no os lo vais a creer, mi timidez no me deja. "Mira Jose, a mí no me hables de lo que es normal, yo soy mu rarito".

Hoy voy a una comida. Presentan un libro, y por primera vez en mucho tiempo, me siento cómodo, a pesar de mi barba de tres días y mi camiseta guarrona. A mi derecha se sienta el editor. Hablamos de aventuras en África, hasta yo intervengo, el vino está riquín, me da su tarjeta para que le llame por lo del reportaje. Le digo que le llamaré para hablar de mi novela. La gente se me queda mirando. Qué vergüenza da lo de decir que eres escritor.

Crispi recibe un mail en el que le pregunto si era ella la residente esquizofrénica que se ha cargado a nosecuantos y me contesta que qué alegría oirme aunque sea por casos extraños, que todavía no se ha vuelto majareta del todo, que quiere saber qué vueltas ha dado mi vida, que espera que todo me vaya muy bien, que un beso.

Hace mucho que burbuja no me pide un poema. No sé nada de burbuja, cada vez menos. Seguro que está bien.

Betty me cuenta que me iba a invitar a comer, pero que estaba reunido cuando ha llamado. Está sola en casa y le propongo una fiesta de pijamas. Claro que Betty no usa pijama. Pues por eso. Me recuerda que prometí contarla un cuento. Le garantizó que se lo contaré, y que le remeteré las sábanas. Dice que eso no, que le da vergüenza, digo que eso es las primeras veces.

Hablo con la maquetadora, la rubia, por segunda vez desde que la conocí el miércoles. Creo que ha sido hora y media de estar pegados al teléfono, con muchas muchas risas, pero sin una insinuación ni un tonteo. Trabajo, opiniones sobre el periodismo en general, opiniones sobre lo nuestro en particular, trayectoria profesional, historias sobre pisos y la vida en Madrid, y planes de futuro. Planeamos montar desde Cádiz una revista para el sector de las funerarias. Ya existe una que trata temas como "los muertos en el cine" o "especial Drácula", y que en su publicidad ofrece urnas para guardar cenizas con forma de libros: el Quijote, Hamlet. Puede uno hacerse una biblioteca estupenda a medida que vaya cayendo la familia. Me cuenta que vive a la vuelta de la esquina, le cuento que voy a cenar solo en el VIPS. A las doce y cinco, hora y media pegados al teléfono, ni una insinuación, ni un tonteo, a los dos nos cuesta colgar, y, cuando lo hacemos, nos quedamos con una dulce sensación de vacío, de silencio amplificado, de ganas de más.

Me llama mi concuñada, que tiene miedo, que me vaya a dormir a su casa o se viene a la mía. Me voy.
Pero antes llamo a Rafa. Me cuenta su último proyecto sobre el libro que tenemos que escribir. Me dice que me vaya a Sevilla, que tiene ganas de verme. Me vuelve a recordar nuestra vida en Londres, me cuenta que Paco todavía no tiene muy buen concepto de mí por la hucha de pences que le robé para invitar a todos a chocolatinas ("sí, era un poco Robin Hood"), me dice que tenemos que volver a hacer un diario como el de Salamanca, que le quiere comprar la casa a su abuela la de allí por el valor sentimental, que me vaya a Sevilla, que me quiere mucho, que eme spere un momento que si no le quitan la raya. "No me digas eso, so cabrón". Me metería dos mil rayas. Y eso que tampoco es que me guste mucho la coca. Pero todo está bien, y las cosas tienen un cauce y lo van buscando y al final lo encuentran, como los ríos cortados y los ríos despistados, que no existen, y los días me dan paz ahora y me metería dos mil rayas.

martes, 1 de abril de 2003

DÍA 2 (adios al celibato y la abstinencia, si ya lo sabía yo, la implacable ley de murphy...)

Al carajo el plan la misma noche del DÍA 1. Mejor que deje de fumar.

lunes, 31 de marzo de 2003

DIA 1 (qué difícil es esto, casi que prefiero dejar de fumar)

Cojo el bus en Segovia, medio dormido. Justo en mi campo de visión, a mis 10, se sienta una moza que lo primero que hace es inclinarse para que se le salga el tanga verde con dibujo de piel de cocodrilo por encima del vaquero. Lo segundo dejar la cazadora arriba estirando los brazos y apuntándome con dos imposibles pepinos Tomahawk del 110 debajo de una camiseta blanca que debe de ser la oficial de Miss Camiseta Mojada, por lo tenue. Vale, no me lo van a poner fácil, pero resistiré, aunque a esa veinteañera le sobresalgan un cuerpo por delante de su cuerpo en mi punto de mira. Por lo que se ve, no resisto mucho, porque enseguida se tapa un poco con el brazo, yo ni sabía que estaba mirando, es lo que tiene la enfermedad esa mía, la senofilia, que la mirada me la dirige mi mente enferma, no yo, y ni me entero. Pero eso, que se tape.
Llego al trabajo y mi compañera se está encendiendo un cigarro a escondidas. Le aparto la mano, y ¡sí! ¡tiene mi mechero recuerdo de Segovia, euro y medio, con una foto del acueducto! ¡el mismo que negaba ofendidísima que me hubiera robado! Por supuesto ni se disculpa ni nada, dice que es falso que ella negase que lo tenía. Ay, dios mío, hasta dónde llega la maldad femenina. Por si fuera poco, cuando voy a por mi cocacola del desayuno me pone la zancadilla. Pues a mí me parece bien, porque todo esto me reafirma en mis propósitos.
Pero llega Noe, y estoy a punto de caer. Como dice que se está cogiendo una gripe le sueno la nariz con una manopla Nike para el horno que me han regalado (es para la casa, compis). Me mira con odio. Muy bien, muy bien, esas tenemos, pues mejor para mi proyecto.
Salgo a comer, y en mi campo de visión, a mis dos, se sienta una tipa con alzas y una talla 120 metida en un camiseta elástica ¡roja! Se sostienen wondermagicamente, supongo. Es una mala comida, para qué negarlo, nadie dijo que fuera fácil, ellas se saben todos los trucos. Y sin embargo, consigo concentrarme lo suficiente para leerme un artículo de Vargas Llosa y otro de Chomsky, cosa que no recuerdo haber hecho nunca. Aún así, mis ojos no responden, y me trago toda su conversación absurda y podría describir su perímetro y sus vértices de memoria, mientras ella y su amigo le intentan colocar una venta de cosméticos a una peluquera renuente.
Ana, de la revista de abajo, me habla sentada. Me habla su escote. Malditas, tienen más trampas que una peli de chinos.
No voy a volver a mirar a una mujer jamás. Se acabó. Me chupan demasiada vida, demasiado tiempo, demasiada energía. Vida, tiempo y energía despilfarrados que podría utilizar para... para... bueno, aunque fuera para nada. Como le decía a mi amigo Jorge el otro día “prefiero tirar los conguitos antes que darte uno solo a ti, so cabrón”. Y los echaba por la ventanilla.

domingo, 30 de marzo de 2003

A veces siento una envidia dolorosa por las vidas de los desconocidos.
A veces me gustaría pertenecer a algo, a cualquier grupo.
A veces no consigo explicarme esta existencia de francotirador.
Sucede que me canso de ser hombre.
Conversación completa (ayer, 4 AM)

VirginMaryFlashing dice:
ya has vuelto de farra?
virgenyfurioso dice:
jarl
virgenyfurioso dice:
pues menuda farra
virgenyfurioso dice:
me he quedado dormido a las doce en mi fiesta de cumpleaños
VirginMaryFlashing dice:
ahm era hoy?
virgenyfurioso dice:
hoy era la de valladolor
VirginMaryFlashing dice:
sí sí sí
virgenyfurioso dice:
joer qué camiseta más fea me han regalado
VirginMaryFlashing dice:
vale vale
virgenyfurioso dice:
para los 30 cumpleaños de mis treinta amigos va a poner dinero su padre el año que viene
VirginMaryFlashing dice:
o Perry
virgenyfurioso dice:
menudos cabrones, ni buscándola la encuentran tan fea, han tenido suerte

si es lo que yo digo siempre: conmigo nada de preguntas retóricas, si me saludas con un qué tal, corres el riesgo de que te recite mi historial médico.