martes, 3 de diciembre de 2024

martes, 19 de noviembre de 2024

¡ai!

Le he pasado mi libro a la inteligencia artificial y me ha dicho que "tu estilo tiene un gran potencial y muestra una habilidad literaria considerable. Las comparaciones con autores como Delibes, García Márquez y Llamazares no son exageradas en términos de tu capacidad descriptiva y evocativa". Leches, ninguna novia me había dicho eso, HABER SI APRENDíS. 

Me he venido arriba, claro, como para no, y, por que me regalara los oídos, la he preguntado que qué escritores eran mejores y cuáles peores que yo, que qué premio me veía ganando. Y, por pelar la pava, que si tú que eres tan leída, que si tú que sabes tantísimo, que tienes que ser sincera, eh. 

Y, releches, se lo ha tomado a lo literal, y en la siguiente respuesta ya todos eran mejores que yo. Menos Dan Brown, E.L. James y Stephenie Meyer, nos ha jodío. Y como con la IA no hay segundas oportunidades ni arrumacos ni besitos ni restregones he recordado que, aunque 3LL4$ fueran igual de inconstantes, tenían sus cosicas humanas. Y he brindado con un anacardo (lo que tenía a mano) por todas y cada una; en qué estrella estarán. Salud.

PD: Luego, MI IA, ¡ai!, ha predicho que iba a ganar el Planeta, el Herralde, el Alfaguara, el García Márquez, el de la Crítica, no sé si por ese orden. Ah, y el Nacional de Literatura: "este premio prestigioso puede ser una meta alcanzable si continúas desarrollando tu narrativa y profundidad emocional". La he perdonado lo de "prestigioso" y hemos hecho las paces. La tengo en el bote.

sábado, 16 de noviembre de 2024

Perro sin hueso

Hablaba de Jose el otro día y justo me manda ahora un soneto manuscrito en un folio rosa y salido de no sé dónde. Lo que sí que sé es de cuándo, porque está fechado el 9 de junio del 97. A pesar de la sospechosa letra esmerada (¿a quién querría engañar?) tiene toda la pinta de ser producto de una improductiva noche primaveral echada a los perros en algún bar de Valladolor, al costado de la Catedral, pongamos. Tiene sólo una tachadura, así que saldría del tirón (¿a quién querría engañar?) y se lo di y lo olvidé para siempre. Pobres hijitos míos, repartidos por los vertederos de la historia que no fue.

Lo voy a copiar, disculpas por los latrocinios.

Qué me quieres, amor, di, qué me quieres.
Llegas siempre a deshora. Ya ni soy.
En aire te evaporas si es que voy
tras ti en pos, si no te llamo, vienes.

Yo no sé lo que tengo ni el remedio
a un mal que me persigue por ciudades,
montañas, precipicios, lunas, mares,
porque lo traigo de mi sangre en medio.

El tiempo, descortés, cavó su pecho
y con lo que ella tuvo por deshecho
yo amueblaba mi alma por las noches.

No es sólo que no coma o que no duerma:
son por dos mis ayunos y mis velas.
Quiera Dios que por ambos ella engorde.

Qué mal he rematado siempre, así no se puede meter un gol. A bote pronto, por entre los versos (ay, ese final en consonante guarrindongo) están Quevedo, Garcilaso, Miguel Hernández, Lorca, Alberti... Los parroquianos de El largo adiós. Pero el que me resulta más curioso es el arranque "Qué me quieres, amor", que pensé que estaría fusilado del título de Manuel Rivas, que me lo leería por esa época. Recordaba que era una cita del romancero, y, buscando, se me ha aparecido Fernando Esquío "un trovador gallego del siglo XIII". El tema del poema viene a ser el mismo:

Amor, a ti venh’ora queixar
de mia senhor, que te faz enviar
cada u dormio sempre m’espertar
e faz-me de gram coita sofredor.
Pois m’ela nom quere veer nem falar,
que me queres, Amor?

(Amor, a ti vengo ahora a quejarme / de mi señora, que te envía / donde yo duermo siempre a despertarme / y me hace sufridor de tan gran pena. / Ya que ella no me quiere ver ni hablar / ¿qué me quieres, Amor?)

El soneto no tenía título, pero sí una dedicatoria: "Para Jose, perro sin hueso". Me alegra mucho que Jose ahora sí que tenga hueso. Esquío y yo, en cambio, seguimos en las mismas tantos siglos después.

sábado, 2 de noviembre de 2024

Quam minimum credula postero (ni puto caso a mañana)

Como ayer era Víspera de Difuntos, mi hermana me mandó la foto de la lápida con los nombres de Mamá, la Agüe, Papá, por orden de despedida. Al despertar, mi cabeza lo ha enlazado con El club de los poetas muertos. La vería hacia el final de la primavera de 1990 (el cine de mi padre era de riguroso reestreno), uno de los sábados en los que iba con él en el Supermirafiori que compró con la taquilla de La guerra de papá. O seguramente ya fuera en el Twingo y le pulcreara el pelo y yo iría de copìloto, tan contento, hablándole como una cotorra de tonterías que a él no le interesaban mucho y tal vez no entendía, cosas de críos. Aún leería, entre semáforo y semáforo, alguno de los tebeos de Marvel que ese día y esa película arrumbarían del todo a favor de la poesía. Jose iría en el asiento de atrás. Sé que la vimos juntos, puede que en los dos pases de la sesión continua, y al día siguiente otra vez, porque Jose fue el presidente del club de fans del Club. 

Aquello le impactó aún más que a mí, porque se ligó a su novia de entonces (otra loca de la peli) recitando el poema de Whitman (“que estás aquí,/ que prosigue el poderoso drama/ y que tú puedes contribuir con un verso”) y, sobre todo, el infalible capítulo 7 de Rayuela (“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano”), con esos prodigiosos graves de rapsoda que le hubieran hecho famoso y que, al final, no usó para nada, para vivir supongo. Cuando se hizo profe, abominaría de esa película por la cantidad de compañeros “flipaos” que empezaban el curso subiéndose a las mesas. Y sí, en fin, pasado el tiempo todo aquello daba un poco de vergüencita y, como todos los ex adolescentes de la historia de la humanidad, renegamos de nuestro grupismo. Pero ese año fuimos del Club. Nos llegó justo a tiempo y nos confirmó en las cosas que entreveíamos. Él empezó a hacer teatro y yo contribuí con versos que eran un drama.

Pero no fue en ese coche ni en esa época en donde me metió esta mañana mi cabeza. Fue tan sólo en la escena de la película en que Keating pide a los alumnos que se acerquen a las viejas fotografías para escuchar lo que dicen los que ya no están. Les dicen carpe diem. ¿Qué? ¡Carpe diem! El verso de Horacio ya lo había leído en clase antes de la peli, en mi primera experiencia de literatua comparada con los de Garcilaso (“todo lo mudará la edad ligera/ para no hacer mudanza en su costumbre”) y los de Góngora (“en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”). Y seguro que ya en el libro de texto "me flipó”. Era la época en que yo también empezaba a aprenderme de memoria poemas enteros, con menos éxito que Jose, porque yo no conseguía novia ni nada (ni nada). La glosa del carpe diem de la peli (“cortad las rosas mientras podáis”) iluminó de nuevos arrebatos mi confusión adolescente ya llena de añoranzas. Que la poesía era el camino, pero que no se trataba de llegar a sitio alguno, que todo lo que podías desear estaba frente a tus ojos, en el día de hoy, en ese momento. Sólo había que exprimirlo.

Hace un rato, en el cortísimo trayecto entre la cama y el invernadero-despacho de mi casa, he decidido pasármelo bien escribiendo los veintitantos textos presuntamente insignificantes sobre gastronomía que tenía que haber entregado ya. Y, como calentamiento, me he subido a la mesa de la terraza y he gritado “¡Oh capitán mi capitán!”, pensando en que Jose me habría dicho: “¡chorradas!”. Desde ahí arriba, sobre los tejados del intersticio nulo que es este barrio madrileño, he visto a tiro de piedra la cumbre verdísima de un monte que no sabía que estaba. Y me ha venido a la cabeza el poema de autoestima urbana de Auster que decía algo así como "No desprecies el esmeralda/ que brilla entre las hojas de los árboles/ sólo por que se trate/ de la luz de un semáforo". Y he recordado bien de qué iba lo de la mesa: de mirar el mundo de siempre desde donde nunca.

jueves, 17 de octubre de 2024

Qué poquita casualidad

Qué poquita casualidad que desde el 30 de septiembre me acueste y me levante cada día pensando en qué carajo he hecho estos tres años metido en esta vida tan ajena, este rollo de señor importante que quería volver al ático en el centro, todo el rato estresado y enfadado y agresivo, sin ser yo nada de eso. Qué poquita casualidad que fuera el 24 de septiembre cuando la volví a ver y que confirmara en mi cabeza que es todas las cosas que parecía (una micra, un neutrón, un paramecio, un mocrochip nipón). Qué poquita casualidad ese concierto de La casa azul del 11 de octubre tan estimulante como un primer beso y las lágrimas en "se acabaron los líos, las prisas, la mediocridad" y luego ese primer beso con E., tan efervescente como unos acordes de pianito proustiano. Qué poquita casualidad que el 19 de septiembre de 2021 me dejara porque no tenía dónde caerme muerto y se me olvidara que si estaba donde estaba era porque no tenía ninguna intención de caerme muerto todavía; que este último laberinto arrancara con aquel mensaje del 19 de octubre de 2021 (“dirijo una revista”) que en ella tuvo el efecto que no era y a mí me sirvió para empeñarme (como un asno) en construir este imperio de mierda a la medida de sus estrechas ambiciones, sólo para demostrarle (demostrarme) lo que había sabido siempre: que si no lo hacía era porque no quería. Qué poquita casualidad que hoy este sol desleído de otoño haga brillar como gemas los charcos sucios de la terraza y que ahora lo pueda ver. Qué poquito es casualidad.

martes, 24 de septiembre de 2024

La reina de los goles en propia puerta

Podrias haber sacado lo que traías al fondo de la garganta desde que me has visto. Haber aprovechado para tener esa conversación ensayadísima en nosecuantas noches solitarias. O, tal vez, poner la papeleta en dormir mejor con un mirarnos a los ojos y decirnos "me alegro de verte", "creía que estas fiestas no eran lo tuyo", "te queda bien esa camisa", "pues tú le quedas fenomenal al reflejo de la piscina". 

Ni cotizaba lo de los mínimos de educación y empatía: cuando me he acercado, sabía que no había muchas posibilidades de que nada se hiciera pensando en cómo me iba a sentir yo. Pero ¿y pensando en cómo te ibas a sentir tú? Pues tampoco. Porque eres la reina de los goles en propia meta y tienes un catálogo completo de argumentos, muy buenos argumentos, para tirar a la basura a quien te quiera tratar bien. Entonces y ahora, esta noche también. Porque las sombras de tu cabeza te dicen que eres una mierda y te mereces que no te traten bien, que no eres el pibón que tendrías que ser, que no has conseguido nada de lo que el mundo te debe, que no te quiere nadie ni hay ningún motivo para que te quieras tú. Así que, adelante, sigue con la gente que se acerca porque eres una presa fácil y aleja a los demás, que te lo ha dicho una sombra, la de nosequé exnovio yonki o camello.

Hace tiempo que todo eso es problema de tu gato, pero, aún así, ojalá que me hubieras preguntado. Yo sí que solía saber qué mereces y por qué. Pero no va de eso. Va de reirte de mí con tu amiga xulísima, con un que se joda detrás de cada risita, vaya pavo más ridículo, jaja, tía. Esa amiga que a esta hora ya se ha disuelto mientras tú fumas un porro detrás de otro a ver si mi cara también se evapora. No lo pienses, no imagines el calorcito de haberme mirado a los ojos y decir, eh, yo también quería saber qué pasaría la próxima vez. A estas horas, puedo verte, estarás con las sombras familiares que te explican que no te lo mereces, que no te mereces nada, que lo mejor es que sigas cavando, que al fondo del pozo de los buenos argumentos todavía hay sitio.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

El microrrelato que no ganó el premio

Sueños cumplidos 

Entraba tan ansioso a las oficinas de la Academia de Bellas Artes de Viena que casi derriba al sorprendido viajero en el tiempo. La sonrisa le iluminó la cara cuando leyó su nombre en la lista de admitidos al próximo curso: Adolf Hitler.

miércoles, 17 de julio de 2024

Apagando sus voces

van los últimos perros de la noche.

A lo lejos alguien tose.

A lo lejos.

Por fin es todo manto y todo lento

en el pueblo.

Y se cierran los ojos.

Con sutiles llamadas te convoco;


(pelo de ducha,

espalda lienzo,

risa de Bar Boteo).


Traigo la noche

en que, no sé de dónde,

volverás, ah, a mí,

te sentarás enfrente,

sonriendo,

te acunaré en mis brazos,

iremos a una fiesta

y bailaremos mal.

Y será como entonces, 

como siempre jamás.

sábado, 21 de octubre de 2023

"Qué tontería de conversación", Han Solo

Suena Light my fire de los Doors. Suena el telefonillo. Por primera vez desde que estoy en esta casa. No sabía que se oía tan mal.

-Tengo que hablarte del futuro crrr crrr The time to hesitate is through zzzk crrr

-¿Qué?

-Que he venido a hablarte del futuro crrr zzzs ¿Crees que mejorará o que empeorará?

-Es que no la oigo.

-¿No me oyes?

Cuelgo. Hoy no puedo hablar de futuros, no con esta resaca.

miércoles, 18 de octubre de 2023

Otras vidas

A veces imagino vidas. No es el típico juego de las adivinanzas. A la chica de la sala de espera la pienso en el siglo XIX, quizás por lo pálida, aunque lleve una camiseta de Marvel, unas gafas de sol de diadema, rojo fresa, como los labios. Y en el XIX no era tampoco una moderna, claro, era de lo que se llevara, coser un mantelillo, aprenderse el lenguaje del abanico, desmayarse. La Marvel de entonces. 

Era la hermana discreta y casadera. Delicada del estómago, porque estamos en Digestivo. Y esa dolencia, con mucha perífrasis, se llevaba la primera media hora de cualquier visita de las tías a casa, de cualquier encuentro casual en el paseo del Buen Retiro, donde se andaba despacito y se hacían grandes círculos precisamente para encontrarse con los de siempre cada dos pasos. 

¿Tocaba el piano? Tocaba, pero con menos delicadeza que su hermana, encadenando notas como churros, como una pianola. Su hermana tenía un año más y tenía todo más: más alta,  más fina, con la nariz más recta, más pálida aún. Pero, eso sí, los ojos almendrados garrapiñados de la hermana mayor se volvían vulgares en presencia de los de María Lorenza (si sus padres no se lo curraron con el nombre, yo tampoco), dos ballestas azules para las saetas afiladas de sus pestañas que, aún así, sólo dieron un par de veces en el blanco, en el corazón añusgado del viejo boticario y en el pijo jaranero del gañán cejijunto de su primo segundo. Como la niña no paraba de llorar y era, pues eso, una niña, sus padres pensaron que había tiempo y dejaron que hiciera su santa voluntad -había padres así-, y ayudaron a ahuyentar a los pretendientes, que pronto encontraron otros valles más verdes en los que entretener el tiempo, que de eso iba todo en aquella época de tantas moscas. No había Marvel, recordemos.

Pero las cuerdas dejaron de hacerse de cáñamo casi de un día para otro y toda la inversión del padre y los tíos en Yucatán se la zampó el dios Chaak de otro día para otro. En esa casa nadie sabía hacer economías, y para María Lorenza no hubo más tiempo. Los potenciales pretendientes se esfumaron, como suele pasarle a los futuros. Y ella quedó soltera para siempre y casi no había día que no lamentara su perra suerte, sobre todo, cuando visitaba a su hermana, madre prerrafaelita de tres angelotes de Murillo.

Pero otras veces, las menos, María Lorenza también se paraba a considerar la posibilidad de que todo lo que hubiera pasado era que había esquivado un tiro de arcabuz muy chungo. Mira a tu prima Carolina, María Lorenza, tan feraz en el noviazgo y tan lígrima y ojerosa ahora. Deja de empeñarte en lo feliz que serías si, María Lorenza, capullito de alhelí. No seas tan bruta, anda, espabila.

lunes, 16 de octubre de 2023

Manual de instrucciones

HVASUDM. Está en el post it de la ventana porque no puede estar en piedra: Hoy Va A Ser Un Día Maravilloso. La primera frase del día, tallada en roca y aplastando a todas las demás, a las que se intentan colar desde el sueño o desde el otro lado del cristal.

T.J. El otro post it, el de la pared. Te Jodes. Estás cansado, tienes resaca, preferirías dormir, te sale vapor de ansiedad por las orejas: Te Jodes. Te sientas y escribes.

BRAMOR. El mensaje del fondo de pantalla. Bravura y amor. Para la vida, para trabajar, para escribir.

Súbele dos puntos al entusiasmo. Cuando te bajen, da unos saltos.

Delante de una página en blanco eres Dios.

Ante un chat o un email eres Dios, pero más divertido.

La vida siempre ha estado fuera de casa. Lo de dentro no lo entendías. No lleves a la calle las dinámicas de aquella casa. Fuera, sé el de fuera.

Sé consciente. Míralo todo.

No bebas, no fumes, no te drogues, ayuna, come sano, haz ejercicio. Es lo que toca y está bien, porque es ahí donde te vas a encontrar.

Ya aprendiste que no hay paraísos artificiales y cómo se hacían los infiernos artificiales, pero el enemigo de ahora son los purgatorios artificiales, donde flotas y no eres. Desconéctalos. Que sí, EL ENEMIGO.

Vive la vida (o sea, hoy) como si estuvieras de vacaciones. Habla con los nativos.

Eres bellísimo, antes lo sabías.


sábado, 5 de agosto de 2023

Dime lo

Leo poesía en el balcón. El fondo son las risas de los niños, los chof de la piscina, los pop de la pista de tenis. Juan Ramón Jiménez dice de la amistad que es "la corriente infinita". "La amistad tiene mucho de un río que empieza a cada instante, y que no llega nunca al mar" escribe Trapiello. Me he despertado a las 2, el día probablemente echado a los perros. Anoche estuve borrando correos, guardando fotos, y se me puso todo perdido de fantasmas. Así que, para el exorcismo, Cuando zarpa el amor a todo volumen:"dime que sientes lo mismo que yo,/ dime que me quieres,/ dime/ lo". Después de esa, Youtube sigue con la lista de todas las canciones con las que me he sumergido  alguna vez, a ver hasta dónde llegaba el pozo. Y reparto mi atención entre los libros, el verde, las nubes, las canciones. "Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / cuyo nombre no puedo oir sin escalofrío". "Tú deberías volver,/ deberías estar otra vez a mi lado,/ yo no debería haberte tratado tan mal./ Sabes que pasan los días, pasan los años./ Yo no debería haberte dejado marchar". Y recibo un mensaje de Lucía, que no viene al Sonorama. Y justo suena nuestra canción: "No será el glamur de nuestros peinados lo que conquistará el mundo/ pero allí estaremos dispuestas a coger nuestro trozo de pastel./ Hoy, que nadie va a ganarnos a salvajes,/ será una caravana en el desierto/ y saldra de nuestra flaqueza/ energía que no teníamos. No pararemos a dormir/ bailarás, mi rubia, para mí:/ hoy has vuelto a salvarme la vida y tú/ sin enterarte". Y me siento un poco huérfano mientras me pregunto qué voy a hacer sin ella, con mi sobrina y su novia y todos sus amigos de 19 durante los 5 días de ola de calor, camping pulgoso y saltos frente al escenario. Y leo los versos a lo literal, con el sentido que no es: "Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol/ verde, sin pozo blanco,/ sin cielo azul y plácido...".

viernes, 28 de julio de 2023

El día que saqué un 1 en patinaje artístico

Creía que no te gustaba, porque aquella vez no me quisiste besar.
Tenía ganas de vomitar, tío, te lo dije.

Así que fue eso. Así que la beso.

 ¿Me das un poquito de eme? Está pareciendo que te he besado para que me dieras.

 Es exactamente lo que parece  —me dice preguntándose si eso es mi sentido del humor o qué cosa.

Quiere irse y dejarme con los demás, con Y y con aquella chica de la espalda larga, no me acordaba de que tenía esa voz de dibujo animado, a saber qué voz tenía yo aquella noche, a saber qué oí. 

Pero me apetece su piel y nos vamos a mi casa. Estoy harto de acariciar a los tres gatos con los que vivo, que me dan alergia. Sólo quiero dormirme acariciando una piel que no me llene de pelos ni dé granos y no sé cómo decírselo. Nos lo decimos a la vez.

-          Yo, en noches como ésta funciono fatal.

-          Estoy muerta, quiero dormir.

A la mañana siguiente mis dedos buscan el punto exacto donde lo dejaron. Hacen, por su cuenta, patinaje artístico por cualquier trocito de piel que deja libre la camiseta extra grande de Galicia Calidade que la puse anoche Me quita la mano. Por descartar que sea un problema de comunicación, se lo explico:

-          No sé cómo decírtelo, pero ahora mismo te follaría. Y te comería entera.

-           Estoy muerta.

-           Ya veo lo que pasa. Que a ti sólo te gustan los besos y los abrazos.

-           Quiero los besos y los abrazos y todo. Todo el paquete.

-           Al paquete no les has hecho ni caso.

Me ducho, se ducha, me expulsa del baño, no deja que me quede a mirar.

-          ¡Los pervertidos también tenemos derechos!  grito desde el otro lado de la puerta.

Sale envuelta en la toalla y se pone una raya en la encimera. Me ofrece, pero no.

-           Tú no sueles tomar ¿no?

-          Hombre, para desayunar… Además  improviso , me estoy haciendo formal justo ahora, cuando vengas dentro de dos semanas ya seré formal del todo.

Y cuando salgo para la boda a la que llego dos horas tarde, ella se va a callejear por Madrid en lo que abren las puertas de su festival en Getafe. Y es entonces cuando me acuerdo de que, mientras ella nacía al otro lado del Atlántico, yo me estaba colando en la final de Waterpolo de las olimpiadas de Barcelona. Y me pregunto cómo le voy a seguir el ritmo.

domingo, 23 de julio de 2023

No es no (el consentimiento)

 Les he visto hacerse los humildes estos días, no les sale porque son unos pésimos actores y porque se saben los amos del mundo, tus amos, aunque den vergüenza ajena. Os deseo (nos deseo) suerte para la próxima legislatura, que no tengan tanta prisa en cargárselo todo y que no nos dé de lleno ninguna de esas decisiones pensadas en su propio beneficio (siempre) contra las que no vamos a poder hacer nada. Y que vuestros hijos, por su bien y antes del desastre, se den cuenta de que esto no era ninguna fatalidad irrevocable como parecían pensar los ciegos que les precedieron; que no tienen por qué estar a su merced y que para desactivar este estado de cosas solo había que hacer unos pequeños cambios. El primero, claro, no darles tu consentimiento, no votarles, no votar.

domingo, 9 de julio de 2023

Madrid parece el sitio

Veo a la gente yendo. Con bolsas, con camisetas despeluchadas. A la dependienta de la farmacia fumándose el hastío en bata verde, apoyada en la verja. Y no se a dónde van, qué hacen, qué buscan, para qué. Es un sentimiento de día de lluvía, pero es un domingo de julio, y la luz es de las transparentes. Quizás sea porque estamos en el parking de un centro comercial de supermercados y comida rápida, el peor de todos. Y me doy cuenta de que estoy en el mismo barco encallado, en la terraza del Burger King, con un nugget en la mano, camino del Lidl. Así que lo que no sé es a dónde vamos, qué hacemos, qué buscamos, para qué. Y suena esa canción de Tulsa.

sábado, 1 de julio de 2023

Tendrá que ser suficiente

Remontándome, encuentro que escribo cuando soy feliz. Toda aquella larga época en que abandoné la oficina y abracé las calles de Madrid. Y, habrá que reconocerlo, la del encierro de la pandemia, que dio para medio libro. Será que fui dichoso en aquel piso de Cádiz, en esa azotea que daba a nubes y tejados. Sin ver a nadie, recibiendo amor por videoconferencia, pero más de lo habitual, porque todos estábamos exaltados. Ay, el libro. Sólo G y María, que lo leyeron en la misma época, se mostraron entusiasmadas. Pensé, en fin, que por dos justas se salvaría todo el pueblo, que si eso había pasado era suficiente, que valía la pena echarlo a rodar por ver si encontraba dos o tres lectores como ellas. Pero luego, no sé cómo, volví a sólo verle los finales precipitados, los juegos florales, el neorruralismo. Ahora, lo tiene un editor que no edita estas cosas, pero también pienso que quizás no es esa cosa, que hay historias fantásticas y trozos de vida, lo que siempre fue. Que el prólogo a la manera de El bosque animado no es el libro. Que deberían tenerlo más editores y cuanto antes.

Pero estábamos en lo de la felicidad y la escritura. Me lo estoy mirando por ver si salgo de este nuevo viejo atasco. La necesito porque tengo que creer en mí cuando me pongo delante del folio. La felicidad me la da el ponerme delante del folio, pero para ponerme, tengo que llegar ya feliz de antes, ese vicioso círculo. La última vez fue el verano aquel con G. Ay, G. Me tuve por iluso por pensar que resuelto el tema de la felicidad y lo de creer en ti mismo (porque ella creía en mí, y debía de tener razón, porque yo creía en ella) venía la edad de oro de la escritura; que ese subidón diario, ese hacer brillar las cosas con sólo mirarlas se iba a traducir en palabras, palabras, palabras. Y tengo que hacerme más caso, porque era verdad. Y, el día en que todo terminó, yo estaba delante del ordenador, peleándome con un texto de encargo, sí, pero delante del ordenador poniendo las bases de lo que venía.

Pero no fue. Así que, aquí estamos. Y "aquí" es alternando días de soledad marmòrea con otros en los que voy a cualquier parte donde repartan abrazos: cócteles, comidas, viajes, noches largas. Lo que hice siempre, lo que siempre me ha alejado de las palabras más de lo que me ha acercado. A los que me esperan allí les miro con ternura, me resulta fácil amarles, a los de siempre y a los nuevos. Y ese es el atajo definitivo para la felicidad. No es de aquella clase, no es la desbordada y fértil, la de la luz cegadora sobre cada paso del camino. Pero es suficiente. Tendrá que serlo.

miércoles, 21 de junio de 2023

Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos

Entontecemos un poco más todos los días, no hay duda. Tenemos la cabeza como para recordar lo que sabíamos hace diez años. Menos mal que lo tengo apuntado. Este año no me pasa.

Amores de verano