lunes, 14 de septiembre de 2020

Los que se van

 

Murieron M. y C. y mi tío A. y no sentí nada. Con M pasé algunas noches divertidas, de confidencias, risas y frases astutas. Con C hice un par de viajes de descubrimiento. Crucé a América por primera vez a su lado, y me descubrió a Camarón en un viaje en coche por el Levante. Con ambos me llevé instantáneamente bien y mejoraban mi vida cada vez que me los encontraba. Sé que yo a ella y a él también. Con mi tío compartí muchos días de infancia y, a pesar de algunos desencuentros familiares y algunas torpezas por su parte, cruzaba la calle hacia él sonriendo cuando le veía. Sé que les llevo a todos en el corazón, pero no sentí nada cuando me dijeron que habían muerto. Puede que sea por mi visión de la muerte asentada hace tanto. Un fatalismo que me lleva a aceptar la vida como un ciclo que se abre y se cierra cuando tiene que hacerlo. Que me cambia el “pobre” o “qué pena” por un: “ah, mira, el punto final era hoy”. O puede que sea otra cosa.

PD: me posdateo esto tan preocupante que escribí para actualizarme y matizarme: sí, sí que sentí todo y más. Esa forma desarmante de dejarte solo que tienen los que se van; esos recuerdos desfilando uno por uno, que cambian al sepia desleído automáticamente y serán ya sólo tuyos. Pero lo sentí más tarde, porque, al parecer, el estupor es lo primero que te llega y te deja paralizado todas las veces, incluso durante meses.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Psicoanálisis

"Es que no sé si hay diferencia entre el amor y la simulación del amor”. La frase se quedó flotando sobre el diván un miércoles cualquiera de la época en la que estaba llevando como podía esa relación tan tensa. La psicóloga podría haberme confirmado que se me daba regular discernir sentimientos para qué hablásemos de por qué. O haberme tranquilizado explicándome que eso no significaba que me hubiera convertido en un psicópata. Pero no, ella ya no estaba tampoco, ya solo emitía carraspeos o subrayaba algo en su bloc hasta que cobraba, en billetes, en mano, al final de la sesión.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Tip del desamor

Como enamoradizo habitual, la técnica más eficaz con la que me manipulaba yo solico era hacer a la Ella que tocase sujeto de cualquier canción de amor que escuchara. Quién no lo ha hecho alguna vez. Yo, todas. Como me he reciclado en misántropo vocacional, ahora me dedico todas las canciones de amor y desamor a mí mismo, me invento que las cosas que dicen las letras me las digo yo a mí. Funciona requetebién.