Mis dos películas favoritas, de las que he bebido con obsesión hasta rebañar cada detalle, me entusiasmaron no hace tanto: La la land y La gran belleza, las de la alegre melancolía, la emoción -ahora lo sé- superior a todas. También algunos de los amigos a los que más quiero, de entre los más leales que he tenido nunca, eran desconocidos la década pasada.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
viernes, 2 de octubre de 2020
lunes, 28 de septiembre de 2020
Don Juan en los infiernos
“He comprendido que le era imposible a nadie amarme, a no ser que le faltase del todo el sentido estético; y, entonces, yo le despreciaría por ello”, escribe el Soares de Pessoa. Si pienso en que a nadie le está siendo posible amarme lo que me viene a la cabeza es cómo cambiar eso, porque solo me sale esa cosas mezquina y utilitaria, ese buscar una solución a un problema; como de anglosajón o de ingeniero. Me pregunto si fui yo quien quiso convertirse en este leño, este árbol apenas sensitivo que mira la estela y no se digna a ver nada, o si estoy purgando ya todos esos pecados de los que no consigo arrepentirme.
sábado, 26 de septiembre de 2020
De qué estábamos hechos
Dos tardes seguidas que empiezan bien, reencuentros, recuerdos, sensación de estar en casa. Dos noches seguidas que se alargan hasta que ya no me caben más excesos y luego un poco más. Así han sido casi todos los reencuentros post primera cuarentena. Y el balance podría ser hasta positivo si no fuera porque la resaca acumulada lo arrasa todo, te desborda de culpa y te recuerda todo lo que habías prometido hacer y que sigue acumulándose, como en otras épocas, como en todas las épocas. Escribir, digo. Este diario, el libro, los pocos únicos reportajes que me han encargado este año.
Uno de esos reencuentros fue con Alba. En un rato, me devolvió un montón de noches, una época entera, en la que era muy feliz embriagándome porque no solo era de los bebedizos habituales, también había risa y belleza; baile y sorpresa; abrazos y amor instantáneo e inconsciente. Y al día siguiente, entusiasmadas ganas de más, tuviera como tuviera la cabeza. Y tengo que recordármelo para poder ponerle un poco de lírica y épica a las noches de hoy, porque tengo que saber juzgarme el presente como me juzgaba entonces. Si no, esto no va a funcionar. No puedo ser otra cosa que lo que soy. Hay que reaprender a sonreír al recordar lo de anoche.