jueves, 20 de abril de 2017

La belleza está en el interior

No sé si las cosas van así, si los chicos se identifican con Bestia y las chicas con Bella y ya. Supongo que no, que habrá un mezcladito, Bella, Bestia, cada uno un ratito, cada pibe la cosa que sea en su momento. Yo he empezado con Bella, la rarita del pueblo que leía libros, pero enseguida he sido Bestia, el que no quiere a nadie y al que nadie quiere. Los feísimos, Bestia y yo, que se me ha roto un diente y lo intento tapar con una barba desbocada y parezco un sócrates yonki. Tanto he sido Bestia, que me he pasado llorando de la mitad de la película en adelante, que dura dos horas. No sé si cuando vi la original, la de dibujos, lloré. Si lo hice me escondería, porque iba con dos amigos a los que no les pegaba nada Disney. Sólo recuerdo eso, que me preguntaba por qué mi amigo se empeñó en que fuéramos a ver esa peli. Precisamente ese amigo, que era un crío de temprana filosofía rocosa: trabajo, familia, pueblo. Creo que me pasé la película esperando que ocurriera algo que justificara el que él nos hubiera llevado. Me acuerdo sólo de eso y del baile, que era un tiovivo que te centrifugaba las emociones.
Justo esta tarde pensaba en que no es que tenga el corazón roto por las decepciones, es que he tenido un montón de corazones sucesivos. Los he roto todos y los he ido reemplazando, como los móviles. No sé de dónde sacaba los otros. Éste es del Rastro, mugriento y deshabitado. Lo pensaba porque, entre todas las cosas prosaicas y burocráticas de mis días de ahora, ha sonado la canción no tan moñas como parece que me recuerda a la Chica Confetti. Y puede que ese sea el único recuerdo en el que me detengo y está bien, el único que se salvó de la portabilidad de corazones, corazones. Ella se acuerda de mí cuando oye esta canción, aunque igual no suena muy a menudo a su lado del Atlántico.

Llevo un tiempo creyéndome todas mis objeciones contra el amor romántico, creyéndomelas de verdad, no como cuando las gritaba fuerte y con golpe en las barras de zinc malasañero. Pero se me olvida -y me lo recuerda Bestia- la función que tiene la esperanza. Tendrá que anticipar un un amor raro, vale, vale porque otro no va a valer, pero que sea esperanza. Recuerdo que entendí de verdad lo importante que era la esperanza en Cuba. En Cuba hagas lo que hagas nunca vas a mejorar, no vas a poder cambiar de vida, no vas a poder prosperar. Cuando la esperanza se te cae, o te la caen, tienes que tener muy buen conformar, quedarte con lo que hay y ya nunca –nunca- aspirar a nada más. ¿Cómo se puede vivir así? ¿Cómo he podido yo vivir así? Sobreviviendo. Me recuerda David que ya no tengo 20 años, me lo recuerda todo el rato. Que sí, claro. Pero es que no es una cuestión de edad, yo nunca he sido de otra manera, sólo cuando me he escondido. No volveré a la vida de verdad hasta que no pueda sentir alrededor la belleza, la verdad y la justicia. Verdad, justicia, belleza: yo os convoco.

lunes, 27 de junio de 2016

Anoche pasé por Génova en plena celebración y un chavalín con camisa de marquita en pezón vino hacia mí y me dijo "no me gusta la barba que llevas". Nunca me habían dicho eso fuera de casa.
El único cambio posible es el que se da dentro de las cabezas. Hay estados de opinión que nacen por ahí, bastardos y callejeros, y luego se transmiten mucho o poco, rápido o lento, llegan a la tele o no.
Hay opiniones que se generalizan de un hachazo. Cuando la revolución francesa, se descubrió de golpe que le podías cortar la cabeza a un rey y más cosas cuando le cortaron la cabeza a un rey e hicieron más cosas.
Y luego hay otras opiniones que nacen en un despacho y tienen una ruta diseñada. Las que tienen éxito adquieren vida propia y se matizan, se transforman, se quedan. ¿Para qué quieren tanto dinero los partidos? Pues para eso, hombre: la opinión pública se puede comprar con la financiación legal o ilegal de partidos e instituciones. Y si no has entendido eso, se te queda esta cara de idiota cuando lo vuelven a hacer.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Díselo con bombas

He pasado estos días con la familia, con la tele puesta a toloquedaba, y ya he entendido las cosas. Yo venía sabiendo que existen los planteamientos complejos y las explicaciones largas, pero eso son cosas largas y complicadas. Si no cabe en una frase, no sirve para la tertulia. Si no es tajante y hasta definitivo eres un moñas poco o nada ibérico. Por ejemplo, hay una respuesta para todo en una palabra: bombardeos. Gente con metralletas aquí, bombardeos allá. Separatistas: bombardeo en las Ramblas. Maltrato animal: bombardeo en Tordesillas. Violencia doméstica: bombardeo selectivo a todos los bares con expendedor de palillos. Penélope Cruz elige pareja fenomenal desde siempre: bombardeo al cine español. Niños cabrones: bombardeo a la guardería. El problema de España, al parecer, no es que no haya soluciones, es que tenemos pocas bombas.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Límites

"Porque lo que nos hiere no son las personas, sino ver destrozados nuestros ideales, y eso nos hace añicos"
Blitz. David Trueba.

Podría empezar esto hablando de loquemepasó. La píscina de la que no sales porque estás nadando hacia el fondo o porque ni quieres ni quieres querer, la sensación de que todo ha seguido rodando y tú te has quedado ahí, agostado, y ya no entiendes cómo se hacen las cosas, la duda razonable de si te habrás vuelto loco, la certeza falsa de que te vas a quedar así para siempre, blablablá; ya está contado. Y si nadie ha entendido loquemepasó, yo el que menos, no me voy a poner ahora a explicarlo, a hacer como que sí. Todo lo más, puedo buscar la cita de Erich Fromm sobre la necesidad de pertenecer a algo para no acabar majara. Somos raritos, de los raritos que ni siquiera tienen muy claro cuándo lo están siendo. Hacemos cosas tontas para encontrar un sitio, vosotros las vuestras, yo, por ejemplo, procurarme una tertulia literaria, querer jugar al cadáver exquisito, subirse a la mesa a recitar, hacer el poliamor cuando no existía. Hemos tenido nuestros ratos de aparentemente encontrarlo, El Primero de carrera con estrippókers en los coches y revolcones compartidos en la hierba, hasta que el suelo volcó; el del blog inicial en el que parecía que no estabas solo y podías escribir tanto como te diera la mano; el de aquella chica con la que te fuiste a vivir, la que sólo usaba tangas y se inventaba diminutivos. Pero al final te hacías a la idea de que ahí tampoco. 
Y, de repente, cuando ya casi ni lo buscas, lo encuentras, hay un huequecillo aburbujado lleno de gente tan rara como tú a la que adoras instintivamente y donde puedes hacer lo que siempre has querido hacer y todas las cosas nuevas que no sabías que podías hacer. 
Y, de repente, lo pierdes todo otra vez, no hay ningún sitio para ti ni entre esa gente tan rara como tú porque no sabes hacer lo que tendrías que estar haciendo.
Erich Fromm, puto profeta: “A menos que pertenezca a algo, a menos que su vida posea algún significado y dirección, se sentirá como una partícula de polvo y se verá aplastado por la insignificancia de su individualidad. No será capaz de relacionarse con algún sistema que proporcione significado y dirección a su vida, estará henchido de duda, y ésta, con el tiempo, llegará a paralizar su capacidad de obrar, es decir, su vida”. 
Y ahí está una explicación tan ficticia como otra cualquiera: por eso ya no quieres salir de tu pocito, por muy idiota que te sientas con todo al alcance de la mano, por mucho que veas cómo te abandonas hasta dejar de funcionar, blablablá.
Así que, olvidémonos de este tema, archivémoslo para siempre en esta introducción de post tan larga, porque ya está contado. El momento es ahora, cuando aparezco ya convertido en un vagabundo que, sólo este mes, ha dormido en tres camas y un sofá. El sofá se abría y me dejaba el culo en volandas a mitad de la noche. Las camas de invitados ya no son tan de muelles. De las mantas ya no se me salen tanto los pies. Desde ninguna de ellas se veían las estrellas. Dos daban a patios interiores, otra, a una terraza llena de trastos, el sofá estaba muy lejos de una ventana con árboles. Cuando salgo a la calle en una de esas casas, lo que hay es un barrio pijo con porteros que preguntan a dónde vas y con señoras lacadas que compran comida preparada al peso; en la puerta de la otra hay un parque y una cuesta muy larga por calles que me dicen ya poco, sólo que conducen al sitio al que parece que quiero llegar; alrededor de la otra hay un montón de palacios y piedras y japoneses haciendo fotos; y la última está a la orilla de un río por el que casi nunca paseo. Casi nunca paseo por ninguna parte. Y ése es el panorama, ahora que ya no me sirve de nada tener criterio ni puntuar las vistas, ahora que como mucho arroz y mucha pasta y algunos bocadillos. Sé que sigo distinguiendo un steak tartare bueno de uno malo y sé que sé a qué huele cada vino y sé que eso nunca fue importante, pero ahora aún menos.
Y tampoco os quería hablar de esto, era más bien de lo de las pastillas. He estado viendo Sin límites, la serie y la película de un tipo que toma unas pirulas que le hacen superlisto. Me he identificado con cada palabra del principio. El médico me dijo que como no me podía recetar cocaína, me recetaba ESO. Y ESO aumenta mi concentración cuando menos me lo espero. Me seca la boca y me hace levantarme e ir de un lado para otro, como si MDMA. Así que me hago la cama y leo cosas difíciles y pongo la lavadora y me da por escribir. No me hace lo que me dijeron que me iba a hacer porque no tengo esa cosa en la cabeza que me dijeron que tenía. Parece ser que sólo soy un poco raro o que sólo me mueven cosas diferentes que a la otra gente. Pero aún así, ESO me seca la boca y me afila los dedos y no sé hacia dónde me lleva, pero me lleva. Están la adicción y los otros efectos colaterales, pero no voy a pensarlo todavía, voy a volver a hacer como que fuera a vivir para siempre, voy a dejarme llevar. De ESO hace sólo dos semanas e igual es otro espejismo y nunca se van a ir del todo la piscina en la que ya no hay que pensar en nada y el nadar hacia abajo y blablablá. Pero, si no lo es, quiere decir
que mi barba de vagabundo y yo sólo estábamos dando un rodeo y que estamos de vuelta. 
que si sigo aquí después de todo es porque, aunque no sepa manejarlo, este planeta sigue siendo mi preferido.