miércoles, 5 de junio de 2002

Anoche me crucé con la camioneta que recoge cartones por la calle. Ya no son gitanos, si no moros. Mientras pensaba en cómo han cambiado las cosas pasaron junto a mí dos tipos con pinta de eslavos que le dieron un empujón, porque sí, a unos soportes de esos que se utilizan para transportar cajas.
Me pregunto cuándo empezará el odio de verdad contra los inmigrantes, cuando habremos oído todos y cada uno la historia de una tía o una vecina a la que han atracado, violado, agredido.
Creo que deberían dejar que entraran todos. No somos mejores, ni tenemos más derechos por haber nacido más al norte o al otro lado del charco. Si ellos se están muriendo de hambre, no veo porque no deberíamos sufrir nosotros las consecuencias de que se metan aquí de diez mil en diez mil. A joderse. Llegará, todo llegará. A ver por dónde revienta esto.

lunes, 3 de junio de 2002

El amor me ha tenido alejado de blogger. Para los escépticos y los envidiosos, sólo decir que cuando Cris llegó el jueves a Madrid y nos fuimos derechitos a la cama no tuvo treintaytantos multiorgásmos ni trece sencillos. Sólo uno. Pero lloró. Lloró, lloró, lloró, después de insistir mucho en que se moría (me muero, me muero, me muero....) El resto del tiempo fue más o menos así de bonito.
El viernes nos encontramos con Carmen en un bar de kebaps. No es casualidad, es mala hostia (con perdón y con hache). Justo acababa de contarle a Cris el juego que nos habíamos traído esta chica y yo en los últimos meses. Cris llevaba mi reconocible colgante. Así que se inició lo que a mi me pareció una sutil pelea de gatas ("¿eres francesa?", "no, es que no pronuncio la egue"). Estaba muy cansado o debo de andar perdiendo el sentido del humor por las esquinas, porque lo que me dio la escena fueron escalofríos, y opté por pirarme para no acabar estrábico de tanto oscilar entre la carita de cielo de mi Cris y el tetamen vociferante de Carmen ladelacamisetadetirantes. No sé si fui bueno o estaba frito, pero dejé a la primera en el correcto camino hacia su casa y no volví en busca de la segunda.
El sábado, tras una pequeña escena alcohólica ("eres malo, eres malo conmigo, me llamas zorrita y yo no soy tu zorrita..."), Cris se fue al baño y me descubrió echando unos centimillos a una tragaeuros justo antes de que me pusiera a peinar el bar buscando pastis. Mi faceta de ludópata en rehabilitación y de yonki en proceso golpeó con fiereza las puertas de su corazón, y me besó y me mordió hasta que me puso el labio rojo. Al parecer sois así ("eres turbio, eres oscuro, sacas lo peor de mí, te quiero..."). Yo no digo nada.
Nos comimos las pastis y estuvo unas cinco horas hablando sin parar. A mí me parecía bien, pero cuando estábamos en la cama seguía igual, diciendo todo lo que se le venía a la cabeza (guarradas, historietas, frases de cariño...) y moviéndose como una lagartija. Sutilmente, le tapaba la boca con la mano de vez en cuando. Como Cris es lista y entiende las indirectas, dejaba de hablar durante casi treinta segundos para volver a la carga. El sexo con sustancias raritas funciona bien al principio, vuelas un poco, pero luego falla todo, que lo sepais. Aunque si hay amor no importa.
Y yo que llevaba dos meses desintoxicándome... Ya el fin de semana pasado me tomé una. Precisamente con las amigas de Cris. Una de ellas, Sandra, me contaba que después de dejarlo con su novio estaba bloqueada. Yo, como el tipo sensible y comprensivo que soy, me ofrecí en repetidas ocasiones para desbloquearla, además de contarle con detalles cinematográficos mis historietas con las cubanas y describirle minuciosamente el tamaño de mi miembro. Impresentable, lo sé. Más teniendo en cuenta que debe de haber 3.500 millones de mujeres en el mundo a las que aburrir o intrigar con estos relatos. Y elegí precisamente a las amigas de Cris. Estoy tontísimo. Además, que, tras sesenta días de abstinencia, la pasti me la tomé tres días antes de que en mi empresa hicieran el reconocimiento médico anual, que incluye análisis de sangre y orina. Una bonita ceremonia médica que, logicamente, me tuve que perder, con gran dolor de mi corazón..
"Mi corazón, paloma desatada". Echo de menos a Cris. Se fue ayer, me puse a llorar y le dije que si estuviera aquí, viviría con ella. Y eso que a mi ex, después de siete años le seguía contestando que ni de coña. También hay que tener en cuenta la depre dominguera y post pasti y lo difícil que es encontrar vivienda para uno solo aquí en Madrid. Pero en general era sincero. Hoy la estoy extrañando más de lo que nunca hubiera creído. En que lío me he metido. Qué tonto soy.
Gran conversación de la humanidad (a la manera de eva):
–Me duele la tripa.
–Oye, pues a ver si va a ser que el redbull está caducado.
–Mmm... "Consumir preferentemente antes de: (ver la base)". ¡Mierda, he visto la base antes de bebérmelo!

miércoles, 29 de mayo de 2002

César se pegó un tiro ayer.
Al parecer ha salido en todas partes, yo sólo tengo aquí la crónica del ABC, con su apellido mal escrito. Primero disparó a su socio, en un estanco de Vallecas. Luego, se voló la cabeza en su coche adaptado. Hace dos años que no le veía. Lo último que recuerdo son sus viajes a La Habana. Nos enseñaba las fotos de sus novias, nos explicaba el negocio de importación de tortugas que quería montar. Le recuerdo arrancando la barandilla de la escalera del palacio que expropiaron a su padre, él desde arriba y yo desde abajo. Le recuerdo, ese mismo día, talando el tejo con el que pensaba hacer un arco ("la madera de tejo es la mejor para los arcos"). Recuerdo la gracia que le hacían siempre mis cosas, como la vez que estuve una semana en Barcelona con mil pesetas. "Eres un genio", y casi lloraba de la risa. Como mi teoría sobre las chicas malas, que eran las que estaban pálidas en septiembre porque habían suspendido y llevaban todo el verano estudiando. Me lo recordaba cada vez que nos veíamos. Le recuerdo cogiéndome cariño enseguida, bebiendo en las fiestas de los pueblos, conduciendo borracho, diciendo groserías a todas nuestras amigas. Le recuerdo contando sus años de la movida madrileña, señalando su calva y explicándome que entonces tenía tupé e iba al Rockola.
Todavía oigo la voz abatida de su prima y me imagino cómo debe de estar Jorge.
Pregunté algunas veces por él, por su ausencia, dicen que se arruinó en sus viajes a Cuba.
Cuando estuve allí, me acordé de César, y pensé que yo habría hecho lo mismo. Gastármelo todo en el paraiso. El paraiso. Eso debía de ser La Habana para él, con su impertinente cojera, su risa estrafalaria y su irremediable calva.
Qué se yo por qué. Le voy a echar de menos. Me siento solo.

lunes, 27 de mayo de 2002

Supongo que le he pedido un poco de todo a este aleph: trabajo, el 300 de Frank Miller gratis, algo de sexo nocturno en un chat sadomaso, amiguetes a los que poder frecuentar en la vida real (eso no lo he conseguido, mira), alguna historia de amor que no salió de la pantalla, piropos, entradas gratis para el cine...

Pero nunca con esta jeta y tan abusonamente. Ya puestos:

-conocer a la niña en mi próximo viaje o cuando ella venga para acá. Y a otra gente interesante que circula por aquí.
-enterarme algún día de quién es la hormiga remolona, la cigarra petarda y toda esa familia (o sea que me lo expliquen despacito como si fuera un poco bruto, que es que si no...
-que Ana (dejémoslo en Ana. Punto) me escriba un par de líneas en los comentarios
-que alguien me invite a una fiesta
-...y sobre todo: que los que pasais por aquí me colgueis el título y el autor (si os lo sabeis) de algunos libros buenos de viajes o de literatura en los que se relate un viaje o se describa una ciudad.

Los colaboradores teneis pagada una caña (real)

viernes, 24 de mayo de 2002

A la manera de pezpalo, pero sin literatura:

Chakira me dijo que la boca era su parte más fea. "Qué va. En España triunfarías con esa boca". "¿Haciendo qué?". Y reímos hasta llorar.

Ana la Cocainómana me dio un beso y me susurró: "mañana te llamo". No se volvió a poner al teléfono.

Pascale, la guía turística, me enseñaba un típico bar inglés. "Ven. Aquí al fondo hay un cuarto muy importante. Aquí se sienta la gente y bebe y habla". Miré a mi alrededor. Cinco mesas y unas pocas sillas en una habitación en penumbra. La cogí de la mano y la besé por primera vez.

"¿Te acuerdas de los versos de ayer?". "No, pero me gustaron mucho", dijo Cris. "Date por muerta, amor –le susurré–. Es un atraco. Tus labios o la vida". Y casi nos damos un cabezazo cuando me acerqué a besarla.

Invité a a Ana la Multiorgásmica a cenar. Nunca nos habíamos visto. Salí al pasillo a a recibirla. No dijo ni hola. Nos besamos. "Supongo que tú eres XX". "No, soy su compañero de piso, él dice que ahora sale". Reimos. La enseñé el piso. Llegamos a mi habitación. "¿Y si nos saltamos la cena?", le pregunté.

"¿Y si me voy a dormir a tu casa?", le sugerí a Ana la Cocainómana cuando ya se iba. "Bien". "Pero en tu cama". "Vale". "Pero contigo dentro". "Sí". Y me metí en el taxi.

Elizabeth dijo que era virgen, que nunca le había pasado esto, que se había enamorado de mí y que quería que nos casaramos. Me metió las manos en los bolsillos y se las saqué despacito, asegurándome de que no había encontrado los dólares. Le contesté que estaba tan loco que, si me cambiaba el rollo y me contaba por qué quería salir de Cuba, me casaba con ella al día siguiente y la dejaba en Madrid para que se buscase la vida. Se lo pensó un segundo, se puso a llorar y repitió que era virgen y que se había enamorado de mí. Me despedí.

El fotógrafo le explicó a Gina que yo le había contado que usaba condones XL. "Es un ssorro", contestó con ese acento tan dulce.

Ana la Buena (¿la Buena? nombre provisional) negó tres veces que leyera este diario. Miente tan mal que hasta yo se lo noté. Dos minutos después me llegó su mensaje al móvil. "Lo leo, y estoy enganchadísima".

"Estoy pensando en irme a ese viaje ¿Qué te parece?". "Para lo tuyo, bien, para lo nuestro, de culo". Un escalofrío. "Voy a tener que volver con mi amante italiano", añadió. En cuanto colgué, anulé lo de Murcia.

El gordo cabrón, con el Audi que yo acababa de rayar y con su casa en la playa, había llamado para asegurarse de que no pudieramos tener siquiera la conversación de despedida. Yo, el escritor en paro, escuchaba de pie junto a ella, la treintañera que quería casarse. Lloraba. "No, por favor, te quiero a ti, y quiero que él se vaya ahora mismo de mi casa", escuchaba al otro lado del teléfono el tipo al que le había presentado a mi novia dos semanas antes. "Vete", me decía, después de casi ocho años juntos.

Trabaja en la competencia. Coincidimos en dos o tres presentaciones y le di mi teléfono. "Estoy borracha, en la habitación del hotel, con una cama tan grande... Qué pena que no estés aquí, me quedaría todo el fin de semana". Sentado frente al mar de Altea, veía el atardecer mientras el móvil me avisaba de que la batería sólo daba para dos o tres incoveniencias más

La explosiva Carmen retomó por tercera vez el tema de lo mucho que le gustaba Operación Triunfo. Se acabó, pensé, y le hice un análisis semiológico de La noche del cazador, la película que vi mientras trece millones de españoles seguían el clímax vital de una chica de Granada. A los veinte minutos se le hizo tarde. "¿Quieres que te acompañe a casa?". "No, no te molestes". "¿Qué has hecho?", preguntaba mi amigo el pajas, "si la tenías a punto". "Hay momentos en los que hay que portarse como un hombre. Estoy muy orgulloso de mí mismo". "Y no podías haber dejado la dignidad para el lunes". Lo pensé dos minutos y empecé a hacer pucheros.

Le regalé una rosa a Henar. Sentados en el cesped de la Iglesia me explicaba que siempre había estado enamorada de mí, que en el interior de los sobres que me mandaba escribía en pequeño "TQ". Se acercó y me metió la lengua hasta el fondo. Me aparté y le expliqué que no quería hacerle eso a mi novia. "Pero si hace diez minutos estabas intentando enrollarte con mi amiga". "¿Yo?". Hubo un silencio incómodo. "¿Me invitas a un bocata de lomo?", dije. Se levantó furiosa y se fue hacia su casa, creo que me llamó gilipollas o anormal. "¡Que mañana te lo devuelvo!", le grité.