/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
sábado, 20 de julio de 2002
lunes, 15 de julio de 2002
VAMOS PALLÁ
Jueves de hace dos semanas: nos cogemos un pedo tremendo el dire y yo en la fiesta cubana. Me dice que ve que tengo mucho futuro (una sola vez) pero que no se puede ser tan lento, que no se pueden entregar las cosas dos semanas después, que la calidad en este trabajo es la rapidez, que un redactor que tarde quince días en entregar un reportaje no es rentable, que cuando sea colaborador tarde lo que me dé la gana, a ver de qué vivo, que... (durante veinte minutos ininterrumpidos). Vale. Cogido. Se pone a departir con alguien de la organización y yo hablo con la churri más cercana. "Preséntame a tu amiga". "Es mi madre". Coño, qué mal ando de la vista. "¡Pues cualquiera lo diría!". Se va el jefe. Se va la chica, me invita a una rueda de prensa al día siguiente. "Oye, y porque no vuelves y nos vamos a tomar algo". "Vale, dejo a mi madre y vuelvo". Me quedo hablando con una amiga suya que no sabe dónde irse de vacaciones. "No hay nada como echar un polvo en una playa cubana, pero no te lleves a tu novio, claro", le recomiendo. Frase incorrecta. Me voy al baño. Me encuentro con el relaciones públicas de un bar de moda en el que hicimos una fiesta de la revista en la que trabajaba antes. Delante de mi hermano dijo aquella vez: "a ti te conozco de otros ambientes". Mentira podrida, pero no me iba a poner a desmentirlo en ese momento tan peliagudo. Pío, pío, que yo no he sido, disimulamos. Al rato lo repitió delante de la relaciones públicas de la revista. Le enviaron una carta para quejarse de eso y otras cosas. Yo dije claramente que no quería que esa historia tan tonta apareciera en la carta. Ni puñetero caso, quitaron mi nombre y la mandaron. Fue el día que conocí a Ana la Cocainómana, cuando su amiga me preguntó si era gay antes de presentármela. Al parecer la historia se difundió por toda la fiesta. "Es que ahora no hay ni un chico soltero y que esté bien que no lo sea". Luego Ana me aclaró que, según ella, el que no lo era, era aficionado a los tríos o a los intercambios. Hay gente que se encuentra con gente más rara que yo. El caso es que el jueves acabé haciendo las paces con este chico y me invitó a ir a Cuba con él y unos famosillos. Maravilloso. Lástima que justo esa semana me vaya a poner enfermísimo. Cuando volví dentro, no quedaba nadie y estaban barriendo. La churri aquella me había llamado al móvil para decirme que no venía. La otra se había escapado sigilosamente. A ver, lógico. Así que ¿para qué irnos a casa? Llame a mi amigo Rafa el sumiller, y me fui a buscarle a un bar en el que me metí el primer trozo de tripi de mi vida (digan lo que digan por ahí). No sé, no fue nada, un poco exaltado y un poco pedo, ná más. Acabamos, a eso de las seis, en un bar boliviano casi cerrado. Una panda de chavos intentaban, con cierto éxito, meter mano a un grupo de españolas aficionadas al baile y al sexo con americanos, actitudes admirables, pero no por mí ni en ese momento. "Oye tú, que aquí nos van pegar un tiro", "pero si se llevan todos muy bien, ¿no ves como se quieren?", "ya, pero si entra la banda rival por la puerta y empieza la balasera no van a preguntar si somos de la banda o no". Intenté entrar en el baño, pero había una pareja follando evidentemente contra la puerta. Entre en el otro, que tenía un cesto con unas tizas para escribir en las paredes y puse algo así como "cabrones, os voy a dar pal pelo" u otra frase agresiva estilo South Park. Cuando salí, el camarero entró detrás y supongo que lo leyó, así que cuando nos íbamos se disculpó, según Rafa, por los follarines del servicio. Se encogió de hombros, movió las manos con cara de pena y balbuceó "speed". Lo intentó otra vez "el speed". Cuando iba a por la tercera, dijo Rafa: "ya, ya, el speed". Lo que une la noche, cómo nos entendemos todos. Mi Crispi estaba de guardia, así que decidí llamarle y presentarle a Rafa. "¿Qué? ¿te hemos despertado?". "No, salgo ahora de trabajar", "coño, ¿y a qué te dedicas? ¿eres puta?". La famosa sutileza de Rafa. Recuerdo aquella Semana Santa que pasamos en Salamanca para que yo me olvidase del feo abandono de Ana Punto, mi lectora. Tuve que esquivar al hermano de una joven a la que llevamos a casa de la abuela de Rafa y que decía que la había violado en el suelo del baño. En fin, 100% de probabilidades de que no fuera cierto, pero así es Rafa, que se pasó una hora en el baño con aquella chica, que el caso es meterse en líos. Como nos lo gastamos todo en cerveza, el hijo de una amable vecina nos traía sopa y otras viandas baratas. Pero como Rafa le llamaba chacha ("oye chacha, que ya hemos terminado, que te puedes llevar la olla") nos quedamos sin comida gratis. también es el mismo tipo que me mantuvo en Londres durante dos meses (el tercero me mantuve yo como pude) y que se gastó todo mi sueldo de una semana (con el que me pensaba independizar de él) en un ratito que pasamos en un bar gallego. Fabada, dos botellas de vino blanco, callos y no sé cuantas cosas más a precio de beluga. Le perdí la pista durante demasiado tiempo, creo que desde el 97, y hace unos meses me le encontré por casualidad en una callejuela. Iba en su moto, y de paquete llevaba a un catalán que estuvo con nosotros en Londres aquellos tres meses. Casualidades. Pero lo primero que hizo fue llevarme a un bareto en el que me clavaron mil duretes por cenar. Liante es la palabra. Ahora, le han dado una columna de opinión en una revista de gastronomía, y quiere que se la haga yo. ¿Pa questán los amigos? Le he dicho que vamos a hacer historia, que vamos a revolucionar el periodismo gastronómico. O eso o quedarnos en casa, nada de medias tintas.
Llegaba a casa a las siete de la mañana y llamé a Cris para decirle unas cuantas guarradas que, por fortuna, ya no recordamos ninguno de los dos, qué bien que las palabras se las lleve el viento. También le conté lo de la chica que había conocido y que me había llamado al móvil, edulcorándolo convenientemente para no quedar fatal y que no se vieran mis malas intenciones. Sentado en la terraza, hablando a gritos por el móvil, pedo perdido, le pregunté si yo estaba tan bueno como para producir ese efecto. Me dijo que no, que para nada, que lo que pasaba es que como tenía un trabajo interesante, quedaba muy bien para contárselo a las amigas. Y vuelve a por otra, gilipollas. Es que no se puede ir tan sobrao, que la pobre Crispi también tiene su corazoncito.
El viernes creo recordar que fue cuando conocí a mis sobrinas nuevas. La niñera rumana era de peli de la Gestapo, pero las niñas no están mal. Sólo que ahora no saben hacer nada y son un rollo.
El sábado me habían preparado una cita en mi ciudad natal con un constructor que quiere denunciar a unos funcionarios por que le quieren cobrar unos kilitos de nada de comisiones. Le aconsejé que se comprara un micrófono para unirlo a la grabadora que ya tenía y se lo puso en el reloj. Ya está grabado, ya están en el bote. Sólo hay que esperar a que solucione su asunto, pagando o sin pagar y luego, a publicar el reportaje. Le recomendé que antes de hacer justicia, se asegurase lo suyo. Que la historia es muy golosa, nunca he hecho algo así, pero uno tampoco es un buitre. Que se sepa.
Por la noche, reencuentro con mis amiguetes. Le dije a Fer, el médico, que tenía algunos problemillas sexuales ultimamente. "¿No se te levanta y sigues tomando pastillas?". "No es que no se me levante, es que antes funcionaba como un reloj y ahora no tanto". "¿Como un reloj? ¿O sea que salía a las en punto y a las y media y soltaba unos chorritos?". Después de recabar la opinión médica decidimos ir a por unas pirus. Luis ha vuelto a casa después de tantos meses golfeando por Gijón. Así que hablamos de un tema que le tenía guardado hace tiempo. "Vamos a ver, todo el puto año dando el coñazo con que para enrollarse con una tía hay que hacer esto y esto y esto, que si hay que ir por libre y no en grupo, que si hay que ser más enrollado, que si patatín y patatán, y resulta que me dice Patricia hace unos meses, que lo que pasa es que tú estás bueno y tienes morbo. ¡O sea que todo ese coñazo, y en realidad eres un inútil que estás bueno! A mí no me vuelves a dar un consejo más". "La verdad es que tienes razón. Y tiene mérito lo tuyo siendo tan feo como eres". Fue una noche de reencuentro plagada de hostilidades. Tanto que no pude salirme del papel y me puse borde con un portero de discoteca, con el consiguiente peligro para mi carita.
La mañana de aquél domingo fue bastante pesada, con una vuelta a casa llena de arrepentimiento por parte de todos menos de mí. Aún así, dejo las pirulas... para ocasiones muy especiales. Me decía hoy Cris que eso ya lo había dicho antes. Pero no, antes dije ocasiones especiales, y ahora, ocasiones MUY especiales. Es que de las especiales las hay casi todos los días. Aprovecho para deciros que las pirus son malas. Lo principal es que seguro que me están jodiendo el cerebro, aunque nadie haya notado la diferencia. Pero de lo que estoy muy seguro es de que:
a) te crean problemas de sueño, no soy capaz de dormir por la noche y no soy capaz de llegar antes de las doce al trabajo, cuando debería entrar ¡a las ocho! ¿Cuanto más duraré así en el trabajo de los sueños de tanta gente, como lo definió mi dire el otro día?
b) te crean disfunciones sexuales. No me preocupa todavía, pero podría llegar a ser una putada. Además, no te apetece enrollarte con una desconocida, ni entrar a nadie en los bares. Estás en tu mundo.
c) acaban volviéndose una diversión triste y obsesiva. Si no tienes pastis parece que no te vas a divertir. Cuando llevas tantas, ya no es tan fuerte ni tan divertido.
d) un paranoico pastillero acaba convertido en una redundancia.
Que conste que creo que hay que saber usarlas y entonces sí. Mi edad y mi formación no están mal para este tipo de cosas, y al principio las usé como un método para conocerme. Pero no tengo suficiente voluntad, como casi todos. Así que, sólo para festivales, mi viaje a Amsterdam y ocasiones en que todos las tomen, celebremos algo y no haya moros en la costa del día siguiente.
Toda la semana escaqueándome. No puede ser, ya no tengo edad. Un día que llegué brutalmente tarde, me puse el traje, para que pareciera que venía de una rueda de prensa o para imponer más respeto y que nadie se metiera conmigo. Son trucos peregrinos, que más o menos funcionan, como escaparse del cole andando hacia atrás (como en los tebeos de Mortadelo), encabezar la chuleta de economía escrita en la mesa con un "sociología" que despistase al profesor, añadir a una M de mal que me había puesto en un examen autocorregido una B para que se quedase en MB (muy bien) y contarle al Cid Cateador que es que eso era lo que se ponía en el colegio al que iba antes, con la consiguiente bronca –odiaban el colegio del opus al que iba el año anterior, me odiaban a mí–, vomitar por toda la casa y explicar que lo que me había sentado mal de las doce botellas y el queso que nos habían regalado por ganar el concurso vestidos de nube, era el queso, utilizar el chantaje emocional y sexual como ÚNICA forma de comunicación con mi pareja... Y etcétera. No puedo pasarme la vida escaqueándome, usando sucios trucos infantiles. Un día me pillan.
Este jueves se cumplían diez años desde que se fue mi madre. Lo que daría porque me acariciara el pelo, con la cabeza apoyada en su sofá. "Ay, Felipito", me decía. Y no, no es mi nombre. Es el del amigo de Mafalda, que leía tebeos, vivía en otro mundo, tenía dientazos y nunca nunca hacía los deberes.
Jueves de hace dos semanas: nos cogemos un pedo tremendo el dire y yo en la fiesta cubana. Me dice que ve que tengo mucho futuro (una sola vez) pero que no se puede ser tan lento, que no se pueden entregar las cosas dos semanas después, que la calidad en este trabajo es la rapidez, que un redactor que tarde quince días en entregar un reportaje no es rentable, que cuando sea colaborador tarde lo que me dé la gana, a ver de qué vivo, que... (durante veinte minutos ininterrumpidos). Vale. Cogido. Se pone a departir con alguien de la organización y yo hablo con la churri más cercana. "Preséntame a tu amiga". "Es mi madre". Coño, qué mal ando de la vista. "¡Pues cualquiera lo diría!". Se va el jefe. Se va la chica, me invita a una rueda de prensa al día siguiente. "Oye, y porque no vuelves y nos vamos a tomar algo". "Vale, dejo a mi madre y vuelvo". Me quedo hablando con una amiga suya que no sabe dónde irse de vacaciones. "No hay nada como echar un polvo en una playa cubana, pero no te lleves a tu novio, claro", le recomiendo. Frase incorrecta. Me voy al baño. Me encuentro con el relaciones públicas de un bar de moda en el que hicimos una fiesta de la revista en la que trabajaba antes. Delante de mi hermano dijo aquella vez: "a ti te conozco de otros ambientes". Mentira podrida, pero no me iba a poner a desmentirlo en ese momento tan peliagudo. Pío, pío, que yo no he sido, disimulamos. Al rato lo repitió delante de la relaciones públicas de la revista. Le enviaron una carta para quejarse de eso y otras cosas. Yo dije claramente que no quería que esa historia tan tonta apareciera en la carta. Ni puñetero caso, quitaron mi nombre y la mandaron. Fue el día que conocí a Ana la Cocainómana, cuando su amiga me preguntó si era gay antes de presentármela. Al parecer la historia se difundió por toda la fiesta. "Es que ahora no hay ni un chico soltero y que esté bien que no lo sea". Luego Ana me aclaró que, según ella, el que no lo era, era aficionado a los tríos o a los intercambios. Hay gente que se encuentra con gente más rara que yo. El caso es que el jueves acabé haciendo las paces con este chico y me invitó a ir a Cuba con él y unos famosillos. Maravilloso. Lástima que justo esa semana me vaya a poner enfermísimo. Cuando volví dentro, no quedaba nadie y estaban barriendo. La churri aquella me había llamado al móvil para decirme que no venía. La otra se había escapado sigilosamente. A ver, lógico. Así que ¿para qué irnos a casa? Llame a mi amigo Rafa el sumiller, y me fui a buscarle a un bar en el que me metí el primer trozo de tripi de mi vida (digan lo que digan por ahí). No sé, no fue nada, un poco exaltado y un poco pedo, ná más. Acabamos, a eso de las seis, en un bar boliviano casi cerrado. Una panda de chavos intentaban, con cierto éxito, meter mano a un grupo de españolas aficionadas al baile y al sexo con americanos, actitudes admirables, pero no por mí ni en ese momento. "Oye tú, que aquí nos van pegar un tiro", "pero si se llevan todos muy bien, ¿no ves como se quieren?", "ya, pero si entra la banda rival por la puerta y empieza la balasera no van a preguntar si somos de la banda o no". Intenté entrar en el baño, pero había una pareja follando evidentemente contra la puerta. Entre en el otro, que tenía un cesto con unas tizas para escribir en las paredes y puse algo así como "cabrones, os voy a dar pal pelo" u otra frase agresiva estilo South Park. Cuando salí, el camarero entró detrás y supongo que lo leyó, así que cuando nos íbamos se disculpó, según Rafa, por los follarines del servicio. Se encogió de hombros, movió las manos con cara de pena y balbuceó "speed". Lo intentó otra vez "el speed". Cuando iba a por la tercera, dijo Rafa: "ya, ya, el speed". Lo que une la noche, cómo nos entendemos todos. Mi Crispi estaba de guardia, así que decidí llamarle y presentarle a Rafa. "¿Qué? ¿te hemos despertado?". "No, salgo ahora de trabajar", "coño, ¿y a qué te dedicas? ¿eres puta?". La famosa sutileza de Rafa. Recuerdo aquella Semana Santa que pasamos en Salamanca para que yo me olvidase del feo abandono de Ana Punto, mi lectora. Tuve que esquivar al hermano de una joven a la que llevamos a casa de la abuela de Rafa y que decía que la había violado en el suelo del baño. En fin, 100% de probabilidades de que no fuera cierto, pero así es Rafa, que se pasó una hora en el baño con aquella chica, que el caso es meterse en líos. Como nos lo gastamos todo en cerveza, el hijo de una amable vecina nos traía sopa y otras viandas baratas. Pero como Rafa le llamaba chacha ("oye chacha, que ya hemos terminado, que te puedes llevar la olla") nos quedamos sin comida gratis. también es el mismo tipo que me mantuvo en Londres durante dos meses (el tercero me mantuve yo como pude) y que se gastó todo mi sueldo de una semana (con el que me pensaba independizar de él) en un ratito que pasamos en un bar gallego. Fabada, dos botellas de vino blanco, callos y no sé cuantas cosas más a precio de beluga. Le perdí la pista durante demasiado tiempo, creo que desde el 97, y hace unos meses me le encontré por casualidad en una callejuela. Iba en su moto, y de paquete llevaba a un catalán que estuvo con nosotros en Londres aquellos tres meses. Casualidades. Pero lo primero que hizo fue llevarme a un bareto en el que me clavaron mil duretes por cenar. Liante es la palabra. Ahora, le han dado una columna de opinión en una revista de gastronomía, y quiere que se la haga yo. ¿Pa questán los amigos? Le he dicho que vamos a hacer historia, que vamos a revolucionar el periodismo gastronómico. O eso o quedarnos en casa, nada de medias tintas.
Llegaba a casa a las siete de la mañana y llamé a Cris para decirle unas cuantas guarradas que, por fortuna, ya no recordamos ninguno de los dos, qué bien que las palabras se las lleve el viento. También le conté lo de la chica que había conocido y que me había llamado al móvil, edulcorándolo convenientemente para no quedar fatal y que no se vieran mis malas intenciones. Sentado en la terraza, hablando a gritos por el móvil, pedo perdido, le pregunté si yo estaba tan bueno como para producir ese efecto. Me dijo que no, que para nada, que lo que pasaba es que como tenía un trabajo interesante, quedaba muy bien para contárselo a las amigas. Y vuelve a por otra, gilipollas. Es que no se puede ir tan sobrao, que la pobre Crispi también tiene su corazoncito.
El viernes creo recordar que fue cuando conocí a mis sobrinas nuevas. La niñera rumana era de peli de la Gestapo, pero las niñas no están mal. Sólo que ahora no saben hacer nada y son un rollo.
El sábado me habían preparado una cita en mi ciudad natal con un constructor que quiere denunciar a unos funcionarios por que le quieren cobrar unos kilitos de nada de comisiones. Le aconsejé que se comprara un micrófono para unirlo a la grabadora que ya tenía y se lo puso en el reloj. Ya está grabado, ya están en el bote. Sólo hay que esperar a que solucione su asunto, pagando o sin pagar y luego, a publicar el reportaje. Le recomendé que antes de hacer justicia, se asegurase lo suyo. Que la historia es muy golosa, nunca he hecho algo así, pero uno tampoco es un buitre. Que se sepa.
Por la noche, reencuentro con mis amiguetes. Le dije a Fer, el médico, que tenía algunos problemillas sexuales ultimamente. "¿No se te levanta y sigues tomando pastillas?". "No es que no se me levante, es que antes funcionaba como un reloj y ahora no tanto". "¿Como un reloj? ¿O sea que salía a las en punto y a las y media y soltaba unos chorritos?". Después de recabar la opinión médica decidimos ir a por unas pirus. Luis ha vuelto a casa después de tantos meses golfeando por Gijón. Así que hablamos de un tema que le tenía guardado hace tiempo. "Vamos a ver, todo el puto año dando el coñazo con que para enrollarse con una tía hay que hacer esto y esto y esto, que si hay que ir por libre y no en grupo, que si hay que ser más enrollado, que si patatín y patatán, y resulta que me dice Patricia hace unos meses, que lo que pasa es que tú estás bueno y tienes morbo. ¡O sea que todo ese coñazo, y en realidad eres un inútil que estás bueno! A mí no me vuelves a dar un consejo más". "La verdad es que tienes razón. Y tiene mérito lo tuyo siendo tan feo como eres". Fue una noche de reencuentro plagada de hostilidades. Tanto que no pude salirme del papel y me puse borde con un portero de discoteca, con el consiguiente peligro para mi carita.
La mañana de aquél domingo fue bastante pesada, con una vuelta a casa llena de arrepentimiento por parte de todos menos de mí. Aún así, dejo las pirulas... para ocasiones muy especiales. Me decía hoy Cris que eso ya lo había dicho antes. Pero no, antes dije ocasiones especiales, y ahora, ocasiones MUY especiales. Es que de las especiales las hay casi todos los días. Aprovecho para deciros que las pirus son malas. Lo principal es que seguro que me están jodiendo el cerebro, aunque nadie haya notado la diferencia. Pero de lo que estoy muy seguro es de que:
a) te crean problemas de sueño, no soy capaz de dormir por la noche y no soy capaz de llegar antes de las doce al trabajo, cuando debería entrar ¡a las ocho! ¿Cuanto más duraré así en el trabajo de los sueños de tanta gente, como lo definió mi dire el otro día?
b) te crean disfunciones sexuales. No me preocupa todavía, pero podría llegar a ser una putada. Además, no te apetece enrollarte con una desconocida, ni entrar a nadie en los bares. Estás en tu mundo.
c) acaban volviéndose una diversión triste y obsesiva. Si no tienes pastis parece que no te vas a divertir. Cuando llevas tantas, ya no es tan fuerte ni tan divertido.
d) un paranoico pastillero acaba convertido en una redundancia.
Que conste que creo que hay que saber usarlas y entonces sí. Mi edad y mi formación no están mal para este tipo de cosas, y al principio las usé como un método para conocerme. Pero no tengo suficiente voluntad, como casi todos. Así que, sólo para festivales, mi viaje a Amsterdam y ocasiones en que todos las tomen, celebremos algo y no haya moros en la costa del día siguiente.
Toda la semana escaqueándome. No puede ser, ya no tengo edad. Un día que llegué brutalmente tarde, me puse el traje, para que pareciera que venía de una rueda de prensa o para imponer más respeto y que nadie se metiera conmigo. Son trucos peregrinos, que más o menos funcionan, como escaparse del cole andando hacia atrás (como en los tebeos de Mortadelo), encabezar la chuleta de economía escrita en la mesa con un "sociología" que despistase al profesor, añadir a una M de mal que me había puesto en un examen autocorregido una B para que se quedase en MB (muy bien) y contarle al Cid Cateador que es que eso era lo que se ponía en el colegio al que iba antes, con la consiguiente bronca –odiaban el colegio del opus al que iba el año anterior, me odiaban a mí–, vomitar por toda la casa y explicar que lo que me había sentado mal de las doce botellas y el queso que nos habían regalado por ganar el concurso vestidos de nube, era el queso, utilizar el chantaje emocional y sexual como ÚNICA forma de comunicación con mi pareja... Y etcétera. No puedo pasarme la vida escaqueándome, usando sucios trucos infantiles. Un día me pillan.
Este jueves se cumplían diez años desde que se fue mi madre. Lo que daría porque me acariciara el pelo, con la cabeza apoyada en su sofá. "Ay, Felipito", me decía. Y no, no es mi nombre. Es el del amigo de Mafalda, que leía tebeos, vivía en otro mundo, tenía dientazos y nunca nunca hacía los deberes.
viernes, 5 de julio de 2002
CINCO DÍAS DE NOVIEMBRE
Me escribe The Fire (http://cgi-bin.spaceports.com/~thefire/iamthefire copia y pega, el enlace no funciona)
diciéndome que va a usar un poema que colgué por aquí abajo el 10 de abril. Y como me apetece recordar mis cinco días de noviembre con Ana la Cocainómana para llevar la contraria a julio, y como la respuesta en los comment se me salía por los lados, le contesto aquí:
"Y el poema, úsalo, claro, la idea era eso, cerrar aquello, escribir en activa lo que sufrí en pasiva, aunque sin mentirme, claro. Lo que pasa es que en él explico las cosas que nos pasaron en los cinco días que estuvimos juntos,
"con tu cepillo eléctrico", cuando la observaba mientras se cepillaba los dientes con su cepillo eléctrico ("comfrate uno, ef mu bueno fara lof vago' como nofotros"),
"con tu sobrino, ahora/ que ya sabes limpiarle las caquitas", cuando la enseñé a cambiarle los pañales a su sobrino mientras el resto de su familia se metía una raya en el salón,
"con tu lunar y con tus tatuajes", cuando acariciaba su lunar y el tatuaje de su tobillo (¿dónde estaba el otro?),
"Te dejo con tus largas noches blancas/ en que buscas, tal vez,/ la voluntad perdida,/ el amor imprevisto,/ o una risa afilada", cuando la acompañaba cada noche con la farlopa y me llamaba inútil porque no sabía hacer ni el turulo,
"Te dejo unicamente un par de notas", cuando la dejé sobre el cojín en forma de corazón la nota "scrito está en mi alma vuestro gesto/ y cuanto yo escribir de vos deseo/vos misma lo escribiste, yo, lo leo" de Garcilaso y esa otra de Lorca "si te vas te quiero más,/ si me quedo, igual te quiero,/ tu corazón es mi casa/ y mi corazón tu huerto"
"un par de camisetas," cuando nos acostamos, la primera noche y sin habernos liado antes, con dos tontas camisetas de Playboy y sin nada debajo (lo poco que duramos haciendo como que íbamos a dormir),
"dos canciones", cuando oíamos las dos canciones de los discos que dejé en su casa: cuando salí de la ducha y tenía preparada en su cd Las cuatro y diez de Aute cantada por Mónica Molina (chica encantadora que, de alguna manera, estuvo al principio y al final de los cinco días: el primero, cuando llame a Ana para que viniera a la fiesta de su disco y nos reencontramos y el último, cuando se había acabado todo y me llamó para felicitarme por la entrevista, Mónica me recuerda a Ana y viceversa) o cuando le canté la otra canción que no he vuelto a escuchar, la de Los Secretos (¿cómo era?),
"Ya no más telegramas,/ no sonará el teléfono en mi nombre,/ no te haré más visitas en los sueños", cuando le escribí mensajes (dos veces), le mandé emails (dos veces), le escribí un poema (sólo uno) le llamé (dos veces) y no contestó. Aquél recuerdo no se merecía estropearlo con la insistencia que me pedía el cuerpo,
"si sigues extrañando/ mi nariz, mis orejas,/ mis labios y otras cosas familiares", cuando me dijo que le gustaba mi nariz pequeñita, mis orejas pequeñitas, mis labios gruesos y sobre todo esa otra cosa familiar, lo que más,
"Te dejo con la incógnita/ de no saber qué quieres,/ si me quieres,/ si quieres que te quiera", cuando me dijo que me quería...
A lo mejor a vosotros no os pasaron exactamente las mismas cosas. Puede que fuera conveniente que hicieras una versión, añadiendo vuestras propias historietas. Más que nada para que no piense que te has equivocado de chica o que tienes un poema tipo. O quizás eso sea precisamente lo mejor. Suerte."
La primera mañana que desperté con ella me dijo "quédate todo el tiempo que quieras" y se fue. A las doce decidí que ya era suficiente con tres horas de retraso y me dispuse a ir al curro. Me duché con la puerta cerrada. Me tapé con una toalla. Recogí mi ropa aquí y allí y la amontoné en el centro del salón. Tomé mis famosos calzoncillos gays (semitransparentes, me los compró V. la belga y son escandalosos), me quité la toalla y... Bueno, mejor, os copio el email que le mandé a Ana al día siguiente:
"Cómo no creer en el azar. Venimos de ahí, de una casualidad que juntó dos de oxígeno y una de hidrógeno y que desencadenó una sucesión de azares que desembocan en este email. Las cosas más bonitas de la vida pasan por casualidad, como que tras una conversación tonta ("tu eres gay?") a alguien se le ocurra presentarte a la chica más guapa y más lista del baile y que acabes pasando con ella la noche más divertida, tonta y tierna de los últimos tiempos. A veces el azar no es tan impredecible, y era lógico que me encontrara con Blanca en la máquina y que ella observara con atención mi pelo de recién salido de la ducha a las 13,15, mi barba de dos días, mis ojeras y etc... También era previsible que mis compis de al lado me dieran, a esta hora, unos buenos días como con retintín. Los que no creen mucho en las contingencias son los guardas jurados, que no se han quedado muy convencidos cuando les he explicado que, curiosamente por segundo día consecutivo se me ha olvidado el pase para entrar al edificio, cosa que no me había pasado en dos meses. Deduzco que no son devotos del azar por la cara de "de donde vendrá éste con estas pintas". Pero lo más prodigioso que me ha deparado la casualidad hoy no ha sido nada de esto. Después de deambular por la casa con la toalla puesta, he elegido precisamente el salón para quitármela y ponerme los calzoncillos, y esos cinco segundos han coincidido justo con el momento en el que entraba la asistenta que NADIE me había dicho que venía. ¿Cómo no creer en el azar?
un besín, estoy como muy contento y como muy tontorrón, como que se me nota en la cara"
Sólo añadir que cuando vi entrar a la señora de la limpieza por la puerta, con los calzoncillos en la mano la primera frase que pasó por mi cabeza fue "¡su madre!". La señora se encerró en la cocina hasta que el pervertido abandonó la casa deseándole "¡que tenga usted un buen día!".
Me escribe The Fire (http://cgi-bin.spaceports.com/~thefire/iamthefire copia y pega, el enlace no funciona)
diciéndome que va a usar un poema que colgué por aquí abajo el 10 de abril. Y como me apetece recordar mis cinco días de noviembre con Ana la Cocainómana para llevar la contraria a julio, y como la respuesta en los comment se me salía por los lados, le contesto aquí:
"Y el poema, úsalo, claro, la idea era eso, cerrar aquello, escribir en activa lo que sufrí en pasiva, aunque sin mentirme, claro. Lo que pasa es que en él explico las cosas que nos pasaron en los cinco días que estuvimos juntos,
"con tu cepillo eléctrico", cuando la observaba mientras se cepillaba los dientes con su cepillo eléctrico ("comfrate uno, ef mu bueno fara lof vago' como nofotros"),
"con tu sobrino, ahora/ que ya sabes limpiarle las caquitas", cuando la enseñé a cambiarle los pañales a su sobrino mientras el resto de su familia se metía una raya en el salón,
"con tu lunar y con tus tatuajes", cuando acariciaba su lunar y el tatuaje de su tobillo (¿dónde estaba el otro?),
"Te dejo con tus largas noches blancas/ en que buscas, tal vez,/ la voluntad perdida,/ el amor imprevisto,/ o una risa afilada", cuando la acompañaba cada noche con la farlopa y me llamaba inútil porque no sabía hacer ni el turulo,
"Te dejo unicamente un par de notas", cuando la dejé sobre el cojín en forma de corazón la nota "scrito está en mi alma vuestro gesto/ y cuanto yo escribir de vos deseo/vos misma lo escribiste, yo, lo leo" de Garcilaso y esa otra de Lorca "si te vas te quiero más,/ si me quedo, igual te quiero,/ tu corazón es mi casa/ y mi corazón tu huerto"
"un par de camisetas," cuando nos acostamos, la primera noche y sin habernos liado antes, con dos tontas camisetas de Playboy y sin nada debajo (lo poco que duramos haciendo como que íbamos a dormir),
"dos canciones", cuando oíamos las dos canciones de los discos que dejé en su casa: cuando salí de la ducha y tenía preparada en su cd Las cuatro y diez de Aute cantada por Mónica Molina (chica encantadora que, de alguna manera, estuvo al principio y al final de los cinco días: el primero, cuando llame a Ana para que viniera a la fiesta de su disco y nos reencontramos y el último, cuando se había acabado todo y me llamó para felicitarme por la entrevista, Mónica me recuerda a Ana y viceversa) o cuando le canté la otra canción que no he vuelto a escuchar, la de Los Secretos (¿cómo era?),
"Ya no más telegramas,/ no sonará el teléfono en mi nombre,/ no te haré más visitas en los sueños", cuando le escribí mensajes (dos veces), le mandé emails (dos veces), le escribí un poema (sólo uno) le llamé (dos veces) y no contestó. Aquél recuerdo no se merecía estropearlo con la insistencia que me pedía el cuerpo,
"si sigues extrañando/ mi nariz, mis orejas,/ mis labios y otras cosas familiares", cuando me dijo que le gustaba mi nariz pequeñita, mis orejas pequeñitas, mis labios gruesos y sobre todo esa otra cosa familiar, lo que más,
"Te dejo con la incógnita/ de no saber qué quieres,/ si me quieres,/ si quieres que te quiera", cuando me dijo que me quería...
A lo mejor a vosotros no os pasaron exactamente las mismas cosas. Puede que fuera conveniente que hicieras una versión, añadiendo vuestras propias historietas. Más que nada para que no piense que te has equivocado de chica o que tienes un poema tipo. O quizás eso sea precisamente lo mejor. Suerte."
La primera mañana que desperté con ella me dijo "quédate todo el tiempo que quieras" y se fue. A las doce decidí que ya era suficiente con tres horas de retraso y me dispuse a ir al curro. Me duché con la puerta cerrada. Me tapé con una toalla. Recogí mi ropa aquí y allí y la amontoné en el centro del salón. Tomé mis famosos calzoncillos gays (semitransparentes, me los compró V. la belga y son escandalosos), me quité la toalla y... Bueno, mejor, os copio el email que le mandé a Ana al día siguiente:
"Cómo no creer en el azar. Venimos de ahí, de una casualidad que juntó dos de oxígeno y una de hidrógeno y que desencadenó una sucesión de azares que desembocan en este email. Las cosas más bonitas de la vida pasan por casualidad, como que tras una conversación tonta ("tu eres gay?") a alguien se le ocurra presentarte a la chica más guapa y más lista del baile y que acabes pasando con ella la noche más divertida, tonta y tierna de los últimos tiempos. A veces el azar no es tan impredecible, y era lógico que me encontrara con Blanca en la máquina y que ella observara con atención mi pelo de recién salido de la ducha a las 13,15, mi barba de dos días, mis ojeras y etc... También era previsible que mis compis de al lado me dieran, a esta hora, unos buenos días como con retintín. Los que no creen mucho en las contingencias son los guardas jurados, que no se han quedado muy convencidos cuando les he explicado que, curiosamente por segundo día consecutivo se me ha olvidado el pase para entrar al edificio, cosa que no me había pasado en dos meses. Deduzco que no son devotos del azar por la cara de "de donde vendrá éste con estas pintas". Pero lo más prodigioso que me ha deparado la casualidad hoy no ha sido nada de esto. Después de deambular por la casa con la toalla puesta, he elegido precisamente el salón para quitármela y ponerme los calzoncillos, y esos cinco segundos han coincidido justo con el momento en el que entraba la asistenta que NADIE me había dicho que venía. ¿Cómo no creer en el azar?
un besín, estoy como muy contento y como muy tontorrón, como que se me nota en la cara"
Sólo añadir que cuando vi entrar a la señora de la limpieza por la puerta, con los calzoncillos en la mano la primera frase que pasó por mi cabeza fue "¡su madre!". La señora se encerró en la cocina hasta que el pervertido abandonó la casa deseándole "¡que tenga usted un buen día!".
miércoles, 3 de julio de 2002
LO JURO POR LA CARA DE HOGAZA DE MARY JANE WATSON
Hay gente por ahí que no tiene vergüenza. Por ejemplo, están esas dos niñas inteligentes, que, sin embargo o a consecuencia de, no tienen vergüenza. Ya sabeis, esas dos, daurmith y eva. La primera desaparece para darnos un zuzto o la muerte (si alguien no se sabe el chiste que me lo pida, me niego a repetirlo a no ser que sea estrictinamente necesario). La segunda dice que se ha ido a Galicia. Y luego está dementa la de las cartucheras (¿o eran pistolines?), que dice que lo deja un rato y se va a estudiar para ser periodista. ¡Para ser periodista a escribir! ¿eh?. Y te lo digo con todo el mal rollo, que para eso he estado entrando en tu página vacia nosecuantas veces. Pues vale, no penseis en nadie, hala, que yo voy a hacer lo mismo y desaparezco una semana. Lo he hecho a manera de huelga os lo juro por (ver título).
Y ahora que os he dado esta explicación que os debía como alcalde vuestro que soy (os–debo–una–explicación–y–esa–explicación–que–os–debo–os–la–tengo–que–dar), os diré que venía a cuento a proposito de lo mucho que me habeis echado de menos y de la cantidad de emails que llenaban mi buzón preguntándome que dónde estaba (o sea, ni uno, claro que no es tan raro, teniendo en cuenta que la única lectora que me conoce, Anita Punto, no sólo pasa sino que además no se pone al teléfono porque le han dado un masaje y está tirada en la cama. Hala, pa que nos vamos a inventar una excusa). Pues bueno, después de la jeremiada vamos con mi semana del orgullo gay. Telegráfica, que son demasiados días.
Enlazamos con la fiesta de la revista masculina en la que me quedé el martes pasado. Lau casi se duerme de pie. De vez en cuando despertaba para decir "mira, Gayola Berrocal", "mira el ex de la ex de el ex". Más que nunca estaba justificado el pastillazo. En la zona vip y ante mis jefes, ole, torero. Las chicas, sonámbulas, se van. Kike y yo nos quedamos observando a los pibones. "Vamos a sentarnos donde se vea bien a la de negro", me dice. Le explico que esa chica si no fuera vestida como un objeto de lujo no despertaría nuestro instinto consumista sexual, que si la miras bien tiene poco por arriba, poco por abajo, nada por el centro y menos pa dentro. Me da la razón. La de teorías que nacen y mueren en las terrazas de verano mientras ves pasar o quedarse a las starlettes del barrio (bueno, en realidad siempre pasan).
Todo va subiendo, me deja en casa, me cojo un taxi, me voy a la sala Sol. Modernillos de mierda. En mi época (¿lo de "en mi época" lo he puesto yo?, ni lo borro, es un lapsus arqueológico que merece la pena conservar) eran conocidos como pijos y hasta eran más simpáticos, porque no estaban tan preocupados por recordar qué era lo que tenían que decir o por dónde se llegaba la última moda alternativa. Los lacostes los compraba mamá y no había que estar pendiente de las cambiantes modas musicales o estéticas. En cuanto al cine, Rambo, Rocky y películas con las que se lo pasaban como enanos. Me imagino lo que se tienen que aburrir estos pobres modernillos volviendo a ver Holocausto caníbal o Karate a muerte en Torremolinos. Son unos tristes. Ahora ser pijo es toda una carrera. Antes era taaan fácil... Esto es lo que deben de ser los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) que nos profetizó la publicidad.
A lo que íbamos: aquella noche les odié porque tras pagar la entrada tuve que aguantar una sala vacía con cuatro guachis sentados en los escalones y oyendo ¡chill out! ¿Pero qué coño es eso del chill out? Si alguien se entera que me lo expliqué. Por lo que sé es una música que te baja la pastilla y acompaña como ninguna los impulsos suicidas y las depresiones de los adolescentes granulientos.
Así que me voy al Mito, discoteca semigay y la única que abre hasta las seis y media un martes. Sigo metiéndome trocitos, porque me da la sensación de que me han vendido ketamina y esto no sube. Pero sí, se me va la mano y estoy por las nubes en un ratito. Y ahora llega el momento en que la cago, ese que no puede faltar en ninguna de mis noches vírgenes ni en ninguno de mis días de furia. Del grupo de travestis que bailaba conmigo y me decían nosequé cosas que yo no entendía muy bien. Se descuelga una. Pega su frente a la mía, se frota y nos enrollamos. A celebrar la semana del orgullo gay. ¿El motivo? Bueno, es el estandar en estos casos: "en ese momento me pareció buena idea". Veo que este razonamiento ya lo he esgrimido alguna otra vez y me temo que seguirá apareciendo invariablemente en mi vida a no ser que me olvide de la liposucción y me decida por el transplante de neuronas, que me está haciendo más falta. Así que lo llamaré "razonamiento tonto número 1". Seguro que nos lo volveremos a encontrar por aquí. Abreviemos: se llamaba Tiffany, tenía un cuerpazo, ejem, trabajaba en la casa de campo, desayunamos juntos, me llevó a "su casa", un cuarto de pensión en la calle Montera que olía a semen, me dijo que me quería porque era bueno, que no quería mi dinero, me puso música romántica, Luis Miguel y eso, nos tumbamos en un colchon que se atisbaba debajo de todas aquellas manchas y cuando se durmió me marché y vi desde la puerta una escena dantesca (del anillo número uno, concretamente) que nunca olvidaré: recuperados más o menos mis sentidos, sobre la cama descansaban los muslazos de un mulato descolorido que roncaba, con una peluca naranja y ropa interior de mujer.
Lo siguiente fue presentarme en mi trabajo, por una vez antes que nadie, y aguantar hasta las tres de la tarde como un campeón. Creo que se me fue tanto la mano con las pirulas que ha sido el día en que he estado más despierto, aunque eso sí, me eché la siesta obligatoria en el suelo del baño.
Luego me fui a comprar el móvil nuevo, y en lo que me lo preparaban, me metí en la biblioteca de mi barrio a leer Víboras atrasados, que es para lo que me llegaba el coco. Y justito. Pero al parecer, ni eso, porque me quedé frito. Tres horas dormido como un tronco en una mesa colocada en alto desde la que me veían y supongo que me oían estudiantes y bibliotecarias. La salida, dando tumbos y con la melena revuelta, fue aún más espectacular. Menos mal que ya me habían quitado el carnet hasta septiembre por los gigantescos retrasos. Una patada en el culo como multa suplementaria tampoco hubiera estado mal.
Al día siguiente estuve en la presentación de una guía que ha escrito Mamoncín. Menuda mierda de rollo ultra conservador que nos soltó: que en Madrid no se puede andar con niños por la calle, que sólo hay putas y yonkis... Una rubiaza neumática con toda la pinta de ser supernumeraria del pepelín, se enfurruñaba cada vez que se metía con el alcalde (como dice María Jiménez "Ah, sí, ese que era un fruto... eeeh, ¡el manzano!" ) y sacudía su hermosa cabeza pantene pro-v escandalizada. Estuve a esto de solidarizarme con ella y pedir a gritos el "litros de alcohol corren por tus venas". Quién te ha visto y quién te ve, Mamoncín, de "rey del pollo frito" a "cuido mi chiringuito". Y es que ese día también me había metido mi trocinín de pastillín. Es lo malo de tenerlas en el bolsillo, es como lo de los euros pero peor: te queman y te queman y te queman hasta que las gastas. Es evidente que uso fatal estas drogas. No son para los días de diario, la coca sí, pero esto es para finde+tecno+amigos. Bueno, pronto se me pasará la tontería.
El viernes vino Crispi. Tuvimos una serie de disfunciones sexuales, empezando por la de siempre, que se corre y se duerme. Yo es que casi lo entiendo. Ellas están acostumbradas a la precocidad masculina, a que, en todo caso, somos nosotros los que curramos, porque lo suyo es más difícil y lo nuestro más fácil. Pero es que yo soy una excepción. Y si puedo tomármelo con calma, acariciar, morder, lamer, susurrar, vuelta a empezar y etcétera, no sé porque no lo puede hacer conmigo una chica que se supone que me quiere. A la tercera vez que se dio la combinación de te corres-te duermes tuvimos la mega bronca. Nos reconciliamos en la cabalgata del orgullo gay, en Sol, coincidiendo con que me quedé muerto contemplando como una pedazo de lesbiana que se parecía demasiado a mis sueños más confesables en este blog lo movía al ritmo de "a quién le importa lo que yo haga". También, a la vez, la desconocida amiga de su amiga, rodeada de gays y parejitas me ponía ojitos y me toqueteaba. ¿Quién era el pijo romántico que decía que el alma femenina era incomprensible? A tomar por culo Becquer. Otra coincidencia decisiva para nuestro reencuentro sentimental fue que pasamos por Montera y, mientras me escondía detrás de crispi, con todo lo difícil que es ocultarte tras alguien que mide 20 centímetros menos, el cóctel de celos, miedo y culpa propiciaron la hermosa reconciliación. Que es que somos así.
Luego vino lo bonito. Fuimos a la fiesta de la casa de campo, nos analizaron las pastis, que de ketamina nada, un MDMA estupendo. María Jiménez tremenda y Fangoria en pleno subidón y al aire libre... que os voy a contar. La chica monísima de la barra no sólo tonteó conmigo si no que me dio 30 euros de más. "Muy maja esa chica", "sí, sí", "oye, pero que me ha caído muy bien", "pues vete a hablar con ella", "es que me ha dado la vuelta de cincuenta", ole, ole, somos millonarios. Subiditas y subiditas. Cada vez que alguien me pedía un cigarro: "te lo doy si le das un abrazo a esta chica, que necesita cariño". Crispulina, desde el fondo de su colocón, se preguntaba por qué había tantos tipos y tipas que se acercaban a hablar conmigo y luego le daban un pedazo de abrazo. Y luego a casa, con la sensación del deber cumplido. "Hazme lo que quieras, pero dormida", "vale".
Me pregunto en que momento del pedo le dije que me iba con ella a Costa Rica. Qué horror, sólo hay monos y arañas. Y no deja de llamarme contándome las ofertas de vuelos. Dice que se va sin mí. No sé como explicarle que no me parece tan mala idea.
Y el lunes, como dice Mónica Naranjas, vino lo de "la puta realidad". Y eso a pesar de que me tocó la bono-loto, cuatro aciertos, 40,44 euros. Pero me han nombrado redactor jefe por el procedimiento de irse todos de vacaciones. Es bonito, sólo llevo seis meses aquí y confían en mí y eso. Pero lo malo es que no tengo sobre quién ejercer la jefatura, o sea que yo me lo guiso y yo me lo como. Y los puñeteros colaboradores lo dejan todo para el final. Así que como me caliente mucho, los echo a todos. Y cuando vuelvan, se van a encontrar esto como un solar. Viva la revolución.
Y esta noche, fiesta cubana o de djs. ¿Con cual me quedo? Venga, probemos suerte con la cubana.
Hay gente por ahí que no tiene vergüenza. Por ejemplo, están esas dos niñas inteligentes, que, sin embargo o a consecuencia de, no tienen vergüenza. Ya sabeis, esas dos, daurmith y eva. La primera desaparece para darnos un zuzto o la muerte (si alguien no se sabe el chiste que me lo pida, me niego a repetirlo a no ser que sea estrictinamente necesario). La segunda dice que se ha ido a Galicia. Y luego está dementa la de las cartucheras (¿o eran pistolines?), que dice que lo deja un rato y se va a estudiar para ser periodista. ¡Para ser periodista a escribir! ¿eh?. Y te lo digo con todo el mal rollo, que para eso he estado entrando en tu página vacia nosecuantas veces. Pues vale, no penseis en nadie, hala, que yo voy a hacer lo mismo y desaparezco una semana. Lo he hecho a manera de huelga os lo juro por (ver título).
Y ahora que os he dado esta explicación que os debía como alcalde vuestro que soy (os–debo–una–explicación–y–esa–explicación–que–os–debo–os–la–tengo–que–dar), os diré que venía a cuento a proposito de lo mucho que me habeis echado de menos y de la cantidad de emails que llenaban mi buzón preguntándome que dónde estaba (o sea, ni uno, claro que no es tan raro, teniendo en cuenta que la única lectora que me conoce, Anita Punto, no sólo pasa sino que además no se pone al teléfono porque le han dado un masaje y está tirada en la cama. Hala, pa que nos vamos a inventar una excusa). Pues bueno, después de la jeremiada vamos con mi semana del orgullo gay. Telegráfica, que son demasiados días.
Enlazamos con la fiesta de la revista masculina en la que me quedé el martes pasado. Lau casi se duerme de pie. De vez en cuando despertaba para decir "mira, Gayola Berrocal", "mira el ex de la ex de el ex". Más que nunca estaba justificado el pastillazo. En la zona vip y ante mis jefes, ole, torero. Las chicas, sonámbulas, se van. Kike y yo nos quedamos observando a los pibones. "Vamos a sentarnos donde se vea bien a la de negro", me dice. Le explico que esa chica si no fuera vestida como un objeto de lujo no despertaría nuestro instinto consumista sexual, que si la miras bien tiene poco por arriba, poco por abajo, nada por el centro y menos pa dentro. Me da la razón. La de teorías que nacen y mueren en las terrazas de verano mientras ves pasar o quedarse a las starlettes del barrio (bueno, en realidad siempre pasan).
Todo va subiendo, me deja en casa, me cojo un taxi, me voy a la sala Sol. Modernillos de mierda. En mi época (¿lo de "en mi época" lo he puesto yo?, ni lo borro, es un lapsus arqueológico que merece la pena conservar) eran conocidos como pijos y hasta eran más simpáticos, porque no estaban tan preocupados por recordar qué era lo que tenían que decir o por dónde se llegaba la última moda alternativa. Los lacostes los compraba mamá y no había que estar pendiente de las cambiantes modas musicales o estéticas. En cuanto al cine, Rambo, Rocky y películas con las que se lo pasaban como enanos. Me imagino lo que se tienen que aburrir estos pobres modernillos volviendo a ver Holocausto caníbal o Karate a muerte en Torremolinos. Son unos tristes. Ahora ser pijo es toda una carrera. Antes era taaan fácil... Esto es lo que deben de ser los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) que nos profetizó la publicidad.
A lo que íbamos: aquella noche les odié porque tras pagar la entrada tuve que aguantar una sala vacía con cuatro guachis sentados en los escalones y oyendo ¡chill out! ¿Pero qué coño es eso del chill out? Si alguien se entera que me lo expliqué. Por lo que sé es una música que te baja la pastilla y acompaña como ninguna los impulsos suicidas y las depresiones de los adolescentes granulientos.
Así que me voy al Mito, discoteca semigay y la única que abre hasta las seis y media un martes. Sigo metiéndome trocitos, porque me da la sensación de que me han vendido ketamina y esto no sube. Pero sí, se me va la mano y estoy por las nubes en un ratito. Y ahora llega el momento en que la cago, ese que no puede faltar en ninguna de mis noches vírgenes ni en ninguno de mis días de furia. Del grupo de travestis que bailaba conmigo y me decían nosequé cosas que yo no entendía muy bien. Se descuelga una. Pega su frente a la mía, se frota y nos enrollamos. A celebrar la semana del orgullo gay. ¿El motivo? Bueno, es el estandar en estos casos: "en ese momento me pareció buena idea". Veo que este razonamiento ya lo he esgrimido alguna otra vez y me temo que seguirá apareciendo invariablemente en mi vida a no ser que me olvide de la liposucción y me decida por el transplante de neuronas, que me está haciendo más falta. Así que lo llamaré "razonamiento tonto número 1". Seguro que nos lo volveremos a encontrar por aquí. Abreviemos: se llamaba Tiffany, tenía un cuerpazo, ejem, trabajaba en la casa de campo, desayunamos juntos, me llevó a "su casa", un cuarto de pensión en la calle Montera que olía a semen, me dijo que me quería porque era bueno, que no quería mi dinero, me puso música romántica, Luis Miguel y eso, nos tumbamos en un colchon que se atisbaba debajo de todas aquellas manchas y cuando se durmió me marché y vi desde la puerta una escena dantesca (del anillo número uno, concretamente) que nunca olvidaré: recuperados más o menos mis sentidos, sobre la cama descansaban los muslazos de un mulato descolorido que roncaba, con una peluca naranja y ropa interior de mujer.
Lo siguiente fue presentarme en mi trabajo, por una vez antes que nadie, y aguantar hasta las tres de la tarde como un campeón. Creo que se me fue tanto la mano con las pirulas que ha sido el día en que he estado más despierto, aunque eso sí, me eché la siesta obligatoria en el suelo del baño.
Luego me fui a comprar el móvil nuevo, y en lo que me lo preparaban, me metí en la biblioteca de mi barrio a leer Víboras atrasados, que es para lo que me llegaba el coco. Y justito. Pero al parecer, ni eso, porque me quedé frito. Tres horas dormido como un tronco en una mesa colocada en alto desde la que me veían y supongo que me oían estudiantes y bibliotecarias. La salida, dando tumbos y con la melena revuelta, fue aún más espectacular. Menos mal que ya me habían quitado el carnet hasta septiembre por los gigantescos retrasos. Una patada en el culo como multa suplementaria tampoco hubiera estado mal.
Al día siguiente estuve en la presentación de una guía que ha escrito Mamoncín. Menuda mierda de rollo ultra conservador que nos soltó: que en Madrid no se puede andar con niños por la calle, que sólo hay putas y yonkis... Una rubiaza neumática con toda la pinta de ser supernumeraria del pepelín, se enfurruñaba cada vez que se metía con el alcalde (como dice María Jiménez "Ah, sí, ese que era un fruto... eeeh, ¡el manzano!" ) y sacudía su hermosa cabeza pantene pro-v escandalizada. Estuve a esto de solidarizarme con ella y pedir a gritos el "litros de alcohol corren por tus venas". Quién te ha visto y quién te ve, Mamoncín, de "rey del pollo frito" a "cuido mi chiringuito". Y es que ese día también me había metido mi trocinín de pastillín. Es lo malo de tenerlas en el bolsillo, es como lo de los euros pero peor: te queman y te queman y te queman hasta que las gastas. Es evidente que uso fatal estas drogas. No son para los días de diario, la coca sí, pero esto es para finde+tecno+amigos. Bueno, pronto se me pasará la tontería.
El viernes vino Crispi. Tuvimos una serie de disfunciones sexuales, empezando por la de siempre, que se corre y se duerme. Yo es que casi lo entiendo. Ellas están acostumbradas a la precocidad masculina, a que, en todo caso, somos nosotros los que curramos, porque lo suyo es más difícil y lo nuestro más fácil. Pero es que yo soy una excepción. Y si puedo tomármelo con calma, acariciar, morder, lamer, susurrar, vuelta a empezar y etcétera, no sé porque no lo puede hacer conmigo una chica que se supone que me quiere. A la tercera vez que se dio la combinación de te corres-te duermes tuvimos la mega bronca. Nos reconciliamos en la cabalgata del orgullo gay, en Sol, coincidiendo con que me quedé muerto contemplando como una pedazo de lesbiana que se parecía demasiado a mis sueños más confesables en este blog lo movía al ritmo de "a quién le importa lo que yo haga". También, a la vez, la desconocida amiga de su amiga, rodeada de gays y parejitas me ponía ojitos y me toqueteaba. ¿Quién era el pijo romántico que decía que el alma femenina era incomprensible? A tomar por culo Becquer. Otra coincidencia decisiva para nuestro reencuentro sentimental fue que pasamos por Montera y, mientras me escondía detrás de crispi, con todo lo difícil que es ocultarte tras alguien que mide 20 centímetros menos, el cóctel de celos, miedo y culpa propiciaron la hermosa reconciliación. Que es que somos así.
Luego vino lo bonito. Fuimos a la fiesta de la casa de campo, nos analizaron las pastis, que de ketamina nada, un MDMA estupendo. María Jiménez tremenda y Fangoria en pleno subidón y al aire libre... que os voy a contar. La chica monísima de la barra no sólo tonteó conmigo si no que me dio 30 euros de más. "Muy maja esa chica", "sí, sí", "oye, pero que me ha caído muy bien", "pues vete a hablar con ella", "es que me ha dado la vuelta de cincuenta", ole, ole, somos millonarios. Subiditas y subiditas. Cada vez que alguien me pedía un cigarro: "te lo doy si le das un abrazo a esta chica, que necesita cariño". Crispulina, desde el fondo de su colocón, se preguntaba por qué había tantos tipos y tipas que se acercaban a hablar conmigo y luego le daban un pedazo de abrazo. Y luego a casa, con la sensación del deber cumplido. "Hazme lo que quieras, pero dormida", "vale".
Me pregunto en que momento del pedo le dije que me iba con ella a Costa Rica. Qué horror, sólo hay monos y arañas. Y no deja de llamarme contándome las ofertas de vuelos. Dice que se va sin mí. No sé como explicarle que no me parece tan mala idea.
Y el lunes, como dice Mónica Naranjas, vino lo de "la puta realidad". Y eso a pesar de que me tocó la bono-loto, cuatro aciertos, 40,44 euros. Pero me han nombrado redactor jefe por el procedimiento de irse todos de vacaciones. Es bonito, sólo llevo seis meses aquí y confían en mí y eso. Pero lo malo es que no tengo sobre quién ejercer la jefatura, o sea que yo me lo guiso y yo me lo como. Y los puñeteros colaboradores lo dejan todo para el final. Así que como me caliente mucho, los echo a todos. Y cuando vuelvan, se van a encontrar esto como un solar. Viva la revolución.
Y esta noche, fiesta cubana o de djs. ¿Con cual me quedo? Venga, probemos suerte con la cubana.
martes, 25 de junio de 2002
Igual que existen los xenófobos, existimos los senófilos. Cada año, por esta época me ataca un nuevo brote y en los días clave no puedo salir a la calle sin mirar las tetas de todas y cada una de las mujeres que se cruzan en mi camino, da igual la edad, el volumen o la ropa con que se cubran, que ahora no es mucha. Hago una radiografía completa, visualizo los pezones con su tamaño exacto, su consistencia, su color y sé con precisión hasta dónde caen los gloriosos melocotones/las almendritas (tachar lo que no proceda). A pesar de que juraría que todo esto lo evalúo con un vistazo fugacísimo, lo cierto es que ayer hubo una buena cantidad de ellas que se ajustaron la camiseta a mi paso. Me da mucha pena incomodarlas (en los dos sentidos, también en el de "vergüenza" que usaba aquella noche Yunirkenia –juro que no es un nombre inventado– en aquella playa cubana en la que desnudo, frente a su sujetador talla 120, le pedía que se destapara los ojos. El domingo, viendo la portada de El País Semanal, me acordé de ella. La modelo se parece en nosequé). Como decía, me siento fatal, pero si lo de los drogadictos es una enfermedad lo mío también. No hay nada que pueda hacer para evitar la senofilia veraniega, es como una alergia pero más tarde y más molesto para quien no la sufre que para el que la padece.
Hoy me he vuelto a echar una siesta en el suelo del baño de mi trabajo. Si la otra vez me pareció patético, ésta me ha resultado la mar de agradable. Para la felicidad, nada como aceptarte como eres.
Cristina quiere reformarme. Bob dice que lo que quiere es cepillárseme. Yo, que estuve viendo el lunes Persiguiendo a Amy, lo que propongo es que hagamos un trío y nos lo quitemos de encima. Qué coño. A lo loco.
Todavía no conozco a mi ahijada y a su hermana melliza. El viernes perdí el último autobús porque me fui a la parada de metro de Pío XII en lugar de a la de Príncipe Pío. A mi familia no le extrañó nada. Aún sin móvil. Nadie estaba disponible, y allí, practicando la senofilia con la niña que esperaba turno en la cabina, recordé que tenía un cóctel en el Ritz y me lo había perdido también (qué bien suena: "recordé que tenía un cóctel en el Ritz"). De repente me empecé a sentir mal porque sí. Mal, mal, mal. Mal bandeja de plata, mal infernal, es un comportamiento natural... No me dormí hasta las cinco de la mañana. Me está costando sentirme a gusto estos días. Mi vieja amiga la paranoia ha vuelto a visitarme (¿o is here to stay?), y tengo la sensación, como tantas otras veces, de que me empiezan a odiar en el trabajo. Después de mis últimas cagadas, pensar esto me parece mejor calificable como sentido de la realidad que como manía persecutoria. Mi redactor jefe se sienta frente a mí durante el verano. Ya no ocupo solo el despachazo de ventana y media que mi increible potra me había deparado. Por eso escribo tan poco aquí y por eso él se ha empezado a dar cuenta de la manera asombrosa en la que soy capaz de perder días enteros sin escribir una línea. Vale, estoy un poco ciclotímico.
...que es un palabro que me enseñó mi amigo Miguelito, mi sicólogo de gratis, quien seguramente estará leyendo esto ahora. Porque en la boda del sábado entre el pedo ambiental y el de verdad, le conté lo del diario poco después de explicarles a mis amigos bodegueros por qué España va mal (que manda güevos: "la oferta y la demanda son pluscuamperfectas", "el mercado es celestial, justo y necesario", ya ni se molestan en argumentarlo, son verdades cartesianas, como que existimos y eso). No me di cuenta de que Miguelito es de la facción de mis amigos listos, y sabe usar el google. Así que, por aquí andará en breve. Bienvenido. Que sepas que no me voy a cortar, estás a tiempo de no seguir leyendo. Aunque bueno, ya sabes como soy. Si es que me lo admitís y me lo perdonais todo, miguelín, así estoy de mal criado.
Mis amigos me miman. Saben como soy y arman alborotos de abrazos, besos que aparentan no ser moñas, toqueteos en el culo y quetales varios cuando vuelvo por casa. Eso, además de evidenciar su bisexualidad soterrada, un rasgo que no me canso de advertirles, demuestra que me quieren. Y sin embargo, bailando en la boda, por primera vez me sentí extraño con ellos. Están mayores, bailan como tíos carnales y no hacen más que casarse y emparejarse los muy cabrones. Cuando ya estuvimos empastillados y dando botes, Javi me comentó que al menos yo trato de traer al grupo aire freco, cosas nuevas, drogas. Pues vaya aportación.
Estoy empezando a aburrirme mucho de las pastis. Y justo ahora Crispi, que viene a verme el viernes, no quiere estar sin mi y mucho menos sin drogas. Sugiere tripis o coca, para variar.
En enero estuve en Bristol, y compré una runa druida, un amuleto con el signo del éxito que Odín robó del árbol de la sabiduría. No me lo quité ni una sola vez hasta que me acosté con Cris. Se lo puse. Hace falta ser bruta, no sé cómo, pero lo ha roto. Por lógica debería haberse roto el cuello también, porque lo llevaba en contacto con él. El caso es que desde que se escacharró ya no me quiere como antes. ¿Alguien duda ahora de que estoy en el ciclo senofílico y paranoico de mi ciclotimia?
Esto se está poniendo muy aburrido porque ya no hay sexo, ni situaciones raras, ni fiestas, porque mi vida social desciende en picado. Ya no me mandan a los cócteles y ya no intento llevarme a la cama a nadie. Una chica fija puede desbravarte, merendarse tu furia. No quiero estar adormecido e insatisfecho. Esta noche tengo 4 pases VIP para una fiesta de una revista con portadas aptas para senofílicos. Después de llamar a 6churris6 he conseguido al fin que venga Lau (la morenaza amiga de Cris que dice que tengo los ojos muy bonitos, sorry Ana, no habérmelo contado). Sin su novio y con su amiga la malagueña. Tengo media pastilla en el bolsillo. La fiesta empieza a las once, y mañana entro a trabajar a las 8. Si Pitágoras no engaña: 4-6+1-1+1+1/2+11-8= 2 1/2. Lo que quiera que signifique cabalísticamente esta ecuación lo sabremos mañana (¿puede ser dos polvos con lau y media pastilla, por favor, jesusito de mi vida que eres niño como yo?).
Hoy me he vuelto a echar una siesta en el suelo del baño de mi trabajo. Si la otra vez me pareció patético, ésta me ha resultado la mar de agradable. Para la felicidad, nada como aceptarte como eres.
Cristina quiere reformarme. Bob dice que lo que quiere es cepillárseme. Yo, que estuve viendo el lunes Persiguiendo a Amy, lo que propongo es que hagamos un trío y nos lo quitemos de encima. Qué coño. A lo loco.
Todavía no conozco a mi ahijada y a su hermana melliza. El viernes perdí el último autobús porque me fui a la parada de metro de Pío XII en lugar de a la de Príncipe Pío. A mi familia no le extrañó nada. Aún sin móvil. Nadie estaba disponible, y allí, practicando la senofilia con la niña que esperaba turno en la cabina, recordé que tenía un cóctel en el Ritz y me lo había perdido también (qué bien suena: "recordé que tenía un cóctel en el Ritz"). De repente me empecé a sentir mal porque sí. Mal, mal, mal. Mal bandeja de plata, mal infernal, es un comportamiento natural... No me dormí hasta las cinco de la mañana. Me está costando sentirme a gusto estos días. Mi vieja amiga la paranoia ha vuelto a visitarme (¿o is here to stay?), y tengo la sensación, como tantas otras veces, de que me empiezan a odiar en el trabajo. Después de mis últimas cagadas, pensar esto me parece mejor calificable como sentido de la realidad que como manía persecutoria. Mi redactor jefe se sienta frente a mí durante el verano. Ya no ocupo solo el despachazo de ventana y media que mi increible potra me había deparado. Por eso escribo tan poco aquí y por eso él se ha empezado a dar cuenta de la manera asombrosa en la que soy capaz de perder días enteros sin escribir una línea. Vale, estoy un poco ciclotímico.
...que es un palabro que me enseñó mi amigo Miguelito, mi sicólogo de gratis, quien seguramente estará leyendo esto ahora. Porque en la boda del sábado entre el pedo ambiental y el de verdad, le conté lo del diario poco después de explicarles a mis amigos bodegueros por qué España va mal (que manda güevos: "la oferta y la demanda son pluscuamperfectas", "el mercado es celestial, justo y necesario", ya ni se molestan en argumentarlo, son verdades cartesianas, como que existimos y eso). No me di cuenta de que Miguelito es de la facción de mis amigos listos, y sabe usar el google. Así que, por aquí andará en breve. Bienvenido. Que sepas que no me voy a cortar, estás a tiempo de no seguir leyendo. Aunque bueno, ya sabes como soy. Si es que me lo admitís y me lo perdonais todo, miguelín, así estoy de mal criado.
Mis amigos me miman. Saben como soy y arman alborotos de abrazos, besos que aparentan no ser moñas, toqueteos en el culo y quetales varios cuando vuelvo por casa. Eso, además de evidenciar su bisexualidad soterrada, un rasgo que no me canso de advertirles, demuestra que me quieren. Y sin embargo, bailando en la boda, por primera vez me sentí extraño con ellos. Están mayores, bailan como tíos carnales y no hacen más que casarse y emparejarse los muy cabrones. Cuando ya estuvimos empastillados y dando botes, Javi me comentó que al menos yo trato de traer al grupo aire freco, cosas nuevas, drogas. Pues vaya aportación.
Estoy empezando a aburrirme mucho de las pastis. Y justo ahora Crispi, que viene a verme el viernes, no quiere estar sin mi y mucho menos sin drogas. Sugiere tripis o coca, para variar.
En enero estuve en Bristol, y compré una runa druida, un amuleto con el signo del éxito que Odín robó del árbol de la sabiduría. No me lo quité ni una sola vez hasta que me acosté con Cris. Se lo puse. Hace falta ser bruta, no sé cómo, pero lo ha roto. Por lógica debería haberse roto el cuello también, porque lo llevaba en contacto con él. El caso es que desde que se escacharró ya no me quiere como antes. ¿Alguien duda ahora de que estoy en el ciclo senofílico y paranoico de mi ciclotimia?
Esto se está poniendo muy aburrido porque ya no hay sexo, ni situaciones raras, ni fiestas, porque mi vida social desciende en picado. Ya no me mandan a los cócteles y ya no intento llevarme a la cama a nadie. Una chica fija puede desbravarte, merendarse tu furia. No quiero estar adormecido e insatisfecho. Esta noche tengo 4 pases VIP para una fiesta de una revista con portadas aptas para senofílicos. Después de llamar a 6churris6 he conseguido al fin que venga Lau (la morenaza amiga de Cris que dice que tengo los ojos muy bonitos, sorry Ana, no habérmelo contado). Sin su novio y con su amiga la malagueña. Tengo media pastilla en el bolsillo. La fiesta empieza a las once, y mañana entro a trabajar a las 8. Si Pitágoras no engaña: 4-6+1-1+1+1/2+11-8= 2 1/2. Lo que quiera que signifique cabalísticamente esta ecuación lo sabremos mañana (¿puede ser dos polvos con lau y media pastilla, por favor, jesusito de mi vida que eres niño como yo?).
viernes, 21 de junio de 2002
Ayer vi Shakespeare in love otra vez y lloré otra vez. Para los amantes del teatro, para los amantes del renacimiento inglés, para los amantes de Shakespeare, para los amantes del amor. Para los amantes del cine, porque es un clásico. Yo que pertenezco a cuatro de estas cinco agrupaciones de frikis culturales lloré otra vez. Es todo lo tramposo que puede ser un clásico, como Casablanca, con malos malísimos, y buenos con matices a los que se les ven los engranajes. Pero todo es verosímil y quieres creertelo. Es que aquí los malos no lo son a partir del muerto número cien, con profusión de sangre, el malo es malo porque, oh, a él sólo le importa el dinero. Es un miserable, está claro, quiere rebajar la apuesta que hace con Shakespeare. La reina es un personaje casi mitológico, como debe ser, como lo era en la época y como lo puede ser en una película si sus artífices tienen talento. La preparación por primera vez de una representación de Romeo y Julieta es un tema magnífico sobre el que especular. ¿Cómo se sentían los actores mientras iban descubriendo ese texto que nadie había leído antes? Sobrecogidos, como en la película. En fin, qué buen rato lloriqueando como una nena. Ella es al tiempo mi enfermedad y mi cura. Algún día os aburriré colgandoos por aquí un trabajo que hice sobre el soneto XVI de Shakespeare "¿Podría compararte a una mañana de verano?". Notable. Y eso que contradecía con cierta agresividad todos los argumentos de la profe del Opus, que creía que su homosexualidad era un camelo inventado por todos esos que reescriben la historia continuamente, incluída la historia de la literatura. Y que mi examen daba la risa floja.
Pregunta 1-Rasgos principales de la comedia XXX de YYY (continúo con mis problemas de memoria)
-La comedia XXX incluye situaciones de enredo, personajes caricaturizados, enseñanza moral...
-Perdonad, queridos alumnos, como ya os habreis dado cuenta, la pregunta 1 tiene una errata, XXX es una tragedia, no una comedia.
-Mmmm... ¿Me deja otro folio?
-La tragedia XXX incluye muertes, situaciones tristísimas, enseñanza moral....
Sí, si puedo os lo colgaré por aquí, para que no os acostumbreis a leer sólo cosas tontas de mi vida. A veces también me tomo en serio.
Noelia me llama para comer.
-Quiero irme a la playa hoy, a lo mejor me voy a Bilbao.
-Ah, pues yo quería ir algún fin de semana, si quieres vamos juntos, tengo amigos con casa.
-¿Un chico te puede proponer ir un fin de semana con él sin que quiera algo más?
-Oye, Noe, que yo no quiero enrollarme contigo. No hace falta que me lo preguntes todos los días.
-Sólo te lo he preguntado dos veces, la otra noche y hoy.
Pregunta para el respetable: ¿una chica se puede quitar de la cabeza de alguna forma el que le hayas dicho una vez en tu vida que se viniera a hacerte compañía a tu camita?
Luego le he contado lo de mis condones XL, que es lo mismo que contar lo de mi polla XL. A ver, ¿queda alguien por ahí a quien no se lo haya contado?, ¿me pongo un cartel? Puto exhibicionista.
Me voy a ver a mi nueva ahijada (que también a quién se le ocurre, que padres más irresponsables, luego se quejarán de cómo salga, con un padrino como yo...) y el sábado a la boda. Me han pedido otra canción, y todavía no tengo la letra... Me van a matar o me voy a cortar las venas.
-Despertad, señora, es un nuevo día.
-Es un nuevo mundo.
Pregunta 1-Rasgos principales de la comedia XXX de YYY (continúo con mis problemas de memoria)
-La comedia XXX incluye situaciones de enredo, personajes caricaturizados, enseñanza moral...
-Perdonad, queridos alumnos, como ya os habreis dado cuenta, la pregunta 1 tiene una errata, XXX es una tragedia, no una comedia.
-Mmmm... ¿Me deja otro folio?
-La tragedia XXX incluye muertes, situaciones tristísimas, enseñanza moral....
Sí, si puedo os lo colgaré por aquí, para que no os acostumbreis a leer sólo cosas tontas de mi vida. A veces también me tomo en serio.
Noelia me llama para comer.
-Quiero irme a la playa hoy, a lo mejor me voy a Bilbao.
-Ah, pues yo quería ir algún fin de semana, si quieres vamos juntos, tengo amigos con casa.
-¿Un chico te puede proponer ir un fin de semana con él sin que quiera algo más?
-Oye, Noe, que yo no quiero enrollarme contigo. No hace falta que me lo preguntes todos los días.
-Sólo te lo he preguntado dos veces, la otra noche y hoy.
Pregunta para el respetable: ¿una chica se puede quitar de la cabeza de alguna forma el que le hayas dicho una vez en tu vida que se viniera a hacerte compañía a tu camita?
Luego le he contado lo de mis condones XL, que es lo mismo que contar lo de mi polla XL. A ver, ¿queda alguien por ahí a quien no se lo haya contado?, ¿me pongo un cartel? Puto exhibicionista.
Me voy a ver a mi nueva ahijada (que también a quién se le ocurre, que padres más irresponsables, luego se quejarán de cómo salga, con un padrino como yo...) y el sábado a la boda. Me han pedido otra canción, y todavía no tengo la letra... Me van a matar o me voy a cortar las venas.
-Despertad, señora, es un nuevo día.
-Es un nuevo mundo.
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