Ahora entiendo eso de que es un suspiro. Una única respiración que va desde que te abren los pulmones a azotes hasta el cierre, cuando encienden las luces y suena Lily Marlene y el portero te saca a empujones. Y ves a lo lejos las exhalaciones redondas, cuando el sol calentaba hasta el fondo, cuando los abrazos traspasaban y oías cada nota de las canciones.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
sábado, 1 de abril de 2023
viernes, 3 de marzo de 2023
Prefiero tener suerte a tener buen corazón
Me dicen que si la llamo no lo va a coger. No he llamado ni
una vez desde que nos metió aquel gol en propia puerta, pero es bonito saber que
fantasea con que la llame para no cogerme. También que lo que pasa es que ella
no quería un novio, culpa mía por no notar las señales. La de no despegarse de
mí o la de retenerme por las buenas cuando decidía irme o la del dramón aquella
vez que le retrasé el vernos. También que está muy enfadada conmigo. Normal, es
indignante todo ese amor, el cuidadito y el sexo pródigo cuando estás esperando
que te traten como siempre.
Y es por eso que ya está, que ya estuvo. Que no me
vuelven a pillar en una de esas.
Qué tontería todo y qué desperdicio. Qué enorme estupidez pequeñísima. Como si nuestra felicidad dependiera de otra cosa que de nosotros mismos, como si le importara a alguien más.
domingo, 26 de febrero de 2023
Lo que pasó después no sé si te sorprenderá
Me había instalado en el ático de Mario para cuidarle los gatos y regarle las plantas. Me habían robado el móvil en esa playa de Cádiz que es mi preferida. Lo es por ese atardecer gratinado sobre el faro, pero también porque a pesar de ser sólo una playa (arena, cantos, olas nuevas iguales) siempre me escribe párrafos a la biografía. Por contar las más recientes, hace tres veranos aquella chica de ojos de fuego negro me hizo piececitos bajo la arena y yo no lo supe interpretar porque hace falta un doctorado para interpretar que te hagan piececitos en la arena. Luego, por vestirme de jipi (bolsillos anchos), en el segundo viaje del año, perdí las llaves del chalet y mi primo tuvo que saltar la valla porque yo no sabía ni dónde poner el pie. Hace dos, esa otra chica me besó en la orilla y se perdió conmigo entre las dunas y allí empezó toda aquella historia de amor eterno que duró en lo que le entretuve el verano. Este año, remontando un viaje que estaba saliendo a la virulé, llegábamos por fin a esa playa y a las estrellas y a las olas y a mi espíritu elevándose, cuando mi amigo se enfurruñó a la vez que yo perdía las llaves y las tarjetas y el dinero y todo se fue al suelo.
Para la historia es importante lo de que perdí el móvil,
porque tuve que hacerme con un número nuevo y se me ocurrió que con él podría
esquivar la condena de Tinder, que me tiene vetado para toda la eternidad porque, precisamente en
esa playa, Lucía y yo tuvimos la idea de ponernos juntos en una foto para hacer
amigüitas y alguien me denunció y cojito pa to la vida. Tinder ha cambiado y
hay muchas más mujeres con barba y otras maravillas, pero yo sigo siendo un
proscrito.
En Tinder he puesto de todo, fotos por el mundo, textos en
los que explicaba que era un viajero en el tiempo que buscaba a la chica que
iba a salvar el futuro… Pero esta vez sólo encontré una subasta de carne (hiperinflaccionada)
que daba perecita. Al principio puse unas fotos mías aparentes y un mensaje:
“En este mercado de la carne que es Tinder, me siento una acelga”. Con el éxito
habitual (ninguno). Pero luego se me ocurrió una idea, al principio, un chiste.
Busqué un par de imágenes de cadenas y látigos en Google, las primeras que salieron, y escribí una sola frase “¿Has pensado alguna vez en ser obediente?”. Lo que pasó
después, no sé si te sorprenderá. (pero en vez de contarlo voy a responder a
preguntas en los comentarios).
miércoles, 22 de febrero de 2023
Universos sueltos
Diréis que soy un veleta, pero ahora quiero montar una empresa. Tengo una idea millonaria en algo que sé hacer y sólo falta que quien tiene que poner la estructura también lo vea. Será un todo al revés, será menos tiempo para escribir, pero puede que entonces escriba más, que me conozco. Y, sobre todo, será un cambio de esos míos de cada cinco años, lo que duran los contratos de alquiler; de esos que necesito y en los que despierto al ave fénix que hay en mí. También podría ser salir de la cochambre y volver al modo ático en el barrio Salamanca, que no lo necesito, pero sería gracioso. En los prolegómenos me estoy viendo venir el infarto, ya van varias noches de taquicardia. A dos amigos, gente que me pide textos, les he oído este mes: es muy bueno, pero es vago. Perfeccionista les dije, vete a saber. Aquí se trata todo de delegar: estoy aprendiendo. Me voy mañana a México y teledirigiré con un mezcal en la mano por primera vez. Si no funciona, seguiremos con el plan anterior, me sentaré a escribir, terminaré los cinco libros en cola, volveré a coger sitio en el lado salvaje.
También está divertido este escribir en segunda persona, como si
hubiera alguien leyendo, cuando desde aquí se oye muy bien el eco.
miércoles, 28 de septiembre de 2022
Un verso suelto
De lejos me han parecido dos rumanos, por las pintas modestas fuera de tiempo. Pero no, son un cura y una monja, él, de negro entero, con alzacuellos sobre la camisa de manga corta: ella, con un vestido azul que no parecería un hábito si no estuviera rematado por un cordón blanco a la cintura. Debajo, una camiseta de una tonalidad de azul conjuntada que prueba que se viste mejor que yo. No lleva toca, sino una coleta que dice, a cara descubierta, que es guapa, y más que lo habrá sido, porque está en sus treinta. Ambos llevan el mismo modelo de sandalias, unas chanclas gruesas con mucho correaje. Sólo habla ella; él baja la cabeza, absorto en su oficio de escuchar. Lo de ella será más callar, así que no piensa dejar escapar esta oportunidad y este interlocutor. Por cómo gesticula, parece una mujer de acción, habla con determinación, aunque no le entiendo nada las tres veces que pasan junto a mí. A él, en su voz baja y salmodiosa le entiendo “abrazamos el caos que completa” en la única vez que mete baza, en la cuarta vuelta al parque.
¿De qué iglesia o congregación vendrán si no hay ninguna por
aquí? Antes, todo esto era campo, y los edficios feos arraigaron con mucha más
vitalidad que las iglesias feas de los 70, que cuando quisieron espabilar ya no
tenían hueco por este lado de Carabanchel. Hay un cementerio antiguo muy de afueras con
tapias que dan a mi casa y a este parque; ahí habrá una iglesia.
Yo lo llamo parque, pero son unas instalaciones deportivas
con bancos y árboles. Sólo
que casi nadie le da al deporte. A veces, unos mazaos derraman sobre la cancha los sobrantes de testosterona en unos partidos de futbito singularmente agresivos y ruidosos. Los niños endurecen sus calaveras en el parque infantil. Y una chica,
siempre la misma, solía hacer eses sobre la pista de patinaje, hoy no. Lo demás somos
jubilados, paseantes de perros, paseantes de ancianos, algún raro vagabundo y
algún más raro lector, o sea yo.
Me estoy comiendo un pastel y leo El libro doce de Carmen
Jodra hasta que me echan de allí la simultáneas conversaciones al móvil de la rubia rebotona
del perrazo dorado y de un tipo de camiseta negra heavy que, para no dejar de
liarse el porro, ha puesto en altavoz su discusión educada con la centroamericana que le quiere hacer una encuesta sobre tabacos. Pero antes, me
había dado tiempo a juguetear con la idea de leer versos sueltos, extirpados del poema, a ver qué tesoros me encontraba. Y, en lo que me levanto, ya tengo
rematada la idea: crear una cuenta de Twitter (@1versosuelto) para ponerlos en fila a ver si entre todos hacen un poema nuevo.
sábado, 23 de abril de 2022
No es fácil de contar.
No ha tenido ningún sentido. Sé, porque me lo tengo muy mirado, que las cosas no se hacen así. Terminé el libro en noviembre de 2020. En enero lo mandé a un agente, que tres meses después me dijo que no lo veía, y que, en estos tiempos, si no lo ven claro, nanay. Porque no es un libro para agentes, que buscan otras cosas, cosas de dinerito. Luego, de vez en cuando, lo mandaba a los concursos de los pueblos. Pero no es un libro para concursos, donde buscan otras cosas, cosas que no les compliquen mucho la vida. Que, dependiendo del concejal, son o bien que tengan aire de experimento o bien que avancen mascaditos y lineales (planteamiento, nudo, desenlace) para que se entiendan bien, para que nadie les pueda decir "pero qué carajo habéis premiado" antes de tirarles el pilón.
Así que, ahora ya sí que sí, vamos al turrón. Lo voy a mandar a editoriales que no me lo han pedido, porque en cada editorial buscan una cosa y quién sabe. Y cuando eso falle, me lo autoeditaré. He hecho un texto de presentación para las editoriales que ya sé que es demasiado largo, pero que espero que sintonice con alguien, con una sola persona me valdría. Aquí va:
No es fácil de contar. Sale un jípster de pueblo, pero no es
ese hípster ni es esa España vacía; hay una verbena, pero no es Feria; aparece
un tipo en burro, pero no es Panza de burro. Todo empieza con una historia de
amistad y descubrimiento que rompe la superficie de espejo de una piscina
helada, con agua de pozo, en la estepa pinariega castellana.
Hay cinco historias en las que, sin salir de ese pueblo, se
viven los fogonazos de una primera amistad adolescente y un primer amor; una ruptura y la locura de su depresión
vistas desde dentro; la nada de los modernos malasañeros vista desde fuera; un
caso detectivesco sobrenatural (o no) en el que el bien y el mal se tocan tanto
que se confunden; y una pelea entre la cocina tradicional y la tecnoemocional en
la que todos salimos perdiendo. Y luego está el capítulo final, en el que todo y
todos confluyen para darle un nuevo sentido a lo que hasta entonces eran
trocitos de vida pueblerina deslavazados a lo largo del camino. Y, después de eso, nada (y cuando
digo nada es NADA) volverá a ser como lo conocemos. En este libro, lleno de
referencias y juegos, todos los finales son abruptos y le dan un nuevo sentido
a lo que acabamos de leer.
Y hay 7 protagonistas: cinco son masculinos y uno es femenino, Diana.
Al principio, ella es un personaje de la vida de los demás, que la cuentan a su
modo. Pero en el último capítulo se explica y su punto de vista lo vuelve a
cambiar todo. Digamos que se apropia de la polisemia de su nombre, Diana, para pasar de
ser el objetivo de los amores y humores de los demás al toque de corneta que
despertará a todos, incluída ella misma. Así que también se puede leer como un
historial de relaciones fallidas o como la evolución del amor entre la adolescencia
y la madurez o como un relato de las distancias entre las miradas de los
otros y la del yo o como…
¿Y el séptimo personaje? ese es el pueblo. Uno concreto, que sale por todas partes y se cuenta más a fondo en un prólogo que lo retrata y en los pequeños textos
que dividen los capítulos (los ambigús) a través de momentos de su historia detenidos en el tiempo. Un pueblo, y eso es una novedad, que se cuenta de una manera que no es condescendiente
ni exotizante, pero que sí que está llena de vida, una vida hecha
de pasados y futuros resintonizados en el presente, como todas las vidas.
viernes, 22 de abril de 2022
Tú estarás muy buena, pero yo he leído a Faulkner
Todo es el punto de vista.
Por ejemplo, soy un dios, lo que pasa es que se me olvida
mucho. Creo mundos cuando escribo y quien no se entusiasma al leerme es que no
puede entenderlo, no sabe, no lo tiene. Sobrevuelo a toda la gente de este
garito, de esta ciudad, en ocasiones, de este mundo. Veo las cosas como son, porque
las veo desde arriba, desde fuera, todo es de cristal para mí. Y ni siquiera lo
entienden cuando se lo explico (¿por qué lo hago?) hasta que me convenzo de que
seré yo el equivocado. Pero no lo soy.
Por ejemplo, sé de siempre que las relaciones son la mentira
universal, que sólo me alejan de la hoguera que soy, que sólo me castran, que
me dedicaré a hacerlas felices e iré dejando ahí la incandescencia sagrada que me pertenece. Que nadie va a entender de verdad lo que quiero hacer, sólo van
a isuponer que algo de mi brilli terminará espolvoreándolas, pero no imaginan
la escala del fulgor, porque los sistemas con que lo miden,
las materias con que lo comparan, son de otro planeta. El mío nunca lo han pisado.
Cuando se trate de follar, diré que tengo un millón de euros en el banco, qué
más da, esa es la métrica que quieren oír. Cuando se trate de otra cosa, me
recordaré que he renunciado a todo, como un cartujo, por algo, y que no voy a
regalarme ahora por las migajas sólo porque fuera esté lloviendo y buah.
El punto de vista lo es todo: recuerda desde dónde escribir.