DIA 1 (qué difícil es esto, casi que prefiero dejar de fumar)
Cojo el bus en Segovia, medio dormido. Justo en mi campo de visión, a mis 10, se sienta una moza que lo primero que hace es inclinarse para que se le salga el tanga verde con dibujo de piel de cocodrilo por encima del vaquero. Lo segundo dejar la cazadora arriba estirando los brazos y apuntándome con dos imposibles pepinos Tomahawk del 110 debajo de una camiseta blanca que debe de ser la oficial de Miss Camiseta Mojada, por lo tenue. Vale, no me lo van a poner fácil, pero resistiré, aunque a esa veinteañera le sobresalgan un cuerpo por delante de su cuerpo en mi punto de mira. Por lo que se ve, no resisto mucho, porque enseguida se tapa un poco con el brazo, yo ni sabía que estaba mirando, es lo que tiene la enfermedad esa mía, la senofilia, que la mirada me la dirige mi mente enferma, no yo, y ni me entero. Pero eso, que se tape.
Llego al trabajo y mi compañera se está encendiendo un cigarro a escondidas. Le aparto la mano, y ¡sí! ¡tiene mi mechero recuerdo de Segovia, euro y medio, con una foto del acueducto! ¡el mismo que negaba ofendidísima que me hubiera robado! Por supuesto ni se disculpa ni nada, dice que es falso que ella negase que lo tenía. Ay, dios mío, hasta dónde llega la maldad femenina. Por si fuera poco, cuando voy a por mi cocacola del desayuno me pone la zancadilla. Pues a mí me parece bien, porque todo esto me reafirma en mis propósitos.
Pero llega Noe, y estoy a punto de caer. Como dice que se está cogiendo una gripe le sueno la nariz con una manopla Nike para el horno que me han regalado (es para la casa, compis). Me mira con odio. Muy bien, muy bien, esas tenemos, pues mejor para mi proyecto.
Salgo a comer, y en mi campo de visión, a mis dos, se sienta una tipa con alzas y una talla 120 metida en un camiseta elástica ¡roja! Se sostienen wondermagicamente, supongo. Es una mala comida, para qué negarlo, nadie dijo que fuera fácil, ellas se saben todos los trucos. Y sin embargo, consigo concentrarme lo suficiente para leerme un artículo de Vargas Llosa y otro de Chomsky, cosa que no recuerdo haber hecho nunca. Aún así, mis ojos no responden, y me trago toda su conversación absurda y podría describir su perímetro y sus vértices de memoria, mientras ella y su amigo le intentan colocar una venta de cosméticos a una peluquera renuente.
Ana, de la revista de abajo, me habla sentada. Me habla su escote. Malditas, tienen más trampas que una peli de chinos.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
lunes, 31 de marzo de 2003
No voy a volver a mirar a una mujer jamás. Se acabó. Me chupan demasiada vida, demasiado tiempo, demasiada energía. Vida, tiempo y energía despilfarrados que podría utilizar para... para... bueno, aunque fuera para nada. Como le decía a mi amigo Jorge el otro día “prefiero tirar los conguitos antes que darte uno solo a ti, so cabrón”. Y los echaba por la ventanilla.
domingo, 30 de marzo de 2003
Conversación completa (ayer, 4 AM)
VirginMaryFlashing dice:
ya has vuelto de farra?
virgenyfurioso dice:
jarl
virgenyfurioso dice:
pues menuda farra
virgenyfurioso dice:
me he quedado dormido a las doce en mi fiesta de cumpleaños
VirginMaryFlashing dice:
ahm era hoy?
virgenyfurioso dice:
hoy era la de valladolor
VirginMaryFlashing dice:
sí sí sí
virgenyfurioso dice:
joer qué camiseta más fea me han regalado
VirginMaryFlashing dice:
vale vale
virgenyfurioso dice:
para los 30 cumpleaños de mis treinta amigos va a poner dinero su padre el año que viene
VirginMaryFlashing dice:
o Perry
virgenyfurioso dice:
menudos cabrones, ni buscándola la encuentran tan fea, han tenido suerte
si es lo que yo digo siempre: conmigo nada de preguntas retóricas, si me saludas con un qué tal, corres el riesgo de que te recite mi historial médico.
VirginMaryFlashing dice:
ya has vuelto de farra?
virgenyfurioso dice:
jarl
virgenyfurioso dice:
pues menuda farra
virgenyfurioso dice:
me he quedado dormido a las doce en mi fiesta de cumpleaños
VirginMaryFlashing dice:
ahm era hoy?
virgenyfurioso dice:
hoy era la de valladolor
VirginMaryFlashing dice:
sí sí sí
virgenyfurioso dice:
joer qué camiseta más fea me han regalado
VirginMaryFlashing dice:
vale vale
virgenyfurioso dice:
para los 30 cumpleaños de mis treinta amigos va a poner dinero su padre el año que viene
VirginMaryFlashing dice:
o Perry
virgenyfurioso dice:
menudos cabrones, ni buscándola la encuentran tan fea, han tenido suerte
si es lo que yo digo siempre: conmigo nada de preguntas retóricas, si me saludas con un qué tal, corres el riesgo de que te recite mi historial médico.
sábado, 29 de marzo de 2003
Se acaba mi vida segoviana, ver el acueducto desde el balcón, contarle un cuento a Carolina antes de dormir, hacerle cosquillas a Candelilla y que la ropa aparezca mágicamente limpia y planchada por las noches. La última vez que me quedo de canguro, todo está en calma cuando llego. Malinka, la búlgara, me dice, con su acento de la Gestapo, que las niñas estánn acostadas y que tiene que irrse a cuidar a suss niñoss. Me acerco a darle las buenas noches a Caro, que está con la luz encendida, se cuelga de mi cuello y me empieza a dar besos y besos, me llama con ese nombre que sólo usa ella y con ese tonillo zalamero y astuto (¿cosa de familia?). Le regalo la mochila-fresa de la Gata Ruiz, como la llama ella, y le pregunto que qué ha hecho durante el día. “Me levantó mamá, desayuné, me puse el vestido, fuimos al cole... aprendímos la canción de... ¿te la canto?, mi amiga y yo le hemos organizado una fiesta a la profe -¿es su cumpleños? No, es que se nos ha ocurrido (pero bueno, organizando fiestas con cinco años, ¿a quién habrá salido?)-, ¿te leo la invitación que le he escrito? –y me la lee, sílaba por sílaba y volviendo al principio cada vez que se equivoca-... me puse la brillantina que me regalaste tú, ¡guapísima!,... (quince minutos después) ...y luego me ha dejado Malinka aquí”. Ah muy bien, Carolina, pues nada que me voy a cenar. Nononono, leeme un cuento. Y se cuelga. Que tengo mucho hambre... No le importa, quiere cuento, le leo el cuento. Notevayas notevayas. Hala, nena, a dormir. No apagues la luz del pasiiiillo. Vaale.
Me acerco como un náufrago al frigo, y, como siempre, no hay nada preparado. A ver, fuet, queso de cabra, salñchichas crudas y mostaza, ya está el menú... Oli llorando. Cuando llego no hay manera de calmarla, así que despierta a la otra. Se levanta Carolina. Déjame a mí que tengo muy buena mano –me dice literalmente. La dejo, y es un desastre, ya no paran de llorar. Me dice que las levante, porque si siguen llorando así se van a poner a vomitar. Y le hago caso, claro, cómo no voy a hacer caso a una niña de cinco años. Las llevo al salón y ya es la debacle. Si se calla una, cojo a la otra y entonces se pone celosa la primera y vuelve a llorar. Tiran el chupete, gritan hasta congestionarse, las dejo en la trona, en el parque, en el takatá. Nada que hacer. Al final empiezo a cantar y bailar una mezcla de jota y bacalao por toda la habitación, y, prodigiosamente, se calman. Me miran con la boca abierta. Pero Carolina se levanta y dice que nos callemos, que a ver si se va tener que ir a dormir al garaje o al portal. Vaya. Me muero de hambre, pero cada vez que voy a la cocina lloran. Al final me traigo las cosas al salón y se me cae la botella de cocacola que da varios botes y rueda estrepitosamente. Las niñas siguen tirando al suelo todo lo que les doy para que se entretengan, así que les ofrezco los juguetes de diez en diez para que tarden más en lanzarlos debajo de los muebles (puntería, las jodías). Lloran y lloran. Llama mi cuñada para ver qué tal. Pues como siempre, fatal, con su madre se duermen, pero conmigo... Que ahora viene. Pero debe de ser la una, y yo la voy a palmar entre el hambre y el estrés. Las siento conmigo en el sofá, esta vez no se me van a caer. Comeré con una mano y no las perderé de vista. Me pongo de pie y abro la cocacola de un golpe. Empieza a salir a presión y lo empapa todo, los muebles, la alfombra mi cara, mi ropa... Las niñas y yo nos quedamos quietos, mirándonos con la boca abierta. Joder, joder... Estoy chorreando sobre la alfombra, así que me quito la ropa y la voy lanzando en un rincón, la camiseta se me enreda entre el cabezón y el brazo y oigo un crock! Candela se ha tirado en plancha. Y llora. Berrea. Mientras doy vueltas por la habitación en calzoncillos y acojonao, mientras me empapa el hombro con sus lágrimas, pobre pobre pobre, veo con claridad meridiana que este va a ser el momento que elija mi cuñada para entrar por la puerta.
Me acerco como un náufrago al frigo, y, como siempre, no hay nada preparado. A ver, fuet, queso de cabra, salñchichas crudas y mostaza, ya está el menú... Oli llorando. Cuando llego no hay manera de calmarla, así que despierta a la otra. Se levanta Carolina. Déjame a mí que tengo muy buena mano –me dice literalmente. La dejo, y es un desastre, ya no paran de llorar. Me dice que las levante, porque si siguen llorando así se van a poner a vomitar. Y le hago caso, claro, cómo no voy a hacer caso a una niña de cinco años. Las llevo al salón y ya es la debacle. Si se calla una, cojo a la otra y entonces se pone celosa la primera y vuelve a llorar. Tiran el chupete, gritan hasta congestionarse, las dejo en la trona, en el parque, en el takatá. Nada que hacer. Al final empiezo a cantar y bailar una mezcla de jota y bacalao por toda la habitación, y, prodigiosamente, se calman. Me miran con la boca abierta. Pero Carolina se levanta y dice que nos callemos, que a ver si se va tener que ir a dormir al garaje o al portal. Vaya. Me muero de hambre, pero cada vez que voy a la cocina lloran. Al final me traigo las cosas al salón y se me cae la botella de cocacola que da varios botes y rueda estrepitosamente. Las niñas siguen tirando al suelo todo lo que les doy para que se entretengan, así que les ofrezco los juguetes de diez en diez para que tarden más en lanzarlos debajo de los muebles (puntería, las jodías). Lloran y lloran. Llama mi cuñada para ver qué tal. Pues como siempre, fatal, con su madre se duermen, pero conmigo... Que ahora viene. Pero debe de ser la una, y yo la voy a palmar entre el hambre y el estrés. Las siento conmigo en el sofá, esta vez no se me van a caer. Comeré con una mano y no las perderé de vista. Me pongo de pie y abro la cocacola de un golpe. Empieza a salir a presión y lo empapa todo, los muebles, la alfombra mi cara, mi ropa... Las niñas y yo nos quedamos quietos, mirándonos con la boca abierta. Joder, joder... Estoy chorreando sobre la alfombra, así que me quito la ropa y la voy lanzando en un rincón, la camiseta se me enreda entre el cabezón y el brazo y oigo un crock! Candela se ha tirado en plancha. Y llora. Berrea. Mientras doy vueltas por la habitación en calzoncillos y acojonao, mientras me empapa el hombro con sus lágrimas, pobre pobre pobre, veo con claridad meridiana que este va a ser el momento que elija mi cuñada para entrar por la puerta.
lunes, 24 de marzo de 2003
GENEALOGÍA DEL TROLL
Los trolls eran críos que se metían en los grupos de noticias, se aburrían de discusiones que no entendían sobre política, cine, literatura, y se buscaban un nick como DR MENGELE o EL_PUTO_AMO (siempre en mayúsculas) e insultaban a todo el mundo (con mucha risotada tal que así: HAHAHAHAHAHA) o proclamaban la supremacía de la raza aria y aseguraban que nos iban a exterminar a todos. Su blanco predilecto eran los que más publicaban en esa especie de tablones de anuncios semi cultos que eran los grupos y que no sé si siguen existiendo. La idea es que la tontería sin sentido (siempre en mayúsculas y con más faltas de ortografía que palabras bien escritas, que hace falta mala puntería) tuviese la mayor repercusión con el mínimo esfuerzo. A veces los atacados eran tipos serios con el sentido del humor justito para reirse de un chiste en el que salían Franco, Aznar y Felipe González, y a los pobres se les veía púrpuras cuando negaban que ellos fueran maricones (aunque no tenían nada en contra), como afirmaba el troll con muchas exclamaciones. Los trolls posteaban (¿se usaba ya este barbarismo?) a la vez en varios grupos, con lo que enseguida salía alguien de religion.humanidades.es diciéndoles a los de politica.soc que hicieran el favor de no liarles a ellos y que se quedasen con sus trolls en casita. Los otros les contestaban ofendidos durante varios mensajes. Además, siempre había quien escribía para pedir que se ignorase al troll, que lo que les gusta a los trolls es que les hagan caso, que si les contestan siguen y si no, se terminan cansando. Luego había alguien que decía que no pusieran mensajes pidiendo que no se les respondiera, porque eso era contestarles y polucionaba y gastaba tiempo de conexión también. Y luego estaba yo, que invariablemente pedía que no se pusieran mensajes a los que contestaban a los que contestaban a los trolls, je. Y es que, no os lo vais a creer, pipiolos, pero, antes, la conexión era lentísima hasta niveles desesperantes, no había tarifa plana y timofónica nos exprimía por cada segundo de red, con facturas que podían llegar a 50.000 pesetas si te conectabas unas horitas más o menos a diario. Todo para juntar un dinerito para que el bueno de Villalonga se comprara una mansión en Miami en la que disfrutar de sus dos mil milloncejos en stock options, todo por un sueño.
Así que quedábamos en que no había que hacer caso a los trolls, que polucionaban y a la quinta tontería aburrían, porque no solían tener nada interesante que decir, los pobres, a su edad yo tampoco. Así que yo tengo mi propio troll, y debería ignorarle, pero es que tiene razón fire, que el chico es mi mejor lector, y yo a los lectores lo que sea, o sea, por poner un ejemplo, que les apetece sexo, pues sexo, aunque ya veo que no os apetece, moninas. En fin, que está enamorado de mí, es la conclusión a la que llegué junto con el enemigo público número uno (qué tipo más malo ese fire, se mete con la masa, con lo que nos gusta ser masa por aquí y vocear y romper cosas e insultar a la autoridad y al clero amparados en el anonimato y el megáfono, que aunque distorsiona la voz te convierte en un blanco perfecto, en fin, ¿pero qué tendrá de malo eso?). Lo cierto es que lo que dice no me lo he leído muy bien, así que no sé cuál era la acusación concreta, pero bueno, he releído todo lo de cris y además de acordarme de las cosas, pues como que me he gustado :), así que: gracias fan. Como recompensa te dedico un post, que supongo que es algo que te animará a seguir adelante publicando todas esas historias dadaistas. Hasta que te aburras, supongo, y vuelvas a dedicarte a meterte el dedo en la nariz o esas otras actividades tuyas. Y es que los jóvenes necesitan reconocimiento, alguna palabra amable para no desfallecer, ¡ánimo!
Había una chica por ahí que tenía su propia insultadora, la pobre, pero creo que soy el único que tiene un troll que pone un blog después de que se le censure, hace amiguitos y se inventa toda una historieta (ay, con lo fácil que sería hacerla creible, que desastre de sistema educativo, de verdad, que generación nos está dejando...). Así que, una vez más, me siento como superimportante, je.
Los que me preocupan más son los demás. Bueno, puede ser que el medio sea el mensaje, y que confiéis en la bondad intrínseca de los blogs, pero en fin en este caso el medio es una mierda y el mensaje otra mierda, así que no entiendo muy bien la preocupación (por segunda vez).
Y por cierto, bob, que creo que también te va a meter a ti en el ajo, que creo que te llama la mamarracha. ¿¡Mamarracha tú!? ¡a dónde vamos a llegar!
Y venga, como coda para los nuevecitos, para los que llegaron tarde, para los que no se enteraron de la otra:
a) sigo sin haber estado nunca con una niña de catorce (ni siquiera cuando tenía quince, que ya es triste)
b) sigo sin haber estado nunca en Sevilla
Y por lo tanto, b1) tampoco fui yo el del Arny.
Los trolls eran críos que se metían en los grupos de noticias, se aburrían de discusiones que no entendían sobre política, cine, literatura, y se buscaban un nick como DR MENGELE o EL_PUTO_AMO (siempre en mayúsculas) e insultaban a todo el mundo (con mucha risotada tal que así: HAHAHAHAHAHA) o proclamaban la supremacía de la raza aria y aseguraban que nos iban a exterminar a todos. Su blanco predilecto eran los que más publicaban en esa especie de tablones de anuncios semi cultos que eran los grupos y que no sé si siguen existiendo. La idea es que la tontería sin sentido (siempre en mayúsculas y con más faltas de ortografía que palabras bien escritas, que hace falta mala puntería) tuviese la mayor repercusión con el mínimo esfuerzo. A veces los atacados eran tipos serios con el sentido del humor justito para reirse de un chiste en el que salían Franco, Aznar y Felipe González, y a los pobres se les veía púrpuras cuando negaban que ellos fueran maricones (aunque no tenían nada en contra), como afirmaba el troll con muchas exclamaciones. Los trolls posteaban (¿se usaba ya este barbarismo?) a la vez en varios grupos, con lo que enseguida salía alguien de religion.humanidades.es diciéndoles a los de politica.soc que hicieran el favor de no liarles a ellos y que se quedasen con sus trolls en casita. Los otros les contestaban ofendidos durante varios mensajes. Además, siempre había quien escribía para pedir que se ignorase al troll, que lo que les gusta a los trolls es que les hagan caso, que si les contestan siguen y si no, se terminan cansando. Luego había alguien que decía que no pusieran mensajes pidiendo que no se les respondiera, porque eso era contestarles y polucionaba y gastaba tiempo de conexión también. Y luego estaba yo, que invariablemente pedía que no se pusieran mensajes a los que contestaban a los que contestaban a los trolls, je. Y es que, no os lo vais a creer, pipiolos, pero, antes, la conexión era lentísima hasta niveles desesperantes, no había tarifa plana y timofónica nos exprimía por cada segundo de red, con facturas que podían llegar a 50.000 pesetas si te conectabas unas horitas más o menos a diario. Todo para juntar un dinerito para que el bueno de Villalonga se comprara una mansión en Miami en la que disfrutar de sus dos mil milloncejos en stock options, todo por un sueño.
Así que quedábamos en que no había que hacer caso a los trolls, que polucionaban y a la quinta tontería aburrían, porque no solían tener nada interesante que decir, los pobres, a su edad yo tampoco. Así que yo tengo mi propio troll, y debería ignorarle, pero es que tiene razón fire, que el chico es mi mejor lector, y yo a los lectores lo que sea, o sea, por poner un ejemplo, que les apetece sexo, pues sexo, aunque ya veo que no os apetece, moninas. En fin, que está enamorado de mí, es la conclusión a la que llegué junto con el enemigo público número uno (qué tipo más malo ese fire, se mete con la masa, con lo que nos gusta ser masa por aquí y vocear y romper cosas e insultar a la autoridad y al clero amparados en el anonimato y el megáfono, que aunque distorsiona la voz te convierte en un blanco perfecto, en fin, ¿pero qué tendrá de malo eso?). Lo cierto es que lo que dice no me lo he leído muy bien, así que no sé cuál era la acusación concreta, pero bueno, he releído todo lo de cris y además de acordarme de las cosas, pues como que me he gustado :), así que: gracias fan. Como recompensa te dedico un post, que supongo que es algo que te animará a seguir adelante publicando todas esas historias dadaistas. Hasta que te aburras, supongo, y vuelvas a dedicarte a meterte el dedo en la nariz o esas otras actividades tuyas. Y es que los jóvenes necesitan reconocimiento, alguna palabra amable para no desfallecer, ¡ánimo!
Había una chica por ahí que tenía su propia insultadora, la pobre, pero creo que soy el único que tiene un troll que pone un blog después de que se le censure, hace amiguitos y se inventa toda una historieta (ay, con lo fácil que sería hacerla creible, que desastre de sistema educativo, de verdad, que generación nos está dejando...). Así que, una vez más, me siento como superimportante, je.
Los que me preocupan más son los demás. Bueno, puede ser que el medio sea el mensaje, y que confiéis en la bondad intrínseca de los blogs, pero en fin en este caso el medio es una mierda y el mensaje otra mierda, así que no entiendo muy bien la preocupación (por segunda vez).
Y por cierto, bob, que creo que también te va a meter a ti en el ajo, que creo que te llama la mamarracha. ¿¡Mamarracha tú!? ¡a dónde vamos a llegar!
Y venga, como coda para los nuevecitos, para los que llegaron tarde, para los que no se enteraron de la otra:
a) sigo sin haber estado nunca con una niña de catorce (ni siquiera cuando tenía quince, que ya es triste)
b) sigo sin haber estado nunca en Sevilla
Y por lo tanto, b1) tampoco fui yo el del Arny.
viernes, 21 de marzo de 2003
Sé que nos quería a todos, que éramos su proyecto, su vida, su mundo. Que le salió bien. Pero creo también que, como todo amor, tenía sus matices. Y que sí salía sólo conmigo al balcón a ver el atardecer sobre la ciudad, las luces de faro de las habitaciones nocturnas, cada una con una historia, extendiéndose a los pies del séptimo piso, era porque sólo yo solía hacerlo. Y que si me hacía algunas confidencias y me dejaba ser como era y vino a mi habitación tras mis rebeliones sin sentido dos de las tres veces que la vi llorar, y me mostraba su fragilidad sólo a mí, era también un poco por las cosas más nobles que hacía yo. Porque entendía la alianza mundial de madres cuando me explicaba que cuidaba a los hijos de las demás porque esperaba que otra madre hiciera lo mismo conmigo cuando estuviera lejos. Porque, como absurdo delegado de COU, forcé unas horas sin clase para que pudiéramos acudir a la manifestación contra la matanza de irakíes, ante la oposición cínicamente escéptica de los jesuitas. Porque con 17 años me congestionaba al tener que explicar cosas tan básicas como que nada justifica el asesinato de un niño. Porque escribí el poema con el que mi hermano pequeño ganó el premio del cole asociando mi rechazo a la guerra a la aberración del dolor de una madre. También por eso.
Yo me tomo estos bombardeos como algo personal, hijos de puta.
Yo me tomo estos bombardeos como algo personal, hijos de puta.
jueves, 20 de marzo de 2003
Paradojas. La historia de S.
La historia de S empieza cuando salí del Palace (ver 7 de febrero) y me fui a una fiesta cubana. Allí había quedado con S2 en lo que parecía una cita galante. Lo parecía hasta que su amiga S3 (bueno, por seguir haciendo eses, porque no sé cómo se llamaba) me contó que hoy se había enterado de que estaba embarazada. Por eso estaba tan contenta, por eso había dejado de fumar y de beber ese día. Y no porque se alegrara de verme y hubiera decidido estar sobria durante todo el proceso de seducción. Ejem. Luego había quedado con S. Nada más verme me besó en la boca. Un beso en la boca no compromete a nada, pero suele ser prologo de algún lío del que no vas a saber salir. Matemático. Fue la noche aquella en la que nevó un ratito, justo en lo que cambiabamos de bar.
Para el siguiente nos besamos más.
Se fueron todos, y S3 se quedó con S y conmigo, a cuál más pedo. Bueno, ganaba S3. La dejamos hablando con nosequien y nos fuimos a una esquina de la barra, hasta que la camarera se acercó a decirnos que nos controláramosun poquito, que había una cámara encima de nosotros y habían bajado a darle un toque. Era divertido, pero yo estaba empezando a tener remordimientos. Estaba tan enamorado de burbuja. Sin esperanza, además, que parece que es más amor el amor sin esperanza.
Así que cuando S se fue al baño yo abracé a S3. Cuando volvió, estabamos acariciándonos la espalda y mirándonos a los ojos. Vi la cara de cabreo de S y pensé que ahí se acababa todo. S3 dijo "qué majo es este chico" y S sonrió y contestó: "sí, yo le quiero un montón". Para las despedidas, mientras S hablaba con unos mexicanos que nos encontramos en la calle, S3 me contaba lo bien que le había caído y yo le di mi teléfono. "Si quieres, podemos quedar este fin de semana". Sonreímos.
Al día siguiente me llamó S2 para agradecerme que hubiera cuidado de S3, que la hubiera alejado de unos tipejos que andaban por ahí y que hubiera sido tan atento. "Eres un caballero", me dijo. Sí, el caballero negro.
La siguiente vez que vi a S fue un lunes en el que iba a comer con burbuja, pero no nos llamamos y sentí mi cuerpo como vacío, como flotando, como estremecido todo el día, algo lo suficientemente físico como para alertarme de que iba por muy mal camino. Porque las desesperaciones mentales ya me las sé, me pasó todo el día masturbando las neuronas, y luego nunca es nada. Pero cuando notas como si un bicho te estuviera paseando la cabeza, como si tu estómago estuviera a punto de echar a volar, malo.
Hablé con S y quedamos para cenar. Después, se quedó en el aire la idea de tomar el postre en una cama. Pensé que me sentaría bien después de tres meses, que me dejaría de doler, que las cosas se recolocarían solas, amor, deseo, enamoramiento, fascinación, tonteo, exaltación ante un objeto artístico. Cogería la proporción exacta de cada cosa, la que convenía a lo que se podía y no se podía hacer, como el tipo práctico que soy, y la colocaría sobre mi idea de burbuja.
Como las brujas estaban en plena actividad tocahuevos por aquella época y no me sentía capaz de inspirarme con ellas al otro lado de la puerta dejando notitas y maquinando, deslicé algo descabellado: entrar en el club de intercambio que había justo enfrente de mi casa. Se aprobó. y durante cuatro horas o cinco horas estuvimos bañándonos en el jacuzzi, entrando en la habitación del sado, en la pirámide del amor, riendo y bebiendo. Cuando por fin nos decidimos, cuando estábamos solos sobre un colchón, pensé de pronto en burbuja, en lo que yo sentía, en que por un momento me quiso pero ya se le había pasado. Y tuve el primer estruendoso gatillazo de mi vida.
La historia de S empieza cuando salí del Palace (ver 7 de febrero) y me fui a una fiesta cubana. Allí había quedado con S2 en lo que parecía una cita galante. Lo parecía hasta que su amiga S3 (bueno, por seguir haciendo eses, porque no sé cómo se llamaba) me contó que hoy se había enterado de que estaba embarazada. Por eso estaba tan contenta, por eso había dejado de fumar y de beber ese día. Y no porque se alegrara de verme y hubiera decidido estar sobria durante todo el proceso de seducción. Ejem. Luego había quedado con S. Nada más verme me besó en la boca. Un beso en la boca no compromete a nada, pero suele ser prologo de algún lío del que no vas a saber salir. Matemático. Fue la noche aquella en la que nevó un ratito, justo en lo que cambiabamos de bar.
Para el siguiente nos besamos más.
Se fueron todos, y S3 se quedó con S y conmigo, a cuál más pedo. Bueno, ganaba S3. La dejamos hablando con nosequien y nos fuimos a una esquina de la barra, hasta que la camarera se acercó a decirnos que nos controláramosun poquito, que había una cámara encima de nosotros y habían bajado a darle un toque. Era divertido, pero yo estaba empezando a tener remordimientos. Estaba tan enamorado de burbuja. Sin esperanza, además, que parece que es más amor el amor sin esperanza.
Así que cuando S se fue al baño yo abracé a S3. Cuando volvió, estabamos acariciándonos la espalda y mirándonos a los ojos. Vi la cara de cabreo de S y pensé que ahí se acababa todo. S3 dijo "qué majo es este chico" y S sonrió y contestó: "sí, yo le quiero un montón". Para las despedidas, mientras S hablaba con unos mexicanos que nos encontramos en la calle, S3 me contaba lo bien que le había caído y yo le di mi teléfono. "Si quieres, podemos quedar este fin de semana". Sonreímos.
Al día siguiente me llamó S2 para agradecerme que hubiera cuidado de S3, que la hubiera alejado de unos tipejos que andaban por ahí y que hubiera sido tan atento. "Eres un caballero", me dijo. Sí, el caballero negro.
La siguiente vez que vi a S fue un lunes en el que iba a comer con burbuja, pero no nos llamamos y sentí mi cuerpo como vacío, como flotando, como estremecido todo el día, algo lo suficientemente físico como para alertarme de que iba por muy mal camino. Porque las desesperaciones mentales ya me las sé, me pasó todo el día masturbando las neuronas, y luego nunca es nada. Pero cuando notas como si un bicho te estuviera paseando la cabeza, como si tu estómago estuviera a punto de echar a volar, malo.
Hablé con S y quedamos para cenar. Después, se quedó en el aire la idea de tomar el postre en una cama. Pensé que me sentaría bien después de tres meses, que me dejaría de doler, que las cosas se recolocarían solas, amor, deseo, enamoramiento, fascinación, tonteo, exaltación ante un objeto artístico. Cogería la proporción exacta de cada cosa, la que convenía a lo que se podía y no se podía hacer, como el tipo práctico que soy, y la colocaría sobre mi idea de burbuja.
Como las brujas estaban en plena actividad tocahuevos por aquella época y no me sentía capaz de inspirarme con ellas al otro lado de la puerta dejando notitas y maquinando, deslicé algo descabellado: entrar en el club de intercambio que había justo enfrente de mi casa. Se aprobó. y durante cuatro horas o cinco horas estuvimos bañándonos en el jacuzzi, entrando en la habitación del sado, en la pirámide del amor, riendo y bebiendo. Cuando por fin nos decidimos, cuando estábamos solos sobre un colchón, pensé de pronto en burbuja, en lo que yo sentía, en que por un momento me quiso pero ya se le había pasado. Y tuve el primer estruendoso gatillazo de mi vida.
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