DECÍAMOS AYER
Vengo de una cata horizontal de ternera, que todo el mundo me pregunta, ¿es comer ternera tumbado como los romanos? Pues no, es comer ternera de la misma añada pero de distintas vacas. Ya, yo tampoco lo entiendo. ¿Una cata vertical es comer ternera de la misma vaca pero de distintos años? ¿una cata vertical se hace con gente que te cae mal?
Le estaba viendo venir. Era un señor con un tipín Michelín y una barbita al estilo Jaime de Mora y Aragón (¿alguien se acuerda?). Cuenta que ha abierto el local que acoge la cata para los amantes de la gastronomía. O sea, para políticos que no quieren que les llamen chorizos en un concurrido restaurante y para furbolistas que no quieren mezclarse con la plebe. Como Beckham. Gastrónomos. Cuenta que para comer en el local hay que ser socio, porque no quiere patosos que se emborrachen y gente… bueno, chusma. O sea que quería montarse un bar pero sin las cosas que odian los bareros y que adoramos los borrachines. Así que le estaba viendo venir. Y se lo pregunté. Oiga, esa insignia que lleva, ¿qué es? La Cruz de Malta. Vaya, la Cruz de Malta (todo con mayúsculas) ¿y eso qué es? Levanta una ceja, duda entre la condescendencia y la vanidad, pero se decide por la última. Es una orden, la de los Caballeros de Malta, yo soy Caballero de Malta (mayúsculas, mayúsculas). ¿Y cómo se consigue? Bueeeeeno. La versión corta. Pues es muy complicado, es por familia, hay que tener algo de sangre noble… Y cuando voy a hacer la pregunta fundamental, ¿y para que sirve? el tipo me ve venir a mí y me dice “no dejes la puerta abierta al salir ¿eh?”.
Le veía venir desde el principio, estaba dudando entre un nuevo rico o un hermano menor de alguna familia aristocrática, que son los que se dedican a la mesonería de altura, bodegas y clubes de gastrónomos y viajeros. Los pobres, presumiendo de amistades plebeyas, despilfarrando las últimas goticas de sangre azul, tratando de retener, sin mucho éxito, los aires de grandeza que se respiraban en casa, invirtiendo lo que queda de las últimas tierras vendidas en negocios ruinosos, porque les queda el pudor de los hidalgos a trabajar con las manos en algo que no luzca (y que viene de Platón, ojo), desprendiendo aromas de pueblo porque la globalización les ha igualado por abajo y no pueden desprenderse de una vulgaridad que horrorizaría al abuelo monárquico.
De eso va a ir mi libro, de los recuerdos de un hombre que enterramos en mi pueblo una mañana de sol de hace un mes. El último de un linaje que provenía de la reconquista. Que murió solo. Que encargó que sus cenizas descansaran en el cementerio del pueblo en el que sus antepasados ganaron las tierras y el título, en un funeral sin llantos, rodeado de unos hijos que no le conocían y charlaban del estado del panteón familiar y de dónde habría que dar una capa de escayola. Él, que había hecho fiestas nudistas y reuniones espiritistas nunca vistas en su palacio, que había alimentado gorrones a punta pala y había puesto leones en lugar de perros para cuidar su jardín (hasta que los regaló porque comían cinco pollos diarios cada uno) y había leído todas las noches junto a la chimenea de una biblioteca inagotable que me ponía los ojos como platos. Quinientos años nada más y se acabó. La historia conclusa de una familia. Alguno de sus hijos pedirá la Cruz de Malta.
(Y este post lo he hecho por lo que siempre los hago, por una genio, para que vea que hay gente más inadaptada que ella –y eso no quiere decir que les vaya mal– y para que se fugue conmigo).
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
jueves, 21 de junio de 2007
jueves, 18 de agosto de 2005
PEGGY SUE SE CASÓ
PEGGY SUE SE CASÓ
Me gustan las películas de viajes en el tiempo. Hasta las de Van Damme. Me chiflan especialmente las de aquellos crononautas que visitan su pasado y arreglan todo lo que hicieron mal, aunque estén llenas de paradojas y no tengan ningún sentido. Yo no es que fantasee mucho con eso, pero a veces me gustaría haberme despedido de la gente que he perdido de una u otra manera. Incluso de los que sí me despedí. Porque los adioses, si se dan, se dan siempre justo al final, un instante antes de la separación. Y esos no me valen. Porque lo que yo quisiera es haberme despedido en el momento en que tú eras tú y yo era yo y nuestro amor estaba intacto. Entonces sí que me hubieras entendido y sí que habría tenido cosas que decirte. No sé, despedirme por ejemplo en una de nuestras últimas juergas hilarantes del amigo al que no sé por qué dejé de ver, decir adios a aquella chica en uno de los últimos ratos de cama sin preguntas, cuando todo estaba bien y todo era deseo y planes. O a mi madre en uno de sus últimos paseos por el pueblo o a la tia Carmen cuando aún conservaba esa memoria prodigiosa de 90 años. No cuando todo se ensució de lágrimas, odio o indiferencia o cuando el fin se nos echaba encima, sino en nuestro mejor momento, cuando aquél instante parecía indestructible.
El lunes se me ilumino esta mente de chatarrero y vi diáfanamente lo que va a pasar. Calcule los tiempos y el proceso, cómo y cuándo me iba a quedar sin Selina. Y decidí despedirme. Sin motivo aparente, claro, porque era una tarde tranquila después de un día feliz, y estábamos tumbados en la cama y nos acariciábamos y nos mirábamos a los ojos y nos brillaban los ojos. Le conté algunos secretos, le revelé que la espío cuando anda por la casa, le expliqué cómo siento sus presencias y sus ausencias, cómo disfruto tanto del viaje juntos en autobús o en avión como del sitio al que llegamos, qué poemas y qué canciones son sólo suyas, cómo me ha ido enganchando esta relación poliédrica llena de bandazos y cambios que la volvían distinta cada pocos meses, en qué cosas me ha hecho digievolucionar y de qué estoy más orgulloso, cuáles son los hitazos de estos últimos dos años. Porque se cumplen dos años de aquellas absurdas noches malagueñas y yo lo único que quiero es que las recuerde y no haga nunca como que no existieron. Porque yo sé que las recordaré y no quiero ser el único. En lo demás estaré solo, no se lo he ocultado, y me esperan tiempos difíciles que quizá no entenderé, porque no creo que pueda volver a encontrar mi cosa-rara gemela. Para una carambola como ésta hay que entrenar mucho y yo cada vez soy más burro y aprendo menos, así que no creo.
Ella se puso a llorar, juraba que después de esa conversación no iba a pasar nada de eso. Calculé que se olvidaría de ella a los tres días. Ha tardado dos. Quiere que pasemos más ratos juntos, que luche por ella (eso le gustaría, los dos peleando por ella a base de caricias, regalos, pic-nics, salidas y citas literarias, y son estas cosas las que la hacen tan encantadora) y no sabe que, digan lo que digan, no pienso competir. Cree que la estoy intentando reconquistar, pero eso es porque no me ha escuchado bien, lo que estoy haciendo es despedirme. Sólo he prometido disfrutarla hasta el final, ser más que nunca su confidente y su amante, su compañero de juegos. Memorizar sus gestos, su postura cuando llego a la cama y ella ya no me espera, sus canciones extemporaneas y sus bailes en el salón.
El absurdo prestigio de los números redondos que tanto cabreaba a Vila-Matas (con razón, cumplía 50) me sirve de percha para enviarle regalos de segundo aniversario que en realidad están hechos para no quedarme con las ganas de haberle hecho regalos. Las vacaciones me dan la excusa para llevarla a la costa que siempre he querido compartir con ella. Todo se alía para que la despedida sea tan completa como pudiera desear y vuelvo a tener la sensación de que hay alguien velando por mí.
Anoche me hablaba conmovedoramente de las cosas que he perdido y de cómo recuperlas. Y tiene razón, y lo voy a hacer, pero no para que esto no termine. Porque todo ha pasado ya antes de suceder, como en un cuento de Borges o en un tragedia griega, y por una vez he conseguido volver para despedirme .
Me gustan las películas de viajes en el tiempo. Hasta las de Van Damme. Me chiflan especialmente las de aquellos crononautas que visitan su pasado y arreglan todo lo que hicieron mal, aunque estén llenas de paradojas y no tengan ningún sentido. Yo no es que fantasee mucho con eso, pero a veces me gustaría haberme despedido de la gente que he perdido de una u otra manera. Incluso de los que sí me despedí. Porque los adioses, si se dan, se dan siempre justo al final, un instante antes de la separación. Y esos no me valen. Porque lo que yo quisiera es haberme despedido en el momento en que tú eras tú y yo era yo y nuestro amor estaba intacto. Entonces sí que me hubieras entendido y sí que habría tenido cosas que decirte. No sé, despedirme por ejemplo en una de nuestras últimas juergas hilarantes del amigo al que no sé por qué dejé de ver, decir adios a aquella chica en uno de los últimos ratos de cama sin preguntas, cuando todo estaba bien y todo era deseo y planes. O a mi madre en uno de sus últimos paseos por el pueblo o a la tia Carmen cuando aún conservaba esa memoria prodigiosa de 90 años. No cuando todo se ensució de lágrimas, odio o indiferencia o cuando el fin se nos echaba encima, sino en nuestro mejor momento, cuando aquél instante parecía indestructible.
El lunes se me ilumino esta mente de chatarrero y vi diáfanamente lo que va a pasar. Calcule los tiempos y el proceso, cómo y cuándo me iba a quedar sin Selina. Y decidí despedirme. Sin motivo aparente, claro, porque era una tarde tranquila después de un día feliz, y estábamos tumbados en la cama y nos acariciábamos y nos mirábamos a los ojos y nos brillaban los ojos. Le conté algunos secretos, le revelé que la espío cuando anda por la casa, le expliqué cómo siento sus presencias y sus ausencias, cómo disfruto tanto del viaje juntos en autobús o en avión como del sitio al que llegamos, qué poemas y qué canciones son sólo suyas, cómo me ha ido enganchando esta relación poliédrica llena de bandazos y cambios que la volvían distinta cada pocos meses, en qué cosas me ha hecho digievolucionar y de qué estoy más orgulloso, cuáles son los hitazos de estos últimos dos años. Porque se cumplen dos años de aquellas absurdas noches malagueñas y yo lo único que quiero es que las recuerde y no haga nunca como que no existieron. Porque yo sé que las recordaré y no quiero ser el único. En lo demás estaré solo, no se lo he ocultado, y me esperan tiempos difíciles que quizá no entenderé, porque no creo que pueda volver a encontrar mi cosa-rara gemela. Para una carambola como ésta hay que entrenar mucho y yo cada vez soy más burro y aprendo menos, así que no creo.
Ella se puso a llorar, juraba que después de esa conversación no iba a pasar nada de eso. Calculé que se olvidaría de ella a los tres días. Ha tardado dos. Quiere que pasemos más ratos juntos, que luche por ella (eso le gustaría, los dos peleando por ella a base de caricias, regalos, pic-nics, salidas y citas literarias, y son estas cosas las que la hacen tan encantadora) y no sabe que, digan lo que digan, no pienso competir. Cree que la estoy intentando reconquistar, pero eso es porque no me ha escuchado bien, lo que estoy haciendo es despedirme. Sólo he prometido disfrutarla hasta el final, ser más que nunca su confidente y su amante, su compañero de juegos. Memorizar sus gestos, su postura cuando llego a la cama y ella ya no me espera, sus canciones extemporaneas y sus bailes en el salón.
El absurdo prestigio de los números redondos que tanto cabreaba a Vila-Matas (con razón, cumplía 50) me sirve de percha para enviarle regalos de segundo aniversario que en realidad están hechos para no quedarme con las ganas de haberle hecho regalos. Las vacaciones me dan la excusa para llevarla a la costa que siempre he querido compartir con ella. Todo se alía para que la despedida sea tan completa como pudiera desear y vuelvo a tener la sensación de que hay alguien velando por mí.
Anoche me hablaba conmovedoramente de las cosas que he perdido y de cómo recuperlas. Y tiene razón, y lo voy a hacer, pero no para que esto no termine. Porque todo ha pasado ya antes de suceder, como en un cuento de Borges o en un tragedia griega, y por una vez he conseguido volver para despedirme .
jueves, 21 de julio de 2005
veranito
veranito
Lo bueno de pasar el verano currando en este bochornoso Madrid es que el jefe, cuando me amenaza con despedirme, no puede decirme aquello "...y cuidadito que hace mucho frío fuera". yo creo que ya no tiene ganas ni de echarme la bronca. Yo tampoco. Casi que le apetece que haga las cosas bien. A mí también. Pero las hago mal, he perdido un poco de muñeca, que le vamos a hacer. A ver si la recupero en uno o dos posts. Anteayer, volviendo a casa, un tipo me llamó desde el coche, me quité los casquitos me arrimé, sacó la cabeza por la ventanilla y me preguntó "¿no teneis aire acondicionado en esta calle?". No me dio tiempo a contestarle que eso era un poco más allá, en las calles de las marquesas. Yo vivo al lado de la casa o la ex casa de Emilio Carrere, igual por eso ando un poco jorobadito ultimamente. Allí, esta noche, como cada noche me enfrentaré a la típica inquisitoria madrileña: ¿me muero de calor con la ventana cerrada o me paso hasta el amanecer oyendo bocinazos?. Esta noche creo que me espera Selina (antes Madame de Merteuil) extendida en la cama con la típica inquisitoria vital que venimos sufriendo desde la noche de los tiempos: ¿pasamos calor o mucho calor?
Lo bueno de pasar el verano currando en este bochornoso Madrid es que el jefe, cuando me amenaza con despedirme, no puede decirme aquello "...y cuidadito que hace mucho frío fuera". yo creo que ya no tiene ganas ni de echarme la bronca. Yo tampoco. Casi que le apetece que haga las cosas bien. A mí también. Pero las hago mal, he perdido un poco de muñeca, que le vamos a hacer. A ver si la recupero en uno o dos posts. Anteayer, volviendo a casa, un tipo me llamó desde el coche, me quité los casquitos me arrimé, sacó la cabeza por la ventanilla y me preguntó "¿no teneis aire acondicionado en esta calle?". No me dio tiempo a contestarle que eso era un poco más allá, en las calles de las marquesas. Yo vivo al lado de la casa o la ex casa de Emilio Carrere, igual por eso ando un poco jorobadito ultimamente. Allí, esta noche, como cada noche me enfrentaré a la típica inquisitoria madrileña: ¿me muero de calor con la ventana cerrada o me paso hasta el amanecer oyendo bocinazos?. Esta noche creo que me espera Selina (antes Madame de Merteuil) extendida en la cama con la típica inquisitoria vital que venimos sufriendo desde la noche de los tiempos: ¿pasamos calor o mucho calor?
viernes, 8 de julio de 2005
ZANAHORIAS
ZANAHORIAS
he abandonado tantas cosas durante tanto tiempo que ya no sé reconocer, como solía, el momento en que estoy tocando fondo y debo de esbozar esa sonrisa, ya sabeis.
siempre he tenido claro que todo esto iba a llegar, es más, puede que lleve toda la vida preparándome para combatirlo. lo que pasa es que me faltaba experimentarlo así, seguidito.
y es que lo aterrador no es el palo.
he abandonado tantas cosas durante tanto tiempo que ya no sé reconocer, como solía, el momento en que estoy tocando fondo y debo de esbozar esa sonrisa, ya sabeis.
siempre he tenido claro que todo esto iba a llegar, es más, puede que lleve toda la vida preparándome para combatirlo. lo que pasa es que me faltaba experimentarlo así, seguidito.
y es que lo aterrador no es el palo.
viernes, 11 de febrero de 2005
EL CHINO DE LOS GREMLINS
EL CHINO DE LOS GREMLINS
Ayer hice mi debú televisivo. Era un número de baile vestido de chino, con un bastón de majorette, una peluca de paje y un cocodrilo de peluche. En un carnaval, claro. Y en la tele nacional. Al principio avisé a un par de amigos. Luego a otros diez. Luego a la familia. Luego quedamos todos en una casa para verlo. Pedimos bebida y comida nos concentramos delante de la tele, me di la mano con la chica de mi izquierda. Nervios, intriga... Al final salí DOS segundos, al fondo, bailando como un borracho que se había colado en plano. Exactamente tal y como se lo había explicado a todos. Se me quedaron mirando todos con cara de terror y sintiendo mucha vergüenza ajena. ¿Y para esto has avisado a tu familia? Selina se lo dijo a sus padres y fue la primera vez que me vieron. Luego, nadie me mandó ni un mensajito. Y lo peor es que a todo el mundo le pareció que iba de cabaretera. De chino, coño, del chino de los gremlins, ¿es que no habeis visto el cocodrilo? Selina dice que tengo piernas de cabaretera.
Ayer hice mi debú televisivo. Era un número de baile vestido de chino, con un bastón de majorette, una peluca de paje y un cocodrilo de peluche. En un carnaval, claro. Y en la tele nacional. Al principio avisé a un par de amigos. Luego a otros diez. Luego a la familia. Luego quedamos todos en una casa para verlo. Pedimos bebida y comida nos concentramos delante de la tele, me di la mano con la chica de mi izquierda. Nervios, intriga... Al final salí DOS segundos, al fondo, bailando como un borracho que se había colado en plano. Exactamente tal y como se lo había explicado a todos. Se me quedaron mirando todos con cara de terror y sintiendo mucha vergüenza ajena. ¿Y para esto has avisado a tu familia? Selina se lo dijo a sus padres y fue la primera vez que me vieron. Luego, nadie me mandó ni un mensajito. Y lo peor es que a todo el mundo le pareció que iba de cabaretera. De chino, coño, del chino de los gremlins, ¿es que no habeis visto el cocodrilo? Selina dice que tengo piernas de cabaretera.
lunes, 31 de enero de 2005
CUMPLEAÑOS TOTAL
Mañana es su cumpleaños y le daré a elegir entre italiano y japonés y se quedará con el japo, pero sólo para jugar con los palillos y con todo lo demás, me dirá una y otra vez So-Ho en lugar de sí, inclinará la cabeza y se ofrecerá como geisha, lo ensuciará todo, simulará sin mucho éxito que le gustan mis regalos, calculando el precio, se abrazará a mí por la calle, llorará un poco porque se siente muy vieja, hablará sin parar por teléfono, le brillarán los ojos, me dará besitos en la cara, se emborrachará conmigo y me violará, sin duda, le dará miedo pensar en algunas tonterías, pero no temerá a las cosas importantes, las que asustan de verdad, me mentirá un poco en cualquier cosa, eso es un clásico, estará, sin saberlo, más guapa que nunca, con ese pelo como comestible y esos ojos de muñeca flotando en el triángulo de las Bermudas, me lo aguantará todo también, y yo, retorcido, pensaré que tiene que haber algún motivo oculto para todo esto. Cuando me mire, quizá navegue entre el cálculo y la humedad, entre el amor y el confort, pero yo no sabré lo que piensa, estoy condenado a nunca saber lo que piensa.
jueves, 20 de enero de 2005
¡ESTABAIS AHÍ!
¡ESTABAIS AHÍ! 4 de mis 5 preferidas me han dejado un comentario, jaja, ya sé quienes eran las locas que me hacían esas 4 visitas semanales...
Que sepais que todo se arregló, la revista de tendencias de al lado me prestaba unos ¿pantalones? de esos de medio millón, pero con los que te avergonzaría encontrarte con tu abuela por la calle. Al final vino un amigo y me trajo otros.
Y luego se me olvidó una mochila en el autobús y me subí a un taxi y le dije "siga a ese bus". Toda la vida queriendo decir la frase, y mira, en vez de un "siga a la elegante nudista del perrito, a la refinada morena del instrumento de viento, a la sensual rubia que camina sin pisar el suelo, a la pálida princesa malvada o a la bella taxista del deportivo metalizado" tuve que conformarme con un "siga al 21". C'est la vida en prosa.
Bueno, dadme un poco de tiempo para desentumecerme y esperad, esperad cosas nuevas de mí. Poneos en lo peor.
Que sepais que todo se arregló, la revista de tendencias de al lado me prestaba unos ¿pantalones? de esos de medio millón, pero con los que te avergonzaría encontrarte con tu abuela por la calle. Al final vino un amigo y me trajo otros.
Y luego se me olvidó una mochila en el autobús y me subí a un taxi y le dije "siga a ese bus". Toda la vida queriendo decir la frase, y mira, en vez de un "siga a la elegante nudista del perrito, a la refinada morena del instrumento de viento, a la sensual rubia que camina sin pisar el suelo, a la pálida princesa malvada o a la bella taxista del deportivo metalizado" tuve que conformarme con un "siga al 21". C'est la vida en prosa.
Bueno, dadme un poco de tiempo para desentumecerme y esperad, esperad cosas nuevas de mí. Poneos en lo peor.
miércoles, 19 de enero de 2005
MAÑANA, RÉGIMEN
MAÑANA, RÉGIMEN
ALGUNAS COSAS han cambiado desde entonces, una de ellas, al parecer, mi talla. Me he puesto unos pantalones blancos de pana, de pata ancha y con muchos bolsillos. De cremallera y botón de click que no me terminaba de abrochar cuando estaba delgado, así que esta mañana, ni de coña. Supongo que en los setenta me hubiesen estado bien en todos los sentidos. Pero cooomo iba a renunciar a ponerme estos pantalones del pasado un poco color crema –¿o que están viejos?– que NO me pegan nada pero me traen bonitos recuerdos.
A fuerza de soportar la presión como una valiente la cremallera ha terminado por cascar. Totalmente, desintegrada, sin remisión. O sea, una parte de un trozo de una pieza debajo de la impresora, otra al archivo y otra por ahí va. Si me levanto se me caen, incluso para sujetarlos necesito las dos manos. Quiero irme a casa.
ALGUNAS COSAS han cambiado desde entonces, una de ellas, al parecer, mi talla. Me he puesto unos pantalones blancos de pana, de pata ancha y con muchos bolsillos. De cremallera y botón de click que no me terminaba de abrochar cuando estaba delgado, así que esta mañana, ni de coña. Supongo que en los setenta me hubiesen estado bien en todos los sentidos. Pero cooomo iba a renunciar a ponerme estos pantalones del pasado un poco color crema –¿o que están viejos?– que NO me pegan nada pero me traen bonitos recuerdos.
A fuerza de soportar la presión como una valiente la cremallera ha terminado por cascar. Totalmente, desintegrada, sin remisión. O sea, una parte de un trozo de una pieza debajo de la impresora, otra al archivo y otra por ahí va. Si me levanto se me caen, incluso para sujetarlos necesito las dos manos. Quiero irme a casa.
martes, 18 de enero de 2005
Podría volver
Podría volver
pero no vuelvo por orgullo simplemente
si ya juré nunca volver debes creerme
que cumpliré con mi promesa está por ver
Y si me dices que no puedes olvidarme
en este mundo nadie es indispensable
puedes vivir sin mi igual que yo sin ti
y si me dices que yo soy toda tu vida
y como en todo lo que hay vida existe muerte
y yo no quiero ser la muerte para ti
Y podrás pensar
que me dolió que me dejaras y es muy cierto
y como tu comprenderás todo este tiempo
sufrí bastante y pensé nunca volver
y si me dices que sin mí te pones triste
eso tuviste que pensar cuando te fuiste
seguro que por ti ya nada puedo hacer
y si me dices que me quieres y me quieres
y si me pides que regrese y que regrese
juré que nunca volveré y no volveré.
Y podrás pensar
que me dolió que me negaras y es muy cierto
y como tu comprenderás todo ese tiempo
sufrí bastante y temí nunca volver
y si me dices que sin mí te pones triste
eso debiste pensar antes de irte
seguro que por ti ya nada puedo hacer
y si me dices que me quieres y me quieres
y si me pides que regrese y que regrese
juré que nunca volveré y no volveré
los planetas versioneando a Rocío Durcal que cantaba una canción de Juan Gabriel, juas.
pero no vuelvo por orgullo simplemente
si ya juré nunca volver debes creerme
que cumpliré con mi promesa está por ver
Y si me dices que no puedes olvidarme
en este mundo nadie es indispensable
puedes vivir sin mi igual que yo sin ti
y si me dices que yo soy toda tu vida
y como en todo lo que hay vida existe muerte
y yo no quiero ser la muerte para ti
Y podrás pensar
que me dolió que me dejaras y es muy cierto
y como tu comprenderás todo este tiempo
sufrí bastante y pensé nunca volver
y si me dices que sin mí te pones triste
eso tuviste que pensar cuando te fuiste
seguro que por ti ya nada puedo hacer
y si me dices que me quieres y me quieres
y si me pides que regrese y que regrese
juré que nunca volveré y no volveré.
Y podrás pensar
que me dolió que me negaras y es muy cierto
y como tu comprenderás todo ese tiempo
sufrí bastante y temí nunca volver
y si me dices que sin mí te pones triste
eso debiste pensar antes de irte
seguro que por ti ya nada puedo hacer
y si me dices que me quieres y me quieres
y si me pides que regrese y que regrese
juré que nunca volveré y no volveré
los planetas versioneando a Rocío Durcal que cantaba una canción de Juan Gabriel, juas.
miércoles, 22 de septiembre de 2004
LA DE ULISES
LA DE ULISES
que tardó 15 años en recorrer una distancia como de mi pueblo hasta Cádiz, anda ya, lo que pasa es que no quería volver, que las aventuras enganchan, que eso de no estar muy seguro de dónde te vas a despertar mañana, de qué desventura borrará hoy las de ayer, de si estarán tus pantalones debajo de la cama por la mañana, nos pone cachondos a Ulises y a mí. Pero si nos hubiésemos quedado, la historia se habría visto desposeida de su único sentido,
contarla,
sabíamos que aquí nos íbamos a despertar en la misma cama, que buscando bajo el desorden aparecería sin duda la ropa interior e incluso la cartera, que no iba a ser tan fácil toparnos con una encantadora que nos secuestrara en su dormitorio.
pero aquí estamos
por un alto sentido del deber o porque se nos acabó la pasta.
que tardó 15 años en recorrer una distancia como de mi pueblo hasta Cádiz, anda ya, lo que pasa es que no quería volver, que las aventuras enganchan, que eso de no estar muy seguro de dónde te vas a despertar mañana, de qué desventura borrará hoy las de ayer, de si estarán tus pantalones debajo de la cama por la mañana, nos pone cachondos a Ulises y a mí. Pero si nos hubiésemos quedado, la historia se habría visto desposeida de su único sentido,
contarla,
sabíamos que aquí nos íbamos a despertar en la misma cama, que buscando bajo el desorden aparecería sin duda la ropa interior e incluso la cartera, que no iba a ser tan fácil toparnos con una encantadora que nos secuestrara en su dormitorio.
pero aquí estamos
por un alto sentido del deber o porque se nos acabó la pasta.
viernes, 17 de septiembre de 2004
Parece que fue ayer
PARECE QUE FUE AYER
Si no fuera porque es imposible, yo diría que ayer mismo estaba en La Habana, que el puñetero huracán no tiró ni una mísera torre del aeropuerto, pero llenó los vuelos de ese día y nos evacuaron a un hotel, que usé mis influencias para asegurarme una plaza en el siguiente y conseguí una habitación en la planta ejecutiva y un asiento en Business, que mientras hablaba de todo ello con el director, la morena del pantalón rojo y los ojos grandes me sonreía desde la barra, que cuando me quedé solo con mi daiquiri y pasaron junto a mí me decidí a seguirla hasta el comedor, que me invitó a sentarme con ellas, que la invité a dos daiquiris y el segundo nos lo tomamos en mi habitación, que no quiso besarme cuando se lo pedí, pero espero dos minutos para lanzarse (lanzarse) sobre mí, que asesinamos al pato de toallas que estaba sobre la cama, que le arranqué su pantalón rojo y sus bragas empapadas, que me rasgó la camisa y me hizo marcas por todas partes, que rodamos mucho, que gritamos bastante, que miramos el Malecón desde la ventana y nos duchamos juntos, que le gustaban mis ojos pero no mi barriga, que cambié mi plaza de Business por la de la chica que se sentaba a su lado, que cogió su avión a Milán, que se fue.
Que sí, que te he pegado los tarros con dedicación y toda la elegancia de la que he sido capaz, pero que no he dejado de pensar en ti ni una sola vez, que si he vuelto ha sido sólo por ti, vida mía, que este curso te voy a querer más que nunca.
Ah, y que he aprendido un par de trucos, yatusabes.
Si no fuera porque es imposible, yo diría que ayer mismo estaba en La Habana, que el puñetero huracán no tiró ni una mísera torre del aeropuerto, pero llenó los vuelos de ese día y nos evacuaron a un hotel, que usé mis influencias para asegurarme una plaza en el siguiente y conseguí una habitación en la planta ejecutiva y un asiento en Business, que mientras hablaba de todo ello con el director, la morena del pantalón rojo y los ojos grandes me sonreía desde la barra, que cuando me quedé solo con mi daiquiri y pasaron junto a mí me decidí a seguirla hasta el comedor, que me invitó a sentarme con ellas, que la invité a dos daiquiris y el segundo nos lo tomamos en mi habitación, que no quiso besarme cuando se lo pedí, pero espero dos minutos para lanzarse (lanzarse) sobre mí, que asesinamos al pato de toallas que estaba sobre la cama, que le arranqué su pantalón rojo y sus bragas empapadas, que me rasgó la camisa y me hizo marcas por todas partes, que rodamos mucho, que gritamos bastante, que miramos el Malecón desde la ventana y nos duchamos juntos, que le gustaban mis ojos pero no mi barriga, que cambié mi plaza de Business por la de la chica que se sentaba a su lado, que cogió su avión a Milán, que se fue.
Que sí, que te he pegado los tarros con dedicación y toda la elegancia de la que he sido capaz, pero que no he dejado de pensar en ti ni una sola vez, que si he vuelto ha sido sólo por ti, vida mía, que este curso te voy a querer más que nunca.
Ah, y que he aprendido un par de trucos, yatusabes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)