sábado, 26 de enero de 2013

Nueve atardeceres de Ibiza. OCHO.


Nueve atardeceres de Ibiza. OCHO.
Un dios egipcio anima el sol de hoy. Por una parte, es fácil imaginarlo dentro. Este sol brillante y puro, redondo e imparable, es la encarnación de la fuerza y está sobre todos nosotros y deja claro que es enorme y poderoso. Por otra, resulta difícil imaginar a un dios de la antigüedad redondo. Ahora, con las religiones adaptándose como el que más y con la ciencia ficción ya inventada y deconstruída, y con los dibujos japoneses y con el átomo dibujado y reventado, no resulta tan difícil imaginarse a un dios bola de energía. Pero entonces las religiones eran orgullosamente antropomórficas. Hasta para adorar a un animal. Hasta para tallar sus tótems. Cuando el sol ha caído del todo y sólo nos llega un recuerdo irreal como el del aroma de una amante en la almohada, puedes imaginar todo un reino divino al final del mar, puedes creer que es el sol el que se ha alejado y no nosotros. Es la explicación más sensata, es lo que ves: un dios cotidiano que nos perdona un día más. Y que se retira a seguir con sus cosas en otra parte. Justo después de observarnos y calentarnos y prevenirnos y convertir cada día en una oportunidad nueva, un camino sin pisar que no tiene nada que ver con el anterior, por mucho que se parezca todo lo demás alrededor.
Las diosas isleñas mayas de la fertilidad y las divinidades doradas que decoran los bares del paseo de Sant Antoni de Portmany, el hippismo y el nudismo de por aquí deben de tener algo que ver con esto, con cómo te rodean en una isla las cosas fundamentales, el mar, el sol y lo demás. Porque parecen nacer, vivir y morir sólo para ti y sólo alrededor de ti.  
1 de noviembre de 2012

viernes, 9 de noviembre de 2012

Nueve atardeceres de Ibiza. SIETE.

Nueve atardeceres de Ibiza. SIETE.

El mundo que yo veo se va acercando a mí al terminar el día. La esquina del mar me está esperando para que me dé el segundo baño, el último hasta mañana. Las nubes, en esta época del año, se vuelven más posesivas y me rodean, me abrazan, me intentan engullir en cuanto pueden. Son majas, pero pegajosas, y yo prefiero que no me quieran tanto para poder miraros tranquilo. Os habéis adueñado de todo. De la tierra, claro, y la recorréis despacio las menos de las veces, fijándoos en mí por fin a estas horas, mucho más a la orilla del mar y de dos en dos. Y el mar. Paseáis por encima del Mediterráneo, paseáis como nadie lo hace, manteniéndoos secos mientras pisáis la superficie, uno de esos milagros vuestros. Mientras que los océanos, las nubes, los montes, la arena o los árboles, casi todo, son seres de un solo truco, vosotros, como yo, sois tipos ingeniosos como una navaja suiza. Uno de mis birlibirloques preferidos viene justo ahora, cuando os enseño de qué estoy hecho y pongo un poco de mí en cada una de las cosas a las que miro. Entonces, aun con la prisa de siempre, os obligo a fijaros en que estoy aquí, aunque sea un momentito. Sí, estoy, y doy colores y calor y, en fin, aunque no os quito el mérito de las energías portátiles que os habéis inventado, la energía soy yo. Cuando quiero pasar el rato con vosotros hasta os cambio la personalidad y os olvidáis de todas las normas sociales que os empeñáis en renovar cada generación. Y os hago sonreír y os desnudo y os saco a la calle y os vuelvo más sociables y folláis más. Y sois más animales. No os voy a dar la tabarra con la fotosíntesis y todo lo demás, pero sí, lo hago todo yo. Ignoradme si queréis, aun cuando me atenúo para que me podáis mirar a la cara al menos este ratito. Pero sabed que el rey de la fiesta soy yo.
Ahora me tengo que ir.  
31 de octubre de 2012