lunes, 12 de agosto de 2013

Continuará



Cojo una camiseta arrugada del suelo, me la pongo y salgo a por tabaco. Barriguitas, el portero de los fines de semana y las vacaciones, me habla del huerto de mi terraza. Entre Barriguitas, Jacek -el otro portero-, María -la señora de la limpieza- y yo hemos conseguido un huerto de tomateras que no da tomates. Hemos sembrado, regado, trasplantado y podado. Sobre todo he podado yo. He podado de más y ahora todos dicen que tengo la culpa de que los tomates no salgan porque no tienen suficientes hojas.
La mitad de las tiendas y los bares están cerrados. La china del Lor-Ana me grita desde la cocina que no hay Marlboro. Le digo adiós con los dos brazos. Me dice adiós con la escoba. Brilla un sol muy amarillo en los pisos altos. Miro para arriba y descubro una terraza desbordada de plantas que nunca había visto. En La casa de la cerveza un tipo gordo y beodo me sonríe cuando le abro la puerta. La camarera deja lo que está haciendo para encenderme la máquina con otra sonrisa. Canturreo aires de fiesta. Una chica en shorts y con el culo alzado cruza el paso de peatones. “Camina como Marilyn”, pienso. Pero luego me doy cuenta de que cojea de verdad. Entro en la tienda y busco algo dulce. Mejor una sandía. Golpeo con la palma todas las sandías , una a una, mientras acerco la oreja. La dependienta se pregunta que qué carajo estoy haciendo. Le explico que, de pequeño, Masi, el melonero del pueblo, me llevaba en su furgoneta y me enseñó a distinguir las buenas sandías por el sonido a agua. Se la acerco a la oreja. Sólo oye toc toc.
Me fijo en cómo da el sol en las hojas altas de los árboles. Las quema. Las convierte a ratos en gemas que no pintan nada aquí y a ratos en bombillitas de túnel de lavado dominicano. Se acercan unas nubes, pero aún no. Aún están los pájaros cantando. http://www.poesi.as/jrj36091.htm

domingo, 11 de agosto de 2013

Morfeo



En una mano un Lexatín y en la otra una raya. Supongo que el Lexatín, aunque no lo parezca, es lo que me lleva al mundo en el que soy yo de verdad, a la cama y a escribir mañana. La raya, en cambio, me sacará a las calles y a la ficción. No son tan fáciles de distinguir, a menudo soy yo al aire libre y a veces el escritor es sólo un personaje. Tengo en la cabeza la frase taladrándome: “igual no eres escritor”. Igual si no te sientas, si no tecleas, si no cambias algo por esto, si no lo quieres lo suficiente para hacerlo, no lo eres. Suena bastante lógico: si no escribes, igual no eres escritor. Tengo que elegir y me tomo el Lexatín. Y al rato, qué coño, la raya. Quiero pensar que me estoy asegurando de que llegaré a alguno de los dos mundos, pero lo cierto es que lo único que he hecho es aplazar un día más la elección.