viernes, 23 de marzo de 2012

Cómo follar en twitter

Pero ¿en tuiter se folla o qué?

Desde que Twitter es Twitter la pregunta que navega sus corrientes subterráneas e incluso (todo el rato) su superficie es “pero ¿en Twitter se folla o qué?”. Si tienes esa duda, es evidente que tú no. Para resolverla, vamos a dar un paseíto por las redes sociales. Y para que no se te haga muy pesado y que te puedas ir ya a tuiter si quieres, te voy a ir respondiendo a la pregunta: sí, se folla mucho, muchísimo, más que en ninguna otra parte, más que en el Huracán de Benavente y los años ochenta juntos.
En serio, TODO EL MUNDO está follando en twitter, háztelo mirar, algo estás haciendo mal. Probablemente ese tú contra el mundo no funciona. Tampoco es efectivo que las lectoras visualicen tu miembro enhiesto cada vez que te ven, ya sea entre líneas o directamente en la imagen del avatar. Recuerdo un tuit, creo que de @luna1919, que decía que para pillar era mejor ser poetuitero que sextuitero. Ésa es la clave y no el hacer como que estás de vuelta de todo. Si estás de vuelta, no llegas a ninguna parte, sólo vuelves, piénsalo. Un amigo me preguntó cómo hacerlo, le expliqué lo de la poesía y luego no me hizo ni puto caso y se hizo un tuiter sobre correr. A mí me parece que eso es subvertir el orden natural de las cosas: lo normal es que ella eche a correr hacia el final de la relación. Pero mira, hasta eso funciona. En serio. En tuiter se folla mucho. Y raro. Tuiter tiene su lesbianismo y su gente a la que le gustan los pies y cosas así. A una de tuiter le propones un trío y le parece poca gente. Eso sí, en los DMs sólo hay que hablar de amor y afinidades eternas. Si no fuera tan largo, el trending topic permanente sería “yo quedé para conocer a mi alma gemela y no me explico cómo he acabado a cuatro patas”.

TIP: Sé pulcro. Intentar ligarse a alguien con lenguaje sms, faltas de ortografía, emoticonos y mierdas es como aparecer con la chorra fuera en la primera cita. Puede que funcione, pero lo que consigues así es un saldo. Y una gonorrea.
@virgenyfurioso

Suerte, GQ

Llegué a Madrid hace unos añitos para ser el delegado de una revista potente: tenía mi despachito, mi mac y mis bolis de colorinchis. A los dos meses y medio, justo cuatro días después de la fiesta de presentación, y cuando se publicaban mis primeros textos, la revista cerró. La misma noche de la fiesta follé con una chica muy mona, me instalé en su casa y me dio drogaína por primera vez.
En marzo de 2009 escribí mi primer texto para Soitu. Cuando ya tenía el segundo a punto, Soitu se fue al carajo, perdón, al cielo con los serafines. Para el texto de Soitu no follé con nadie que recuerde, pero comí donde Santi Santamaría, que empieza a ser mejor recuerdo. Luego Santi Santamaría la palmó, a mí me dejó mi novia y, por el camino, aprendí nuevos trucos y di algunos botes divertidos.
En marzo de 2012, GQ me encarga un texto que debería suponer el comienzo de una hermosa amistad.
No les deseo ningún mal, pero el sábado celebro mi cumple y me gustaría pillar.
¡Suerte, GQ!

domingo, 22 de enero de 2012

Ojos del color del mar que pasa por Ítaca

Ojos del color del mar que pasa por Ítaca

- “Ojos del color del mar que pasa por Ítaca”. Esto que te escribí significa más cosas de las que parece.
- ¿El qué?
- Habla, claro del color del mar en la playa de piedras blancas de Ítaca, un color con la misma intención que la de tus ojos. Pero también de la Ítaca de Ulises, que corrió todos esos peligros para llegar a la isla…
- …Ulises que cuando llegó a Ítaca llegó a casa…
- Y además me recuerda el Viaje a Ítaca de Kavafis. ¿No lo conoces?

Le recito el trozo que me sé, porque nunca he encontrado una traducción mejor (ni menos fiel) que aquélla con la que me lo aprendí a medias. Busco el resto y leo: “Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. / Sin ella jamás habrías partido”. Y recito “y siendo ya tan viejo, cargado de experiencias/ comprenderás por fin lo que significan las Ítacas”.
- Estás temblando, déjame que cierre la ventana.
- No estoy temblando de frío.
Yo estoy sentado en un sillón, ella de rodillas frente a mí, con una toalla enrollada y el pelo goteando en mi pierna. “Me veo en tus ojos, parezco la Sirenita”, me dice. “¿Estás guapa?”. Se busca, y me traspasa con su mirada oceánica. “Yo nunca me veo demasiado guapa”. “En mis ojos siempre sales bien”.
Le acaricio la cara, paseando de peca en peca. “Hueles a mandarina”, me dice. Con la otra mano le pongo una canción y me zambullo en su boca durante los 4 minutos y 8 segundos que dura. Luego se recuesta sobre mí. Le acaricio la espalda muy despacio. Sólo puedo pensar, “qué suave” y procuro corresponder y resultar tan leve como para que no sienta mis dedos, sólo la electricidad a unos milímetros de su piel. “Esto es el cielo”, me dice. “Qué pena que siempre se olviden los momentos perfectos”, le susurro al oído. “Pues escríbelo”.