miércoles, 19 de junio de 2002

¿Por qué relaciono ciertos estados de mi cuerpo y de mi espíritu con las drogas? Ahora siento un agradable escalofrío por todas partes y me viene a la cabeza que pueda ser un resto de la pastilla del sábado. Es miércoles por la noche, así que es muy dudoso que dure tanto o que sea un flash-back de esos que producen los tripis. En fin, va a haber que controlar mejor ese tema, porque influye en mi trabajo demasiado. Me paso tres días hecho polvo, no termino las cosas a tiempo...

¿Por dónde íbamos? El sábado. En la fiesta había algunas churris espectáculares. Sólo las pijitas saben llevar esos escotes. Pero casi que prefiero a una que tenga lo mismo debajo de una camiseta ACDC, pero más tocable. ¿Cuándo he empezado a ser un bicho raro en un ambiente como ese? Se reían de mis ocurrencias como si fuera un marciano y nadie se creyó que no había entrado a proposito en el baño justo cuando se duchaba la compañera de piso de la anfitriona. Me miraban con un poco de miedo. Nada que hacer con las que ya me conocían, porque ya me conocían. Sigo sin entender a las que se ponen dignas porque ya las has entrado un día y parece ser que eso significa que vas a pasarte toda tu vida admirándolas en la distancia y deseándolas, cabizbajo. Pues no, Anita la digna, hija, si no hubiera estado tan borracho aquélla vez, no hubiera insistido tanto. Además creo recordar que sólo te propuse desayuno ("no veas cómo hago los desayunos") y que tú te reiste aún más que yo con toda aquella historieta. Pero nada, para la siguiente que me ves tienes que estar distante, seria, cortante... Qué rollo.
La pastilla me la fui metiendo poco a poco. Hasta que se me fue la mano. También había una chica normal en la fiesta. Fabrica Prozac, la pastillita de la felicidad, así que me pasé un buen rato tratando de convencerla de que debería traerme unas muestras. Por lo demás, fiesta catalana. Hay quien me dirá que las fiestas no tienen patria, pero yo creo que no, que una fiesta londinense no es lo mismo que una en México. Una fiesta catalana es aquella en la que te especifícan que en vez de regalo prefieren dinero (yo esto sólo lo había visto en las bodas), en la que los muebles son de diseño y en la que se come pa amb tomaca y ensalada de gulas y cosas finas. Además, hasta que el último invitado no se ha terminado el café, no se puede beber una copa. Por mucho que lo supliques hasta quedar como un alcohólico o como un plasta. Para la próxima me llevo una petaca.
La Vieja Estación es un sitio muy pijito y muy bonito en el que las chicas no te miran mal y hasta parecen estar esperando a que les digas algo. Pero bueno, yo estaba conmigo mismo, la música, el globo y eso. Llamé a Cris desde un teléfono prestado, que yo de momento no tengo (cosas que dejé en La Habana). En el trabajo hablan mal de ella, así que se puso a llorar desde Tarragona. Los de su lado me empezaron a llamar cabrón, así que les dijo "que no me está haciendo llorar, que él es el mejor, es maravilloso..." Ay, mi Cris, lo que bebe, cómo me gusta tener una chica así, por fin.
En tan amoroso trance, volé tan alto tan alto... que perdí a todos los de la fiesta. Volví a Chueca, pero nadie me hizo caso. Claro, ya no iba vestido de boda, como la última vez, snif. Terminé por la mañanita, leyéndome El Víbora en un banco de Callao, en lo que se me bajaba un poco. Antes, unos porteros de discoteca, además de no dejarme entrar en la suya, me dijeron que había un sitio que estaba muy bien en la calle Augusto Algueró 57. Allí me fui, con mis botecitos (plink, plink) y mis pupilas dilatadas. Después de una caminata delante de la amenaza del amanecer, resultó que esa calle termina en el número cuarenta y pico, con lo que la noche se acabó para mí. Me resulta difícil disponer una opinión terminante sobre casi todo, pero en este caso creo que lo tengo claro: deberían capar a los porteros de discoteca. A veces uno lee cosas sobre la Guerra Civil y no se termina de creer que nuestros antepasados fueran tan cafres. Ahora lo entiendo todo: los que daban los "paseos" no eran nuestros ancestros, si no los de los porteros. Si se controla la población de rott weiller ¿por qué dejar que estos tipos se reproduzcan alegremente? Nada, nada, si no hay voluntarios me ofrezco yo mismo para dar el tajo.
Y esto es todo lo que tengo que decir sobre esto, como decía Merche, mi ex la de Canal Plus, quien por otra parte podría ser prima de Nobuko (la que me dejó un comentario hace dos posts) por su capacidad para complicar las cosas sencillas y luego explicarlo con un galimatías.

El domingo llegué hecho una mierda al trabajo, a las 7 de la tarde. A las 11 me compré 13,99 euros. A las 6 de la mañana me había leído 230 páginas de las 250 que tiene y no había escrito ni una línea. Agobiado, empezó para mí un lunes mortífero. A las 12,30 me eché una siestecita en el suelo del baño. Me despertaron mis ronquidos (bueno, no ronco, sólo respiraba fuerte). Supongo que todo aquél que entró y me oyó, fliparía. Luego me encerré en mi despacho hasta que me despertó el redactor jefe a las 5,30. Salí a las dos de la mañana de allí y batí un récord, según creo. 31 horas ininterrumpidas en mi lugar de trabajo. Por la noche, sólo dormí tres o cuatro horas, así que hoy estaba en coma, y me he despertado a las cuatro de la tarde. Cuándo he llegado al trabajo el dire me ha preguntado si había hecho la huelga un día antes. Todo esto es patético, lo sé, y me van a echar.

Mañana vendré. Me han dicho que me descontarán unas 25.000 pelas del sueldo si hago huelga. No pienso financiar las próximas subvenciones de los sindicatos, ni la campaña del PSOE. Que se lo curren de otra manera si se están quedando sin afiliados los unos y no saben hacer oposición los otros. Con lo facilita que me parece esa parte de su trabajo. Todo el tiempo que estuve con contratos basura (lo mismo que todos los que me rodeaban) no vi a ningún sindicato hacer nada por mí. Empezando por denunciar situaciones injustas una por una y terminando por cambiar la legislación que las ampara. Sólo se dedicaban a pedir subidas del 0,05 para los que ya tenían contrato. Pues vale. Ahora, oh qué desgracia, a base de bajarse los pantalones, han perdido influencia, o sea subvenciones, o sea de lo que viven y fuerzan una huelga con la primera excusa que encuentran (y si esta huelga no es forzada, que venga Pablo Iglesias y lo vea: "como esto que proponeis está muy feo, hemos pensado que en vez de sentarnos a negociarlo vamos a hacer una huelga" ¿No habrían conseguido más amenazando con una huelga que haciéndola directamente? Bueno, es que eso depende de lo que quieran conseguir...). Y yo tengo que donar 25 talegos a la causa. Y una polla.
Ale, a digerir el mitín.
...muerto, sin ddsfuerzas para escribir nadarf ldksbre mi fin de semana, ya se acabó el jodío cierre de los hjksadñkj. Sólo os dejo un enlace con toda la verdad sobre claudia-p. Me parece que le han reventado la historieta al pobre chaval... pero mejor no os lo destripo, copiad y pegar esta dirección en vuestro navegador: http://cgi-bin.spaceports.com/~eslokhay/eslokhay/index.html y a disfrutarlo. Toda mi admiración para los dos sabuesos. Su weblog, es lo k hay, es nuevo, y a mí esto sí que me parece entrar por la puerta grande :)

sábado, 15 de junio de 2002

COSAS SUELTAS

Hay que ver cómo está la calle... Y yo aquí, otra vez como hace un mes, escribiendo, ya con odio, sobre lo mismo que entonces en este edificio desierto. Diez plantas de silencio. Cuando los de arriba deciden un cambio de última hora, alguien se embolsa muchas pasta (en millones de pesetas), alguien se cuelga alguna medalla, los resultados de alguna compañía suben un poquito y el pringadete de turno tiene que pedir un permiso especial para trabajar en fin de semana (¡me lo han concedido! ¡gracias, gracias!). En esta profesión todo el mundo se queja continuamente: de los de arriba, de los de abajo, de los de enfrente. Creo que no he trabajado en ningún medio de comunicación en el que no se dominaran a la perfección los juramentos en arameo. Y lo que yo he jurado, sobre la tierra roja de Tara que nos dio de comer (mi padre tenía un cine), es que nunca iba a enfadarme, protestar, gruñir entre dientes. Si no me gusta, lo hago a mi manera para que me guste, y si no hay manera, me piro. Pero manda güevos, que es sábado y hay que ver cómo esta la calle, y el genio que me ha metido en este embolao estará en su chalet de la sierra con un daiquiri. Como si le estuviera viendo. Me gusta mi trabajo y me gusta aprovechar los fines de semana y hacerme cientos de kilómetros, pero ¿hace cuanto que no paseo, que no me aburro, que no desconecto? No quiero tener un cortocircuito.

¿De verdad hay tanta gente que ansía ver a Isabel Gemio desnuda? La última entrada que han usado desde google para llegar a mi página: "fotos de mi hermana desnuda con su novio". Estos son mis lectores. Al parecer esto no tiene remedio, tengo la habilidad, vaya donde vaya, de juntarme con lo mejorcito de cada casa. Pues nada, bienvenidos, pajilleros.

El jueves me fui a ver "Cosas que diría con solo mirarla", que sí, que tiene razón bob, que es buena y eso, pero no sé, me hubiera apetecido algo con más tiros... Salí con hambre, y a eso de la una decidí meterme en un bingo a cenar. Sin comentarios. A veces creo que voy por la vida con un extraño pedo sicológico que no me deja razonar. El caso es hacer tonterías. En lo que esperaba que la luz roja, esperen, diera paso a la verde, pasen, eché cincuenta euros a una tragaperras. Me tocaron 180, de los que me gasté luego 30 en el bingo, entre plato combinado y cartones (me quedé a un 57 de llevarme la prima del final, 411 euros). Lo importante es la primera parte. Por qué eché 50 euros y hasta dónde hubiera seguido de no haberme tocado. Hubo un tiempo en que metía dinero que no tenía en esas estúpidas máquinas. También accedía al sexo (sólo o en compañía de otros) de forma compulsiva. En general, me enganchaba a cualquier vicio estúpido, incluída la máquina de arcade de los X-Men o las de pinball. Suena fatal. Pero por primera vez lo analicé ayer desde la distancia. Creo que estaba insatisfecho con lo que hacía, que empezaba a darme cuenta de que no iba a revolucionar la literatura del siglo XX, más que nada porque no era capaz de escribir durante dos días seguidos. Pero sobre todo, creo que la relación con mi ex me estaba agujereando. Sabía que era tonta del culo, que era una auténtica vampira que me robaba las fuerzas, el impulso, las ganas de aprovechar mi vida que, coño, son dos días. Continuamente satisfaciendo el cuerpo, dormir, comer, correrse y vuelta a empezar. Ella alucinaba cuando, a base de broncas, conseguía que alimentase su mente, pero esos ratos ella sólo los vivía como turista. Demasiado esfuerzo. Ahora tiene lo que quería, un marido, un coche, una casa. Bien por ella. No puede uno luchar contra su propio vientre. Si tus sueños salen de ahí, a por ellos.
Llevo mucho tiempo pensando que el problema no era lo tonta que llegase a ser ella, si no lo gilipollas que era yo por estar con alguien así. Culpa mía. Culpa, culpa, culpa. ¿Por qué me llevarían a un colegio del Opus? Dos décadas después sigo planteándome los problemas, inconscientemente, como un reparto de culpas. No. El jueves lo vi claro. No hay culpa que valga. Aquello fue lo que se llama en la propaganda de mano de las pelis "una pasión destructiva". La deseaba como nunca he vuelto a desear a nadie. La odiaba y me odiaba, sin darme cuenta, por la mema pareja que formábamos. Pero no podía verla aparecer sin querer poseerla, sin necesitar su cuerpo ya. Me revienta reconocerlo, pero aún algunas veces pienso en ella y sigue siendo lo que más me pone. Otras veces la odio. Así que no me siento muy orgulloso de como me relaciono con ese recuerdo, borrado a la fuerza. Pero si eso me pasa ahora, ¿por qué me ha costado tanto entender que las cosas eran como eran porque había una pasión enfermiza contra la que no podía luchar? No podía. Punto. No soy culpable.
Otro tema es el de por qué entré al bingo. ¿Otra recaída en la ludopatía? No, ni de coña. Lo hice por lo mismo por lo que otros días cualesquiera, camino a casa, entro en el bar en el que Ana la Farlopómana pillaba la coca y pregunto al camarero por ella o me tumbo en mi cama y me emborracho o vacío el Hipercor (y de paso mi Visa) o me meto en un pub de intercambio de parejas a tomar una copa. Por nada. Por todo. Por pura desorientación.

Estoy pensando en escribir un libro. Creo que va a ser la única manera de que reúna un kilo para comprarme una casa para mi solito. Alquilarla está imposible y ya me tienen un poco aburrido mis diez años viviendo en pisos compartidos, por muy bien que me lleve siempre con todo el mundo y por muy estupendo que sea el pisazo de 300 metros cuadrados de ahora. Y estoy pensando en hacerlo con historias cotidianas, como las que cuento aquí, a la manera de "13,99 euros", pero sobre el submundo periodístico. Suena bien ¿no?

Ayer comí con Noelia. Me preguntó que por qué me llevaba tan bien con todos los fotógrafos con los que viajaba y por qué mantenía la amistad al volver a Madrid, con lo difícil que es eso. Pues porque soy una joya, nena, sólo que hay que tener ojos de orfebre para saber verlo. Por lo demás ¿hace falta que se toquetee las tetas mientras come conmigo? ¿No podemos tener una conversación que no verse sobre sexo? ¿Tiene motivos para seguir pensando que estoy loco por ella? Ay, cómo les gusta...

Cris está en el Sónar. Dijo que nunca se iba a drogar sin mí, pero me llamó bajo los efectos del speed. Tiene más peligro que Rambo en un restaurante chino. No me gusta nada haberla introducido en lo que Luis y yo llamamos el maravilloso mundo de las pastis. Unido a que está muy enamorada y a que, como mínimo, en los próximos tres años ella no va a dejar Barcelona ni yo Madrid, ¿que pasará cuándo se acabe? ¿Recurrirá a las pirulas? Me da un poco de miedo.

Hay una doble moda en mi grupo de amigos de toda la vida. Por un lado están los que se enrollan con mujeres casadas. Por el otro los que se casan. Nos estamos haciendo viejos

Dentro de un rato me voy a una fiesta sorpresa, el cumpleaños de un amigo. Cena sentados, bares pijos, conversación pija, risas pijas. Me parece que voy a tardar dos minutos en meterme la pasti. Y luego a quedar fatal con todas las hembras pijas de la fiesta pija. Qué dios reparta suerte. Si sale con barba, San Antón, y si no, la Purísima Concepción.

jueves, 13 de junio de 2002

Como son las doce y pico y aún quedaba un sandwich de chorizo en la máquina y este reportaje tenía que haber estado entregado hace dos semanas, pero sobre todo hace dos días, y me he perdido una fiesta esta noche por capullo y por malgastar tanto el tiempo y tengo que seguir unas horitas... bueno, pues para celebrar todo esto, voy a escribir un ratinín sobre cosas de mi empresa.
Pero antes, os quiero anunciar el probabilísimo cambio de contenidos en esta página. Resulta de que (se dice así ¿no?) se acabaron los tiempos del artista frente al mundo, de la torre de marfil y todo eso que alimentaba mis fantasías de bambino precoz. Ahora creo en Yoko y en la comunicación. Y si escribo este webblong! tengo que pensar en mis lectores y consagrarme sólo a ellos. Resulta de que la mayor parte de mis lectores llegan aquí desde un buscador a la caza de contenidos que de momento no les doy. Los que más abundan, por cosas de la vida, son los que quieren "poesías de boda", "poesías que lee el padrino a la novia", "poesías que lee el hermano de la novia" "poesías que lee el ex novio de la novia que todavía se la tira y por eso le ha elegido como padrino" y etcétera. Otro menos sagaz (o que valore más su tiempo libre) no tendría en cuenta esta circunstancia, pero yo he llegado a dos conclusiones: a) que la gente sigue pensando que la internez esa tiene poderes mágicos y no le piden información sino tres deseos y b) que hay una demanda importante de poesías que lee el padrino etcétera. Así que ando con la duda de si montar un chiringuito a la puerta de Jump o de Beep para recibir a los que salgan de la tienda con la computaora bajo el brazo con un rótulo que diga: "Desasnamos consumidores compulsivos".
Pero tampoco estaría mal ofrecer poesías que lee el etcetera por unos euritos. Como muestra gratuita y para mi eterno descrédito, os cuelgo aquí la que le escribí a unos desdichados amigos a los que no se les ocurrió nada mejor que hacer un sábado de agosto que casarse. La cantamos en la misa unos veinte amigotes, a traición y a capella, ante mi vergüenza infinita. Ellos creían que lloraba de emoción, como la novia. Va. Cuidado, que es pornográfica:

Que mantengais fresca esa sonrisa,
que los días pasen dulcemente,
que todas las noches sean
noches de boda,
que el amor os dure para sieeempre.

Carlos el sereno y fiel amigo,
siempre alegre y sincera Sofía
hoy unen sus vidas y sus
dos corazones
nos tocais un poco los cojooones.

Plagios, ripios, y un verso final que hubo que reemplazar a última hora, no recuerdo por cuál. Os parecerá fácil, pero la gracia era que encajara en una estupida música que me persiguió durante dos meses, mientras me resistía con argumentos como "¿Y si le llevamos a un puti en la despedida?, eso también le hará ilusión..." Mi primera redacción fue:

Son como un compás los dos amantes
cuando el uno gira con dulzura
amorosamente se reclina
el otro
y forman un círculo perfecto

Por mucho que les expliqué que no era ninguna guarrada y que en ningún momento se aludía el agujero del culo, si no que se trataba de una versión de un soneto de John Donne, con todo su simbolismo renacentista, que hablaba de la música de las esferas, de la armonía del universo encarnada en la de la nueva pareja y todo eso, no hubo manera de que se la quedaran. Como además no pegaba con la música ni pa trás, accedí a sustituirlo.

...Y eso mismo haré con cualquier encargo que reciba. A partir de ahora, escribo poemas para bodas, estimados padrinos. Lo siento por los que disfrutaban con mis batallitas de abuelo Cebolleta, pero ante la demanda de la mayoría vosotros no sois negocio. Sois algo así como los espectadores de La 2. Un gobierno con buen criterio como éste, decidió que pa que iba a poner cosas de calidad que no veía nadie, ni ciclos de Cine Club ni pollas. De día, enternecedores deportes, de noche, Pedro Ruiz y mi tío segundo el calvorota, y de madrugada, saldos italianos. Nobleza baturra como mucho, y daros con un canto en los dientes (como aperitivo del suicidio, supongo).
En primero de carrera, a mis tiernos 18, publiqué un anuncio en un periódico gratuito en el que me ofrecía para escribir cartas y poemas de amor por un precio módico (lógica aplastante: necesitaba dinero, eso es lo que sabía hacer, ergo...). Tuve bastante éxito, porque casi estuvo a punto de pensar en llamarme la hermana de un compañero de clase. Ahora va a ser incluso mejor. Me voy a forrar.
Lo que no sé es cómo voy a resolver otras cuitas que le plantean al oráculo de google antes de penetrar en mi página. La mejor: "el secreto para follar con quien quieras es" (probadlo, sale mi página). Voy a tener que leer mucho...
Otros de los clásicos de mis estadísticas son "Isabel Gemio desnuda", "benidor" y "ligar suecas".

Y ahora viene lo que os había anunciado (no os durmais ¿eh?), la historieta sobre mi empresa.
Siempre he tenido curiosidad por conocer a los redactores de dos revistas que se hacen en los pisos de arriba. Me intrigan. Se creen superiores a nosotros, se odian entre ellos, tienen unas becarias jamoncísimas, salen a su hora y siempre montan mucho jaleo. Hoy, como estoy haciendo una cosa para ellos, por fin, he subido para pedirles el último libro de Pérez-Reverte (puaj), dispuesto a fijarme mucho y a presentarme a cualquiera que se cruzara en mi camino. Cuando estaba en ello, una redactora se levanta y dice: "a ti te conozco, tú has comido hoy conmigo". "Sí, sí". Y me he ido abochornado.
Hagamos un flash-back para entenderlo.
Quince minutos antes de las dos, como siempre, me dicen que me vaya a una comida a un restaurante muy fino y muy estupendo, el Nodo. Pantalón verde fosforito de pastillero, jersey con una franja transparente y nada debajo, zapatos coloraos. Ah, pues voy bien. Un blanco, por favor. Un cigarrito, un tinto. Un tinto. Pescado crudo. Tinto, tinto. Conversación de marujas stupendas, lo típico de estos sitios. Tinto. Pescado cocinado. Tinto, tinto, tinto. El 11-S. Solomillo. Tinto, tinto, tinto, tinto. Ya ni me entero de lo que dicen, sólo sonrío. Bizcocho de chocolate. No te lleves la copa, por favor. Y cuando puedas me la llenas.
Así que cuando me voy sólo quedan una decena de mujeres al otro lado de la mesa (hoy había partido de España, era el día de las redactoras y los raritos). Me crezco. Vamos a ser simpáticos y a decirlas adios. "Adios". Ni caso. "Hasta otra". Ni miran. "¡¡¡¡¡¡¡¡¡EEEEEEEEH!!!!!!!!!!!!!! ¡¡QUE ADIOS A TODAS!!". Un silencio sepulcral hasta que cruzo el umbral y todas las miradas fijas en mí. Esta bonita anécdota no sé si la vais a entender en toda su amplitud. Pero es que el sitio era muy fino, había hasta reporteras famosas, de las que salen en la tele, y todas iban vestidas cuidadosamente de "soy magsnífica". Seguro que se habían arreglado por la mañana pensando en la comida, no como yo que me he vestido pensando en por cual de los agujeros del jersey sacaba el brazo. Salí haciendo pucheros y haciendo eses. Al menos no me despedí con un coloquial y amistoso "¡adios perras!", como hubiera sido mi deseo íntimo.
Así que cuando me he encontrado a una de ellas en el piso de arriba... En fin, pelillos a la mar, ya se me ha pasado hasta la resaca, aunque sigo escribiendo raro.
Así son las cosas y así se las hemos contado.

martes, 11 de junio de 2002

Vale, vale, no sigais poniendo comentarios anónimos, lo reconozco todo, soy un mentiroso compulsivo. Reconozco que nunca me he puesto un jersey de pico encima de una camiseta, que nunca he llegado tarde al trabajo (era una falsedad evidente, estoy aquí antes que nadie). Reconozco también que no voy a cócteles, es imposible, nunca hay presentaciones en Madrid para los chicos de la prensa. Los cientos de personas que acuden a los diez o veinte que dicen que se organizan cada día en hoteles, restaurantes, discotecas y etcétera mienten como bellacos. Ni yo ni nadie se ha metido nunca una raya en ninguno de ellos. Es más, la coca y sus consumidores no existen, es una mixtificación que se me ocurrió un día que estaba aburrido.
Las discusiones con tu pareja sobre la frecuencia en el acto sexual son evidentemente falsas. A todos nos lo pide el cuerpo a la vez y jamás nadie ha tenido una bronca con argumentos como "¡es que nunca te apetece!", "¡es que tú estás más salido que el pico de una mesa!". Es más, la canción de los Beatles (¿"Come together"?) hablaba de una bici tandem. Punto.
Por otra parte, la infidelidad en la España del Imperio (tras una bronca conyugal) ya está superada y nadie tira de agenda para quedar con viejos ligues.
Es que soy un burdo inventándome historietas. Mira que contar cómo nos metemos mano una chica y yo en la calle. ¡Lo nunca visto! ¡Una parejita toqueteándose por debajo del pantalón! Venga, por favor... Si eso es imposible porque.... mmm... ¿esta prohibido? Bueno, no sé por qué, pero es imposible. Y además inventarme una multiorgásmica, que todos sabemos que son seres mitológicos equiparables al unicornio. En fin, lo que hay que leer
En resumen, que no contaba con la sagacidad de los serlokjolmes que circulan por aquí. No sé como me he atrevido a soltar todas estas patrañas. En realidad soy un... no sé, un funcionario o un frutero que se acaba de comprar un ordenador y nunca sale de casa.

Hay una película que no pasará a la historia, "Algunos hombres buenos", en la que la abogada Demi Moore protesta en un juicio ("¡protesto!") y como no le hacen caso vuelve a protestar ("¡protesto energicamente!"). Tom Cruise le pregunta. "¿es así como funciona? ¿si no te hacen caso dirás: "no, no, protesto muy energicamente"?". Pues eso, que soy muy fósforo (como decía una señora de mi pueblo) de decir las cosas sólo una vez, pero en consideración a dany y eva, que han sido tan amables de criticar constructivamente mi blog en el suyo, tal y como les solicité hace tiempo, pues repetimos: que sigo sin pensar que aquí se relate nada excepcional. Lo único es que se hace el viejo trabajo de esta profesión mía de putas consistente en seleccionar con criterio e instinto (el que sea, mal criterio e instinto atrofiado o lo contrario) qué información publicar y cuál no. También tengo hemorroides, hijitos, pero eso hoy no toca.
En cualquier caso, y dejando de lado todas esas plastosas dudas sobre la veracidad de lo que cuento aquí con el único fin de soltarlo y punto, me encanta que EVa, tras leer lo que soy ("arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué"), me considere virgen y ¡PERFECTO!, por muy irónicamente que lo diga, ya es maravilloso que crea que intento dar esa imagen de mí, cuando lo único que cuento es mi día. Me hace plantearme más que nunca que mis días son stupendos de la muerte. Me compara también con el fragel viajero (eso me ha llegao) y con el pesao del Richard Gere en Pretty woman. De los calificativos "rico, joven (qué bien me conservo a mis 29) e intrépido", cambiemos el "rico" por "endeudado" y añadamos "más bonito que un san luis" y tendremos, por fin, lo que me reclamaba mi amigo el sicólogo: "defínete a ti mismo" (paso previo al "conócete a ti mismo").
Gracias, gracias, gracias.
En cuanto puedas escaquearte, nos tomamos lo que quieras, EVa.

jueves, 6 de junio de 2002

UN MIERCOLES
Me levanto cuando ya ha pasado una hora desde que empezó mi jornada de trabajo. Me ducho, me afeito por fin, me pongo unos vaqueros, una mierda de camiseta de disenyi que me regalaron en el NH y un jersey de pico, de pijo de provincias. Cojo un taxi. Llego a las doce, como casi todos los días, quitándome las legañas. Desayuno una coca cola light y un sandwich de paté y queso de la máquina. Leo mi correo, ordeno las facturas y me voy a la presentación de unos vinos a un hotel que me suena, aunque no lo consigo situar. Entro directo al baño. Ya sé. Aquí estuve un domingo en un concurso de sumilleres con Ana la cocainómana, justo después de cambiarle los pañales a su sobrino. En este baño me metí una raya con tropezones. Luego salí, con el rastro en la nariz y me la encontré hablando con una compañera de trabajo. Todo iba mal, la coca nos puso tristones, mis dos tarjetas me dijeron que sé acabó, que ya no me daban más dinero. Nos fuimos a la proyección de unos cortos de unos amigos de una amiga en un bar de Malasaña. Me explicó que no quería follar conmigo esa noche, le dije que no importaba, sólo dormiríamos. Me repitió que no quería follar conmigo, que ya me conocía, que iba a insistir, y le contesté que con una vez que me lo dijera era suficiente. Para aliviar el mal rollo, le solté la frase definitiva: "no te preocupes, ya me darás hora para follar". A las dos sacó mis cosas a la puerta de su casa. "Mañana te llamo". Hasta hoy, ya lo expliqué más abajo.
Ahora no hay coca. Sólo vino. Unos sesenta, de los que pruebo diez o doce. Dos horas después sigo pedo. Llamo a Cris. Ayer estaba tomándose una caña con su ex amante y tuvimos mal rollo, porque dice que no me estoy esforzando en ir a verla. Hoy tiene una buena noticia para mí. Ha cambiado su guardia para que pasemos el viernes juntos. Tengo una mala noticia para ella, llego a Barcelona el viernes por la noche o el sábado por la mañana. Me dice que no me estoy esforzando. Puede que tenga razón. Pero es que siento angustia si me escaqueo tanto del trabajo. Bronca.
No quiero broncas. Mando un mensaje a Ana la Multiorgásmica. "Tengo la tarde libre, ¿quedamos?". Pienso que debería coger los condones. Mientras hablo con Ana –"es tarde" "no importa, tengo la tarde libre y la noche libre"–, oigo otra llamada. Debe de ser Cris. La telefonéo. No quiere discutir, se disculpa, ella no es así. Siento que la quiero otra vez. Ahora me apetece más ir. Se lo digo. No cojo los condones. Sólo será una charla de amigos. Me estoy durmiendo, así que me tomo una efedra.
Ana me cuenta que se ha enterado de que su ex era gay. Dice que vive en un culebrón. Le doy un abrazo y me empalmo notablemente. Otra cocacola. Discutimos. Los dos queremos tener la razón. Yo creo que no estamos incompletos sin pareja, eso es una invención social. Ella dice que porque yo lo diga, que se pensaba que yo era de otra manera, que soy un simple y no tengo sentimientos. Nos besamos, nos acariciamos, nos metemos mano. Su pantalón está empapado. Le pregunto si quiere tomar la última cocacola en mi terraza. Dice que nonono. Que fíjate lo que he entendido cuando me has dicho eso. "¿Cómo puedes creer que te estaba proponiendo eso?", contesto. Sonrío. En la calle se frota contra mí, se agarra con la pierna a mi cintura. Nos apoyamos en una columna. Le meto la mano debajo del pantalón, debajo de las bragas. He descubierto hace poco que en esos casos estimular el clítoris no es lo único, también se puede profundizar. Meto un dedo. Me desabrocha el pantalón y me acaricia. Quiere que la folle allí mismo. Me pregunta si he traído condones. "No". "Mejor". Digo que vayamos a casa. Dice que si se lo piensa un minuto dirá que no. Estamos en una calle medianamente transitada. Busco un taxi con la mirada. Pienso en llegar hasta el taxi sin sacarla el dedo para que no diga que no. Pasan motos, coches, madrileños hablando por el móvil, gente que posiblemente no vimos, pasan autobuses y el camión de la basura. Canta la rana debajo del agua, pasa un caballero con capa y sombrero, pasa una señora con bata de cola, pasa un capitán... Mientras nos masturbamos contra una columna, pasa medio Madrid, pero ni un taxi con la lucecita verde. Me rindo. Me abrocha. La dejo en un taxi de los que van en dirección contraria. Hacia su casa. "Mañana me hubiera sentido mal", me dice. "Mañana te hubieras sentido de coña", puntualizó. "No podemos vernos porque siempre nos pasa lo mismo. Pero en cuanto esté mejor me presentó un día en tu casa, si es que entonces quieres verme". "Seguro que sí". Y se sube al taxi.
Sólo había cien metros hasta mi casa. Por el camino me acerco el dedo a la nariz. He cogido frío y la tengo taponada. El olor ha desaparecido. Es como si nunca hubiera existido. Gracias a esa ausencia, como metáfora de lo fugaz que ha sido lo que ha pasado, consigo no sentirme culpable, a pesar de que soy un asco. Son las dos. Mañana volveré a levantarme a las 11.