/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
martes, 20 de enero de 2004
martes, 9 de diciembre de 2003
"Dios ha muerto, Nietzsche ha muerto y yo mismo no me encuentro demasiado bien"
(ésta no sé de quién es)
Supongo que al final es verdad eso de que las cosas tienen su caminito, que de tanto rezarle de cani, conseguí un ángel de la guarda y soy un tipo con suerte hasta cuando no la tengo. Ayer me ardía y me dolía el pecho, tenía un ataque de ira con profusión de taquicardia que me estaba asustando. Pero encontré un Valium. Y, justo después, miguelito, mi sicólogo, decidió hacer de séptimo de caballería en una peli de sábado por la tarde y llamarme. Y es que esta relación, me temo, sólo se podía analizar en términos médicos. La buena noticia es que puede que esto se ponga más divertido a partir de ahora.
(ésta no sé de quién es)
Supongo que al final es verdad eso de que las cosas tienen su caminito, que de tanto rezarle de cani, conseguí un ángel de la guarda y soy un tipo con suerte hasta cuando no la tengo. Ayer me ardía y me dolía el pecho, tenía un ataque de ira con profusión de taquicardia que me estaba asustando. Pero encontré un Valium. Y, justo después, miguelito, mi sicólogo, decidió hacer de séptimo de caballería en una peli de sábado por la tarde y llamarme. Y es que esta relación, me temo, sólo se podía analizar en términos médicos. La buena noticia es que puede que esto se ponga más divertido a partir de ahora.
viernes, 5 de diciembre de 2003
Si os he de ser sinceros, tenía pensado echarme una siesta en el baño con esta media hora que me sobra. Vengo del Casino, de comer la tortilla del siglo XXI del pesao del Adriá sin mancharme, qué mayor, y de beber por este orden Valbuena, Marqués de Riscal, Barón de Bilches, Marqués de Riscal, Marqués de Cáceres, Marqués de Riscal, Viña Nosequé (estaba ya como para). Todos reservas y gran reserva, así que si no me he ganado la siesta yo, no se la ha ganado nadie. Pero me he puesto a leer a chatín y me le he imaginado leyendo mi post del lunes y, quizás, poniéndose triste sin motivo, bueno, con todos los motivos que él tiene. Y como todos somos perdedores y todos somos aves fénix y todos descubrimos sólo en cabeza propia que los problemas sólo lo son de verdad cuando se convierten en obsesiones (lo cuál lleva implícita la receta para deshacerse de ellos) he pensado en contar mi noche de anoche para que se eche unas risas o se distraiga o algo, y se salve un ratito de lo que le martillea. Va por ti, maestro.
Veamos. La cosa empezó cuando V la belga me invitó a la inauguración de la exposición de su amiga. Calibré el momento, la oportunidad (partido del Madrid-Madrid en todos los bares) y los contras (porcentaje de chicas asistentes a las que les gustan las chicas) y decidí que era una buena idea echar un vistazo a todas esas artistas con abrigos de fantasía hasta los pies. La cosa empezó bien, vino de Rioja, palomitas y unas obras raritas que daban para lucirse. "A ver, tú ponte delante de la instalación. Empecemos por el olfato. No huelas los cuadros, huele la idea del conjunto. Ahora el tacto, el oído, el gusto y por fin la vista. Ahora únelo todo". Se me ocurrió un día con Jose, que es un cenutrio que se pasó una exposición entera diciendo "eto que coño é", y funciona siempre. Luego fuimos a cenar a un loft escondido en una especie de garaje cerca de la casa de almu, a la que abrasé a llamadas. Mmm, ¿qué estaría haciendo?. Todo era estupendo hasta que llegó la cuenta. Hasta entonces estuvimos hablando de política, que ya sé que está prohibido, pero bueno, era lo que había. Enfrente estaba un gallego nacionalista antinacionalista que decía que no. Así, en general. Y en particular que no, que la base del nacionalismo no es el etnocentrismo sino un deseo de contar con gobernantes cercanos. Ya te digo. Precisamente de eso se habla en los mítines. De todas formas, a lo mejor sí que está eso en la cabeza de los votantes, pero no en la de los votados. Más vino, por favor.
Los cuatro que quedan siempre (¡sí! ¡estaba yo!) se fueron a un bar. Hablé con la artista, que me parecía superinteresante. Y mona. E interesada. Luego me presentó a su hijo, que me sacaba cabeza y media y puso su silla inquietantemente cerca mientras la chiquilla me explicaba, con la voz de Elvira Lindo y algo de su presencia, que todo el mundo y ella misma veía en sus cuadros y esculturas pollas en erección y coños y artilugios y yo intentaba cambiar de conversación, ejem. Luego todo lo que hablaban V y ella sobre religiones, la culpa como fuente de los males de nuestra sociedad y el materialismo acumulativo como intento fallido de alcanzar la felicidad me resultó tan cierto y tan revelador que me resulta sospechoso hoy mientras lo intento recordar.
Luego buscamos otro bar por La Latina. Encontramos uno abierto en la calle Segovia. Pero vi, un poco más abajo, un neón que me hipnotizaba, que me llamaba por el nombre con el que sólo saben llamarme los líos y vociferé "¡ese, ese, ese!". Se llamaba La Noche. Creí que nada podría superar el piano karaoke del Tony 2 al que me llevó Noe, pero sí. La Noche son los dominios de un grupo de señoras mayores, algunas de más de sesenta, chavalines de cincuenta, un conductor de Alsa y un clon de Carlos Latre teñido de rubio. No había nadie que no estuviera tambaleándose. Bueno, sí, un enigmático señor de pelo blanco envuelto en humo de pipa en un rincón, el demiurgo, supongo. Nada más entrar nos dio un ataque de risa. Me pasé todo el tiempo intentando contener las carcajadas, más que nada para evitar linchamientos. Ellas, más que bailar, mantenían el equilibrio y ellos intentaban poner la mano más arriba o más abajo. El Latre falso se caía de vez en cuando sobre los sillones de ciertopelo rojo. La música era el Fary, la Pantoja, pachanga de bailar en grupo, todo acoplándose continuamente. Había decenas de focos de colores, bolas de espejo, tiras de luces de árbol navideño, y, como quiera que el local estaba cubierto de espejos, el fulgor parecía la iluminación de Eyes Wide Shut, terminaba por hacerte entrecerrar los ojos y aumentaba la sensación de que no nos habíamos metido en un bar sino en un sueño raro. De pronto, todo se aclaró, salió el artista, Tiny Ferreiro, primero con un disco de fondo y luego con su guitarra. Él cantaba cosas como La romería de Victor Manuel, pero el público era todavía más bestia y le pedían canciones como Paquito el Chocolatero. Él, cada vez que cogía aire entre estrofa y estrofa decía: "¡puta madre!" y al final de cada canción soltaba el mismo discurso: "nos lo estamos pasando de puta madre, de puta madre, de puta madre". Y la gente aplaudía mogollón. Sus otras frases estaban dedicadas a zaherir a cualquiera que se metiera en su escenario, que no era otra cosa que un trozo del bar sobre el que él había trazado una línea imaginaría. "A ver, el cobrador del autobús, que no se ha enterado de que ha empezado ya el espectáculo". El Latre entraba de vez en cuando y se caía y le sacaban. Fui al baño y el de Alsa le guiñaba el ojo a V y se agarraba a todo lo que se movía. Allí me encontré con un tipo, supongo que en tercer grado, que me pidió perdón por tener la puerta cerrada. "No es por -y me gesticulo con todo lujo de detalles una sodomización-, es por -y me gesticuló lentamente cómo le ponían una navaja al cuello y se lo rajaban de parte a parte-". "Sí a estas horas no te puedes fiar" (y yo ya mearé en casa). No podía ser fruto de nuestra imaginación. Nadie tiene tanta imaginación.
Ahí fue, cuando me senté, cuando no pude más, tenía los labios morados de mordérmelos y se me empezaron a caer unos lagrimones. Lloré de risa, me retorcí, no podía más, me dolía todo. V tampoco. Asi que antes de que acudieran todos, como en la peli de los ultracuerpos, a por nosotros, decidimos irnos. Nada más llegar a la calle empezamos a desternillarnos y ya no pudimos ni decirnos adios antes de entrar en el taxi. Me encanta Madrid. Estoy deseando cumplir los cincuenta para hacerme habitual de La Noche.
Veamos. La cosa empezó cuando V la belga me invitó a la inauguración de la exposición de su amiga. Calibré el momento, la oportunidad (partido del Madrid-Madrid en todos los bares) y los contras (porcentaje de chicas asistentes a las que les gustan las chicas) y decidí que era una buena idea echar un vistazo a todas esas artistas con abrigos de fantasía hasta los pies. La cosa empezó bien, vino de Rioja, palomitas y unas obras raritas que daban para lucirse. "A ver, tú ponte delante de la instalación. Empecemos por el olfato. No huelas los cuadros, huele la idea del conjunto. Ahora el tacto, el oído, el gusto y por fin la vista. Ahora únelo todo". Se me ocurrió un día con Jose, que es un cenutrio que se pasó una exposición entera diciendo "eto que coño é", y funciona siempre. Luego fuimos a cenar a un loft escondido en una especie de garaje cerca de la casa de almu, a la que abrasé a llamadas. Mmm, ¿qué estaría haciendo?. Todo era estupendo hasta que llegó la cuenta. Hasta entonces estuvimos hablando de política, que ya sé que está prohibido, pero bueno, era lo que había. Enfrente estaba un gallego nacionalista antinacionalista que decía que no. Así, en general. Y en particular que no, que la base del nacionalismo no es el etnocentrismo sino un deseo de contar con gobernantes cercanos. Ya te digo. Precisamente de eso se habla en los mítines. De todas formas, a lo mejor sí que está eso en la cabeza de los votantes, pero no en la de los votados. Más vino, por favor.
Los cuatro que quedan siempre (¡sí! ¡estaba yo!) se fueron a un bar. Hablé con la artista, que me parecía superinteresante. Y mona. E interesada. Luego me presentó a su hijo, que me sacaba cabeza y media y puso su silla inquietantemente cerca mientras la chiquilla me explicaba, con la voz de Elvira Lindo y algo de su presencia, que todo el mundo y ella misma veía en sus cuadros y esculturas pollas en erección y coños y artilugios y yo intentaba cambiar de conversación, ejem. Luego todo lo que hablaban V y ella sobre religiones, la culpa como fuente de los males de nuestra sociedad y el materialismo acumulativo como intento fallido de alcanzar la felicidad me resultó tan cierto y tan revelador que me resulta sospechoso hoy mientras lo intento recordar.
Luego buscamos otro bar por La Latina. Encontramos uno abierto en la calle Segovia. Pero vi, un poco más abajo, un neón que me hipnotizaba, que me llamaba por el nombre con el que sólo saben llamarme los líos y vociferé "¡ese, ese, ese!". Se llamaba La Noche. Creí que nada podría superar el piano karaoke del Tony 2 al que me llevó Noe, pero sí. La Noche son los dominios de un grupo de señoras mayores, algunas de más de sesenta, chavalines de cincuenta, un conductor de Alsa y un clon de Carlos Latre teñido de rubio. No había nadie que no estuviera tambaleándose. Bueno, sí, un enigmático señor de pelo blanco envuelto en humo de pipa en un rincón, el demiurgo, supongo. Nada más entrar nos dio un ataque de risa. Me pasé todo el tiempo intentando contener las carcajadas, más que nada para evitar linchamientos. Ellas, más que bailar, mantenían el equilibrio y ellos intentaban poner la mano más arriba o más abajo. El Latre falso se caía de vez en cuando sobre los sillones de ciertopelo rojo. La música era el Fary, la Pantoja, pachanga de bailar en grupo, todo acoplándose continuamente. Había decenas de focos de colores, bolas de espejo, tiras de luces de árbol navideño, y, como quiera que el local estaba cubierto de espejos, el fulgor parecía la iluminación de Eyes Wide Shut, terminaba por hacerte entrecerrar los ojos y aumentaba la sensación de que no nos habíamos metido en un bar sino en un sueño raro. De pronto, todo se aclaró, salió el artista, Tiny Ferreiro, primero con un disco de fondo y luego con su guitarra. Él cantaba cosas como La romería de Victor Manuel, pero el público era todavía más bestia y le pedían canciones como Paquito el Chocolatero. Él, cada vez que cogía aire entre estrofa y estrofa decía: "¡puta madre!" y al final de cada canción soltaba el mismo discurso: "nos lo estamos pasando de puta madre, de puta madre, de puta madre". Y la gente aplaudía mogollón. Sus otras frases estaban dedicadas a zaherir a cualquiera que se metiera en su escenario, que no era otra cosa que un trozo del bar sobre el que él había trazado una línea imaginaría. "A ver, el cobrador del autobús, que no se ha enterado de que ha empezado ya el espectáculo". El Latre entraba de vez en cuando y se caía y le sacaban. Fui al baño y el de Alsa le guiñaba el ojo a V y se agarraba a todo lo que se movía. Allí me encontré con un tipo, supongo que en tercer grado, que me pidió perdón por tener la puerta cerrada. "No es por -y me gesticulo con todo lujo de detalles una sodomización-, es por -y me gesticuló lentamente cómo le ponían una navaja al cuello y se lo rajaban de parte a parte-". "Sí a estas horas no te puedes fiar" (y yo ya mearé en casa). No podía ser fruto de nuestra imaginación. Nadie tiene tanta imaginación.
Ahí fue, cuando me senté, cuando no pude más, tenía los labios morados de mordérmelos y se me empezaron a caer unos lagrimones. Lloré de risa, me retorcí, no podía más, me dolía todo. V tampoco. Asi que antes de que acudieran todos, como en la peli de los ultracuerpos, a por nosotros, decidimos irnos. Nada más llegar a la calle empezamos a desternillarnos y ya no pudimos ni decirnos adios antes de entrar en el taxi. Me encanta Madrid. Estoy deseando cumplir los cincuenta para hacerme habitual de La Noche.
miércoles, 3 de diciembre de 2003
En Bombay dicen que hay
terrible peste bubónica.
Aquí, Urrecha hace la crónica
de un drama de Echegaray.
¡Mejor están en Bombay!
Ramón María del Valle Peña
"Poeta, narrador, ensayista, traductor ejemplar (ahí está, como espléndida muestra, su versión del Viaje de invierno de Wilhelm Müller), Andrés Neuman es el hombre de letras por excelencia de la nueva generación". A José Luis García Martín sólo le ha faltado terminar su entradilla en El Cultural de El Mundo con "mejor persona y gran amigo de sus amigos". La verdad es que me estoy pensando si emplear en el libro de Neuman los 10 euros que tengo guardados desde el verano para darle ajenjo a fire. O si no, los quemo directamente. Yo que he malgastado tantos, todavía no he quemado ninguno y ya tengo edad. Creo que será lo mejor. Mejor están en Bombay.
terrible peste bubónica.
Aquí, Urrecha hace la crónica
de un drama de Echegaray.
¡Mejor están en Bombay!
Ramón María del Valle Peña
"Poeta, narrador, ensayista, traductor ejemplar (ahí está, como espléndida muestra, su versión del Viaje de invierno de Wilhelm Müller), Andrés Neuman es el hombre de letras por excelencia de la nueva generación". A José Luis García Martín sólo le ha faltado terminar su entradilla en El Cultural de El Mundo con "mejor persona y gran amigo de sus amigos". La verdad es que me estoy pensando si emplear en el libro de Neuman los 10 euros que tengo guardados desde el verano para darle ajenjo a fire. O si no, los quemo directamente. Yo que he malgastado tantos, todavía no he quemado ninguno y ya tengo edad. Creo que será lo mejor. Mejor están en Bombay.
lunes, 1 de diciembre de 2003
Arantxa me telefoneó para contarme que su padre había muerto el domingo. No sabía que decir. Creo que le expliqué que un tiempo después de que muriera mi madre empecé a creer que su vida había sido un ciclo cerrado y pleno, que tuvo seis hijos, se casó con quien quiso, llevó una vida tranquila, sólo supo querer y la quisieron. Eso me ayudó a vivir. Su funeral, el de una madre y ama de casa, con los pasillos de la iglesia del Salvador abarrotados me dio, con el tiempo, una pista más. Luego Arantxa dejó caer que me había llamado porque la Innombrable había ido a darle el pésame. "Ha venido para que conociera a su hijo, me dijo, ¿no sabes que ha tenido un niño? Siempre que la veo pienso en vosotros dos como pareja y me da mucha pena". Le conté que al final cada uno hizo lo mejor para él, aunque de la peor manera. Que ella conmigo no habría podido tener una casa, un coche, un niño, una foto en la que apareciera vestida de blanco en algún parquecillo del extrarradio. Que yo no habría sido feliz o no habría sido libre. Que no trabajaría aquí ni habría visto nada ni habría aprendido nada. Que todo encuentra su lugar, que esto es como un puzzle en el que las piezas van cayendo y luego se colocan solas. No sabía qué decir.
miércoles, 19 de noviembre de 2003
QUERIDA MISS STUART:
Sólo un apunte. Recuerdo una tarde de verano en la que revolviendo entre los trastos del Brideshead de mi amigo Jorge sacamos una cesta de picnic y un gramófono. De los discos, seleccionamos uno de Carusso (¿o era una foto amarillenta?) y Reloj, no marques las horas. Quemé un corcho y me pinté unos bigotes en espiral. Cantamos a gritos, esquivando la luz oblicua del atardecer castellano en el último piso de lo que fuera el ala de la servidumbre, sobre las caballerizas. Luego hubo que aguantar preguntas sobre ese bigote toda la noche. En realidad estábamos haciendo la mudanza de aquella casa para siempre. Después de cuatro siglos. Supongo que se merecía una despedida como esa y no llantos de cerillera.
"Los días malos terminan, casi tan deprisa como los días buenos, pero de ellos, de los malos, nunca me queda recuerdo", dices. De los días malos nunca me queda recuerdo en este blog.
Para una vez que lo intento hacer sin perder la dignidad... Dejé cuidadosamente las cosas de Madame de Merteuil en el pasillo, su camisa, su jersey, su aparatosa caja de pinturas de los cincuenta, su sujetador, su cajita de música que toca As time goes by. Sobre ellas la nota: "Deja las llaves en la mesa, por favor". Supongo que cuando uno hace eso es para fastidiar, para que escueza como poco un poquito. Pero ella andaba algo ocupada esos días y mandó a su compañera de piso a por una mesita que se había dejado y no apareció a por sus cosas. Así que el que veía la nota todas las noches era yo y me sentía un poco tonto. Pero sucedió que, a la mitad de la semana, Pilar, la encantadora señora que se pelea todas las semanas contra mi ex caótica habitación, se encontró la nota y no supo si dejar las llaves, si llamarnos, si irse, si estaba despedida...
Hoy he visto una cola que daba la vuelta a la manzana para comprar lotería en Doña Manolita. Pensaba que me iba a tocar a mí, pero veo que la gente está loca y que hay demasiada competencia. De esto se puede sacar una moraleja, que siempre es bonito: si tienes que apartar tentáculos y alas para llegar hasta la chica del bar, no insistas.
Sólo un apunte. Recuerdo una tarde de verano en la que revolviendo entre los trastos del Brideshead de mi amigo Jorge sacamos una cesta de picnic y un gramófono. De los discos, seleccionamos uno de Carusso (¿o era una foto amarillenta?) y Reloj, no marques las horas. Quemé un corcho y me pinté unos bigotes en espiral. Cantamos a gritos, esquivando la luz oblicua del atardecer castellano en el último piso de lo que fuera el ala de la servidumbre, sobre las caballerizas. Luego hubo que aguantar preguntas sobre ese bigote toda la noche. En realidad estábamos haciendo la mudanza de aquella casa para siempre. Después de cuatro siglos. Supongo que se merecía una despedida como esa y no llantos de cerillera.
"Los días malos terminan, casi tan deprisa como los días buenos, pero de ellos, de los malos, nunca me queda recuerdo", dices. De los días malos nunca me queda recuerdo en este blog.
Para una vez que lo intento hacer sin perder la dignidad... Dejé cuidadosamente las cosas de Madame de Merteuil en el pasillo, su camisa, su jersey, su aparatosa caja de pinturas de los cincuenta, su sujetador, su cajita de música que toca As time goes by. Sobre ellas la nota: "Deja las llaves en la mesa, por favor". Supongo que cuando uno hace eso es para fastidiar, para que escueza como poco un poquito. Pero ella andaba algo ocupada esos días y mandó a su compañera de piso a por una mesita que se había dejado y no apareció a por sus cosas. Así que el que veía la nota todas las noches era yo y me sentía un poco tonto. Pero sucedió que, a la mitad de la semana, Pilar, la encantadora señora que se pelea todas las semanas contra mi ex caótica habitación, se encontró la nota y no supo si dejar las llaves, si llamarnos, si irse, si estaba despedida...
Hoy he visto una cola que daba la vuelta a la manzana para comprar lotería en Doña Manolita. Pensaba que me iba a tocar a mí, pero veo que la gente está loca y que hay demasiada competencia. De esto se puede sacar una moraleja, que siempre es bonito: si tienes que apartar tentáculos y alas para llegar hasta la chica del bar, no insistas.
lunes, 17 de noviembre de 2003
lunes, 10 de noviembre de 2003
(viene del post de hoy de llua sobre los siete pecados capitales)
La soberbia porque yo lo valgo.
El pecado de mi pueblo de los veranos viene siendo la envidia desde hace siglos. Lo cuentan en una obra de Lope de Vega. Lo sufren vecinos de todas las edades y por los motivos más peregrinos. Cuando era el crío que terminaba ese extraño segundo curso de mi carrera y empezaron a detectar lo que ellos creían que era "irme bien" (o sea quedarme casi sin verano para trabajar un montón de horas cobrando cero, pero eso sí, en un programa nocturno de la radio en el que nos reíamos muchísimo. Sí, la verdad es que me iba bien) empezó a surgir un run run amargado cada vez que daba la espalda a un nutrido grupo de envidiosos. La cosa siguió con una escalada que terminó en trifulcas, peleas a puñetazos y constantes "si viene él, yo no voy". Decidí que: a) siempre iba a ir yo, b) me iba a ir todavía mucho mejor y c) siempre que pudiera me encargaría de que se enteraran de lo bien que me iba. Con todos los detalles. Y funcionó estupendamente, así que lo recomiendo mucho.
No sé cómo se puede vivir con esa rabia sorda. Y subiendo. Lo que sí que sé es a quién perjudica de verdad y para quién es algo menos que una leve molestia. Pues hala, buen provecho.
Y, completamente, eres un solete llua.
La soberbia porque yo lo valgo.
El pecado de mi pueblo de los veranos viene siendo la envidia desde hace siglos. Lo cuentan en una obra de Lope de Vega. Lo sufren vecinos de todas las edades y por los motivos más peregrinos. Cuando era el crío que terminaba ese extraño segundo curso de mi carrera y empezaron a detectar lo que ellos creían que era "irme bien" (o sea quedarme casi sin verano para trabajar un montón de horas cobrando cero, pero eso sí, en un programa nocturno de la radio en el que nos reíamos muchísimo. Sí, la verdad es que me iba bien) empezó a surgir un run run amargado cada vez que daba la espalda a un nutrido grupo de envidiosos. La cosa siguió con una escalada que terminó en trifulcas, peleas a puñetazos y constantes "si viene él, yo no voy". Decidí que: a) siempre iba a ir yo, b) me iba a ir todavía mucho mejor y c) siempre que pudiera me encargaría de que se enteraran de lo bien que me iba. Con todos los detalles. Y funcionó estupendamente, así que lo recomiendo mucho.
No sé cómo se puede vivir con esa rabia sorda. Y subiendo. Lo que sí que sé es a quién perjudica de verdad y para quién es algo menos que una leve molestia. Pues hala, buen provecho.
Y, completamente, eres un solete llua.
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