Sé que nos quería a todos, que éramos su proyecto, su vida, su mundo. Que le salió bien. Pero creo también que, como todo amor, tenía sus matices. Y que sí salía sólo conmigo al balcón a ver el atardecer sobre la ciudad, las luces de faro de las habitaciones nocturnas, cada una con una historia, extendiéndose a los pies del séptimo piso, era porque sólo yo solía hacerlo. Y que si me hacía algunas confidencias y me dejaba ser como era y vino a mi habitación tras mis rebeliones sin sentido dos de las tres veces que la vi llorar, y me mostraba su fragilidad sólo a mí, era también un poco por las cosas más nobles que hacía yo. Porque entendía la alianza mundial de madres cuando me explicaba que cuidaba a los hijos de las demás porque esperaba que otra madre hiciera lo mismo conmigo cuando estuviera lejos. Porque, como absurdo delegado de COU, forcé unas horas sin clase para que pudiéramos acudir a la manifestación contra la matanza de irakíes, ante la oposición cínicamente escéptica de los jesuitas. Porque con 17 años me congestionaba al tener que explicar cosas tan básicas como que nada justifica el asesinato de un niño. Porque escribí el poema con el que mi hermano pequeño ganó el premio del cole asociando mi rechazo a la guerra a la aberración del dolor de una madre. También por eso.
Yo me tomo estos bombardeos como algo personal, hijos de puta.
/////"Sigo virgen y furioso". Arthur Cravan, recién llegado a la ciudad, en una carta a un amigo/////
viernes, 21 de marzo de 2003
jueves, 20 de marzo de 2003
Paradojas. La historia de S.
La historia de S empieza cuando salí del Palace (ver 7 de febrero) y me fui a una fiesta cubana. Allí había quedado con S2 en lo que parecía una cita galante. Lo parecía hasta que su amiga S3 (bueno, por seguir haciendo eses, porque no sé cómo se llamaba) me contó que hoy se había enterado de que estaba embarazada. Por eso estaba tan contenta, por eso había dejado de fumar y de beber ese día. Y no porque se alegrara de verme y hubiera decidido estar sobria durante todo el proceso de seducción. Ejem. Luego había quedado con S. Nada más verme me besó en la boca. Un beso en la boca no compromete a nada, pero suele ser prologo de algún lío del que no vas a saber salir. Matemático. Fue la noche aquella en la que nevó un ratito, justo en lo que cambiabamos de bar.
Para el siguiente nos besamos más.
Se fueron todos, y S3 se quedó con S y conmigo, a cuál más pedo. Bueno, ganaba S3. La dejamos hablando con nosequien y nos fuimos a una esquina de la barra, hasta que la camarera se acercó a decirnos que nos controláramosun poquito, que había una cámara encima de nosotros y habían bajado a darle un toque. Era divertido, pero yo estaba empezando a tener remordimientos. Estaba tan enamorado de burbuja. Sin esperanza, además, que parece que es más amor el amor sin esperanza.
Así que cuando S se fue al baño yo abracé a S3. Cuando volvió, estabamos acariciándonos la espalda y mirándonos a los ojos. Vi la cara de cabreo de S y pensé que ahí se acababa todo. S3 dijo "qué majo es este chico" y S sonrió y contestó: "sí, yo le quiero un montón". Para las despedidas, mientras S hablaba con unos mexicanos que nos encontramos en la calle, S3 me contaba lo bien que le había caído y yo le di mi teléfono. "Si quieres, podemos quedar este fin de semana". Sonreímos.
Al día siguiente me llamó S2 para agradecerme que hubiera cuidado de S3, que la hubiera alejado de unos tipejos que andaban por ahí y que hubiera sido tan atento. "Eres un caballero", me dijo. Sí, el caballero negro.
La siguiente vez que vi a S fue un lunes en el que iba a comer con burbuja, pero no nos llamamos y sentí mi cuerpo como vacío, como flotando, como estremecido todo el día, algo lo suficientemente físico como para alertarme de que iba por muy mal camino. Porque las desesperaciones mentales ya me las sé, me pasó todo el día masturbando las neuronas, y luego nunca es nada. Pero cuando notas como si un bicho te estuviera paseando la cabeza, como si tu estómago estuviera a punto de echar a volar, malo.
Hablé con S y quedamos para cenar. Después, se quedó en el aire la idea de tomar el postre en una cama. Pensé que me sentaría bien después de tres meses, que me dejaría de doler, que las cosas se recolocarían solas, amor, deseo, enamoramiento, fascinación, tonteo, exaltación ante un objeto artístico. Cogería la proporción exacta de cada cosa, la que convenía a lo que se podía y no se podía hacer, como el tipo práctico que soy, y la colocaría sobre mi idea de burbuja.
Como las brujas estaban en plena actividad tocahuevos por aquella época y no me sentía capaz de inspirarme con ellas al otro lado de la puerta dejando notitas y maquinando, deslicé algo descabellado: entrar en el club de intercambio que había justo enfrente de mi casa. Se aprobó. y durante cuatro horas o cinco horas estuvimos bañándonos en el jacuzzi, entrando en la habitación del sado, en la pirámide del amor, riendo y bebiendo. Cuando por fin nos decidimos, cuando estábamos solos sobre un colchón, pensé de pronto en burbuja, en lo que yo sentía, en que por un momento me quiso pero ya se le había pasado. Y tuve el primer estruendoso gatillazo de mi vida.
La historia de S empieza cuando salí del Palace (ver 7 de febrero) y me fui a una fiesta cubana. Allí había quedado con S2 en lo que parecía una cita galante. Lo parecía hasta que su amiga S3 (bueno, por seguir haciendo eses, porque no sé cómo se llamaba) me contó que hoy se había enterado de que estaba embarazada. Por eso estaba tan contenta, por eso había dejado de fumar y de beber ese día. Y no porque se alegrara de verme y hubiera decidido estar sobria durante todo el proceso de seducción. Ejem. Luego había quedado con S. Nada más verme me besó en la boca. Un beso en la boca no compromete a nada, pero suele ser prologo de algún lío del que no vas a saber salir. Matemático. Fue la noche aquella en la que nevó un ratito, justo en lo que cambiabamos de bar.
Para el siguiente nos besamos más.
Se fueron todos, y S3 se quedó con S y conmigo, a cuál más pedo. Bueno, ganaba S3. La dejamos hablando con nosequien y nos fuimos a una esquina de la barra, hasta que la camarera se acercó a decirnos que nos controláramosun poquito, que había una cámara encima de nosotros y habían bajado a darle un toque. Era divertido, pero yo estaba empezando a tener remordimientos. Estaba tan enamorado de burbuja. Sin esperanza, además, que parece que es más amor el amor sin esperanza.
Así que cuando S se fue al baño yo abracé a S3. Cuando volvió, estabamos acariciándonos la espalda y mirándonos a los ojos. Vi la cara de cabreo de S y pensé que ahí se acababa todo. S3 dijo "qué majo es este chico" y S sonrió y contestó: "sí, yo le quiero un montón". Para las despedidas, mientras S hablaba con unos mexicanos que nos encontramos en la calle, S3 me contaba lo bien que le había caído y yo le di mi teléfono. "Si quieres, podemos quedar este fin de semana". Sonreímos.
Al día siguiente me llamó S2 para agradecerme que hubiera cuidado de S3, que la hubiera alejado de unos tipejos que andaban por ahí y que hubiera sido tan atento. "Eres un caballero", me dijo. Sí, el caballero negro.
La siguiente vez que vi a S fue un lunes en el que iba a comer con burbuja, pero no nos llamamos y sentí mi cuerpo como vacío, como flotando, como estremecido todo el día, algo lo suficientemente físico como para alertarme de que iba por muy mal camino. Porque las desesperaciones mentales ya me las sé, me pasó todo el día masturbando las neuronas, y luego nunca es nada. Pero cuando notas como si un bicho te estuviera paseando la cabeza, como si tu estómago estuviera a punto de echar a volar, malo.
Hablé con S y quedamos para cenar. Después, se quedó en el aire la idea de tomar el postre en una cama. Pensé que me sentaría bien después de tres meses, que me dejaría de doler, que las cosas se recolocarían solas, amor, deseo, enamoramiento, fascinación, tonteo, exaltación ante un objeto artístico. Cogería la proporción exacta de cada cosa, la que convenía a lo que se podía y no se podía hacer, como el tipo práctico que soy, y la colocaría sobre mi idea de burbuja.
Como las brujas estaban en plena actividad tocahuevos por aquella época y no me sentía capaz de inspirarme con ellas al otro lado de la puerta dejando notitas y maquinando, deslicé algo descabellado: entrar en el club de intercambio que había justo enfrente de mi casa. Se aprobó. y durante cuatro horas o cinco horas estuvimos bañándonos en el jacuzzi, entrando en la habitación del sado, en la pirámide del amor, riendo y bebiendo. Cuando por fin nos decidimos, cuando estábamos solos sobre un colchón, pensé de pronto en burbuja, en lo que yo sentía, en que por un momento me quiso pero ya se le había pasado. Y tuve el primer estruendoso gatillazo de mi vida.
miércoles, 19 de marzo de 2003
mis problemas con las mujeres
al final, como suele pasar, me quedé en la primera fiesta, la de lau y belén. 40 personas en un piso enano, todos de pie en el salón y la cocina, parecía el metro en hora punta, y no estoy exagerando. he estado toda la noche tonteando con dos chicas. bueno, no, ellas conmigo. agarraditas, frotes, risas, besitos, quebienmecaes, te estaba buscando, una copa a medias... y de repente, en un bar, una de ellas se pone a hablar con uno de los de la fiesta, uno que al parecer le gusta desde hace tiempo, y cuando me acerco me da la espalda, no me contesta a lo que le digo, pasa de mí sin ningún recato. a los cinco minutos, estoy hablando con la otra, me doy la vuelta para pedir una copa y la veo a unos metros de donde estaba enrollándose con un pollo con el que no había hablado en toda la noche. mucho más tarde se acercarán a mí para preguntarme ¿qué tal estás?, una y ¿estás enfadado?, la otra. "parece mentira que seas tan ingenuo: las tías son unas zorras". no es la primera vez que oigo esta explicación, y como las otras veces, quien me lo dice es una chica.
luego me emborracho (no había drogaína) tanto como para acabar, no sé cómo, sólo y vomitando en el moon. me despierta un tipo que me ofrece 50 euros si se la chupo en el baño. salgo de ahí y me despierto al rato en un vagón de metro haciendo el recorrido inverso al que quería hacer. supongo que llevo un rato dando vueltas en la línea amarilla. llegó por fin a la estación de autobuses. antes de comprar el billete para valladolor entro en el baño. supongo que los baños me relajan, porque me despiertan unos golpes en la puerta.
-¡sal, que no tenemos todo el día!
me recompongo un poco.
-escóndelo, que lo vamos a encontrar igual.
salgo. dos tipos de seguridad han cerrado el baño y me esperan sujetando la puerta de salida. me miran extrañados. no esperaban a un tipo con un jersey de moschino, supongo.
-¿qué hacías ahí?
-pues lo que se hace en los baños- y me dirijo hacia la puerta.
-espera.
-¿a qué?- y abro la puerta, apartando con la escasísima dignidad que me queda a la mole humana que la sujeta.
me voy a segovia. feliz cumpleaños, blog.
al final, como suele pasar, me quedé en la primera fiesta, la de lau y belén. 40 personas en un piso enano, todos de pie en el salón y la cocina, parecía el metro en hora punta, y no estoy exagerando. he estado toda la noche tonteando con dos chicas. bueno, no, ellas conmigo. agarraditas, frotes, risas, besitos, quebienmecaes, te estaba buscando, una copa a medias... y de repente, en un bar, una de ellas se pone a hablar con uno de los de la fiesta, uno que al parecer le gusta desde hace tiempo, y cuando me acerco me da la espalda, no me contesta a lo que le digo, pasa de mí sin ningún recato. a los cinco minutos, estoy hablando con la otra, me doy la vuelta para pedir una copa y la veo a unos metros de donde estaba enrollándose con un pollo con el que no había hablado en toda la noche. mucho más tarde se acercarán a mí para preguntarme ¿qué tal estás?, una y ¿estás enfadado?, la otra. "parece mentira que seas tan ingenuo: las tías son unas zorras". no es la primera vez que oigo esta explicación, y como las otras veces, quien me lo dice es una chica.
luego me emborracho (no había drogaína) tanto como para acabar, no sé cómo, sólo y vomitando en el moon. me despierta un tipo que me ofrece 50 euros si se la chupo en el baño. salgo de ahí y me despierto al rato en un vagón de metro haciendo el recorrido inverso al que quería hacer. supongo que llevo un rato dando vueltas en la línea amarilla. llegó por fin a la estación de autobuses. antes de comprar el billete para valladolor entro en el baño. supongo que los baños me relajan, porque me despiertan unos golpes en la puerta.
-¡sal, que no tenemos todo el día!
me recompongo un poco.
-escóndelo, que lo vamos a encontrar igual.
salgo. dos tipos de seguridad han cerrado el baño y me esperan sujetando la puerta de salida. me miran extrañados. no esperaban a un tipo con un jersey de moschino, supongo.
-¿qué hacías ahí?
-pues lo que se hace en los baños- y me dirijo hacia la puerta.
-espera.
-¿a qué?- y abro la puerta, apartando con la escasísima dignidad que me queda a la mole humana que la sujeta.
me voy a segovia. feliz cumpleaños, blog.
martes, 18 de marzo de 2003
de la serotonina y las nostalgias a las feromonas y la nueva vida
martes, marzo 19, 2002
¿Por qué se empiezan estos diarios en la red? Ni idea. A mí me apetecía contarle a alguien mi día, y no se me ocurría a quién aburrir con lo de que he visto American Beauty (con su frase mítica "estoy tan harta de que todo el mundo pague sus inseguridades conmigo"), he comido una lata de calamares y un pimiento (de lata claro) y he salido a la terraza a leer a Lorca y a tomar el sol y al ver la dedicatoria de las poesías completas ("este beso por tu enorme valentía. Todas estas cosas merecen la pena, sobre todo si las hacemos juntos, como cuando salíamos por la puerta. Sé siempre tú". Lolo) me he acordado de cómo robamos ese libro en el cortinglés, cómo la pedí que saliera delante y no quiso, cómo pasamos de la mano por el detector y echamos a correr. ¿Se puede querer tanto primero y odiar tanto después? Pues parece ser que sí, pero me dan ganas de olvidarlo todo, llamarla y felicitarla por su futura boda. En fin, si no se hubiera vuelto la reina de las zorras y fuera capaz de aprovechar para llenarme de mierda en cuanto oyera que quiero hacer las paces, la llamaría. Coño, que fueron casi ocho años y al fin y al cabo ya sólo me importa como recuerdo, o sea, como materia literaria. O eso creo.
¿Y a quién le voy a contar toda esta morralla? Antes de que se me vuelva a ir la boca con mis compañeros de trabajo, con los ligues asustadizos o con la persona más inoportuna os lo cuento a vosotros, los ociosos de la red.
En fin, otro día os diré lo que hago en Madrid, por qué no tengo a mis amigos cerca o por qué les tengo aburridos. Por hoy basta. LLevo en un ciber desde las 6 de la tarde, chateando y haciendo todo lo que implicase perder tiempo y dinero, que es lo mío, así que ahora toca escapar por la ventana antes de que me saquen la cuenta.
Pero bienvenidos a virgenyfurioso. A ver lo que me dura.
posted by virgen at 11:13 PM
(acabo de encontrar esto sobre los peligros del MDMA:
Daño social
Puede suceder que bajo los efectos del MDMA se expresen cosas que hagan sentir incómodo a otras personas debido a la falta de inhibiciones. También existe una tendencia de llamar a personas con las que se estuvo involucradas sentimentalmente en el pasado a decirles cuánto se las aprecia.
Otro peligro es un sentimiento de enamoramiento respecto a alguna persona con la que se lleva a cabo la sesión. Actuar por puro impulso cuando nos encontramos bajo los efectos puede ser un error. Aun cuando el MDMA puede llevarnos a un profundo entendimiento de nosotros también puede influenciarnos a cometer errores.) (por favor, se ruega a las señoras lectoras que apaguen sus móviles esta noche e ignoren los mensajes de por la mañana. graciaaas)
martes, marzo 19, 2002
¿Por qué se empiezan estos diarios en la red? Ni idea. A mí me apetecía contarle a alguien mi día, y no se me ocurría a quién aburrir con lo de que he visto American Beauty (con su frase mítica "estoy tan harta de que todo el mundo pague sus inseguridades conmigo"), he comido una lata de calamares y un pimiento (de lata claro) y he salido a la terraza a leer a Lorca y a tomar el sol y al ver la dedicatoria de las poesías completas ("este beso por tu enorme valentía. Todas estas cosas merecen la pena, sobre todo si las hacemos juntos, como cuando salíamos por la puerta. Sé siempre tú". Lolo) me he acordado de cómo robamos ese libro en el cortinglés, cómo la pedí que saliera delante y no quiso, cómo pasamos de la mano por el detector y echamos a correr. ¿Se puede querer tanto primero y odiar tanto después? Pues parece ser que sí, pero me dan ganas de olvidarlo todo, llamarla y felicitarla por su futura boda. En fin, si no se hubiera vuelto la reina de las zorras y fuera capaz de aprovechar para llenarme de mierda en cuanto oyera que quiero hacer las paces, la llamaría. Coño, que fueron casi ocho años y al fin y al cabo ya sólo me importa como recuerdo, o sea, como materia literaria. O eso creo.
¿Y a quién le voy a contar toda esta morralla? Antes de que se me vuelva a ir la boca con mis compañeros de trabajo, con los ligues asustadizos o con la persona más inoportuna os lo cuento a vosotros, los ociosos de la red.
En fin, otro día os diré lo que hago en Madrid, por qué no tengo a mis amigos cerca o por qué les tengo aburridos. Por hoy basta. LLevo en un ciber desde las 6 de la tarde, chateando y haciendo todo lo que implicase perder tiempo y dinero, que es lo mío, así que ahora toca escapar por la ventana antes de que me saquen la cuenta.
Pero bienvenidos a virgenyfurioso. A ver lo que me dura.
posted by virgen at 11:13 PM
(acabo de encontrar esto sobre los peligros del MDMA:
Daño social
Puede suceder que bajo los efectos del MDMA se expresen cosas que hagan sentir incómodo a otras personas debido a la falta de inhibiciones. También existe una tendencia de llamar a personas con las que se estuvo involucradas sentimentalmente en el pasado a decirles cuánto se las aprecia.
Otro peligro es un sentimiento de enamoramiento respecto a alguna persona con la que se lleva a cabo la sesión. Actuar por puro impulso cuando nos encontramos bajo los efectos puede ser un error. Aun cuando el MDMA puede llevarnos a un profundo entendimiento de nosotros también puede influenciarnos a cometer errores.) (por favor, se ruega a las señoras lectoras que apaguen sus móviles esta noche e ignoren los mensajes de por la mañana. graciaaas)
lunes, 17 de marzo de 2003
CAMPAÑA PRO CUMPLE
¡Bob se opone a que celebre mi cumple en la casa nueva antes de que yo lo proponga! Asi que le he enviado un mail.
Como veo que va a ser una negociación dura la de mi cumple antes de que haya dicho nada, voy a empezar con una andanada de argumentos:
a) POR QUÉ. como te decía por teléfono, yo, pobre de mí, no tengo nada más que celebrar al año que esto, ni un día del que sentirme orgulloso, ni una fiesta internacional que me incluya, ni una fiesta religiosa que se me amolde. Sólo, de vez en vez, el día de la marmota, pero ese es imprevisible. Asi que sólo me queda el día del ególatra, el del propio cumpleaños, el más apropiado para un tipo que publica en interné unos cuatro folios semanales hablando de él mismo. Importantíiiisimo siempre para mí. Que además este año es el número 30, que viene con depre morrocotuda anexa. La idea es mitigarla un poco con una buena reunión (no una fría en un bar) de la que salga muy contento y con mucha resaca y muchas citas para las semanas siguientes
b) QUIÉN. Esta es la parte interesante. A pesar de que tú te puedas estar temiendo un congreso de camellos y calimocheras (supongo que porque nunca has salido con el resto de mis amigos), mi nómina de invitados está formada por: fotógrafos de fama internacional (...aquí iban datos impresionantes...), varias redactoras, jóvenes aunque no tanto, de medios principalísimos y que llegarán lejos, un finalista del premio Adonais de este año, un joven empresario que ha creado una tecnología nueva y se va a hacer riquísimo en breve, varias tías buenas que nunca harían nada que las despeinara antes de tiempo, la chica que organiza los pre estrenos con fiestón de una distribuidora de cine, ganadores de concursos literarios, gente de la tele y de las revistas, mi prima, que organiza viajazos con descuento, mi primo, piloto, Santi, gran, culto, divertido redactor que tiene muchas ganas de conocerte (califiquémosle de “segurín”, que es ese rollo que tienes siempre por ahí medio apalabrado y que te tiene mucho más tranquilo toda la noche), gente de valladolor, que son de valladolor (médicos, profesores, sicólogos, ingenieros, arquitectos...), chicas de publicidad, chicas embarazadas, chicas casadas, ingenieras, informáticas, chicas que trabajan en el cine, ex rollos, ex novias, blogueras y, en fin, gente muy formal que no piensa vomitar en la pared (bueno, la embarazada no sé). Eso sí, no lo voy a negar, son unos cuantos, el año pasado unos treinta, pero todos muy tranquilos, muy proyecto de high society, muy formales.
c) CÓMO. Como ejemplo de “cómo”, te pondré la fiesta del año pasado: cena (tortillas congeladas, un queso y cinco chorizos, pero este año seré más cuidadoso), copas y conversación sentados o de pie, nadie se drogó, nadie se emborracho ni vomitó (por desgracia es que no vino ninguna de las quinceañeras con piercings que invité, creo que este año tampoco) ni siquiera fumaron dentro de la casa, salimos a una hora razonable hacia un bar. Y mucha felicidad y mucho amor, y gente desconocida que se caía bien, o eso me pareció. Por supuesto, yo pagué a la chica que hizo la limpieza al día siguiente y enganché a un par de voluntarias para que me ayudaran a recoger en lo que lo demás llegaban al bar. Y el resumen que publiqué en el blog:
lunes, abril 08, 2002
(...) La fiesta fue la bomba. Se me pasó volando, amaba a todo el mundo, cada vez que llamaban al timbre me daba un subidón. Y eso sin drogas y sin cenar. Treinta personas. Gente a la que quiero, gente a la que podría llegar a querer y gente a la que me tiraría. Acabamos en un karaoke a las ocho, previo paso por un puti del que casi salimos agujereados. Mantuve el tipo mientras mi amigo insultaba al dueño y salvé la situación con algo de diplomacia. Cuánto autocontrol, casi no me reconozco. Llegué al trabajo a la una.
Cuando apareció Nuria en la fiesta casi me pongo a llorar, nos dimos un abrazo de diez minutos, le regalé los pendientes y la pulsera de plata que la había traído de México, nos dimos un abrazo de tres minutos y casi me pongo a llorar cuando se los puso. Le dije que creí que ya no quería saber nada de mí ("qué poco me conoces", contestó) nos dimos un abrazo y casi me pongo a llorar. Todo el mundo se lo pasó muy bien, fuimos más de treinta, les encantó mi casa, mi terraza y mis invitadas. Casi me pongo a llorar cada vez que uno se iba a casa. Apenas crucé dos palabras con Noelia. Sólo le dije. "Has venido muy guapa, pero no te lo quería decir delante de todos estos". A mi derecha, sentado con una cerveza, estaba mi/su compañero de trabajo. Después de esa cagada no sabía muy bien qué decir. Creo que podría gustarla. Fue ella la que eligió los zapatos, Camper, marrones, de piel, con ribetes rojos. Qué buen gusto. Me sonríe a veces. A mí se me pone cara de bobo, y se me nota. Eso es lo malo, como siempre (...)
Si después de todo esto no eres capaz de sentarte a negociar (no digo claudicar, si no sentarte a negociar) pues nada, ya se verá, pero que sepas que yo sí que me acuerdo de que al principio del todo, cuando hablamos de compartir piso y salió el tema fiestas, te dije que yo sólo haría una al año, ésta, y te pareció bien. Un bar es frío frío frío para algo tan superimportante.
Y nada más, sólo era calentarte el coco un ratito, jeje. Esta noche le llevo el contrato a mi hermano que es abogado y revisaba siempre los de mi padre.
Un besín,
vyf
y también como parte de la campaña acabo de escribir este texto como entradilla para un reportaje:
"Una escapadita al norte una vez al año debería ser tan obligatoria como la revisión médica, el cambio de aceite o una buena fiesta de cumpleaños"
¡Bob se opone a que celebre mi cumple en la casa nueva antes de que yo lo proponga! Asi que le he enviado un mail.
Como veo que va a ser una negociación dura la de mi cumple antes de que haya dicho nada, voy a empezar con una andanada de argumentos:
a) POR QUÉ. como te decía por teléfono, yo, pobre de mí, no tengo nada más que celebrar al año que esto, ni un día del que sentirme orgulloso, ni una fiesta internacional que me incluya, ni una fiesta religiosa que se me amolde. Sólo, de vez en vez, el día de la marmota, pero ese es imprevisible. Asi que sólo me queda el día del ególatra, el del propio cumpleaños, el más apropiado para un tipo que publica en interné unos cuatro folios semanales hablando de él mismo. Importantíiiisimo siempre para mí. Que además este año es el número 30, que viene con depre morrocotuda anexa. La idea es mitigarla un poco con una buena reunión (no una fría en un bar) de la que salga muy contento y con mucha resaca y muchas citas para las semanas siguientes
b) QUIÉN. Esta es la parte interesante. A pesar de que tú te puedas estar temiendo un congreso de camellos y calimocheras (supongo que porque nunca has salido con el resto de mis amigos), mi nómina de invitados está formada por: fotógrafos de fama internacional (...aquí iban datos impresionantes...), varias redactoras, jóvenes aunque no tanto, de medios principalísimos y que llegarán lejos, un finalista del premio Adonais de este año, un joven empresario que ha creado una tecnología nueva y se va a hacer riquísimo en breve, varias tías buenas que nunca harían nada que las despeinara antes de tiempo, la chica que organiza los pre estrenos con fiestón de una distribuidora de cine, ganadores de concursos literarios, gente de la tele y de las revistas, mi prima, que organiza viajazos con descuento, mi primo, piloto, Santi, gran, culto, divertido redactor que tiene muchas ganas de conocerte (califiquémosle de “segurín”, que es ese rollo que tienes siempre por ahí medio apalabrado y que te tiene mucho más tranquilo toda la noche), gente de valladolor, que son de valladolor (médicos, profesores, sicólogos, ingenieros, arquitectos...), chicas de publicidad, chicas embarazadas, chicas casadas, ingenieras, informáticas, chicas que trabajan en el cine, ex rollos, ex novias, blogueras y, en fin, gente muy formal que no piensa vomitar en la pared (bueno, la embarazada no sé). Eso sí, no lo voy a negar, son unos cuantos, el año pasado unos treinta, pero todos muy tranquilos, muy proyecto de high society, muy formales.
c) CÓMO. Como ejemplo de “cómo”, te pondré la fiesta del año pasado: cena (tortillas congeladas, un queso y cinco chorizos, pero este año seré más cuidadoso), copas y conversación sentados o de pie, nadie se drogó, nadie se emborracho ni vomitó (por desgracia es que no vino ninguna de las quinceañeras con piercings que invité, creo que este año tampoco) ni siquiera fumaron dentro de la casa, salimos a una hora razonable hacia un bar. Y mucha felicidad y mucho amor, y gente desconocida que se caía bien, o eso me pareció. Por supuesto, yo pagué a la chica que hizo la limpieza al día siguiente y enganché a un par de voluntarias para que me ayudaran a recoger en lo que lo demás llegaban al bar. Y el resumen que publiqué en el blog:
lunes, abril 08, 2002
(...) La fiesta fue la bomba. Se me pasó volando, amaba a todo el mundo, cada vez que llamaban al timbre me daba un subidón. Y eso sin drogas y sin cenar. Treinta personas. Gente a la que quiero, gente a la que podría llegar a querer y gente a la que me tiraría. Acabamos en un karaoke a las ocho, previo paso por un puti del que casi salimos agujereados. Mantuve el tipo mientras mi amigo insultaba al dueño y salvé la situación con algo de diplomacia. Cuánto autocontrol, casi no me reconozco. Llegué al trabajo a la una.
Cuando apareció Nuria en la fiesta casi me pongo a llorar, nos dimos un abrazo de diez minutos, le regalé los pendientes y la pulsera de plata que la había traído de México, nos dimos un abrazo de tres minutos y casi me pongo a llorar cuando se los puso. Le dije que creí que ya no quería saber nada de mí ("qué poco me conoces", contestó) nos dimos un abrazo y casi me pongo a llorar. Todo el mundo se lo pasó muy bien, fuimos más de treinta, les encantó mi casa, mi terraza y mis invitadas. Casi me pongo a llorar cada vez que uno se iba a casa. Apenas crucé dos palabras con Noelia. Sólo le dije. "Has venido muy guapa, pero no te lo quería decir delante de todos estos". A mi derecha, sentado con una cerveza, estaba mi/su compañero de trabajo. Después de esa cagada no sabía muy bien qué decir. Creo que podría gustarla. Fue ella la que eligió los zapatos, Camper, marrones, de piel, con ribetes rojos. Qué buen gusto. Me sonríe a veces. A mí se me pone cara de bobo, y se me nota. Eso es lo malo, como siempre (...)
Si después de todo esto no eres capaz de sentarte a negociar (no digo claudicar, si no sentarte a negociar) pues nada, ya se verá, pero que sepas que yo sí que me acuerdo de que al principio del todo, cuando hablamos de compartir piso y salió el tema fiestas, te dije que yo sólo haría una al año, ésta, y te pareció bien. Un bar es frío frío frío para algo tan superimportante.
Y nada más, sólo era calentarte el coco un ratito, jeje. Esta noche le llevo el contrato a mi hermano que es abogado y revisaba siempre los de mi padre.
Un besín,
vyf
y también como parte de la campaña acabo de escribir este texto como entradilla para un reportaje:
"Una escapadita al norte una vez al año debería ser tan obligatoria como la revisión médica, el cambio de aceite o una buena fiesta de cumpleaños"
sábado, 15 de marzo de 2003
Una historia urbana
Allí está, sentada en el taburete, su sonrisa saltando sobre mi nuevo retraso, todas las baratijas egipcias en el cuello y las muñecas, la mirada brillante. Y me pregunto si quiero partirle el corazón hoy, si voy a resquebrajárselo en este bar de madera. Me acaricia la mano y me susurra las ganas que tenía de verme. Sólo dispongo de un segundo para decidir si le digo lo que venía a decirle. Pero la beso, mantengo la ficción otra noche y me pongo un plazo que no cumpliré para empezar a quererme un poquito, un poco más que a los demás. Sugiero que nos vayamos a la cama.
Allí está, sentada en el taburete, su sonrisa saltando sobre mi nuevo retraso, todas las baratijas egipcias en el cuello y las muñecas, la mirada brillante. Y me pregunto si quiero partirle el corazón hoy, si voy a resquebrajárselo en este bar de madera. Me acaricia la mano y me susurra las ganas que tenía de verme. Sólo dispongo de un segundo para decidir si le digo lo que venía a decirle. Pero la beso, mantengo la ficción otra noche y me pongo un plazo que no cumpliré para empezar a quererme un poquito, un poco más que a los demás. Sugiero que nos vayamos a la cama.
viernes, 14 de marzo de 2003
Yo ya no sé lo que hacer
Mirarme en tus ojos, oirte charlar,
Dejar que me peines en vez de pensar,
Dejarme abrazar por cualquiera
Que sepa mentirme, que bese con fuerza.
Volver a tus brazos, sentir tu rechazo,
Gritar hasta quedarme afónica,
Llorar hasta que me entre la sed,
Beberme un buen vino y poderme comer
Un bistec a la plancha.
Dormir cien mil horas, soñar que me quieres
Y no hacerme daño el pellizco,
Volver a encontrarte a mi lado,
Volver a abrazarte y desayunarte,
Esto sí que es arte.
(Nosoträsh)
Mirarme en tus ojos, oirte charlar,
Dejar que me peines en vez de pensar,
Dejarme abrazar por cualquiera
Que sepa mentirme, que bese con fuerza.
Volver a tus brazos, sentir tu rechazo,
Gritar hasta quedarme afónica,
Llorar hasta que me entre la sed,
Beberme un buen vino y poderme comer
Un bistec a la plancha.
Dormir cien mil horas, soñar que me quieres
Y no hacerme daño el pellizco,
Volver a encontrarte a mi lado,
Volver a abrazarte y desayunarte,
Esto sí que es arte.
(Nosoträsh)
Estoy en un avión hacia Alicante. Y luego a Benidorm. Este viaje me tenía un poco quemado, a lo mejor no por el viaje en sí, sino porque sigo viendo pasar ante mis ojos oportunidades que he perdido yo solito. Las injusticias de ahora son sobrinas de mis cagadas de meses. Pero bueno, llego sin ganas de mucho al aeropuerto, amable, como siempre, pero sin ningún interés en conocer a mis compañeros de viaje con una absoluta indiferencia hacia mis compañeras. Pienso: este escote estará imantado esta noche, pero ahora estamos bien, él en su sitio, tan bien puesto, yo en el mío, descolocado. Sospecho que la gente a mi alrededor creerá que soy un borde, pero me da igual, por una vez me da igual.
Y de repente pasa. Estoy relajado, ni una tensión, no quiero agradar a nadie, no necesito estar haciendo cosas que me hagan sentir bien, no necesito agradarme a mí. No pienso en sexo, no busco estar embriagado, no quiero hacer amigos. Estoy. Como un vegetal. Como el resto de la gente. Y me siento bien.
Por la noche ha cambiado minimamente la cosa. Poco sociable, aún enfurruñado, con esa veta infantil como para tirarme por la ventana, doy los primeros síntomas de reanimación cuando me pongo algo celoso porque la chica de organización pasa de mí y se va con ese otro, más básico, pero más guapo. Como un velocirraptor elijo la mesa de una churri exótica que se llama J. Resulta que durante la cena tengo una cháchara inteligentísima. Presido y todos me escuchan, porque soy una autoridad, porque ya he estado en el Tierra Mitica y porque son todos bastante callados y porque la comida se enfría. A mí me parece bien porque J está impresionada (o simplemente tiene la boca llena) y porque así me quito los kilitos de las últimas semanas. Por ejemplo, si me preguntan por El Misterio de Keops digo que “el misterio de keops, el misterio de keops... vaya mierda de misterio”, si me preguntan que cómo voy a escribir tantas páginas sobre un parque si me dan terror las atracciones digo que preguntándoles bien cuando bajen, en lo que vomitan y eso (“¿qué tal el looping?”, “fatal, ¡¡¡¡bluaargh!!!!”, “de acuerdo: anotación, el looping produce un emocionante mariposeo en el estómago”) o también que para hablar de una sala de maternidad no hace falta parir (ésta es de manual), si me preguntan que por qué me voy a la cama tan pronto digo que en unos días voy a cumplir 30 y que ya empieza a fallar todo. “Claro, la memoria”, contesta la churri, haciéndose la inocente como todas las churris en las que poso mis ojos pestañosos color miel. “Todo, y mejor no me hagas entrar en detalles”, la corto y quemo las naves y dejo que los galeotes ardan sin mí, que sean ellos quien iluminen hoy la noche de Benidorm.
Y de repente pasa. Estoy relajado, ni una tensión, no quiero agradar a nadie, no necesito estar haciendo cosas que me hagan sentir bien, no necesito agradarme a mí. No pienso en sexo, no busco estar embriagado, no quiero hacer amigos. Estoy. Como un vegetal. Como el resto de la gente. Y me siento bien.
Por la noche ha cambiado minimamente la cosa. Poco sociable, aún enfurruñado, con esa veta infantil como para tirarme por la ventana, doy los primeros síntomas de reanimación cuando me pongo algo celoso porque la chica de organización pasa de mí y se va con ese otro, más básico, pero más guapo. Como un velocirraptor elijo la mesa de una churri exótica que se llama J. Resulta que durante la cena tengo una cháchara inteligentísima. Presido y todos me escuchan, porque soy una autoridad, porque ya he estado en el Tierra Mitica y porque son todos bastante callados y porque la comida se enfría. A mí me parece bien porque J está impresionada (o simplemente tiene la boca llena) y porque así me quito los kilitos de las últimas semanas. Por ejemplo, si me preguntan por El Misterio de Keops digo que “el misterio de keops, el misterio de keops... vaya mierda de misterio”, si me preguntan que cómo voy a escribir tantas páginas sobre un parque si me dan terror las atracciones digo que preguntándoles bien cuando bajen, en lo que vomitan y eso (“¿qué tal el looping?”, “fatal, ¡¡¡¡bluaargh!!!!”, “de acuerdo: anotación, el looping produce un emocionante mariposeo en el estómago”) o también que para hablar de una sala de maternidad no hace falta parir (ésta es de manual), si me preguntan que por qué me voy a la cama tan pronto digo que en unos días voy a cumplir 30 y que ya empieza a fallar todo. “Claro, la memoria”, contesta la churri, haciéndose la inocente como todas las churris en las que poso mis ojos pestañosos color miel. “Todo, y mejor no me hagas entrar en detalles”, la corto y quemo las naves y dejo que los galeotes ardan sin mí, que sean ellos quien iluminen hoy la noche de Benidorm.
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